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Cantante
y Compositor
Nombre verdadero: Pedro Secundino Ortiz Dávila
Calificativo artístico: «El Cantante Nacional»
Fecha de nacimiento: 21 de mayo de 1912
Lugar: barrio Pueblo Nuevo, Bayamón, Puerto Rico
Falleció el 8 de julio de 1986
Davilita es venerado como una figura legendaria del cancionero
popular antillano. En 1970 se le declaró, oficialmente,
Cantante Nacional de Puerto Rico, distinción con que
se selló su consagración y su grandeza. Pasó
a la historia como el más importante intérprete
del legado autoral de Rafael Hernández y, junto a Daniel
Santos, del de Pedro Flores. Este artista irrepetible era
de origen muy humilde. Fueron sus padres Pedro Dávila
Tirado y Ana Ortiz Ortiz. El primero, natural de Dorado, era
carpintero. Ella, originaria de Corozal, era empleada de una
tabaquería. Se divorciaron cuando él era muy
niño. En 1924, doña Ana volvió a casarse
y fue a vivir al Barrio Latino de Nueva York con su nuevo
esposo. El futuro artista quedó entonces al cuidado
de su progenitor.
A la edad de diez años se matriculó en la Academia
de Música de Bayamón, donde adiestraban a quienes
integrarían la Banda Municipal. Allí aprendió
Solfeo y a ejecutar el flautín y el bombardino, habiendo
sido discípulo de los profesores Eleuterio «Tello»
Meléndez y Ángel Costoso. Sin embargo, siempre
prefirió cantar. Su primera y mayor influencia en su
desarrollo como vocalista fue el Trío Borinquen, de
Rafael Hernández, a cuya trayectoria artística
se vincularía pocos años después. Escuchó
los discos de aquella trilogía por primera vez en el
fonógrafo que tenían en la Imprenta Moreno,
localizada en la llamada Cuesta de Juanche (cercana a su hogar),
en 1925. A la sazón, tenía 13 años.
Exactamente el 4 de julio de 1927, contando entonces 15, llegó
a Nueva York, reclamado por su madre, cuyo apartamento ubicaba
en la Calle 100, entre las avenidas Segunda y Tercera. En
la Gran Urbe terminaría el octavo grado de estudios
regulares tomando clases nocturnas, mientras que, por el día,
trabajaba como mensajero en una fábrica de almohadones.
Durante aquellas fechas aprendió a acompañarse
a la guitarra de manera autodidáctica. También
compuso su primera canción: el tango “El leproso”
(1928). Al año siguiente (1929) creó su primer
conjunto junto a Johnny Rodríguez: el Quinteto Junior,
frente al que amenizaban cumpleaños, bautizos y festejos
familiares similares. Aquella agrupación tuvo efímera
vigencia, entre otras razones, porque Johnny regresó
a Puerto Rico.
En 1930, gracias a la intervención del guitarrista
José Armengol «Mengol» Díaz, logró
integrarse al Sexteto de Pedro Flores, en el cual figuraban
Pedro «Piquito» Marcano (primera voz y maraquero);
Rafael «Fayito» Ferrer (segunda voz) y Eladio
«Yayito» Maldonado (cuatrista y guitarrista).
El entonces juvenil cantante procuró, además,
la amistad de Manuel «Canario» Jiménez
Otero, Ramón Quirós y otros notables músicos
boricuas. Pero, muy especialmente, de Rafael Hernández,
a quien visitaba frecuentemente en la tienda de discos y artículos
musicales Almacenes Hernández, que había stablecido
con su hermana Victoria entre la Calle 115 y la Avenida Madison.
El 19 de julio de 1931, por fin, recibió su ansiada
oportunidad de grabar como solista con el Sexteto Flores.
Durante aquella primera sesión, bajo la etiqueta Brunswick,
quedaron perpetuados los boleros “Koli-Kolo” –
dedicado al boxeador que llevaba tal remoquete –, “Regalito”,
“Diosa”, “Borinquen” y “Gloria”.
Dos meses después (sept. 17), grabó el que se
convirtió en el primer éxito del grupo en su
voz: el bolero “Contigo”, formando dueto con el
también guitarrista Enrique «Borrachito»
Rodríguez. Al reverso de aquella placa aparecía
el titulado “Nieves”. A partir de entonces y,
hasta 1935, los éxitos se sucederían unos tras
otros: “Celos”, “Dávila sonriendo”,
“Nene”, “Palomita” y “Vete”
(1932); “Adorada ilusión” – original
de Alberto «Tití» Amadeo – y “Blancas
azucenas” (1933); “Carmelita”, “Martita”
y “Yo no puedo” (1934); “Linda”, “Sin
bandera”, “Ciego de amor” y “Dame
tu amor” (1935).
Sin embargo, meses antes de concluir aquel primer ciclo con
el Sexteto Flores (1934), nuestro biografiado se había
incorporado a la orquesta del virtuoso flautista cubano Alberto
Socarrás. Durante su breve pasantía por esta
organización, participó en el espectáculo
inaugural del Teatro Campoamor, situado entre la Calle 116
y la Quinta Avenida (agosto 10, 1934). Dicha función
contó con la presencia de Carlos Gardel, a quien Davilita
dedicó su interpretación de “Lamento borincano”,
de Rafael Hernández. Éste lo reclutó
poco más adelante para sustituir a Alberto Carmona
en su Grupo Victoria. Su primera grabación con este
colectivo fue, posiblemente, “Cantares de mi tierra”,
bajo la etiqueta RCA Victor. A fines de octubre de aquel mismo
año regresó a Puerto Rico con Hernández
y Rafael «Chino» Rodríguez (segunda voz)
para actuar en una serie de programas en WKAQ auspiciada por
la Sal de Uvas Picot y realizar una extensa gira por todo
el país, también patrocinada por el referido
producto. Acá se les unió el virtuoso guitarrista
Francisco López Cruz, completándose así
el que sería célebre Cuarteto Victoria. De su
extenso legado discográfico sobresaldrían, entre
muchas grabaciones más: “Desmayo” y “Desvelo
de amor” (1934) y “Preciosa” y “Campanitas
de cristal” (1935).
En 1935 fue contratado por el trompetista Augusto Coén
como principal vocalista de la orquesta que estaba organizando
para amenizar los bailes del Carlton Hall, localizado entre
la Calle 111 y la Quinta Avenida. En esta organización
permaneció varios meses, al tiempo que continuaba grabando
con el Cuarteto Victoria. Al año siguiente (1936),
cuando Hernández marchó a México, creó
el Quinteto La Plata que, originalmente, conformaron Rafael
Rodríguez (segunda voz); Eufemio «Vaguito»
Vázquez (trompetista); Juan Reyes y un cubano a quien
apodaban «El Tampeñito» (guitarristas).
Luego pasarían por sus filas Chencho Moraza y Fausto
Delgado (segundas voces); los guitarristas Monchito Reyes,
Cándido Vincentí, Monchito Ortega, etc. Con
esta formación también acumuló una amplia
discografía. Algunas de las selecciones que más
se escucharon durante este período de su carrera fueron
“Buyanga”, “Dolorosa”, “Mi puchunguita”,
“Golpe y medio”, “María Engracia”,
“Nadie más que tú”, “Son tus
ojos”, etc. Gran número de ellas, de su autoría.
Sin embargo, es probable que la más difundida haya
sido el bolero “Río abajo”, original de
Chencho.
En 1937 reanudó su actividad en los estudios de grabación
con el Sexteto Flores. De esta segunda etapa son piezas como
“El retrato”, “Estela”, “Carmen”,
“Del triunfo”, “Desde que tú me quieres”,
“Sonríe”, “Sigue tu senda”,
“Que seas feliz” y “Amor de locos”
(1937); “Lamentos del alma”, “Ven donde
mí” e “Y que tú lo sabes”
(1938), entre otras. Se estima que, como primera voz de esta
agrupación llegó a registrar no menos de 400
melodías, la inmensa mayoría compuestas por
don Pedro.
En 1938, junto a Rafael «Chino» Rodríguez,
quien fuera su compañero en el Cuarteto Victoria, pasó
a formar parte de la original orquesta de Noro Morales. Pero,
su pasantía por dicha organización resultó
efímera, pues su voz comenzó a afectarse muy
seriamente, en gran medida por causa del consumo excesivo
de alcohol. De todas maneras, dejó constancia de su
paso por ella en 14 piezas editadas por la compañía
Decca. Luego (1939) volvió a ser llamado por Rafael
Hernández para integrar una nieva versión del
Grupo Victoria, esta vez con Rodríguez (segunda voz);
Pepito Arvelo (guitarrista) y la entonces adolescente Myrta
Silva como voz solista. Sin embargo, al disponerse a emprender
otra temporada de actuaciones en Puerto Rico, debido a que
el problema que enfrentaba con la voz se agravó, tuvo
que ser reemplazado. Su posición, entonces, pasó
a ser ocupada por el juvenil Bobby Capó.
Durante el período 1939-1949, la carrera artística
de Davilita se caracterizó por sus prolongadas ausencias
de los escenarios y los estudios de grabación, consecuencia
triste de su crónica adicción alcohólica.
En 1946, con motivo del fallecimiento de su progenitora, regresó
a su patria, estableciéndose en el hogar de su hermano
Félix en Santurce. A partir de entonces vivió
una etapa emocional y económica muy difícil,
pues ya no podía cantar con la regularidad de antaño
debido a que sus facultades vocales se habían deteriorado
severamente. Pero, ya en 1949 estaba de vuelta en la plaza
neoyorquina. Aquel año, el trompetista Augusto Coén
le propuso participar en algunas de las grabaciones que tenía
en agenda para el sello Seeco. Aquellas marcaron su retorno
al candelero. En ellas formó dueto con Tito Henríquez.
Sin embargo, terminó el año de una manera dramática:
la experiencia de haber sido prisionero en la temida Cárcel
de las Tumbas, en Nueva York, acusado de destrozar la vitrina
de una licorería donde se negaron a venderle ron debido
a su estado de ebriedad – obligando a su esposa a hacer
malabares para poder sacarlo –, lo motivó a tomar
la decisión de dejar de ingerir licor, hecho que aconteció
el 3 de diciembre de 1949. Con gran esfuerzo logró
vencer el alcoholismo. Jamás volvió a probar
bebidas embriagantes.
Poco meses después, el empresario Bartolo Álvarez,
propietario del sello Rival, le brindó la oportunidad
de grabar algunas piezas formando dueto con Claudio Ferrer
y Chago Alvarado. De esta sesión surgieron dos éxitos:
“Orfandad” (con el primero en la segunda voz)
y “Ansias locas” (con Alvarado). La exposición
obtenida con estos discos le permitió realizar algunos
recorridos por los teatros hispanos de la Gran Urbe. En 1953
se sometió a una operación en las cuerdas vocales
en el New York City Hospital, tras lo cual experimentó
cierta mejoría. Sin embargo, aquellos discos no constituirían,
ni remotamente, lo mejor de su discografía, ya que
su voz continuaba proyectándose muy débil.
Aun así, a partir de 1954 su carrera experimentó
un nuevo aire, pues formó un dueto con el ya consagrado
bolerista Felipe Rodríguez «La Voz» que
causó sensación. Originalmente, la idea de ambos
era realizar unas cuantas grabaciones para la etiqueta Mar-Vela.
Pero, por reclamo del público, también accedieron
a hacer presentaciones personales en las que eran acompañados
por el Trío Los Antares, el habitual de Felipe. Juntos
recorrieron todos los teatros hispanos de Nueva York, Nueva
Jersey, Chicago y Filadelfia. Gracias a este empuje y, para
su fortuna, ya bastante recuperado de sus afecciones vocales,
después pudo continuar actuando como solista y grabando
con otros conjuntos, muy especialmente el Sexteto Borinquen
de Mario Hernández, casi hasta el final de su vida.
El 30 de junio de 1986, encontrándose ya muy enfermo,
Davilita salió de su casa y se puso a caminar sin rumbo,
pues perdió el sentido de la dirección. Tuvo
tan mala suerte que se cayó, fracturándose el
cráneo. No logró recuperarse. Fallecería
en el Centro Médico de Río Piedras, el 8 de
julio. Sus restos reposan en el Cementerio Braulio Dueño
Colón, de su ciudad natal.
Miguel López Ortiz
Fundación Nacional para la Cultura Popular
Para el récord –
Al igual que la mayoría de los artistas, Davilita a
veces “se quitaba” un par de años cuando
los periodistas le preguntaban su fecha de nacimiento. Lo
mismo decía que fue en 1913 ó en 1914. Pero,
no empece a que la mayoría de los investigadores coincide
en que su llegada al mundo aconteció en 1912, no faltan
quienes aseguren que fue en 1908. Es importante recalcar el
dato de que, hasta las primeras décadas del Siglo 20,
era muy frecuente que los niños fueran inscritos en
el Registro Demográfico cuando ya estaban crecidos
y las fechas reportadas por sus padres como correspondientes
a cada caso no respondían a la realidad.
• Durante el período 1932-1937 participó,
en calidad de corista, en la mayoría de las
grabaciones del legendario Cuarteto Machín, encabezado
por el gran cantante cubano
Antonio Machín. Estas fueron editadas por la RCA Victor.
Muchos musicólogos lo
señalan como “el quinto miembro del cuarteto”,
ya que su aguda voz constituía
elemento significativo en el sonido distintivo de este grupo.
• Durante su actuación en el espectáculo
inaugural del Teatro Campoamor (1934),
dedicó su interpretación de “Lamento borincano”
al aclamado cantante de tangos
franco-argentino Carlos Gardel, quien era el más importante
de los invitados
especiales a aquel acto... amén de su intérprete
favorito. Para su desdicha, la emoción y
el nerviosismo que lo embargaron por tenerlo tan cerca y,
en aquel instante, atento a él,
fueron tan intensos que su mente se le quedó en blanco
y no comenzó a cantar luego de
que la orquesta de Alberto Socarrás ejecutara la consabida
introducción. Tras unos
segundos de silencio, la orquesta empezó por segunda
vez y, entonces, él cayó en
tiempo. Su interpretación fue tan brillante, que el
público lo ovacionó y Gardel se le
aproximó para estrechar su mano como símbolo
de felicitación.
• Ana Estrada, con quien contrajo matrimonio en Nueva
York, en 1945, fue su única
esposa y compañera hasta el final de su vida.
• El 1ro. de octubre de 1978 se le rindió un
gran homenaje en el Teatro de la
Universidad de Puerto Rico con un espectáculo que se
denominó “Davilita: 50 años
de amor y pueblo”, mismo que fue organizado por Salvador
Rosa Hijo y Marta
Font de Calero. Durante su presentación en dicho acto
anunció su retiro del ambiente
artístico... promesa que no cumpliría. La emoción
que sintió al ser objeto de tantos
halagos y reconocimientos aquella noche le afectó a
tal punto que debió ser recluido
durante tres días en el Hospital Hermanos Meléndez,
de Bayamón.
• En 1980 publicó su autobiografía, “El
retrato”, colmada de inexactitudes respecto a
las fechas en que vivió determinados acontecimientos.
Y, aunque en este librito (16
páginas de texto y 22 de fotos) recalcó en el
gran amor que profesaba a su madre y en
su remordimiento por haberla hecho sufrir con su adicción
alcohólica, no mencionó su
nombre.
Discografía selecta-
• “Quinteto La Plata / Cantan Davilita y Chencho”
(Borinquen, DG-1196), 1970.
Recopilación.
• “Triunfos de Davilita con orquesta” (Seeco/Tropical,
TRLP-5000). Recopilación de
selecciones grabadas con la orquesta de Augusto Coén
en 1949.
• “El cantor de ayer y hoy” (Ansonia, ALP-1266),
1959.
• Dúo Felipe y Davilita: Idem (Ansonia, SALP-1320)
en 1961.
• Dúo Felipe y Davilita: Idem, Vol. 2 (Ansonia,
SALP-1365) en 1965.
• “Danzas de Puerto Rico” (Borinquen, DG-1243),
1973. Con Felipe Rodríguez «La
Voz».
• “Davilita, Felipe y Pellín con el Sexteto
Borinquen y «La parranda de los
cumbancheros»” (Borinquen, DG-1250), 1973. Con
Pellín Rodríguez.
• “Canciones de Pedro Flores” (Borinquen,
DG-1251), 1973. Con Felipe y Mario
Hernández & Sexteto Borinquen.
• “La protesta de Los Reyes” (Borinquen,
ADG-1262), 1974. Con Felipe y Pellín.
• “Parranda parrandera” (Borinquen ,ADG-1283),
1975.
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