
Federico
Cordero |
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Guitarrista
y Compositor
Fecha
de nacimiento: 18 de agosto de 1928
Lugar:
Río Piedras, Puerto Rico
Quien
haya tenido la oportunidad de asistir a un recital del guitarrista
puertorriqueño Federico Cordero, sabe por qué
los críticos especializados de casi todo el mundo coinciden
en afirmar su innegable maestría. Ésta, en unión
a su carácter franco y directo, ha hecho de Cordero
uno de los personajes más importantes dentro del mundo
de la música de cuerdas.
Federico
Arturo Cordero Salguero nació en Río Piedras
el 18 de agosto de 1928. Allí, a los tres años
se inició en el ámbito de los deportes al aprender
boxeo bajo la tutela de su padre. Simultáneamente con
su madre, Doña Cruz Salguero, aprendió a leer
y a escribir, además de recibir sus primeras lecciones
en el arte de la música.
Posteriormente
se mudó junto a su familia al pueblo de Carolina, municipio
donde fue criado desde que cumplió los cinco años.
En el sector que se conoció como El Ensanche, y que
ahora se conoce como la calle Pedro Arzuaga, comenzó
a practicar el atletismo. Al ingresar a la escuela se destacó
entre los demás estudiantes por sus ventajas en la
escritura y lectura, además de contar con experiencia
previa en los deportes.
Tres
años después su madre le regaló una guitarra,
obsequio que lo impulsó a aprender a tocar el instrumento
que sin sospecharlo se convertiría en uno de los motores
de su vida. Su primer maestro fue el músico Ramón
Rivera, quien en aquel momento era su vecino, y que hasta
el día de hoy Cordero considera como una de sus principales
influencias en la manera de abordar el instrumento. El amplio
bagaje de Ramón, quien formó parte de la orquesta
de Carmelo Díaz Soler, le permitió a Cordero
incursionar también con el requinto y el contrabajo.
Con el maestro Rivera, Federico estudió guitarra por
tres años.
Durante
ese tiempo Federico intentó aprender a tocar otros
instrumentos. Entre ellos estaba el piano y el violín.
Sin embargo su pasión por la guitarra lo ha mantenido
ligado a ese instrumento hasta el presente.
En
aquellos años Cordero comenzó a probar su talento
participando en las serenatas que se hacían en el vecindario.
De igual forma, acompañado por su padre, quien era
chofer de transportación pública, deleitaba
a los turistas que visitaban nuestras playas. Asimismo, en
su hogar, acompañaba a su madre mientras ella se dedicaba
a cantar.
A
los once años, además de practicar con la guitarra,
trabajó repartiendo el periódico regional El
Batey mientras que también laboró con su padre
cuando éste fue funcionario público durante
la incumbencia del gobernador Luis Muñoz Marín.
Por
otro lado su desempeño como estudiante continuó
siendo extraordinario. Al cumplir 16 años culminó
sus estudios de escuela secundaria. A esa edad ingresó
a la Universidad de Puerto Rico donde completó, en
tres años, un Bachillerato en Ciencias Sociales con
una concentración en Economía, además
de haber tomado varios créditos en Derecho.
Durante
sus años como estudiante universitario Federico Cordero
alternó sus compromisos académicos con varias
actividades extracurriculares. Una de ellas fue su debut profesional
con el trío Los Romanceros, el cual estuvo compuesto
por Julito y Felipe Rodríguez. Igualmente fue el guitarrista
de grupos como Los Universitarios y El Ayer que Canta. También
dirigió el grupo Los Colegiales y tocó la primera
guitarra con el Cuarto Armónico de Tutti Umpierre.
Posteriormente,
en 1949, se trasladó a la ciudad de Nueva York donde
realizó estudios post graduados en Economía
en la Universidad de Columbia. Al completar su maestría
a principios de los 50, regresó a Puerto Rico donde
comenzó a trabajar como profesor de economía
en el Departamento de Ciencias Sociales de la U.P.R. Allí,
su trabajo como docente lo obligó a alejarse de la
guitarra hasta que en 1956 fue contratado para acompañar
al cantante chileno Lucho Gatica en sus conciertos.
Tiempo
después el legislador Ernesto Ramos Antonini lo recluta
para trabajar en la Oficina de Servicios Legislativos en el
Capitolio. Luego es electo representante por acumulación,
cargo que ocupó por varios años. Durante ese
período fue presidente de la Comisión de Comercio
e Industria y además estuvo a cargo de la Comisión
Especial encargada de estudiar la posibilidad de implantar
un sistema estatal de seguros para los automóviles.
A
comienzo de la década de 1960 Federico regresa a la
Universidad a terminar sus estudios en Derecho. En la Facultad
de Leyes de la Universidad de Puerto Rico fue compañero
de estudios de Víctor Pons, Salvador Casellas y Rafael
Hernández Colón, hasta que terminó sus
estudios de abogacía.
En
1962 dimite de su cargo en la Legislatura y reanuda su carrera
en la docencia al laborar como profesor de Derecho. Durante
ese tiempo escribió sobre política para el periódico
The San Juan Star y en 1966 abre una oficina para brindar
sus servicios profesionales como abogado y economista.
Dos
años más tarde Federico Cordero regresó
a los escenarios pero esta vez en calidad de concertista.
Su debut se llevó a cabo en el Museo de Arte de Ponce
en donde los artistas plásticos Rafael Rivera García,
John Balossi y Olga Dueñas, concretaron la inauguración
de la exposición. En su primera presentación
como solista realizó varios dúos en la guitarra
con su hijo Federico Rafael.
En
las postrimerías de la década del 60 Leopoldo
Santiago Lavandero, quien dirigía para ese tiempo la
estación de televisión WIPR-TV, contrató
a Cordero como productor del espacio “La guitarra y sus temas”,
una serie compuesta por 13 programas de media hora.
Luego
de cumplir con sus labores como productor, el artista, movido
por su amor al conocimiento y a la guitarra, partió
hacia España para depurar su ya reconocida técnica.
En la Madre Patria fue discípulo de Miguel Cano, el
maestro de Paco de Lucía, y de Miguel Rubio, uno de
los mejores alumnos de Andrés Segovia. Gracias a las
inspiradoras lecciones de Rubio, Cordero se inició
con éxito en la composición. Dentro de ese campo
escribió en honor a su maestro la “Pavana jíbara”
y la “Danza puertorriqueña”, la primera danza que se
hace para la guitarra. Igualmente don Federico Cordero fue
discípulo de maestros de la talla del colombiano Jorge
Rubiano, el virtuoso de Brasil Carlos Barbosa-Lima y del compositor
uruguayo Guido Santorsola.
Como
parte de un intercambio cultural el también abogado
realizó su primer concierto fuera de Puerto Rico en
la isla de Aruba durante el año de 1970. De regreso
al País fue invitado por Augusto Rodríguez,
entonces director del coro de la Universidad de Puerto Rico,
para tocar en el Concierto en Do Mayor para Guitarra y
Orquesta de Arcos de John Baston . Dicho evento se llevó
a cabo en el Teatro de la UPR donde Cordero actuó como
solista con la Orquesta de Cámara del Instituto de
Cultura.
A
raíz de la buena acogida que tuvo el concierto, el
chelista italiano Ennio Orazi y el violinista mexicano Roberto
Álvarez le propusieron a Federico la creación
de un quinteto que incluyera dentro de su composición
a la guitarra junto a un cuarteto de arcos. El boricua aceptó
y así fue como nació el Quinteto de Federico
A. Cordero, formando parte de él, además de
los mencionados anteriormente, el violinista Francisco Morlá
y el violista Jaime Medina.
A
partir de 1971 la labor de Cordero comenzó a cobrar
notoriedad en el plano internacional. Un artículo publicado
en la revista norteamericana Guitar Player calificó
su desempeño en la guitarra como revolucionario. De
la misma manera en Gran Bretaña la Guitar News
, publicación oficial de la International Classic
Guitar Association, lanzó su edición de julio-septiembre
de 1971 con Federico Cordero en la portada, hecho que lo convirtió
en el primer puertorriqueño que alcanzó tal
distinción en aquel tiempo. En el mismo país
Miguel Rubio estrenó en el Wigmore Hall de Londres
la “Danza guitarresca” y la “Pavana jíbara”. Poco después
viajó a Suiza en donde llevó su magnífico
talento a ciudades como Lugano, Berna y Lausanne, en presentaciones
que cautivaron tanto al público como a los críticos.
Tales
reconocimientos le brindaron el ánimo necesario para
emprender, nuevamente, una serie de conferencias-recitales
durante la década de 1970 en Puerto Rico. Las mismas
contaron con el auspicio del Instituto de Cultura Puertorriqueña,
varias universidades, el Departamento de Educación
y el Museo de Arte de Ponce.
Tres
años después fue invitado a la Casa Blanca.
Allí formó parte de un gran concierto en el
que acompañó a la pianista Vanessa Vasallo y
al tenor Edgardo Gierbolini. En la celebración también
se presentó con su Quinteto, cosechando con sus intervenciones
fuertes aplausos del numeroso público que se congregó
en el lugar.
Para
el mismo año concibió la banda sonora de la
película sobre la vida de Pedro Flores. La misma fue
producida por la División de Educación de la
Comunidad y fue galardonada en el Festival de Cine de Venecia.
A
comienzos de 1975 el presidente del Comité de Guitarra
de la American String Teachers Association y el profesor de
la Escuela de Música del Baldwin-Wallace College de
Ohio, el señor Loris O. Chobanian invitó al
artista puertorriqueño, entre un grupo selecto de guitarristas,
a colaborar con sus ideas y sugerencias para crear un sistema
para enseñar a tocar la guitarra.
Un
año después regresó a Europa. En el Viejo
Mundo visitó a países como Alemania, Italia
y España, en donde una vez más su ejemplar desempeño
conquistó el favor de la prensa escrita al igual que
el del público.
En
el Festival de Nueva Música para Guitarra celebrado
en Nueva Orleáns en 1977, con el respaldo de la American
String Teachers Association, debutó con la Suite
puertorriqueña , pieza original con la que cerró
la actividad musical. Luego la presentó por primera
vez en Puerto Rico en un concierto celebrado en La Fortaleza.
A
finales de los 70 formó parte de la Junta de Directores
del Festival Casals. Para la misma fecha interpretó
el Concierto en Do Mayor para guitarra y arcos de
Antonio Vivaldi.
Posteriormente,
en mayo de 1978 salió publicado en la revista Soundboard,
publicación de la Guitar Foundation of America, el
artículo “Avoiding the Zip and Bump effects: A proposal”
de Federico Cordero. Con el escrito, como muy bien indica
el título, el experto guitarrista propuso una técnica
para tratar de evitar los llamados chirreos, sonidos que generalmente
se originan al presionar las cuerdas de la guitarra con los
dedos de la mano izquierda.
Por
otro lado, en 1980 Cordero incursiona al mundo de la radio
como productor del programa “La guitarra y los guitarristas”,
que transmitió la emisora WIPR Radio. Dicha producción
contribuyó al desarrollo del conocimiento de la guitarra
en Puerto Rico e igualmente logró posicionar a Federico
como al guitarrista boricua mejor conocido por su gente.
Un
año después el consagrado artista le rindió
homenaje a Mauro Giuliani en el bicentenario de su nacimiento.
En la actividad participaron los guitarristas Pedro Helfeld,
Félix Rodríguez, Eduardo Flores, Federico Rafael
Cordero, Maricarmen Rosa y Ana María Rosado, quienes
rindieron tributo al reconocido compositor guitarrista que
alcanzó fama en la Viena que consagró Beethoven.
Durante
el mismo año el programa educativo “La guitarra y los
guitarristas” inició una nueva vida a través
de la radiodifusora WORO-FM, conquistando en esas ondas radiales
el premio INTRE.
En
el 82 Cordero compuso la “Danza puertorriqueña # 3”
para rendir honor a sus colegas Castellani-Andriaccio, profesores
de la State University of New York. Con esa melodía
Federico estableció nuevas pautas en el género
nuestro de la danza. La composición fue creada para
dos guitarras, empleando lo que se conoce como la técnica
del ping pong. Esta se logra cuando la línea melódica
pasa ininterrumpidamente de un instrumento a otro. También
incorporó los modelos que hizo suyos Don Felipe Rosario
Goyco y en la cuarta parte de la danza, conocida como el solo
de bombardino, introdujo por primera vez la técnica
del trémolo.
Por
segundo año consecutivo el programa “La guitarra y
los guitarristas” obtiene el premio INTRE. Igualmente Federico
crea la banda sonora de un documental de Juan Viguié,
producido por el Museo de Arte e Historia de San Juan.
En
el verano de 1983 la revista Soundboard le publicó
el artículo “The interaction between Manuel Ponce y
Andrés Segovia: 1923-1928”. En ese año recibió
un tercer premio por parte de INTRE y un galardón concedido
por el Instituto de Cultura Puertorriqueña gracias
a su trabajo musical para la obra “Los títeres de Cachipora”.
Luego inició una nueva ronda de recitales unido a la
ballerina Elisabetta Calero, la pianista Mona Gordon y el
cantante Rafi Muñoz.
A
partir de 1985 Federico comenzó a escribir para la
Soundboard en la columna que llevó por título
“From the Caribbean”. Simultáneamente, estrenó
el “Ballet Sonata del Coabey” dedicado a la poeta Cacica Inés
Agüeybana, a Aura Pierluissi de Rodríguez, a la
bailarina Elisabetta Calero, a doña Inés María
Mendoza viuda de Muñoz y a la escritora Carmen Corchado
Juarbe. La obra se presentó en el Teatro Emilio S.
Belaval de la Universidad del Sagrado Corazón. Asimismo
grabó junto a su hijo el disco “Los Dos Federicos”.
Un
año más tarde regresa al mundo de la televisión
como productor de un segmento de media hora que salió
al aire por medio del espacio “Despierta Puerto Rico”, que
difundió el Canal 7. Meses después escribió
el “Concierto para cuatro puertorriqueño y pequeña
orquesta” para el Consejo Interamericano de Música
de la Organización de Estados Americanos.
En
1987 el académico Jeffrey Van le informó a través
de carta que fue elegido miembro de la junta de directores
de la Guitar Foundation of America. Único y primer
puertorriqueño en alcanzar tal distinción.
En
el 88 la revista Guitar Player lo escogió
como uno de los finalistas de la competencia de Sound Page.
En la misma recibió una Mención Honorífica
por su “extraordinaria ejecución” de las obras “No
me toques” de Juan Morel Campos y “Variaciones sobre el seis
cagüeño”. Federico Cordero fue el único
hispano entre los 700 participantes de todo el mundo.
Para
la misma fecha la Sociedad Puertorriqueña de la Guitarra,
de la cual él fue el presidente, celebró su
vigésimo aniversario como concertista. A la celebración
se dieron cita los artistas Lucy Fabery, su hijo y Elisabetta
Calero.
Gracias
a dicha institución Cordero partió junto a su
hijo al Festival de Guitarra llevado a cabo en Ohio. En la
festividad el destacado músico dictó la conferencia
titulada “La Guitarra y la música del Caribe Hispanoparlante”.
Allí los distinguidos puertorriqueños compartieron
estelares junto a guitarristas como Julian Bream, Jorge Morel,
David Russel y Oscar Ghiglia.
A
finales de la década de 1990 el virtuoso boricua dirigió
el programa radial “De domingo a domingo con Federico Cordero”,
transmitido por WKAQ.
Cordero,
quien esporádicamente participó en programas
de análisis político y social, ha recibido elogios
por su producción discográfica en la que se
incluyen las grabaciones “Lágrimas en soledad”, “Los
dos Federicos” y “Mi versión”. Una cuarta producción,
“The Best of Federico Codero” recoge un compendio de algunos
de sus aciertos en las cuerdas.
Enrique
Feliciano Díaz
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