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Cantante,
Compositor y Guitarista
Nombre completo: José Maduro Rivera.
Fecha de nacimiento: 30 de mayo de 1908
Lugar: Humacao, Puerto Rico
Falleció el 31 de enero de 2004 en Fajardo, Puerto
Rico
A Pepito Maduro se le recuerda y se le reconoce no sólo
por haber sido uno de los pilares de Fernandito Álvarez
y su Trío Vegabajeño – calificado como
nuestro Trío Nacional – durante su época
esplendorosa (1945-1967), sino también como uno de
los más finos melodistas románticos puertorriqueños
del Siglo 20. También, como un extraordinario vocalista,
a quien cierta noche de 1956 – luego de haber sostenido
junto a sus compañeros un “mano a mano”
con el Trío Los Panchos en el Teatro Matienzo –
el virtuoso requintista de este grupo mexicano, Alfredo «El
Güero» Gil, le expresara admirado: “¡muchacho,
tú sabes segunda voz para enseñarle a nosotros!”.
Por la línea paterna, este gran músico provenía
de una familia de misioneros protestantes holandeses. Su abuelo
fue predicador en Palestina y su padre, el reverendo Julio
Maduro Godet, llegó a Puerto Rico en 1897 también
como evangelizador, estableciéndose en el municipio
oriental de Humacao. Como era muy buen organista y poseía
amplios conocimientos musicales, llegó a dirigir la
Banda de este pueblo. Hacia 1903 se casó con la joven
junqueña Florentina Rivera Sanabria. Más tarde,
don Julio se dedicó al oficio de contable, el cual
ejerció para las empresas Rocafort, Bustelo y Roig.
La infancia de Pepito transcurrió en la barriada Pueblo
Nuevo Otero, de Humacao. Contaba nueve años cuando
su progenitor lo matriculó en la academia dirigida
por el insigne maestro Juan Peña Reyes. Éste
le enseñó lo básico en la lectura del
pentagrama y lo inició en el estudio formal de la guitarra.
Para entonces, ya cantaba, haciéndole segunda voz a
su tío materno, Cecilio Rivera, a quien se le promocionaba
en su región natal como «El Gran Cantor de Juncos».
Desafortunadamente, en 1921, poco después de que llegara
a la adolescencia, nuestro biografiado quedó huérfano
de padre. Entonces, su madre y él quedaron en el desamparo
económico. Luego de padecer grandes penurias, ambos
se trasladaron, a pie, hasta Santurce. Primero se radicaron
en la barriada Trastalleres, Y, mientras doña Florentina
se dedicó al oficio de planchadora, Pepito –
que, a la sazón, contaba 15 años – comenzó
a trabajar como obrero de la construcción. Más
adelante, fue empleado de un taller de recauchamiento de gomas
en Puerta de Tierra, a donde se mudó con su progenitora.
Después laboró en la marmolería de los
hermanos José y Víctor Cott, especializada en
la fabricación de lápidas. Durante aquellas
fechas, en la Ferretería Millón del Viejo San
Juan, compró una guitarra española marca Telesforo
Julbe – por la cual pagó $4.50 – y un ejemplar
del Método de Guitarra Ríos con el cual reanudó
su aprendizaje del instrumento. Ya cercana la década
de 1930 se hizo plomero.
Mientras tanto, en 1927 emprendió su trayectoria artística
formando dueto con el catañés Santiago «Chago»
Miranda. Ambos imitaban al Trío Borinquen, de Rafael
Hernández, cuyo repertorio interpretaban. Luego (1928-1929),
al tiempo que ejercía su oficio de plomero a domicilio,
formó otro dúo con Federico Aybar. Junto a éste
debutó en la radio, específicamente en WKAQ.
En 1929 se incorporó al Cuarteto San Luis, del guitarrista
José «Diplomacia» Díaz, en calidad
de tercera voz y guitarra acompañante. Esta formación
era completada por Luis Seccolo (voz prima); Blas Hernández
– padre del que llegaría a ser famoso bolerista,
del mismo nombre – (segunda voz). Con este grupo, cuya
vigencia resultó efímera, actuó en programas
radiales y en festejos sociales celebrados en salones del
Condado y Miramar. En 1930 integró el Cuarteto Estrellas
Boricuas, de Johnny Rodríguez, cuya plantilla original
completaron Miguel Ángel Torres – más
adelante reemplazado por Chencho Moraza – (segunda voz);
Pellín Boria (segunda guitarra) y Fernando Pizarro
(bongosero).
En 1932 se unió al Grupo Puerta de Tierra, dirigido
por el clarinetista y saxofonista José «Jossie»
Henríquez. Ejercía las funciones de primera
voz y acompañante, formando dueto con Ramón
«Moncho» Vías. Con esta formación
grabó por primera vez el 16 de septiembre de 1932.
Fueron tres composiciones originales de Vías: los boleros
“Ausencia” y “Lejos de ti” y la criolla
“En mi canoa”, editadas por la etiqueta Brunswick.
En 1934, junto a Avilés (primera voz) y Libertad Alfaro
(guitarrista acompañante) completó el Los Gauchos,
cuyo repertorio se nutría de tangos, milongas y valses
argentinos. Entonces hacía la segunda voz y ejecutaba
la primera guitarra. Además de recorrer todo el país
presentándose en teatros, fue atracción fija
del programa “La Correspondencia”, que Rafael
Quiñones Vidal mantenía en WKAQ. Crónicas
de la época dan fe que este grupo llegó a ser
elogiado por el propio Carlos Gardel. Incluso, éste
quiso tenerlo como telonero del espectáculo que presentaría
en el Teatro Paramount el 3 de abril de 1935. Su deseo no
se materializó debido a la oposición de Alfredo
Lepera, el más cercano colaborador del mítico
«Zorzal Criollo». Luego de la desintegración
de aquella trilogía en 1937, se empleó como
carpintero en la compañía de vapores Bull Lines,
que tenía como sede el muelle de Puerta de Tierra.
Permanecería ocho años alejado de las lides
artísticas.
En 1945, el locutor Mariano Artau fue a buscarlo para convencerlo
de que dejara su trabajo permanente en aquella empresa y se
uniera a Fernandito Álvarez y su Trío Vegabajeño
como sustituto de Octavio «El Colorao» González
(segunda voz y acompañante), quien había sido
reclutado por el Ejército. A partir de 1952, con la
incorporación a este trío del requintista Jorge
Hernández, pasó de ser la segunda guitarra a
ejercer la función de acompañante. Por otro
lado, es importante recalcar el dato de que, hasta aquellas
fechas, fue el principal compositor del grupo, habiendo aportado
a su repertorio, entre muchas selecciones más, las
tituladas “Lucerito de plata” (RCA Victor, 1946);
“Luto en el alma” (Seeco, 1949); “Negra
visión” (Verne, 1950) y, editadas bajo la etiqueta
Mar-Vela, las siempre recordadas “Fatal desilusión”
(1952); “Ave sin rumbo” y “Triste camino”,
rancheras (1953); “Cosas de ayer”, vals (1954);
“Corazoncito de papel” y “No la celes de
mí” (1955). Claro: ninguna generó tanto
impacto como “Lindo querubín”, un jitazo
de 1957. Después, tal mérito recayó en
su compañero Benito De Jesús, segunda guitarra
y tercera voz. A lo largo de su pasantía de 22 años
por el Trío Vegabajeño de Fernandito Álvarez
se presentó en los más exclusivos escenarios
de Puerto Rico y plazas hispanas del este norteamericano.
También desarrolló una valiosa discografía
que confirma a cabalidad sus quilates como autor musical y
su calidad como segunda voz.
A raíz de la desintegración del grupo original
en 1967, Pepito Maduro – ya con 59 años de edad
– intentó proseguir su carrera musical formando
parte del Cuarteto Borinquen, encabezado por el legendario
Pedro Ortiz Dávila «Davilita» en la primera
voz, con Nito Rivera en la primera guitarra y Miguelito Carrillo
en la trompeta. Con estos compañeros llegó a
grabar cuatro canciones: dos originales de Davilita y dos
de sus autoría: “Hoy es tu día”
y “Madre mía”. Desafortunadamente, tales
registros no se editaron. Tras la pronta desaparición
de dicho colectivo, se vio forzado a emplearse en otro menester
ajeno a la música. Consiguió empleo como guardia
de seguridad en Telemundo / Canal 2, empresa que tantas veces
visitó en calidad de artista estelar. Allí laboró
hasta 1981 cuando un infarto cardíaco lo obligó
al retiro definitivo. Irónicamente, a pesar de que
desde entonces padeció constantes quebrantos de salud
e, incluso, estrecheces económicas, fallecería
casi centenario – faltándole cuatro meses para
cumplir 96 años – en el Centro de Envejecientes
La Margarita, en Fajardo.
Además de las melodías que estrenó como
miembro del Trío Vegabajeño, es preciso destacar
otras de sus obras que, en determinadas etapas, recibieron
intensa difusión a nivel internacional. : Por ejemplo,
el tango “Cita en la iglesia”, cuyo título
original fue “Agua bendita”, fue estrenado por
el argentino Roberto Quiroga bajo la etiqueta Odeón
en 1942. Dos décadas más tarde, esta misma pieza
recobró vigencia en voz del boricua Blas Hernández,
quien la incluyó en el álbum de igual título
(ALP-1267), editado por el sello neoyorquino Ansonia en 1961.
En 1953, Felipe Rodríguez «La Voz» le estrenó,
frente a su Trío Los Antares y bajo el sello Mar-Vela,
el bolero “La canción de mis recuerdos”,
que nunca ha perdido vigencia. Durante las mismas fechas,
otro compatriota, Tommy Figueroa, se anotó uno de los
máximos jitazos de su carrera con el ya conocido bolero
“Lindo querubín” – que dedicó
a Gladys, la esposa de su compañero Jorge Hernández
– mismo que aparece en su álbum “Sonámbulo”
(Mar-Vela, MVLP-100).
En ritmo más guapachoso, su “Bomba navideña”
fue perpetuada por El Gran Combo en voz de Andy Montañez
en el álbum “El Gran Combo en Navidad”
(Gema, LPG-3021), lanzado en 1965. Una de sus guarachas, “Meleque”,
fue grabada por Willie Rodríguez y Su Trío Voces
de San Juan (Bohio, 1967); Danny Rivera (DNA, 1986) y Harry
Fraticelli (EMI, 1988). Por su parte, el dúo Quique
y Tomás le grabó “Pobre corazón”
(Ritmo y Sonido, 1993).
Pepito Maduro se casó por primera vez con la cayeyana
Carmen Colón. Frutos de aquella unión fueron
cuatros hijos. Tras enviudar, contrajo nuevas nupcias, esta
vez con Dolores «Lola» Martínez, quien
sería su fiel compañera durante casi medio siglo.
Sus restos reposan en el Cementerio Nuevo de Río Grande.
Miguel López Ortiz
Fundación Nacional para la Cultura Popular
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