| Alexis Sebastián Mendez sorprende a todos
con su exitoso ‘De-generación 80’
Por Javier Santiago
Fundación Nacional para la Cultura Popular

El actor Joaquín Jarque y el humorista Alexis Sebastián Méndez producen la exitosa “De-generación 80” en el Teatro Georgetti de Santurce.
(Foto suministrada) |
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Nadie lo hubiese imaginado. Días antes de su estreno muchos le hubiesen pronosticado un estruendoso fracaso. Pero con una revista nostálgica dedicada a la generación de 1980, Alexis Sebastián Méndez, humorista y crítico de cine del periódico Primera Hora, ha entrado con el pie derecho a la escena teatral en Puerto Rico. Semana tras semana, la sala del Teatro Georgetti de Santurce es frecuentada por cientos de parroquianos que buscan reir a carcajadas a costa de la nostalgia. Y Sebastián Méndez con su ingenio los complace hasta la saciedad, en una producción donde brilla la labor de los actores Joaquín Jarque, Tita Guerrero, Gerardo Ortiz y Carlos Merced.
¿Qué te motivó a escribir una propuesta como “De-generación 80”?
Quienes fuimos “más jóvenes” en los 80 vivimos con cierta frustración con las opciones de entretenimiento actual. No pretendo criticar las nuevas manifestaciones artísticas, sino la pérdida de tradiciones culturales que nos identificaban. El espectáculo tenía la intención de “vacilar” con quienes compartimos los recuerdos de animadores infantiles en televisión, presentadores de películas, los contagiosos comerciales y otros elementos que han desaparecido. En pocas palabras, fue algo que escribí celebrando mi cultura generacional.
¿Qué atributos le otorgas a la generación de 1980?
El aspecto más positivo, en términos culturales, era la presencia dominante de puertorriqueños en los medios. Aunque siempre ha existido una fuerte influencia del exterior –algo que es positivo pues nos enriquece– el talento y humor boricua era principal en la música, la televisión y hasta los comerciales. Aún las ofertas extranjeras eran muchas veces presentadas por un anfitrión local, fuese en forma de Pacheco, Lucy Pereda o Cary Oliver. Me resulta triste que mis hijos, por ejemplo, no puedan disfrutar del afecto e inteligencia de Sandra Zaiter.
¿Cuáles fueron sus defectos?
El defecto mayor de los ochentas –aunque se le puede aplicar a todas las épocas– era el dominio de la ignorancia y el miedo. Esto se manifestaba en todas formas, sea viendo amenaza comunista en cualquier desacuerdo, o el pánico excesivo utilizado para justificar prejuicios en el caso de la naciente amenaza del SIDA. Esto son defectos más humanos que generacionales, lamentablemente.
¿Cuán difícil fue el proceso de investigación y documentación para esta obra? ¿Cuánto tiempo te tomó el proceso de investigación?
El aspecto más difícil es encontrar todos los pedazos dispersos, como tratar de reconstruir una botella lanzada desde un rascacielos. Las fotos fueron obtenidas de la colección de El Mundo en la Universidad de Puerto Rico, así como algunos medios de prensa locales. Esto conllevo permisos, llamadas, papeleo, otra vez las llamadas, visitas, y mucho más. En el caso de la música, la Fundación para la Cultura Popular fue una mina de oro, tanto por el material como por el conocimiento sobre lo que se necesitaba. El aspecto más trágico es la desaparición de los programas de televisión, los cuales eran borrados para utilizar las cintas nuevamente, o eran fríamente desechados con los cambios de tecnología o la necesidad de espacio de almacén. Algunos anuncios se consiguieron a través de agencias de publicidad. Parte del material ha sido rescatado por el canal 6. Otros coleccionistas individuales mantienen sus copias. El País necesita centralizar toda esta historia de nuestra cultura.
¿Por qué crees que es importante acudir a estos elementos de la cultura popular en este momento?
La cultura popular es un reflejo de nuestros gustos, nuestras preocupaciones, nuestra personalidad. Resulta increíble la cantidad de horas diarias consumidas en ver televisión, escuchar radio, disfrutar música, leer la prensa. Todo esto forma, por tanto, parte integral de la definición de los individuos y, por consecuencia, de nuestro país. Para entender quiénes somos, debemos entender lo que disfrutábamos y considerábamos importante.
Si hay algo que no ha cambiado en cuanto la cultura, es que sigue sin recibir el respeto que merece. Pero en nuestro caso particular, ahora la cultura local adolece de falta de representación apropiada de nuestra personalidad. Por eso es importante recordar los tiempos en que los boricuas dominaban estos aspectos.
A casi 40 funciones presentadas, ¿esperabas una reacción tan favorable del público a esta obra?
En términos fantasiosos, uno sueña con un éxito tan grande. En términos realistas, pensaba que duraría unas ocho semanas, y aún así estaba siendo optimista ante el cuadro actual del teatro puertorriqueño. Me satisface que haya tanto deseo de disfrutar de los recuerdos de aquella época.
¿Qué es lo más que te ha sorprendido sobre la aceptación popular a la misma?
Te voy a decir mis momentos más felices cada semana. Un momento es durante la porción de la obra en que se cantan los comerciales. Me fascina ver los rostros de una pila de manganzones de 30, 40 y 50 años, contentos porque están cantando al unísono el anuncio de “La escuela” o el tema de “Oliver Exterminating”. El otro instante ocurre cuando todos estos profesionales adultos se ponen de pie, ponen la aguja invisible, y hacen ejercicios musicales. Nunca deja de sorprenderme el gozo del público en disfrutar su juventud nuevamente de esta manera tan peculiar.

El elenco de “De-generación 80” cuenta con la atinada labor de los actores Carlos Merced, Gerardo Ortiz, Tita Guerrero y Joaquín Jarque.
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El público que asiste a tus funciones es heterogéneo. ¿Cómo toman la obra los que no vivieron la época de los 80?
Los “mucho más adultos” la disfrutan porque, aunque ya no eran adolescentes durante esa época, tuvieron hijos que la vivieron, o simplemente eran personas maduras que recuerdan frescamente todos estos elementos. En cuanto al público más joven, lo disfrutan mucho, pues conocen muchas de estas vivencias por los cuentos de sus padres. Suelo compararlo con “Grease”, la cual los ochentosos disfrutaron en su niñez, mientras que nuestros padres quizás disfrutaban otro aspecto, pues recordaban la era de los 50.
¿Podrá convertirse “De-generación 80” en una de esas piezas de culto generacional tipo “Rocky Horror Show” o “La hamaca” boricua?
Eso solamente lo dirá el tiempo. Tenemos público que ha venido hasta tres veces durante estos meses. Ya estoy escribiendo una segunda parte. Lo que me daría más satisfacción es que esto repercute en mayor interés por revivir algunas de las tradiciones ya mencionadas que han desaparecido de nuestros medios.
¿Satisfecho con tu primera incursión en el mundo teatral?
El proceso fue muy duro, y juré no volverlo hacer. Claro, lo dicen las madres después de cada parto. Cuando se vive la felicidad de la criatura, se olvida el dolor atravesado. Mi mayor satisfacción en la experiencia ha sido brindarle a mis compañeros generacionales una opción de entretenimiento con la cual se identifican. Espero poder seguir tolerando muchos más partos. En otras palabras, juré en vano.
06/abr/06
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