| Tres cantautores con estilos muy diferentes
Miguel López Ortiz
Fundación Nacional para la Cultura Popular

Los cantautores Walter Morciglio, Carlos Lozada y Gabriel González coincidieron en su presentación en el Viejo San Juan.
(Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular) |
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Es de esperarse que la iniciativa tomada por la Fundación Nacional para la Cultura Popular, en colaboración con el cantautor y productor Walter Morciglio, para brindar un centro de exposición a nuevos cantautores e, incluso, a otros más veteranos pero con limitadas opciones para presentar sus trabajos, comiencen a rendir frutos en breve, a juzgar por la acogida que ha obtenido esta serie veladas celebradas en la sede de nuestra institución en la Calle Fortaleza Núm. 56, en el Viejo San Juan.
Aunque funciones similares se han celebrado aquí desde hace bastante tiempo y han sido muchísimas, el proyecto en cuestión cobró forma en octubre pasado. Desde entonces los encuentros mensuales han servido de exposición a talentos como José Saavedra, Charlene López, José Jorge, Meli, Siete, Luis Rojas, Carlos Homar, Angel Carrión y Christian Cuff, entre otros. Desde entonces – al igual que en el caso del reconocido Grupo Tepeu, que ha venido ofreciendo una función en el mismo lapso de tiempo –, esta serie se realiza cada mes. Además del propósito antes señalado, procura el de recaudar fondos que nos permitan proseguir nuestra labor cultural, pues como se dice por ahí “la piña se ha puesto muy agria”.
La más reciente de estas veladas contó con las actuaciones del propio Walter Morciglio, el guaynabeño Gabriel González y el más veterano Carlos Lozada, quien fuera integrante del Grupo Taoné, el más genuino pionero entre los colectivos afiliados al movimiento de La Nueva Canción Puertorriqueña – respuesta boricua a La Nueva Trova cubana y al Canto Nuevo sudamericano – que tuvo su esplendor durante la década de 1970.
Walter, identificado con el pop rock y la balada romántica, tuvo a su cargo la apertura ofreciendo varias composiciones que, según explicó, fueron creadas durante el mes de septiembre de 2007. Resultaron particularmente llamativas las tituladas “Cerca” – que, según nos dijo, “es lo más cerca a un bolerito que he compuesto” –, “La canción del conductor” (inspirada en el conductor de un auto que transitaba junto al suyo y a quien logró alertar de un bocinazo, pues se estaba durmiendo) y “Canción de las gotas”. Este intérprete, muy requerido por sus colegas por su capacidad como guitarrista acompañante, volvió a demostrar que también es muy buen vocalista.
Gabriel forma parte de Caribe Gitano y Tequila Rosa –
El segundo en presentarse fue Gabriel, más enfocado hacia la onda rockera y cuyo estilo vocal, por momentos, nos hacía recordar al isabelino Fofe Abreu, el sensacional vocalista del grupo Circo, particularmente por su inclinación a alardear de su dominio en los tonos agudos. Valga señalarse que este intérprete se alterna con dos colectivos: Caribe Gitano y Tequila Rosa. Frente a este último se encuentra inmerso en la grabación de una producción discográfica bajo la dirección del muy destacado Eduardo Reyes, quien se encontraba entre el auditorio.
Precisamente, las seis composiciones que vocalizó figuran en el repertorio del disco que prepara y, como le confesara al auditorio, las mismas fueron inspiradas en su novia – también presente aquí – a quien, por amarla tanto, le pedía a Dios “que no se canse de mí y me deje”. Nos parecieron muy emotivas las tituladas “Febrero”, “Escucho latir” y “Que vuelvas a mí”.
Por su parte, Carlos Lozada lució más acorde al concepto tradicional que se tiene de la bohemia, pues su música, tanto en lo que respecta a estructura melódica como en sus textos, se proyecta más romántica que las de sus antecesores. El repertorio que presentó forma parte de su disco “Mirada breve”, producción independiente que realizó hace par de años. Muy bonitas le quedaron “Mi guitarra”, “Cuando salgo a perseguir una canción”, “Del taller de los duendes” y “Cada vez que intento darte una canción”, con la que cerró su mini-recital.
En los versos de esta última, narra los infructuosos esfuerzos que realiza para componer una canción inspirada en su esposa. Y, como nada se le ocurre por más que lo intenta, un duende le sugiere que mejor suelte su guitarra y corra hacia ella.
21/abr/08
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