| Julio Ramos: ‘sin prisa… pero sin pausa’
Por Adriana Pantoja
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Julio Ramos se desempeña en numerosas facetas del mundo de la actuación.
(Foto suministrada) |
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“Todo se logra a su tiempo, con paciencia y perseverancia…” De orgullo cagüeño, Julio Enrique Ramos Vélez es un artista multifacético, con un extenso resume que cubre 25 años de trabajo artístico: actúa, rige escena, domina la pantomima y el trabajo físico, hace espectáculos en zancos y malabarismo, diseña, construye y transporta escenografía… en fin, un disciplinado histrión y un hábil “teatrero”, como él prefiere considerarse.
“Aunque soy actor, no me gusta limitarme a un solo aspecto. Disfruto laborar en todas las áreas ligadas al teatro; y hasta he trabajado y vivido de algunas de ellas. Si fuera a definir cuál de todos los aspectos del teatro me gusta más, no se me haría fácil escoger. Algunas se me hacen más cómodas que otras, claro está. Pero no hay duda que el ego influye y me hace escoger la actuación por sobre todos los demás aspectos. Es el actor quien está frente al público y recibe los aplausos; no pasa así con el escenógrafo, el utilero o el regidor de escena, por ejemplo…”, nos comenta Julio, que actualmente trabaja como actor en la pieza “Máscaras afuera”, de Joselo Arroyo, en Bellas Artes, producido por Cuarzo Blanco en su 20mo aniversario.
Primeros asomos al arte -
¿Y cómo se inicia Julio Ramos en el teatro? Todo comenzó en su pueblo natal, cuando estudiaba en la escuela superior José Gautier Benítez… pero antes de eso… “Mi mamá siempre me llevaba al teatro. Vi obras de Teatro del 60 y de Nuestro Teatro, por ejemplo; obras que me cautivaron y, digamos, me atraparon. A mí siempre me cautivó el teatro: los montajes, la actuación, lo técnico…” Pero no fue hasta su cuarto año que Julio decidió seguir su intuición… con paciencia y perseverancia. “Me tocó tomar la electiva de música, pero como yo quería la de teatro, fui a hablar directamente con el maestro, Alberto Zambrana. Él me dijo que la clase estaba llena, que no me podía admitir; y yo me fui muy triste porque no pude convencerlo para que me aceptara. Sin embargo, una amiga mía, Amarilis López, cuando me vio triste por la situación, me agarró por la mano y me llevó de vuelta frente al profesor. Y ése fue un momento crucial para mi vida, ya que, para mi alivio y alegría, esta vez el profesor sí me aceptó… con una condición: ‘Si faltas, te boto’… ¡Imagínate, le dije un ‘sí’ rotundo y comprometido!”.
De esa clase, surgió un grupo de teatro escolar, con el cual Julio trabajó en obras como “La cantante calva”, “El hombre que se convirtió en perro” y “El maestro”. Y un poco más tarde, en el 1983, surgió el grupo teatral Thymele. “Ya nos habíamos graduado de escuela superior cuando Zambrana decidió formar este grupo semi-profesional, con egresados de la Gautier. Y entre esos egresados, estaba yo… y también Francisco Capó”. La primera obra de la compañía fue “La farsa del amor compradito”, de Luis Rafael Sánchez, la cual presentaron en el Teatro Arcelay, como parte del Festival de Teatro de Caguas; y luego en la Casa Rosada, también en Caguas. “Como Zambrana tenía experiencia haciendo giras por las universidades, logramos llevar la obra a varios sitios, haciendo como 30 funciones en total”. Thymele realizó algunas obras más, pero lamentablemente, se disolvió a los tres años: sólo Julio, Francisco Capó y su director, Alberto Zambrana, han seguido en el quehacer teatral. “A pesar que Thymele se disolvió, Zambrana continuó haciendo obras por la Isla, con la actriz argentina Alicia Curi. Una de las obras que más se representó por todas partes fue “La maleta”, de Julio Mauricio; y en la misma, yo era regidor y técnico. Fue una experiencia tremenda, porque ahí aprendí cómo se trabaja el teatro en la calle, que es completamente diferente al teatro que se hace en la escuela o en la Universidad”.
Luego de estas primeras experiencias, y ya de lleno en la Universidad, además de actuar, Julio comenzó a trabajar la utilería de las obras del Teatro Rodante, que dirigía Dean Zayas: “Madre Coraje” y “Por el sótano y el torno” fueron las primeras. “Desde que trabajaba en Thymele, me distinguía por tener más experiencia que los demás en el manejo de la construcción, ya que mi papá trabajaba en eso y yo le ayudaba. En la UPR, entré a trabajar en utilería con el Profesor Cheko Cuevas, igualmente por la experiencia que ya tenía en construcción. Eran obras de época; por ende, había que construirlo todo. Después de eso, comencé a trabajar en escenografías, diseñando y construyendo”.
Esta habilidad en construcción y creatividad en diseño de nuestro entrevistado, le abrió las puertas al mundo de la televisión. “En el 1984, pude comprarme un carrito, un Volky; y ya en diciembre de ese mismo año, pude comenzar a trabajar en el departamento de producción y utilería, en las novelas de Producciones Meca, en el Canal 11. Estuve como cuatro años, aprendiendo de excelentes maestros, como Jesús Lugo, Luis González, Leslie Colombani, Ángela Meyer, Camille Carrión, Axel Anderson, Gabriel Suau, Gloria Sáez….” Pero Julio seguía estudiando mientras trabajaba: él nunca perdió de perspectiva que su principal meta era la actuación. “Uno de los aspectos positivos de estar trabajando mientras estudiaba era perder la idea del ‘glamour’. Yo entendí, de primera mano, cómo se trabajaba, cómo se hacían las cosas… aprendí que, para obtener un aplauso, hay que trabajar bien fuerte’.

Julio Ramos (derecha) y Miguel Diffoot en una escena de la obra “Máscaras afuera” de Josean Arroyo.
(Foto Julio García) |
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Por ese mismo tiempo, Julio tuvo su primera experiencia con la televisión hollywoodense, a través de un episodio de ‘Miami Vice”, para el cual fue “casteado” y dirigido por Paul Michael Glaser. “Fue un papel pequeño, pero interesante. En ese momento, yo no estaba muy interesado en trabajar como actor en la televisión, mucho menos en la televisión norteamericana; tampoco pensaba en el cine. Pero surgió la oportunidad y debo admitir que fue sumamente enriquecedora. Y creo que, a raíz de eso, me interesé un poco más en el área de las Comunicaciones. En la UPR, a pesar que seguía estudiando Teatro, también cursé estudios en Comunicación Pública por dos semestres. Igualmente, obtuve mi certificación como maestro en la Facultad de Educación de la UPR, pero apenas he ejercido la docencia”.
Y a la misma vez que estudiaba Teatro, Comunicaciones y Educación, Julio también practicaba deportes. “En la escuela superior, yo jugaba baloncesto en categorías menores. Por eso, solicité entrar a la Universidad por destreza en deportes, como mi primera opción. La segunda opción era Teatro… ¡Curiosamente, no me aceptaron por deportes sino por teatro! Como quiera, una vez en la Universidad, practicaba baloncesto todos los días; lamentablemente, me lesioné en el 1985”. Pero esto no impidió que Julio se distinguiera en natación, esgrima, judo y gimnasia, entre otros deportes.
La experiencia entre compañías y colectivos -
Solidario siempre, entre las décadas de 1980 y 1990, Julio trabajó con muchos productores jóvenes que comenzaban a abrirse camino en el teatro, tales como Agustín Rosario, Salvador Morales y Adriana Pantoja. Sin embargo, entiende que se fortaleció mucho más como artista, como teatrero, al participar de dos grupos de teatro. “Es muy distinto trabajar en un grupo que en una compañía. En un grupo, es fundamental la participación colectiva en la toma de decisiones de montaje y de cómo va a ser todo. Hay que hacer de todo, pero también hay más libertad de opinar sobre todo”.
El primero de estos grupos fue Yerbabruja, creado en el 1990 por Margarita Espada, Aurelio “Yeyo” Lima y Jacqueline O’Neill. Julio y su esposa, Leslie Van Zandt, se incorporaron al grupo algunos meses después de creado y estuvieron trabajando en el mismo por 5 años. Obras como “Crónica natural”, “El circo de los hermanos Pimpollo” y “Re-cuento”, fueron algunas de las que realizó este grupo teatral. “Yo produje ‘Re-cuento’, ya que Margarita se había ido a Estados Unidos a estudiar su maestría. Luego de esta última pieza, el grupo se fue disolviendo poco a poco”.
Y es ahí cuando Julio entra a formar parte del grupo teatral Agua, Sol y Sereno. “Mi primera pieza con el grupo fue ‘Una de cal y otra de arena’ en el 1995, justo cuando entré; pero estuve sólo como técnico, ayudándoles a transportar la escenografía. Luego entré como actor, sustituyendo a Israel Lugo cuando él no podía hacer alguna función o a Rudek Pérez cuando salió del grupo. Y aquí estoy… hasta el agua, el sol y el sereno de hoy”, comenta muy risueño Julio, quien se graduara de la UPR en el 1991.
Si fuera a escoger qué forma de laborar prefiere, nuestro entrevistado afirma que trabajar en una compañía es mucho más fácil que trabajar en un grupo teatral, pero definitivamente, el último estilo es mucho más creativo y divertido. “En una compañía, el organigrama es más claro y preciso, lo que hace el trabajo mucho más cómodo. El trabajo de creación colectiva es, digamos, caótico, pero entretenido. Sin embargo, no puedo escoger entre los dos métodos de trabajo: cada uno tiene sus pros y sus contras, sus encantos y sus desencantos. El teatro de grupo puede ser mucho más creativo, pero te consume mucho, mucho tiempo; y eso puede ser muy peligroso. Cuando uno es estudiante, todo ese tiempo invertido, sin paga, no importa mucho; pero cuando uno ya es adulto y tiene compromisos, responsabilidades, es mucho más difícil dedicar tanto tiempo a la creación de un proyecto sin obtener remuneración económica cercana o inmediata. Yo siempre trato de tener proyectos de ambos estilos para así lograr el balance perfecto… porque, al fin y al cabo, se trata de pasarla bien, divertirse en cualquiera de los dos procesos”.

Arte de promoción del unipersonal “7 Veces Siete”, protagonizado en 2005 por Julio Ramos.
(Foto Jimmy Navarro) |
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¿Cómo llega el cine a la vida de Julio Ramos? “Todos los elementos de las novelas que se hacían en el Canal 11, excepto la cámara, eran trabajados como cine. Como te mencioné, yo trabajaba la utilería en ese entonces y, dada la situación de la cualidad cinematográfica, tenía que estar bien pendiente de cómo se veía todo. Allí aprendí cómo se trabajaba ese estilo, desde la actuación hasta lo técnico. Pero mi primera experiencia actoral cinematográfica fue con ‘Los cuentos de Abelardo’, en el 1989”. Según nos relata Julio, Ileana Rivera Santa, quien era la asistente en las novelas, pasó a ser la asistente de Luis Molina, el director de ‘Los cuentos de Abelardo’. Paralelamente, Jesús Lugo, quien era ambientador en las novelas, pasó a ser el de la película, al igual que Gloria Sáez en vestuario. Cheko Cuevas, quien era su maestro en la Universidad, también trabajó en la película. O sea, Julio se encontraba como en su casa entre tantas personas que lo conocían a él y a su trabajo. “Entré a trabajar en la película como asistente de Jesús Lugo, encargándome de la ambientación de todos los exteriores. Y como Jesús se encargaba de la ambientación de los interiores, yo estaba básicamente solo trabajando los exteriores; pero, muy bien, porque eso me brindó una experiencia tremenda, especialmente con el envejecimiento de utilería, en lo cual me hice un experto” Además, con la película, Julio aprendió mucho sobre cómo investigar para lograr un buen trabajo, tanto de época e historia como de estilo y forma.
Este trabajo como ambientador trae consigo sus anécdotas graciosas. “¿Cómo conseguir 30 machetes usados? Pues, sencillo: yo los compré y me fui por el vecindario, cambiándole a mis vecinos sus machetes usados por los nuevos… y así obtuve mis 30 machetes para la película”. Y además de toda la responsabilidad que conllevaba el trabajo de ambientación y utilería, Julio logró hacer un ‘casting’ para actuar un personaje pequeño, al lado de Chavito Marrero, protagonista de la película. “Fue súper chévere: dos escenas con Chavito, un personaje cómico… me sentí muy bien y entiendo que hice un buen trabajo”. Luego, en el 1992, Julio trabajó en “La guagua aérea”, también de Luis Molina. “No era un papel muy importante ni tenía líneas, pero estuve en varias escenas”.
En la pantalla grande y en la chica –
Otras participaciones cinematográficas importantes en la carrera actoral de Julio Ramos son: “The Argentine” (2007); “El Clown” (2006); “Ladrones y mentirosos” (2005); “Cayo” (2004); “Last Flight Out” (2002); y “Mi día de suerte” (1999), entre otras. Julio entiende que el cine tiene su encanto y el mismo estriba en que “tú lo puedes seguir viendo, contrario al teatro, que es vivo pero efímero. El cine es caro y te cuesta hacerlo, pero tiene la ventaja que lo puedes seguir apreciando. Sin embargo, la experiencia que se obtiene trabajando en un ‘set’ de cine jamás se compara con la que ofrece el estar frente a un público en el teatro, a pesar de lo fugaz que pueda ser. En términos de energía, el teatro me brinda algo vivo que no me da el cine”.
Lo mismo le ocurre con la televisión… “No me llama mucho la atención actuar para televisión como tal. Lo he hecho y lo disfruto, como todo, pero no es mi meta primordial; prefiero el teatro, siempre”. Cabe señalar que, entre sus más recientes participaciones en la televisión local, se encuentran “Desamores”, “Victoria” y “Revolución en el infierno”. Por otra parte, el cortometraje también ha sido otra vía de expresión para el talento de Julio Ramos. “Recuerdo que mi primer cortometraje fue en el 1995, escrito y dirigido por Luis Gerard, cuando él apenas comenzaba en esto del cine. Fue su trabajo final de clase en COPU y se tituló ‘Qué será, será’, como la canción. Su director de fotografía fue Jaime Costas y su editor, Raúl Marchand. Compartí con Johanna Rosaly, Axel Anderson, Jéssica Cristina, Carlos Fontané… pero el centro del corto era mi personaje”. Este trabajo de clase fue escogido para participar en el Festival de Cine de Venecia el próximo año; Julio lo recuerda como “un trabajo chévere pero raro”. Y a pesar que ha seguido trabajando de manera constante pero pequeña en muchas películas y en varios cortometrajes -como él mismo nos comenta: “yo soy un profesional experto en papeles cortos”-, no es hasta “El gallo”, de José Carballido, que Julio vuelve a tener un rol protagónico, el cual le hizo merecedor del Premio Mejor Actuación Masculina, en el Festival Internacional de Cortometrajes de Puerto Rico, Cinefiesta 2008.
“Este corto se basa en un cuento del abuelo del mismo Pepe (Carballido), cubano, que vive y trabaja en Cuba. Tan pronto como leí el guión, quedé impactado e interesado con el tema y la trama. Sin embargo, cuando nos reunimos, hubo ciertos problemas para poder comenzar: por ejemplo, yo no podía grabar en las fechas que ellos tenían pautadas. Pero si la pedrada está para el perro, no le toca al gato: el personaje era para mí y logramos acomodar las fechas para enero de 2008, grabando antes de lo pautado originalmente”. Y Julio no tan sólo actuó en este proyecto, sino que ayudó a Carballido a conseguir varios elementos importantes para el mismo. “Como las fechas se adelantaron para que yo pudiese grabar, Pepe no tenía todos los elementos listos. Yo le pregunté, por ejemplo, si tenía al nene; él me contestó que aún no, así que le hablé de mi hijo menor, Yamil. Le pregunté si tenía a la esposa; igualmente me dijo que no. Así entró Leslie, mi esposa, al proyecto. También le ayudé a conseguir a quien hizo el papel de gallero, Salvador Morales; y hasta la gallera en donde grabamos… prácticamente, me apropié del proyecto… pero no por egoísmo, sino por cariño, por solidaridad, por convicción”. Para Julio, fue enriquecedor poder trabajar y compartir este proyecto con su familia; y quedó totalmente sorprendido, pero satisfecho, al ganar el premio como mejor actor en el Cinefiesta, en agosto de 2008. “Fue mi primer premio como actor en cualquier medio artístico; eso fue muy importante para mí”.
La participación actoral en comerciales ha sido también parte de las muchas experiencias en la vida artística de Julio Ramos. “Hacer comerciales es exactamente igual que hacer cine, sólo que mucho más corto, por supuesto. ¡A veces ni me da el tiempo para ponerme nervioso! Aunque yo, por lo general, no me pongo nervioso, a menos que sea un trabajo de mucho peso, de gran envergadura, que requiera mucho de mí como actor”.
Monólogos de “pop corn”, “machotes”… y “7 Veces Siete”-

El actor Julio Ramos en su faceta de mimo.
(Foto suministrada) |
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Una de esas obras de peso y envergadura, que representó un evento significativo en la vida de este actor, es la pieza del Dr. José Luis Ramos Escobar, “El olor del pop corn”, con la cual Julio hizo alrededor de 60 funciones y viajó a varios países desde su integración a la misma en 1993, cuando sustituyó a Marcos Garay. “Esta obra es especial porque representa el primer papel dramático que tuve. Yo me sentía muy bien porque lograba un realismo tremendamente creíble e impactaba constantemente al público. Y a pesar del nerviosismo que me pudiese causar el interpretar a este personaje, me sentía muy cómodo en escena, gracias a la dirección de José Luis y a la ayuda de las tres excelentes compañeras actrices con las cuales compartí escena: Luisa de los Ríos, Yamaris Latorre y Jacqueline Duprey”.
Otro trabajo importante para Julio fue su primer monólogo, “Etiqueta para machotes de caché”, de Gloria Picci Alonso, dirigido por Iliana García y presentado en el Niuyorrican Café. “Fue y sigue siendo un monólogo muy dramático, fuerte y sumamente emotivo. A pesar que su estreno en el 2002 fue un tremendo logro para mí, ahora, después de casi siete años haciéndolo, siento que tengo mayor entendimiento de la pieza”.
Pero no cabe duda que el trabajo teatral más trascendental en la carrera de Julio Ramos lo es el unipersonal “7Veces Siete”, estrenado en la Sala Experimental Carlos Marichal, del Centro de Bellas Artes en Santurce, en febrero de 2005, dirigido nuevamente por Iliana García… “una directora que me ha obligado a ser vulnerable, que me ha sacado de mi lado cómodo para lograr ser más honesto en mi trabajo como actor”.
El haber logrado conceptualmente una pieza como “7Veces Siete”, se lo debe a su profesora de pantomima y movimiento en la UPR, Gilda Navarra. “Cuando uno es estudiante, hay veces que no se entienden muchas cosas. Mi gran maestra, Gilda Navarra, me enseñó un montón de cosas que no vine a comprender bien hasta hace unos años atrás… y de ahí surge ‘7Veces Siete’, de sus enseñanzas sobre los siete pecados capitales, sobre cómo se traducen a nuestra vida diaria, sobre la disciplina teatral, sobre el símbolo, sobre la ‘verdad’ actoral. Yo tuve la gran ventaja de poder ser su estudiante primero y, luego, del 1991 al 1996, su compañero de trabajo en su grupo Síntesis, en el cual hice “El múcaro y la minina” (1995); y dos monólogos, “Eleuterio boricua” y “Acto sin palabras” (ambos de 1993), entre otras piezas. Estos dos unipersonales, aparte de los trabajos hechos en ‘Síntesis’, son un orgullo para mí: el que Gilda, mi admirada maestra, me haya dirigido y me haya montado esos dos monólogos… ¡es grandioso! Sin lugar a dudas, a ella le debo el estar donde estoy actualmente como actor”.
Desde que Julio hizo el monólogo “Etiquetas para machotes de caché”, se fue formando en su cabeza la idea central del unipersonal “7Veces Siete”. El haberse enfrentado sólo a un público, con un texto sumamente dramático y difícil, le dio fuerzas para crear este nuevo espectáculo, mucho más abarcador y versátil, basado en los siete pecados capitales. “Quería hacer un espectáculo de corte universal, pero que, a la misma vez, tuviera una pertinencia directa con Puerto Rico. Estuve estudiando diferentes ideas de cómo llegar a lo que quería hacer… y, poco a poco, me fui definiendo. Por ejemplo, quería que 7 dramaturgos puertorriqueños, varones, escribieran cada uno sobre un pecado, en textos de 7 minutos de duración”. Y así fue como Julio reclutó la confianza y dramaturgia del Dr. José Luis Ramos Escobar, el Prof. Roberto Ramos-Perea, Gerard Paul Marín, Jorge González, Carlos Vega y Freddy Acevedo... al final, hasta el mismo Julio, por razones ajenas a su voluntad, escribió un texto para el espectáculo.
Cuando “7Veces Siete” vio, finalmente, la luz de un escenario, Julio estuvo hondamente satisfecho del producto final. Tanto así que aún sigue montando el unipersonal cada vez que se lo solicitan en Puerto Rico, sin perder las esperanzas de viajar al extranjero con el proyecto. “Desde el 1991 hasta ahora, he tenido mucha suerte: he podido viajar considerablemente para presentarme en más de 25 festivales internacionales de teatro: Alemania, Brasil, España, Chile, Argentina, México, Costa Rica, Venezuela, República Dominicana, Estados Unidos… Espero que ‘7Veces Siete’ pueda viajar igualmente; eso me haría inmensamente feliz”.
“Máscaras” con una función inclusiva para sordos y oyentes –

En 2004 Julio Ramos protagonizó “Etiqueta para machotes de caché”.
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Obras como “La verdadera historia de Pedro Navaja” (1994), “Los Coyotes” (2004) y “Tartufo” (2006) engalanan el resume de Julio Ramos. Pero, aparte de su orgullo, “7Veces Siete”, este versátil actor siente un hondo cariño por la comedia “Máscaras afuera”, que interpretara junto a Miguel Diffoot en 2006, tanto en San Juan, Caguas y Cayey, en Puerto Rico, como en La Habana, Cuba, en el Festival de Teatro Latinoamericano y del Caribe. Es esta pieza de Joselo Arroyo la que le brindó a Julio la fabulosa ocasión de hacer comedia realista, algo que muy pocas veces ha tenido la oportunidad de interpretar. “Fue tremendo reto, pero me la disfruté muchísimo. El tema es pertinente, la forma de llevar la historia es muy ingeniosa y el dúo dinámico que hacemos Miguel y yo es increíble”, refiriéndose a que ambos se conocen y han trabajado juntos desde sus años de estudios en la UPR. “Sin embargo, yo nunca había tenido la oportunidad de trabajar con Miguel de esta forma; definitivamente, tenemos una química increíble”.
En el 2006, la obra obtuvo premios y críticas excelentes, tanto en Puerto Rico como en Cuba. Por eso, Julio siempre insistió en que se debía repetir… “¡y se me dio!”, comenta alegremente. Y en estos momentos, nuestro entrevistado se siente más que contento con la reposición de esta comedia, la cual se estará presentando hasta el 5 de abril de 2009, en la Sala Carlos Marichal, del Centro de Bellas Artes de Santurce (con una función adicional en la Escuela de Artes Plásticas, en San Juan, el 23 de abril de 2009). “Máscaras afuera’ sigue siendo un gran reto para mí, no tan sólo porque es realismo, sino porque es comedia… Una comedia muy seria… Y es que, detrás de la comedia, se dicen verdades sociales muy firmes, las cuales yo debo presentar con igual ‘verdad histriónica”.
Tanto Ramos como Diffoot han trabajado con Cuarzo Blanco desde su fundación, en 1989. Por ende, se unen a la celebración de la compañía con un “experimento” especial: la función de “Máscaras” del viernes 3 de abril será integral. De esta forma, con la ayuda de intérpretes del lenguaje de señas, la comunidad sorda puertorriqueña disfrutará de la pieza al igual que la oyente. “Este ‘experimento’ me parece algo estupendo. La comunidad sorda tiene igual derecho que la oyente a disfrutar de todo, inclusive del teatro. Lo que pasa es que no se les incluye, no se les toma en cuenta, no se piensa en ellos a la hora de conformar obras de teatro, espectáculos. En el 2005, yo trabajé con Adriana en la obra ‘Utopía perdida’, una pieza totalmente en movimiento, baile y pantomima, para la cual se dedicaron funciones especiales para esta comunidad. Sin embargo, ahora es diferente: ahora es una función inclusiva, con sordos y oyentes a la vez, como debe ser. Ya hemos ensayado con los intérpretes y es interesantísimo; eso sí, Miguel y yo tenemos que concentrarnos muchísimo porque los intérpretes están básicamente al lado nuestro en el escenario. Pero entiendo que es un gesto muy loable y que todo va a salir muy bien”.
Julio está muy consciente que el teatro no siempre significa una remuneración económica constante, por lo que ha logrado establecer otro sistema de trabajo paralelo, que le ha ayudado a subsistir. “Económicamente, me ha funcionado mucho el hacer lo que catalogo como ‘teatro corporativo’, que no es otra cosa que hacer promociones, publicidad, convenciones y espectáculos para empresas, servir de anfitrión para turistas, clientes o empleados. No es una obra de teatro, sino un espectáculo de puro entretenimiento”. Usualmente, para este tipo de actividad, Julio trabaja como mimo o como zanquero, desarrollando el aspecto de la improvisación. “Por ejemplo, si me contratan como mimo para una convención de químicos, yo me encargo de recibir, saludar y entretener a los empleados o a los clientes. No ensayo realmente, sino que utilizo mucho la técnica de la improvisación.” Y aunque este tipo de trabajo corporativo no sea específicamente artístico, Julio admite que se divierte muchísimo. “Estoy en contacto directo con la gente y eso me encanta. Además, el estar detrás de la máscara del mimo o del vestuario del zanquero, me da la oportunidad de relajar y hacer chistes con la gente… Julio Ramos no se atrevería a hacer eso fuera de un personaje. Así que este tipo de trabajo me da cierta libertad como artista, además de un ingreso económico paralelo.”
Opina nuestro entrevistado que una obra teatral, la cual se ensaya sin paga por meses, nunca es costo efectivo como lo es la actividad del “teatro corporativo”. Sin embargo, nos afirma que, según necesita de estas actividades corporativas para sobrevivir económicamente, necesita del teatro para sobrevivir anímicamente. “Cada cosa tiene sus puntos positivos y sus puntos negativos. Pero hay veces que, con las actividades corporativas, me he sentido casi como una… bailarina exótica… No hacen caso a lo que estoy haciendo en la actividad y es una situación bastante incómoda. Por ejemplo, me contratan como mimo para una hora en una convención. Al principio, por los primeros cinco o diez minutos, todo está bien; pero ya luego, el mimo deja de ser gracioso en algunas ocasiones… ¿y qué puedo hacer, entonces? Claro, en esos momentos, yo utilizo todos los recursos que tengo a mi alcance como actor para hacer más variado y atractivo mi trabajo; pero como quiera, es una situación bastante difícil”.

Julio Ramos con Leslie Van Zandt amenizando como zanquero.
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No obstante, hay actividades corporativas en las cuales Julio se siente a sus anchas y el tiempo se le pasa volando. “Es como en el teatro, como en el arte: he pasado de todo, bueno y no tan bueno. Y no hay forma de saber por adelantado cómo será la actividad corporativa; todo es como una caja de pandora. Claro, la experiencia de años haciendo esto me permite aconsejarle a los clientes, a la hora de contratarme, lo que les conviene y lo que no, dependiendo del tipo de actividad que vayan a realizar: la honestidad ante todo”.
Hace unos cinco años que Julio Ramos dejó de hacer escenografías y utilerías para dedicarse con mayor ahínco a su labor como actor. “No es que dejara de gustarme; es que muchas veces estas labores son menospreciadas tanto en sueldo como en reconocimiento. Y por otra parte, también quería dedicarme más al oficio de actor”. Sin embargo, no ha abandonado del todo la labor técnica, ya que se ha especializado en la regiduría de escena. “Me gusta mucho ser regidor de escena porque tengo el control del espectáculo: lo bueno o lo malo en la realización final de un espectáculo depende en gran parte del regidor de escena”.
Nuevos retos en su agenda inmediata -
¿Qué es lo próximo para Julio Ramos una vez se termine la temporada de “Máscaras afuera”? “Estaré trabajando en la película estadounidense ‘The Rum Diary’, que protagonizará Johnny Depp y dirigirá Bruce Robinson, ganador del Oscar por el guión de ‘Killing Fields’. En mayo, estaré celebrando los 15 años de existencia de Agua, Sol y Sereno, con la pieza ‘Una de cal y otra de arena’, en el teatro Victoria Espinosa, en Santurce. Además, en 2009, saldrán las películas ‘Miente’ y ‘Kabo y Platón’, en las cuales estuve trabajando. Por otra parte, quisiera realizar cortometrajes de algunos trabajos que he hecho, como ‘Etiqueta…’ y el monólogo que escribí para ‘7Veces Siete’, por ejemplo. Yo mismo los dirigiría y los produciría con mi compañía Arte Boricua”.
Por lo que vemos, el 2009 se está convirtiendo en un año bastante movidito para el versátil “teatrero” Julio Ramos… “Oh, no, tranquila… yo seguiré poco a poco, como siempre he hecho: sin prisa, pero sin pausa”.
2/abr/09
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