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‘Boleros desencantados’ desde la distancia
Por Ileana Cidoncha
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Rocky Venegas y Sandra Rivera son Fermín y Milla en el Puerto Rico de 1953 en “Boleros para los desencantados” de José Rivera.
(Foto suministrada)
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Es de fácil comprensión el hecho que le hayan dedicado a la actriz Sandra Rivera el 51 Aniversario del Festival de Teatro Puertorriqueño del Instituto de Cultura Puertorriqueña, puesto que el montaje de la obra de José Rivera “Boleros para los desencantados” es prueba fehaciente de su compromiso con el teatro nacional, tanto detrás de la bambalinas en su rol de productora, como sobre las tablas donde ofrece al espectador la solidez de su actuación.
En esta ocasión la compañía La Comedia Puertorriqueña, fundada por Sandra Rivera hace 45 años, cuatro décadas y medio dedicadas a fomentar el quehacer teatral en nuestro País, proveyendo trabajo para actores y teatreros en general, a la vez que se ha asegurado de ofrecer al público obras de gran envergadura de dramaturgos puertorriqueños y de allende los mares.
“Boleros para los desencantados” pone en vitrina una pieza escrita por un boricua que ha hecho carrera en Los Ángeles, nominado al Oscar, al Bafta y ganador del Premio Goya por el filme “Diarios de motocicleta”, José Rivera ha escrito un sinnúmero de obras teatrales, entre ellas “Marisol” y “Alusiones a Salvador Dalí me ponen caliente”, ambas ganadoras del premio Obie al teatro off Broadway de Nueva York.
La obra que se presentó aquí marcó su estreno en español, puntual tarea de traducción llevada a cabo por Gilberto A. Rodríguez. Rivera dramatiza la historia de cómo se conocieron sus padres en el Puerto Rico de 1953 y su vida, 39 años más tarde, en Daleville, Alabama.
La pieza, con un hondo sentimiento de nostalgia, ofrece al espectador una mirada al pasado de nuestra historia, un recordar para los que vivimos esa década, y un descubrir para las generaciones más jóvenes que tan poco conocen de la historia del País, dado a la mínima presencia de ésta en el currículo escolar de nuestro sistema de educación. Por lo tanto “Boleros para los desencantados”, además de entretener, enseña, mediante trazos de comedia, de romance, de melodrama y de desencanto: un trozo de la vida tal cual es.
Los actores interpretan dos papeles diferentes: Sandra será Milla, la madre de Flora en el primer acto en Miraflores, y la Flora, 39 años mas tarde en Alabama. El texto da a la polifacética actriz un personaje con más carne en el primer acto, de manera que la Milla es un verdadero gozo, mientras que la Flora vieja sigue la onda de la joven Flora, un personaje menos gustoso, al que sin embargo Rivera viste de credibilidad y encanto.

Sandra Teres y Jimmy Navarro son dos jóvenes con visiones distintas del amor en “Boleros para los desencantados”.
(Foto suministrada)
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La parte del león corresponde a Rocky Venegas en sus dos roles. Primero es Fermín, el gruñón marido de Milla y padre de Flora, un patriota desencantado e idealista, y quien a la vez que presenta una fachada de violencia, tiene un tierno corazón y un incondicional amor por su hija. Ídem con Milla con la que aparentemente vive en constante disputa. ¡Espléndida actuación! En el segundo acto es Eusebio, el marido de Flora, viejo y encamado en Alabama. Le han amputado las piernas y lo vemos en una cama de posiciones en su hogar, atendido con amor por Flora. Eusebio se nos presenta simpático y agudo, con aires de conquistador, y con las ambivalencias propias de una persona que lleva dos años de cama, sin esperanzas de salir de ella. Pero, Rocky aprovecha el dialogo al máximo para presentarlo con humor salpicado de sarcasmo, con ese don que tiene este actor para soltar y aguantar la línea para provocar la risa del espectador.
A la Flora joven, el autor la presenta como ingenua y romántica como corresponde a una buena chica de un barrio de Arecibo, allá para 1953, y Sandra Teres, revive exactamente esa joven. Luego como Eva, una enfermera en Alabama, la actriz se torna en una mujer profesional, segura de sí misma, compasiva, pero sin niñerías. Dos facetas con la que la actriz muestra su oficio.
Jimmy Navarro como Manuelo, el primer prometido de Flora y un guapo picaflor, tiene su gran momento cuando explica en un genial monólogo las diferencias entre los hombres y las mujeres, y el por qué ser infiel es lo más natural del mundo. En el segundo acto, lo vemos como un soldado, novio de Mónica, interpretada por Jazmín Caratini, quien fuera Petra la prima de Flora, en 1953. Ambos cumplen con estos dos personajes que fácilmente pudieron acortarse, ya que la pieza resulta demasiado extensa y se pudo podar aquí y allá. Completa el elenco Jonathan Cardenales, el Eusebio joven, y un cura en Alabama.
Tres maestros del teatro puertorriqueño –Dean Zayas en la dirección, Julio Biaggi en el diseño de la escenografía, y Gloria Sáez en el vestuario-, dieron a esta notable producción el donaire y la sapiencia de su arte. Complementaron este trabajo las luces de Ligia Rolón, la música original de Roger Hunt, además de la ambientación y utilería a cargo de Nydia González y Jorge Fernández.
23/abr/10
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