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Se nos fue Emma Roger
Por Miguel López Ortiz
Fundación Nacional para la Cultura Popular

Emma Roger en los años en que laboraba en el Municipio de San Juan.
(Archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)
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Muchos de quienes tuvieron la dicha de disfrutar del talento de Emma Roger ignoran que era cubana. Claro: aunque jamás negó su origen, orgullosamente proclamaba sentirse boricua. Y era muy sincera al expresar ese sentimiento hacia esta tierra que convirtió en su segunda y definitiva patria desde 1952. De sus 83 años de vida – apenas le faltaban tres días para cumplirlos –, ella pasó 48 entre nosotros. Hasta que, calladamente, partió físicamente en el Hospital San Pablo, en Bayamón el 27 de diciembre de 2009, a donde fue llevada tras sufrir un infarto cardíaco.
Han transcurrido tres meses de su deceso y, si no nos hubiésemos enterado, por casualidad, de su fallecimiento, esta pérdida para nuestro ambiente musical continuaría pasando inadvertida.
Nos familiarizamos con su legado artístico desde que ella integraba la plantilla de la Orquesta Siboney, encabezada por saxofonista Pepito Torres Silva. En aquella prestigiosa organización compartía las vocalizaciones con el también trompetista y trombonista José Antonio “Pito” Sepúlveda. Para nuestra suerte, años más tarde, tuvimos oportunidad de conocerla y entrevistarla.
A continuación les incluimos segmentos de entrevistas que este redactor le realizó para la revista Artistas en 1991 y para la colombiana Sabor a Salsa, de la cual era corresponsal, en 1993. Para entonces y desde 1986 era habitual en la Orquesta Puerto Rico de Juan Mari, en la que compartía las vocalizaciones con Noel Linares, Ariel Acosta y Rafi Rodríguez.
Su nombre verdadero era Emma Royer Pla – para propósitos profesionales, reemplazó la “y” de su apellido por la “g” – y había nacido en el municipio habanero de Guanabacoa, el 1ro. de enero de 1927. Era la única artista de su familia.
Provenía de una familia de peloteros profesionales y sentía pasión por el béisbol –
“Si hubiera nacido varón, seguramente habría sido pelotero. Mi papá y otros miembros de mi familia eran jugadores de béisbol. No aficionados, sino profesionales. Aprendí a amar a ese deporte desde niña, pues me llevaban a los partidos. Luego de que mi papá se retiró como jugador activo, siguió vinculado a este deporte en otras facetas y no había juego del equipo Almendares que se perdiera y no me llevara. Después que me establecí en Puerto Rico, seguí siendo fanática de la pelota y, cada vez que el trabajo me lo permitía, iba al Parque Sixto Escobar o a donde fuera para disfrutar de un buen partido. Imagínate: a mi marido – el croupier José Luis Martínez Rondón, fallecido el 20 de abril de 2000 – lo conocí ¡en un parque de pelota! durante un juego de la Serie del Caribe en 1969”, narraba irradiando entusiasmo.
─ Sin embargo, la música fue la disciplina que te cautivó y a la que seleccionaste como carrera…

La cantante Emma Roger en la década de 1950 cuando actuaba con la orquesta de Pepito Torres en el “Show Libby´s”.
(Archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)
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“Bueno… difícilmente hubiera tenido cabida en un equipo. A mí me fascinaba ver los juegos, pero no participar en ellos. En realidad, lo que siempre me fascinó hacer es cantar. Cuando tenía 16 años, le pedí a mis padres que me llevaran al programa ‘La Corte Suprema del Arte’, que José Antonio Alonso animaba y producía en la emisora CMQ y que era, básicamente, igual a ‘Tribuna del arte’, que don Rafael Quiñones Vidal hacía aquí. La cosa fue que gané el Primer Premio, lo que me permitió participar en la gala final que se hacía anualmente. Entonces se competía con los ganadores de las distintas semanas. A los ganadores se les premiaba con contratos como exclusivos de CMQ. Muchísimos artistas que luego serían famosos salieron de ‘La Corte Suprema del Arte’. De ellí salieron no sólo cantantes como Aurora Lincheta, Olga Guillot y su hermana María Luisa, América Crespo, Olga Choréns, Elena Burke, Dinorah Nápoles, Elsa Valladares y Vilma Valle, sino también vedettes como Marta Domínguez, Rosita Fornés, Estelita Rodríguez y Amelita Vargas, además de gran cantidad de actores. Casi todos, cómicos como Luis Echegoyen, Lilia Lazo y Vitola, que después se quedó para siempre en México”.
─ ¿Cuándo iniciaste formalmente tu carrera artística?
Inició su carrera artística tras resultar triunfadora en el programa
“La Corte Suprema del Arte”, en CMQ Radio, en 1948 –
“Aunque luego hice mis cositas en radio y eduqué mi voz con Isolina Carrillo, no pude dedicarme a la carrera de cantante por completo, sino hasta que terminé mis estudios secundarios. Entonces, junto con otros cuatro muchachos que, en distintos momentos, habían sido ganadores en ‘La Corte Suprema del Arte’, fui seleccionada como intérprete oficial de las canciones de Julio Gutiérrez en la CMQ. Recuerdo que a otro se le encomendó interpretar las de Ernesto Lecuona; a otro, las de Orlando De la Rosa; a otro las de Bobby Collazo y, sin mal no recuerdo, al quinto le tocaron las de Mario Fernández Porta. Te estoy hablando de 1948”.
─ Además de tus actuaciones allí, ¿hacías presentaciones ante el público?
“Bueno… al igual que la mayoría de las emisoras importantes de La Habana, como RHC Cadena Azul y Radio Progreso, CMQ tenía un anfiteatro que se abarrotaba de público. Casi toda la programación era viva. La radio atravesaba su época de oro. Unos tiempos muy hermosos. Pero, cuando empecé a presentarme en otros escenarios fue a partir de 1950, cuando Julio Gutiérrez aceptó el puesto de director de la Orquesta San José, que era una de las oficiales de La Voz Dominicana, que los Trujillo tenían en Santo Domingo, y me llevó como una de sus cantantes. Estando allá, dos grandes pianistas que tocaban a dúo, Felo Bergaza y Juan Bruno Tarraza, de quienes me hice amiga en CMQ, me recomendaron a Jack Bolívar Fernández, que era dueño del Jack’s Club, aquí en San Juan, para que me contrataran como solista. Y esa fue la manera en que vine a caer en Puerto Rico”.
─ Sin embargo, no le diste continuidad a tu carrera como solista…
Fue vocalista de la Orquesta Siboney durante su mejor época
y una de las voces originales de Mario Ortiz y su All Star Band –
“No. En realidad, a mí siempre me encantó cantar con ‘big bands’. Los grupos pequeños no me atraían mucho, aunque sí me fascina escuchar a los vocales. Algo que no se me olvidará jamás es que, durante mis comienzos en el Jack’s Club, contrataron nuevamente a Felo y a Juan Bruno. A ellos les debo mi llegada a la que es mi segunda patria. Poco después me ofrecieron un contrato por diez años para formar parte de la Orquesta Siboney, que entonces era la de planta de aquel cabaret y que, aunque había sido fundada por Pepito Torres Silva, en aquellos momentos era dirigida por su hermano Rafael. Los dos eran saxofonistas. Aquellos diez años fueron los más felices de mi vida. Ya bajo la batuta de Pepito, trabajé en los programas ‘El show Libbys’ y ‘Cita a las 8:00’, animados por Luis Vigoreaux en Telemundo. También en el Fiesta Room, del Hotel Condado, siempre compartiendo con Pito Sepúlveda. Después que se cumplió mi contrato, en 1962, entró una compatriota mía, Margarita Falgás y, creo que en el ‘64, más o menos, Lolita Vargas”.

Carátula del álbum “At the Fiesta Room” de Pepeito Torres y su Orquesta en la que figuraba Emma Roger como cantante principal.
(Archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)
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De su paso por la Orquesta Siboney quedaron como recuerdos sus intervenciones en los álbumes “Cita a las ocho” (FLP -505); “Contigo” (FLP -509); “At the Fiesta Room” (FLP -518); “Vamos a bailar” (FLP -525) y “Fin de fiesta” (FLP -528), editados por el sello Fragoso durante el período 1958-1962. En su voz se popularizaron primero el bolero “Lo que tanto esperé” (de Emilio Aragón Bermúdez “Miliki”) y el cha-cha-chá “Juntitos tú y yo”, de Felo Bergaza. Pero, el más exitoso de todos fue el cuarto, que incluye sus interpretaciones de los boleros “La hiedra” (de Saraccini & Del Llano); “La montaña” (de Augusto Algueró) y “Para ti”, otro de Bergaza.
─ ¿Qué sucedió tras tu salida de la Orquesta Siboney?
“Con Paquito Álvarez, fui una de las dos voces originales de la All Star Band, de Mario Ortiz, un trompetista, arreglista y caballero excepcional. En 1963 participé en su primera grabación, ‘On the Road’, que salió bajo el sello Rico-Vox, de Alfred D. Herger. Luego hice algunas presentaciones como solista y, esporádicamente, volvía a la Siboney. Las últimas presentaciones que hice con esta orquesta fueron en 1979 y en 1981, pero ya Pepito se había retirado. La dirigían entonces el pianista José Luis Sierra y Pito. Para aquellas fechas, yo acababa de salir de un retiro de diez años. Cuando me casé decidí llevar una vida más tranquila, sin amanecidas y sin tanto ajetreo. Entonces trabajé en el Municipio de San Juan durante las administraciones de Hernán Padilla y Baltasar Corrada Del Río”.
─ ¿Regresaste a Cuba después de haberte establecido aquí?
“¡Claro, varias veces! Después de 1960 no pude. Pero hice lo posible por conservar las amistades que dejé allá”.
─ ¿Cómo comparas el ambiente musical de tu juventud en Cuba con el que encontraste en Puerto Rico?
“El ambiente artístico en Cuba entre las décadas de 1940 y 1950 era de locura. La Habana era la meca de los cabarets y, en lo que respecta a radio y televisión, se le había adelantado a todos los países de Latinoamérica. Pero, en Puerto Rico también la cosa estaba sabrosa. Más que ahora”.
─ ¿Qué sueño o ilusión te hubiera gustado materializar?
“Me hubiera gustado ser una madre cargada de hijos. Dios no me concedió esa dicha, pero tampoco es algo que me hace sentir frustrada. Puedo decir que he vivido muy feliz”.
30/abr/10
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