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José Antonio Torres Martinó: baluarte de la Generación del 50

El pintor y escritor
puertorriqueño José Antonio Torres Martinó falleció el
pasado viernes, 22 de abril, víctima de cáncer.(Foto
cortesía Hermandad de Artistas Gráficos de Puerto Rico) |
“Más que ser
pintor o escritor, lo que más he anhelado es a ser humilde… Me
parece que la humildad es la virtud más admirable en un ser humano y
lamentablemente conozco a muy pocas personas que la tengan”.
Las palabras que en 2005 José Antonio Torres Martinó expresara a un
diario por motivo de una exposición retrospectiva, ciertamente
reflejaban el sentir de un ser cuya aportación al campo cultural es
de dimensión incalculable.
Hoy, la escena cultural se viste
de luto ante la lamentable partida del pintor y escritor
puertorriqueño José Antonio Torres Martinó, acaecida el viernes, 22
de abril, a las 12:30 de la mañana.
Torres Martinó falleció
por complicaciones de la enfermedad de cáncer, luego de varias
semanas hospitalizado en el Hospital del Maestro primero y
recientemente en el Hospital Pavía por dicha condición. Tenía al
momento de su partida 94 años cumplidos, sobreviviéndole su hijo
Martín Torres y su nieta Jackeline Torres, residente ésta en
Arizona.
El cuerpo de Torres Martinó será cremado, según sus
deseos, informó el portavoz de la familia, el arquitecto Raúl
Cintrón,. Familiares y amigos organizan un memorial público a
celebrarse el lunes 2 de mayo a partir de las 6:30 p.m. en la Sala
de Exhibición José Antonio Torres Martinó de la Escuela de
Arquitectura del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto
Rico, institución en la cual fue profesor desde 1969 cuando fundó el
Taller de Gráfica.
“Con
la partida de Torres Martinó, Maestro de Maestros en el campo de las
artes plásticas, se va uno de los baluartes de la sobresaliente
Generación del 50 que cimentó las bases del grabado y de la
afirmación nacional en las artes plásticas. Su presencia en muchas
generaciones de puertorriqueños se establece con el recuerdo de su
voz como aquélla que daba profundo sentido a las narraciones
periodísticas antes de las películas en todos los cines del país”,
expresó el portavoz de la familia.
Trayectoria de un obrero del arte y la
cultura -

Imagen de José Antonio Torres
Martinó en una de sus disertaciones a principios de la
década de 1970. (Foto cortesía Hermandad de Artistas
Gráficos de Puerto Rico) |
Cintrón
recordó las extraordinarias credenciales del artista y hombre
público: ponceño de nacimiento, Martinó fue polifacético en el
despliegue de su talento y aptitudes, según se le ha reconocido
históricamente por sus pares. Fue, desde su temprana juventud,
artista destacado —incluyendo la pintura, el grabado, el muralismo y
el diseño de escenografía—, sindicalista, hombre ancla, libretista,
mantenedor de programas, locutor, pionero en el campo de las
comunicaciones, educador y columnista y crítico de arte.
En
el campo de las comunicaciones, fue maestro y modelo de la locución
y ensayista prolífico en revistas, originando muchas de las ideas
que rigen estos campos hoy en día. Con solo 22 años, ya se
distinguía como periodista al publicar “Micrófono” (junto a Alfredo
Hirsh), la primera revista sobre la radio en Puerto Rico. En 1938,
siendo muy joven, ya creaba caricaturas para las legendarias
revistas “Alma Latina” y “Puerto Rico Ilustrado”. En esta última,
contribuyó también con una columna sobre arte.
Fue Martinó
figura clave durante los años fundacionales de la radio y televisión
puertorriqueñas (WPRP Radio en Ponce, WNEL Radio en San Juan, WIAC
Radio, WIPR Radio y TV, WAPA TV y WKAQ TV), desempeñándose como el
primer “hombre ancla” de un noticiario de televisión, libretista,
narrador, mantenedor y manejador de programas radiales y
televisivos.
En 1940, trabajó como locutor de la emisora
WBNX de Nueva York y, en 1943, escribió y narró el programa radial
de la United Service Organization “Voces de Borinquen”, muy
apreciado por los soldados de ultramar. Fue socio fundador de la
reconocida agencia Publicidad Badillo y jefe de redacción de la
revista Alma Latina.
La voz de este artista singular
constituyó el paradigma de la locución en Puerto Rico, de lo cual
pueden dar fe sus “herederos” en ese campo, tales como David Ortiz
Angleró y Mario Roche, entre otros. Por ello, fue narrador de muchas
de las películas de la mítica División de Educación de la Comunidad
(DIVEDCO) y de “Cine Revista” y “Noticiero Viguié”.
Como
profesional comprometido con la justicia social, fue líder sindical
destacado. En 1951 co-fundó el Gremio de Prensa y Televisión que
luego se transformó en la Asociación Puertorriqueña de Artistas de
Televisión y Espectáculo (APATE), de la cual fue su presidente de
1961 a 1963.
Se interesó por el periodismo cultural
(proyectos como la “Escuela del Aire”, en 1942, “La hora del verso”,
también en 1942, y varias series sobre historia de arte para el
Departamento de Educación por WIPR TV en 1962 y 1968, entre otros).
Durante ocho años, mantuvo la columna semanal “Espejo”
en el diario El Nuevo Día. Con el crucial material de estas
columnas, produjo en 2001 el pertinente libro de ensayos “Mirar
y ver”
bajo el sello del Instituto de Cultura Puertorriqueña y que recibió
el Premio de ensayo del Pen Club de Puerto Rico.
Toda esta
fructífera labor fue reconocida en 1986 por la Asociación de
Radiodifusores de Puerto Rico, cuando se le otorgó el premio
Ondas.
Así también, en 1992, recibió el prestigioso
Premio
Bolivar Pagán de Periodismo
que confiere el Instituto de Literatura Puertorriqueña.
La
labor del Maestro Martinó en el campo de las artes es ampliamente
reconocida. Las artes plásticas ganaron su más profundo interés
desde muy temprano en la vida. Ya en 1939 formó parte del Comité
Ejecutivo que organizó la primera exposición de artistas noveles que
se realizara en Puerto Rico. Don Tomás Blanco tuvo a su cargo la
presentación de la exhibición, realizada en el Ateneo
Puertorriqueño.

Su obra “Vegigante” (1946)
formó parte de la exposición retrospectiva “José Antonio
Torres Martinó: voz de varios registros” que en 2005
presentó el Museo de Arte de Ponce.
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A partir de
entonces, su vida continuó el curso comprometido con las artes
plásticas que sostuvo hasta el último de sus días. Como promotor de
las artes, cofundó el taller-escuela Estudio 17 junto con el artista
Felix Rodríguez Báez para, dos años más tarde, en 1950, fundar el
hoy famoso Centro de Arte Puertorriqueño, institución privada que,
como ninguna otra, dejó una huella enorme en la generación de
Maestros de las artes plásticas que conocemos como Generación del
50.
En 1969 fundó, dentro de la Escuela de Arquitectura de
la Universidad de Puerto Rico, el afamado Taller de Diseño Gráfico
que ayudó en la forja de una generación de artistas y sensibilizó a
tantos otros arquitectos. Su larga lista de discípulos,
influenciados por su rigor y enfoque hacia la producción nacional de
arte, incluye a artistas de la talla de Consuelo Gotay, Arnaldo
Roche, Nick Quijano, José A. Peláez, Dessie Martínez entre muchos
otros.
Fue profesor de artes gráficas en la Universidad del
Sagrado Corazón desde 1970 hasta 1984; y profesor de teoría del
color en la Escuela de Artes Plásticas de Puerto Rico desde 1988
hasta 1990. En 1981 cofundó la Hermandad de Artistas Gráficos de
Puerto Rico, organización profesional que promocionó de un modo
inédito las artes plásticas a través de exposiciones, publicaciones,
libros y de la producción de documentales fílmicos.
En 2003
recibió un Doctorado Honoris Causa de la Universidad del Sagrado
Corazón y en 2005 el Museo de Arte de Ponce le honró con una magna
exposición retrospectiva.
Un año más tarde se publicó su
libro autobiográfico “Memorias de José Antonio Torres Martino”. De
él se desprende la memorable cita: “He vivido mucho tiempo, no hay
margen para quejadumbres y lamentaciones. Lo hecho, hecho está y sin
remedio”.
El
mundo cultural lamenta su partida –
Escritores, periodistas, artistas, gestores y activistas culturales
expresaron su pena por la partida de José Antonio Torres Martinó de
la siguiente manera:
Luis Rafael Sánchez (escritor):
Hay quien triunfa
en la ciencia, pero fracasa en la decencia. El entrañable Torres
Martinó armonizó, a perfección, ambas disciplinas. Por eso hiere, en
especial, la noticia de su fallecimiento. Muere un gran artista y, a
la vez, muere una gran persona.
Myrna
Baez (artista plástica, activista cultura):
Jose Antonio Torres Martino fue mi amigo y maestro desde 1963 cuando
nos conocimos en el taller de Lorenzo Homar para hacer los murales
de la piscina olímpica. En todos estos años de amistad nunca tuvimos
ninguna diferencia porque compartimos los mismos criterios en cuanto
al mundo del arte y a los asuntos políticos. Torres Martinó fue un
caballero.
Antonio Martorell (artista plástico, activista
cultural):
Con el artista José Antonio Torres Martinó se ha callado una voz
cálida de asombro y de sombreada frescura que irradió desde la
radio, la televisión y la prensa una imagen galana y generosa
rescatando también magistralmente luz y color, línea y forma
reveladora del papel y el lienzo, de la madera, el linóleo y el
barro, pero sobre todo de la patria pisoteada por los gobernantes
coloniales de turno.
David Ortiz Angleró (actor,
declamador y locutor):
José Antonio Torres Martinó, maestro de quien aprendí todo lo que
podía aprender. Maestro que me me enseñó el valor de la amistad, de
la solidaridad y el valordel silencio. Toño, mi Maestro me enseñó el
respeto y la lealtad a la Patria, me enseñó que la eternidad es
posible siempre desde ahora. Mi maestro ha vivido de pie y vive de
pie en nuestros corazones, en el de sus estudiantes y en el corazón
de la Patria a la sirve. Toño es eterno en la eternidad del siempre
para recordarlo con la sonrisa que le acompañó en su caminar.
Mario Roche (Mario
E. Roche, profesor de comunicación, periodista y actor):
Para mí fue un modelo de vida, de saber estar… por su verticalidad
de carácter, por su rigor profesional, por sus múltiples talentos y
por su ternura. Era un gran creador, muy consciente de la
responsabilidad social del artista, pero su talante humilde y
discreto lo alejó del exhibicionismo y la banalidad de ciertos
circuitos del arte y la cultura. Fue un hombre integral.
Ileana Cidoncha (periodista):
No tengo hermanos de
sangre, Toño fue ese hermano,
desde que lo conocí siendo muy
jovencita hace 50 años. De él aprendí casi todo lo que sé, por tanto
quién soy. Mis hijas comenzaron a llamarlo “Papá” desde muy pequeñas,
pues intuitivamente reconocieron el hombre extraordinario que era,
su inconmensurable
solidaridad, su sabroso sentido de humor, su gusto por la vida, su
puertorriqueñidad. Hoy, el país pierde un artista, un escritor, un
maestro, pero sobre todo un puertorriqueño que nos enaltece.
Agustín Arteaga (director Museo de Arte de
Ponce):
Pierde Ponce y Puerto Rico a un hombre polifacético, gran artista
que dominó la expresión a través de su palabra y de su mano. La
riqueza de su obra le guarda un lugar importante en la plástica
puertorriqueña y en la historia cultural del Puerto Rico del siglo
XX.
Enrique Ayoroa Santaliz (abogado y periodista):
Toño
Torres Martinó es uno de los puertorriqueños más honestos,
polifacéticos y cultos que he conocido.
Y, como es propio de los verdaderamente grandes,
uno de los más genuinamente humildes. Sobretodo, patriota y amigo
ejemplar, modelo de vida para la juventud puertorriqueña.
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