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Los 68 de Don Federico Cordero por Radio Isla
Por Enrique Feliciano Díaz / F.N.C.P.

Don Federico Cordero tendrá
una programa especial este domingo en Radio Isla.
(Foto Javier Santiago / FNCP)
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Quien haya tenido la oportunidad de asistir a un recital del guitarrista
puertorriqueño Federico Cordero, sabe por qué los
críticos especializados de casi todo el mundo coinciden en
afirmar su innegable maestría. Ésta, en unión
a su carácter franco y directo, ha hecho de Cordero uno de
los personajes más importantes dentro del mundo de la música
de cuerdas.
Este domingo, a las 8:30 de la mañana, Federico Cordero
celebrará sus 68 años en la música, con un
programa especial en Radio Isla 1320 en el cuadrante am. Esta edición
especial, que durará hora y media de transmisión,
irá al aire en el espacio dominical “Dialogando con
Benny”.
Federico Arturo Cordero Salguero nació en Río Piedras
el 18 de agosto de 1928. Allí, a los tres años se
inició en el ámbito de los deportes al aprender boxeo
bajo la tutela de su padre. Simultáneamente con su madre,
doña Cruz Salguero, aprendió a leer y a escribir,
además de recibir sus primeras lecciones en el arte de la
música.
Posteriormente se mudó junto a su familia al pueblo de Carolina,
municipio donde fue criado desde que cumplió los cinco años.
En el sector que se conoció como El Ensanche, y que ahora
se conoce como la calle Pedro Arzuaga, comenzó a practicar
el atletismo. Al ingresar a la escuela se destacó por sus
ventajas en la escritura y lectura, además de contar con
experiencia previa en los deportes.
Tres años después su madre le regaló una guitarra,
obsequio que lo impulsó a aprender a tocar el instrumento
que sin sospecharlo se convertiría en uno de los motores
de su vida. Su primer maestro fue el músico Ramón
Rivera, quien en aquel momento era su vecino, y que hasta el día
de hoy Cordero considera como una de sus principales influencias
en la manera de abordar el instrumento. El amplio bagaje de Rivera,
quien formó parte de la orquesta de Carmelo Díaz Soler,
le permitió a Cordero incursionar también con el requinto
y el contrabajo. Con el maestro Rivera, Federico estudió
guitarra por tres años.
Durante ese tiempo Federico intentó aprender a tocar otros
instrumentos. Entre ellos estaba el piano y el violín. Sin
embargo su pasión por la guitarra lo ha mantenido ligado
a ese instrumento hasta el presente.
En aquellos años Cordero comenzó a probar su talento
participando en las serenatas que se hacían en el vecindario.
De igual forma, acompañado por su padre, quien era chofer
de transportación pública, deleitaba a los turistas
que visitaban nuestras playas. Asimismo, en su hogar, acompañaba
a su madre mientras ella se dedicaba a cantar.
A los once años, además de practicar con la guitarra,
trabajó repartiendo el periódico regional El Batey
mientras que también laboró con su padre cuando éste
fue funcionario público durante la incumbencia del gobernador
Luis Muñoz Marín.
Por otro lado su desempeño como estudiante continuó
siendo extraordinario. Al cumplir 16 años culminó
sus estudios de escuela secundaria. A esa edad ingresó a
la Universidad de Puerto Rico donde completó, en tres años,
un Bachillerato en Ciencias Sociales con una concentración
en Economía, además de haber tomado varios créditos
en Derecho.
Durante sus años como estudiante universitario Federico
Cordero alternó sus compromisos académicos con varias
actividades extracurriculares. Una de ellas fue su debut profesional
con el trío Los Romanceros, el cual estuvo compuesto por
Julito y Felipe Rodríguez. Igualmente fue el guitarrista
de grupos como Los Universitarios y El Ayer que Canta. También
dirigió el grupo Los Colegiales y tocó la primera
guitarra con el Cuarto Armónico de Tutti Umpierre.
Posteriormente, en 1949, se trasladó a la ciudad de Nueva
York donde realizó estudios post graduados en Economía
en la Universidad de Columbia. Al completar su maestría a
principios de los 50, regresó a Puerto Rico donde comenzó
a trabajar como profesor de economía en el Departamento de
Ciencias Sociales de la U.P.R. Allí, su trabajo como docente
lo obligó a alejarse de la guitarra hasta que en 1956 fue
contratado para acompañar al cantante chileno Lucho Gatica
en sus conciertos.
Tiempo después el legislador Ernesto Ramos Antonini lo recluta
para trabajar en la Oficina de Servicios Legislativos en el Capitolio.
Luego es electo representante por acumulación, cargo que
ocupó por varios años. Durante ese período
fue presidente de la Comisión de Comercio e Industria y además
estuvo a cargo de la Comisión Especial encargada de estudiar
la posibilidad de implantar un sistema estatal de seguros para los
automóviles.
A comienzo de la década de 1960 Federico regresa a la Universidad
a terminar sus estudios en Derecho. En la Facultad de Leyes de la
Universidad de Puerto Rico fue compañero de estudios de Víctor
Pons, Salvador Casellas y Rafael Hernández Colón.
En 1962 dimite de su cargo en la Legislatura y reanuda su carrera
en la docencia al laborar como profesor de Derecho. Durante ese
tiempo escribió sobre política para el periódico
The San Juan Star y en 1966 abre una oficina para brindar sus servicios
profesionales como abogado y economista.
Dos años más tarde Federico Cordero regresó
a los escenarios pero esta vez en calidad de concertista. Su debut
se llevó a cabo en el Museo de Arte de Ponce en donde los
artistas plásticos Rafael Rivera García, John Balossi
y Olga Dueñas, concretaron la inauguración de la exposición.
En su primera presentación como solista realizó varios
dúos en la guitarra con su hijo Federico Rafael.
En las postrimerías de la década de 1960 Leopoldo
Santiago Lavandero, quien dirigía para ese tiempo la estación
de televisión WIPR-TV, contrató a Cordero como productor
del espacio “La guitarra y sus temas”, una serie compuesta
por 13 programas de media hora.
Luego de cumplir con sus labores como productor, el artista, movido
por su amor al conocimiento y a la guitarra, partió hacia
España para depurar su ya reconocida técnica. En la
Madre Patria fue discípulo de Miguel Cano, el maestro de
Paco de Lucía, y de Miguel Rubio, uno de los mejores alumnos
de Andrés Segovia. Gracias a las inspiradoras lecciones de
Rubio, Cordero se inició con éxito en la composición.
Dentro de ese campo escribió en honor a su maestro la “Pavana
jíbara” y la “Danza puertorriqueña”,
la primera danza que se hace para la guitarra. Igualmente don Federico
Cordero fue discípulo de maestros de la talla del colombiano
Jorge Rubiano, el virtuoso de Brasil Carlos Barbosa-Lima y del compositor
uruguayo Guido Santorsola.
Como parte de un intercambio cultural el también abogado
realizó su primer concierto fuera de Puerto Rico en Aruba
durante 1970. De regreso al País fue invitado por Augusto
Rodríguez, entonces director del coro de la Universidad de
Puerto Rico, para tocar en el Concierto en Do Mayor para Guitarra
y Orquesta de Arcos de John Baston. Dicho evento se llevó
a cabo en el Teatro de la UPR donde Cordero actuó como solista
con la Orquesta de Cámara del Instituto de Cultura.
A raíz de la buena acogida que tuvo el concierto, el chelista
italiano Ennio Orazi y el violinista mexicano Roberto Álvarez
le propusieron a Federico la creación de un quinteto que
incluyera dentro de su composición a la guitarra junto a
un cuarteto de arcos. El boricua aceptó y así fue
como nació el Quinteto de Federico A. Cordero, formando parte
de él, además de los mencionados anteriormente, el
violinista Francisco Morlá y el violista Jaime Medina.
A partir de 1971 la labor de Cordero comenzó a cobrar notoriedad
en el plano internacional. Un artículo publicado en la revista
norteamericana Guitar Player calificó su desempeño
en la guitarra como revolucionario. De la misma manera en Gran Bretaña
la Guitar News, publicación oficial de la International
Classic Guitar Association, lanzó su edición de julio-septiembre
de 1971 con Federico Cordero en la portada, hecho que lo convirtió
en el primer puertorriqueño que alcanzó tal distinción
en aquel tiempo. En el mismo país Miguel Rubio estrenó
en el Wigmore Hall de Londres la “Danza guitarresca”
y la “Pavana jíbara”. Poco después viajó
a Suiza en donde llevó su magnífico talento a ciudades
como Lugano, Berna y Lausanne, en presentaciones que cautivaron
tanto al público como a los críticos.
Tales reconocimientos le brindaron el ánimo necesario para
emprender, nuevamente, una serie de conferencias-recitales durante
la década de 1970 en Puerto Rico. Las mismas contaron con
el auspicio del Instituto de Cultura Puertorriqueña, varias
universidades, el Departamento de Educación y el Museo de
Arte de Ponce.
Tres años después fue invitado a la Casa Blanca.
Allí formó parte de un gran concierto en el que acompañó
a la pianista Vanessa Vasallo y al tenor Edgardo Gierbolini. En
la celebración también se presentó con su Quinteto,
cosechando con sus intervenciones fuertes aplausos del numeroso
público que se congregó en el lugar.
Para el mismo año concibió la banda sonora de la
película sobre la vida de Pedro Flores. La misma fue producida
por la División de Educación de la Comunidad y fue
galardonada en el Festival de Cine de Venecia.
A comienzos de 1975 el presidente del Comité de Guitarra
de la American String Teachers Association y el profesor de la Escuela
de Música del Baldwin-Wallace College de Ohio, el señor
Loris O. Chobanian invitó al artista puertorriqueño,
entre un grupo selecto de guitarristas, a colaborar con sus ideas
y sugerencias para crear un sistema para enseñar a tocar
la guitarra.
Un año después regresó a Europa. En el Viejo
Mundo visitó países como Alemania, Italia y España,
en donde una vez más su ejemplar desempeño conquistó
el favor de la prensa escrita al igual que el del público.
En el Festival de Nueva Música para Guitarra celebrado en
Nueva Orleáns en 1977, con el respaldo de la American String
Teachers Association, debutó con la Suite puertorriqueña,
pieza original con la que cerró la actividad musical. Luego
la presentó por primera vez en Puerto Rico en un concierto
celebrado en La Fortaleza.
A finales de la década de 1970 formó parte de la
Junta de Directores del Festival Casals. Para la misma fecha interpretó
el Concierto en Do Mayor para guitarra y arcos de Antonio
Vivaldi.
Posteriormente, en mayo de 1978 salió publicado en la revista
Soundboard, publicación de la Guitar Foundation of America,
el artículo “Avoiding the Zip and Bump effects: A Proposal”
de Federico Cordero. Con el escrito, como muy bien indica el título,
el experto guitarrista propuso una técnica para tratar de
evitar los llamados chirreos, sonidos que generalmente se originan
al presionar las cuerdas de la guitarra con los dedos de la mano
izquierda.
Por otro lado, en 1980 Cordero incursiona al mundo de la radio
como productor del programa “La guitarra y los guitarristas”,
que transmitió la emisora WIPR Radio. Dicha producción
contribuyó al desarrollo del conocimiento de la guitarra
en Puerto Rico e igualmente logró posicionar a Federico como
al guitarrista boricua mejor conocido por su gente.
Un año después el consagrado artista le rindió
homenaje a Mauro Giuliani en el bicentenario de su nacimiento. En
la actividad participaron los guitarristas Pedro Helfeld, Félix
Rodríguez, Eduardo Flores, Federico Rafael Cordero, Maricarmen
Rosa y Ana María Rosado, quienes rindieron tributo al reconocido
compositor guitarrista que alcanzó fama en la Viena que consagró
Beethoven.
Durante el mismo año el programa educativo “La guitarra
y los guitarristas” inició una nueva vida a través
de la radiodifusora WORO-FM, conquistando en esas ondas radiales
el premio INTRE.
En 1982 Cordero compuso la “Danza puertorriqueña #
3” para rendir honor a sus colegas Castellani-Andriaccio,
profesores de la State University of New York. Con esa melodía
Federico estableció nuevas pautas en el género nuestro
de la danza. La composición fue creada para dos guitarras,
empleando lo que se conoce como la técnica del ping pong.
Esta se logra cuando la línea melódica pasa ininterrumpidamente
de un instrumento a otro. También incorporó los modelos
que hizo suyos Don Felipe Rosario Goyco y en la cuarta parte de
la danza, conocida como el solo de bombardino, introdujo por primera
vez la técnica del trémolo.
Por segundo año consecutivo el programa “La guitarra
y los guitarristas” obtiene el premio INTRE. Igualmente Federico
crea la banda sonora de un documental de Juan Viguié, producido
por el Museo de Arte e Historia de San Juan.
En el verano de 1983 la revista Soundboard le publicó
el artículo “The interaction Between Manuel Ponce y
Andrés Segovia: 1923-1928”. En ese año recibió
un tercer premio por parte de INTRE y un galardón concedido
por el Instituto de Cultura Puertorriqueña gracias a su trabajo
musical para la obra “Los títeres de Cachipora”.
Luego inició una nueva ronda de recitales unido a la ballerina
Elisabetta Calero, la pianista Mona Gordon y el cantante Rafi Muñoz.
A partir de 1985 Federico comenzó a escribir para la Soundboard
en la columna que llevó por título “From the
Caribbean”. Simultáneamente, estrenó el “Ballet
Sonata del Coabey” dedicado a la poeta Cacica Inés
Agüeybana, a Aura Pierluissi de Rodríguez, a la bailarina
Elisabetta Calero, a doña Inés María Mendoza
viuda de Muñoz y a la escritora Carmen Corchado Juarbe. La
obra se presentó en el Teatro Emilio S. Belaval de la Universidad
del Sagrado Corazón. Asimismo grabó junto a su hijo
el disco “Los Dos Federicos”.
Un año más tarde regresa al mundo de la televisión
como productor de un segmento de media hora que salió al
aire por medio del espacio “Despierta Puerto Rico”,
que difundió el Canal 7. Meses después escribió
el “Concierto para cuatro puertorriqueño y pequeña
orquesta” para el Consejo Interamericano de Música
de la Organización de Estados Americanos.
En 1987 el académico Jeffrey Van le informó a través
de carta que fue elegido miembro de la junta de directores de la
Guitar Foundation of America. Único y primer puertorriqueño
en alcanzar tal distinción.
En 1988 la revista Guitar Player lo escogió como
uno de los finalistas de la competencia de Sound Page. En la misma
recibió una Mención Honorífica por su “extraordinaria
ejecución” de las obras “No me toques”
de Juan Morel Campos y “Variaciones sobre el seis cagüeño”.
Federico Cordero fue el único hispano entre los 700 participantes
de todo el mundo.
Para la misma fecha la Sociedad Puertorriqueña de la Guitarra,
de la cual él fue el presidente, celebró su vigésimo
aniversario como concertista. A la celebración se dieron
cita los artistas Lucy Fabery, su hijo y Elisabetta Calero.
Gracias a dicha institución Cordero partió junto
a su hijo al Festival de Guitarra llevado a cabo en Ohio. En la
festividad el destacado músico dictó la conferencia
titulada “La Guitarra y la música del Caribe Hispanoparlante”.
Allí los distinguidos puertorriqueños compartieron
estelares junto a guitarristas como Julian Bream, Jorge Morel, David
Russel y Oscar Ghiglia.
A finales de la década de 1990 el virtuoso boricua dirigió
el programa radial “De domingo a domingo con Federico Cordero”,
transmitido por WKAQ.
Cordero, quien esporádicamente participa en programas de
análisis político y social, ha recibido elogios por
su producción discográfica en la que se incluyen las
grabaciones “Lágrimas en soledad”, “Los
dos Federicos” y “Mi versión”. Una cuarta
producción, “The Best of Federico Codero” recoge
un compendio de algunos de sus aciertos en las cuerdas.
09/ago/04
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