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   Untitled 1 San Juan, Puerto Rico

Nominado al Grammy y su “bendición”
en Virgilio Dávila


Manuel Alejandro firma el cuatro puertorriqueño de una de las participantes de la Casa Familiar Virgilio Dávila.
(Foto Rafael Caraballo / F.N.C.P.)

Decenas de niños participantes del programa Casa Familiar Virgilio Dávila, del residencial del mismo nombre en Bayamón, estaban de fiesta con la visita del puertorriqueño más joven que ha sido nominado al Grammy Latino. Pero en este emotivo homenaje, el cuatrista Manuel Alejandro Font, encontró mucho más que reconocimientos y aplausos. También fue centro de oraciones colectivas que reclamaban dirección y bendiciones del Altísimo en el quehacer cotidiano de su vida.

Para Manuel Alejandro todo fue una gran sorpresa. Cuando llegó a la residencia de dos niveles que alberga la Casa Familiar Virgilio Dávila, lo menos que se imaginaba era que los niños le rendirían un reconocimiento por sus logros. “Yo creía que venía a tocar unos temas en una actividad. Pero lo demás fue todo inesperado”, indicó el cuatrista nominado al Grammy Latino en la categoría de mejor álbum de folklore por la producción “Manuel Alejandro y Punto: Homenaje al grupo Haciendo Punto en Otro Son”.

Con las palabras de bienvenida de Sister Ana Adrover, directora del innovador proyecto comunitario, Manuel Alejandro notó de inmediato el verdadero motivo de la visita. Y en un salón rodeado de carteles con expresiones de felicitación, mensajes escritos en las pizarras, un gigante afiche de su grabación nominada y una tarjeta preparada por los estudiantes en la clase de arte, el joven residente del municipio de Caguas comenzó a experimentar las más diversas emociones.

Escoltado por su progenitora, Sonia Hernández, su hermana Camille (miembro de la reconocida compañía de baile Gíbaro de Puerto Rico) y su productor musical, el cuatrista Prodigio Claudio, la actividad reseñada en los diarios y la televisión fue algo que Manuel Alejandro difícilmente olvidará.

Sister Ana, con su don de palabra, describió al nominado al Grammy Latino como un ejemplo de perseverancia, dedicación y entrega. “Desde los cinco años Manuel Alejandro tomó el cuatro y decidió dedicarle toda su energía. Y con tres discos realizados, acaba de ganar una nominación que para nosotros lo convierte ya en ganador”, dijo la religiosa de la orden Dominica.

Por su parte, Elda Meléndez, en representación de la Junta de Directores de la casa familiar Virgilio Dávila, destacó la aportación que a tan temprana edad ha hecho Manuel Alejandro a Puerto Rico. “Eres un muchacho hermoso, con un compromiso muy importante con el País. Y eso sirve de ejemplo para todos en la Casa Familiar”, expresó la representante del proyecto que, para combatir la deserción escolar y las drogas, refuerza la educación ofreciendo tutorías a más de 70 estudiantes del residencial.

A renglón seguido, el músico y productor Prodigio Claudio, aprovechó la ocasión para entregarle el premio Tu Música que la noche antes había recibido por un proyecto colectivo del cual Manuel fue partícipe.

Tras los mensajes y aplausos, el rostro de Manuel Alejandro no dejaba de mostrar sorpresa ante todos los detalles de la actividad. Quizás para él, uno de los momentos más emotivos fue cuando Sister Ana pidió a los niños que extendieran sus brazos hacia el homenajeado para elevar una oración a Dios. Los ojos del joven artista se nublaron mientras a distancia era evidente cómo trataba de contener la emoción.


La niña Brendaliz Bermúdez lee un mensaje de felicitación escrito por los niños del proyecto comunitario del residencial bayamonés Virgilio Dávila.
(Foto Rafael Caraballo / F.N.C.P.)

Con la bendición de lo Alto, y un nuevo abrazo de la religiosa, Manuel se dispuso entonces a brindar un ejemplo del arte que lo ha llevado a alcanzar una nominación al prestigioso premio de la industria discográfica. Acompañado de Prodigio Claudio en la guitarra, mostró su innegable dominio del cuatro puertorriqueño al son de “Romance del campesino”, “Verde luz”, “Preciosa” y la difícil polka “El barrilito”.

Mientras los dos músicos realizaban sus interpretaciones, los rostros de muchos de los niños presentes eran un verdadero poema. Dentro de la consabida algarabía infantil por la fiesta, había un puñado de ellos que permanecían atentos, inmóviles, con toda su atención en la música que les estaban regalando.

Justo cuando Manuel se dispuso a completar sus interpretaciones con el himno nacional “La borinqueña”, los niños fueron entonces los que tomaron la dirección musical. Invirtiendo los papeles, las voces infantiles guiaban al cuatrista. Y éste, obediente, les siguió con el cuatro en cada paso de la interpretación.

La tarde concluyó con la celebración por adelantado de sus 16 años. Con un bizcocho preparado por la Casa Familiar, todos cantaron deseándole felicidades en su cumpleaños a celebrarse el 13 de septiembre entrante.

Al cierre de la actividad Manuel se confundió con padres, maestros y estudiantes. Recibió besos y abrazos de felicitación. Escuchó mensajes individuales de buenos deseos y consejos. Posó para los lentes de las cámaras. Y firmó autógrafos... entre ellos uno muy especial: el de una joven residente en Virgilio Dávila que, junto a su hermana gemela, canaliza sus inquietudes artísticas a través de la música. Para ella, complaciéndole su petición, Manuel firmó un cuatro puertorriqueño que la joven atesora profundamente.

“Estos son los ejemplos que los niños de este proyecto necesitan para reafirmar opciones positivas y estimular sus vidas”, comentaba la directora del proyecto social, Sister Ana Adrover. Mas no bien habían pasado unas horas del homenaje, ya el impacto de la actividad surtía un efecto entre los niños participantes de la Casa Familiar Virgilio Dávila.

Según confirmó Elda Meléndez, al día siguiente de la actividad, varios de los niños imitaban sonidos con sus bocas y hacían ademanes con sus manos emulando la interpretación que con su cuatro Manuel Alejandro les había hecho el día de la celebración.

“Esto es una bendición”, apuntó la portavoz de la Junta de Directores. Y en clara referencia a la experiencia colectiva vivida, reafirmó en principio lo que fue el fin de tan importante homenaje: “sembrar la semilla en tierra firme”.

29/ago/04

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