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Tite Curet Alonso y un recuerdo
que late desde Venezuela
Por Lil Rodríguez

El maestro Catalino “Tite”Curet
Alonso, junto a Norma Salazar y la periodista venezolana Lil
Rodríguez.
(Foto suministrada) |
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De todas maneras rosas…
Lo más parecido al amor eran esas miradas que se cruzaban
Catalino Curet Alonso y Norma Salazar. No hubo duda de eso en quienes
tuvimos la inmensa dicha de verlos juntos escribiendo ese poema
inolvidable que se hace a dos cuerpos.
La primera vez que esas miradas se toparon fue un día de
1985 cuando Norma, andante sonrisa boricua con cara de anhelos libertarios
vio al Tite en una calle de San Juan. Como a Norma le gusta declamar,
y lo hace muy bien, no lo pensó dos veces y atravesó
la calle para interceptar al famoso compositor y pedirle algunos
poemas.
“Lo más que podía pasar era que me dijera que
no, pensé”, nos contó Norma, quien había
dejado las lágrimas sólo para el encuentro con roncito,
y a solas. “No todo el mundo tiene derecho a ver nuestro llanto,
amiga… eso hay que ganárselo”.
Fotos, periódicos, recuerdos, libros, franelas,… todo
a un lado en la habitación del Anauco Hilton, Caracas, octubre
de 2004. Lo importante es la mano extendida y el “te escucho,
Norma”, como en los días de caminata por Río
Piedras en Puerto Rico para buscar los cuentos de José Luís
González y los discos de El Topo y Atabal.
“Nada, mi hermana… Le pedí los poemas y aquél
hombre ni se inmutó. Nos miramos muy bien, eso sí.
Y sólo luego me dijo que me llamaría, pero con una
displicencia que yo, bendito, di por muerto aquél intento
pensando que no me llamaría nunca”.
Jajajajajá. Es hermosa la carcajada a dúo cuando
se afina en compás de complicidad. Jajajajajá. ¿Nunca?
En menos de 24 horas Catalino Curet Alonso llamó a Norma
Salazar para pedirle que se vieran, pues tenía algunos escritos
y quería saber si le servían…
Y fueron varios papeles y varias conversaciones. Mientras tanto,
cumpliendo el poema de Andrés Eloy Blanco, el amor entre
los dos hilaba, cerrando con costura borincana “verde luz”
como el hilo de Antonio Cabán Vale, aquellas heridas de amores
que se fueron, de amores peregrinos, de hijos y divorcios, de lágrimas
y lluvia…
No había pasado un semestre cuando Tite Curet, de la manera
mas hermosa, por simple, le dijo: “Vente conmigo a compartir
la aurora…”. Campanitas de cristal. (Los hombres gustan
de compartir la noche… pero… ¿La aurora?).
Luz y sombras.
Juntos compartieron las auroras durante 17 años, hilando
ilusiones, tejiendo sueños, aliviando la inquietud de los
amigos y expresándose el amor, entre sombreros y turbantes,
con la moral que da el amor, con la dignidad que da el amor, con
el afán de servicio que da el amor... “Anacaona”…
“Periódico de ayer”… “Mi triste problema”…
“Las caras lindas”…
En julio de 2002 Norma se ausentó. Iba a Cuba con urgencia
por causa de un tratamiento médico de su hijo. Y estaba en
Cuba cuando el Tite hubo de ser ingresado a una clínica.
Muchos la buscamos. Quien escribe recuerda haber llamado incluso
a los colegas del programa “Deportivamente” de Radio
Rebelde en La Habana para intentar localizarla.
Cuando Norma llegó al lado del lecho de Curet le dio los
mensajes animosos que le enviaban los cubanos. Pero había
hielo en aquél recinto. Y luego la bomba: Se le negaba el
ingreso al cuarto de su marido por orden de la hija de éste.
Los vasos se vacían y se llenan en medio de aquellas confesiones
sustentadas en recortes de prensa y mucho llanto. “Pues no
me amilané y seguí visitando el hospital hasta que
pude entrar. No le dije al Tite lo que me había pasado con
su hija, pero él sí me dijo, con urgencia, porque
sabía que se nos acababa el tiempo: “Mi hija exige
que me vuelva a casar con su mamá”.
Trago largo. “Eso no va a pasar Tite, quédate tranquilo”.
Y es que nunca Tite y Norma pensaron en casarse. Las convenciones
no los animaban y mucho menos aquello de “el patrimonio y
los legados”.
Esa misma tarde alguien la llamó. “Lo casaron Norma,
enfermo como está. Lo casaron esta tarde con su debilidad
física y emocional a cuestas”.
Tal vez sólo en ese momento pudo ver el alcance del papel
firmado….
Norma se fue a Francia. Puso un océano a separar el dolor.
Tite Curet Alonso se fue a la Parada 15, de Santurce, el sitio donde
le conocí de la mano de mis siempre fraternos Víctor
Prada Vallés y Rafael Viera. Allí le consumía
la tristeza… y también lloraba. Decía que mucha
gente lo había engañado. “Quiero a Norma”,
y el ay de la amargura se apoderaba de todos.
…como amantes
Norma no se iba a pasar la vida en Francia ni huyendo. Con absoluto
prestigio ganado no por ser la compañera del Tite, sino por
sus incuestionables méritos como folklorista y trabajadora
cultural en una nación a la que niegan la condición
de tal, la directora del grupo “Plenibom” sabía
que se tropezaría con el Tite, como aquél día
de 1985, al cruzar cualquier calle de San Juan.
Un día salió hacia el supermercado y al pasar frente
a la Plaza de Armas escuchó un singular: “Norma”,
pero pensó que era su imaginación. Un segundo llamado
la hizo reaccionar. Al otro lado de la calle, sentado en un banquito,
estaba Tite. “Ven acá, siéntate”, le dijo.
Norma confirma lo que ya había contado en Puerto Rico. “Yo
crucé, claro. Pero al verlo se me fue el coraje. Hablamos
mucho, muchísimo". Ese día quedaron en almorzar.
Chocamos los vasos en la tarde caraqueña que evoca a la
boricua.
“Sí, amiga, claro: Nos veíamos, nos amábamos,
salíamos, y a la poesía no le importó que yo
ahora fuera amante. Y a mí tampoco”.
Todo tiene su final…
Un día el Tite la mandó a buscar con urgencia. Se
vieron en la Parada 15. “Nos tomamos un café…él
se comió unos pastelitos… y me dijo: ‘Mi hija
me quiere llevar a Estados Unidos. Yo no me quiero ir. No dejes
que me lleve…”.
Llanto otra vez, pues nada corría a favor de los amantes…
Norma cuenta que intentó tranquilizarlo, y luego lo llevó
a la casa de Pueblo Nuevo donde él vivía. “Me
quedé mirándolo intensamente hasta que llegó
a la puerta. Fue la última vez que lo vi…”.
El viernes, 5 de agosto se cumplieron dos años de la ausencia
física de Tite Curet Alonso, periodista, compositor, boricua,
amigo, quien hizo aquél viaje indeseado para fallecer en
Baltimore. Un venezolano (William Nazaret) se ocupó de trasladar
sus restos a Puerto Rico, y Borinquen sintió dolor, el mismo
que siente hoy como pueblo al no escuchar en radio (el comercio
por encima del patrimonio) los temas de uno de sus más grandes
y dignos compositores. Tranquila Borinquen, tranquila hermana, que
acá, en Venezuela, te hacemos el quite con creces.
Profesión que llaman esperanza.
Reproducción de artículo publicado en Venezuela
por la periodista Lil Rodríguez con motivo del segundo aniversario
de la partida de Tite Curet Alonso.
Para comentarios: lilrodriguez@cantv.net
16/ago/05
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