| Espejo de pueblo la obra de Tite Curet
Por Elmer González Cruz

Portada del libro “Tite Curet Alonso: Lírica y canción” de la autoría de la folklorista Norma Salazar que acaba de ser editado en Puerto Rico. |
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(Reproducción del mensaje de presentación del libro “Tite Curet Alonso: Lírica y canción” de Norma Salazar)
Comienzo con una frase trillada que tiene todavía el poder de arrancar lágrimas y sonrisas cuando se escucha en el contexto de una boda: “Amigas y amigos todos, nos hemos reunido aquí para celebrar...” Y es que hoy me siento parte de una celebración, de un festejo. Y no es para menos. Motivos sobran con la llegada de un libro sobre Catalino “Tite” Curet Alonso. ¡Ya era tiempo! Cuando Norma Salazar puso en mis manos el manuscrito de esta obra, me sentí como un niño cuya imaginación y expectativas alcanzan niveles altos de ansiedad cuando, en la mañana de un Día de Reyes, no sabe qué juguete contiene esa caja envuelta en papel de regalo.
¡Un libro sobre Tite Curet! ¿Pero qué se dice de don Tite? La vida y el trabajo de este trovador se puede describir y analizar de muchas formas y de diferentes ángulos. La autora del libro vivió al lado y compartió su vida con el compositor durante 17 años. De inicio, sin leer la primera frase, esa relación escritora y sujeto, le da un sello valioso de credibilidad al libro.
Admito que antes de empezar a leer, las preguntas se agolpaban en mi cabeza. ¿Qué historias y hechos podía resaltar la autora sobre su compañero sentimental? ¿Será algún tipo de novela romántica con episodios de tragedias y de intensidad afectiva? Más allá del compositor, ¿qué revelaciones habría sobre Tite el compañero de alcoba, sus manías, sus defectos, Tite el amante, el común, el vecino? Y es que la industria de los medios de comunicación pública y la literatura nos han acostumbrado a consumir y a patrocinar ciertos contenidos. Los poquísimos libros que existen sobre artistas en el mundo musical de la salsa, suelen destacar, sin faltarle a la realidad, elementos trágicos y hechos íntimos de la vida del artista. Así lo percibimos en uno los dos libros que se han escrito sobre Ismael Rivera y en los tres sobre Héctor Lavoe.
Esta vez, el mambo es diferente. Con elegancia, respeto, discreción y responsabilidad, la autora se concentra en la cara más linda y reconocida del compositor: su obra músico-literaria. “Tite Curet Alonso: Lírica y Canción” presenta descripciones breves y análisis de contenido de una muestra del trabajo de nuestro más prolífico compositor contemporáneo. Y es una muestra limitada pues un análisis del trabajo del compositor demandaría varios libros para cubrir con justicia la suma de sus hechos. Tite se nutrió de la vida misma para hacer su trabajo. En su percepción, en su sistema cognitivo, se mezclaron las vivencias que le rodearon, sus conocimientos de la historia, su sentido de la justicia social, sus sentidos del humor y del dolor propio y ajeno, para luego salir transformados en acordes, melodías, clave, metáforas, versos y rimas. Por eso algunos le llamaron “el cronista musical de la vida”.
Para crear más dos mil composiciones hay que cubrir muchas áreas temáticas. Y así lo hizo el compositor de “Anacaona”. La mayoría de sus obras más conocidas están del lado de la salsa y corresponden a la época dorada de esta forma de música. Música que siempre se hizo para convocar a los bailadores. Temas que muchos conocen las letras, los coros y los soneos. Letras y mensajes que en muchos casos, para el público eran secundarios ante el interés primario por la pareja con quien se baila.
Aprendimos a disfrutar su música sin conocer y analizar las “muchas razones” que bailaban en las piernas de “Isadora”. Con su trabajo de análisis e investigación, Norma Salazar nos invita a adentrarnos en las letras de Tite Curet. A percibir, (más allá de la clave) los motivos, las formas de decir y el contexto histórico de un puñado de canciones.
Canciones que cubren temas relacionados con la patria, personajes y estampas indígenas, la negritud, los sentimientos religiosos, las injusticias sociales, estampas jíbaras, sus incursiones musicales breves al territorio del deporte y la política y por supuesto, temas que cubren una gama amplia de situaciones en las relaciones de pareja. Con anécdotas personales, datos históricos y análisis de las formas de decir, Salazar le añade una dimensión rica a la ya atractiva obra del compositor. ¿De dónde sale el lamento de Concepción? ¿Porqué el cacique Caonabo se molestó con Tite Curet? ¿Qué orientación política influía en la música del compositor? ¿Porqué no registró como suya el tema “Auditorio azul” con Marvin Santiago? ¿En qué danza don Tite expresa una entrega amorosa tan ardiente como no lo hizo en ninguna otra composición? ¿Era o no era santero como muchos artistas de su época?
La importancia de la poesía en sus creaciones -

Norma Salazar, al centro, junto a Paco Parés y Marisol Martínez de representaciones Borinqueñas, cuando en julio de 2006 oficializaron su acuerdo para la publicación del libro sobre la obra de Tite Curet Alonso.
(Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular) |
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Estas son algunas de las muchas preguntas que encuentran respuestas en el libro. Pero no es un libro anecdótico para crear trivias. Uno de los grandes valores de la obra es cómo ésta logra desnudar parcialmente el alma del compositor a través de sus creaciones, sin que el libro sea una obra biográfica. Es revelador. Por ejemplo, aquí se proyecta el trabajo de Curet Alonso con la poesía, un dato que los salseros desconocíamos. Todos sabemos de sus poemas musicalizados, pero no de sus poemas sin música. Una muestra de éstos aparece en la última parte de la obra.
Quizás Norma Salazar no ha metabolizado todavía la importancia que tiene su trabajo para las generaciones vivas y por nacer. En primer lugar, se enaltece la figura de Tite Curet Alonso lo que alimenta nuestro orgullo patrio tan necesitado últimamente de figuras nobles, honestas y buenas que nos representen bien. Por otro lado, todos sabemos que nuestra sociedad padece de ese mal llamado “memoria corta”. Un mal que nos ataca y afecta cuando se trata del trabajo de nuestros artistas y cuando vamos a las urnas a votar por los políticos que nos gobiernan.
En el caso de Tite Curet Alonso su trabajo desapareció de la radio y de la difusión pública mucho antes de que el compositor muriera. Las situaciones de índole legal que existen entre los medios locales de comunicación y el pago de regalías del compositor, amenazan con enterrar para siempre la obra de Tite Curet.
Para los salseros de izquierda en la edad dorada, los que estamos en inminente peligro de extinción debido al ciclo finito de la vida, don Tite es el más grande, es el “caballote”. Para los que creen que lo inmediato es lo que vale y que la música es un producto desechable que pierde valor con el tiempo, don Tite es “un periódico de ayer”. Para los más nuevos, los reguetoneros y los baladistas de izquierda, don Tite no existe.
Entre los medios de comunicación, los libros son el medio por excelencia para preservar información. ¡Qué bueno que Tite ya tiene su libro! Aquí Norma Salazar y José Parés y Representaciones Borinqueñas le pusieron tarima permanente al trovador. Ahora se presenta el gran reto: ¿cómo llegar a las generaciones nuevas? Este libro nace de un ejercicio académico y por ahí esta la ruta a seguir.
Qué lindo sería ver a grupos de estudiantes de escuelas intermedias y superior analizando las letras de Tite Curet Alonso. Un ejercicio que integra tratados de historia y vivencias cotidianas para los cursos de ciencias sociales. Qué tal ejercicios de análisis de formas y vocabulario para los cursos de español. Que bonito sería promover y diseñar los famosos “talent show” con la música jíbara, la salsa, la bomba y la plena de Curet Alonso. ¿Y qué tal promover competencias juveniles resaltando con el “flow” del reguetón la obra y pensamiento de Curet Alonso? ¿Por qué no?
Si así fuera, los jóvenes de hoy, que siguen consumiendo música, verían en la obra de Curet letras más pertinentes a nuestra realidad cultural que las canciones de Bob Marley y de Wisin y Yandel. Las chicas encontrarían romanticismo tanto como encuentran en las letras de RBD y Shakira y los chicos entenderían que vivir el amor trasciende el perreo.
Pero más que todo, se trata de apreciar nuestra cultura. Es un asunto de autoestima colectiva. Tite es cultura boricua, antillana, caribeña, latina. Su lírica y canción así lo demuestran aunque hubiera utilizado el rock, el rap o el jazz como ritmos de expresión.
Gracias Norma por perpetuar la memoria de Tite Curet Alonso. Ahora estamos gozando. Ahora se prendió la fiesta de nuestra cultura. No dejemos que se apague el recuerdo, el respeto y el orgullo por los que nos han representado bien en nuestra historia como pueblo.
(El profesor Elmer González Cruz es catedrático del Departamento de Comunicación de la Universidad del Sagrado Corazón, columnista de la revista Latin Beat y productor y animador de los programas "Son del Caribe" y "Son de Cuba" que transmite Radio Universidad de Puerto Rico.)
17/ago/07
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