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   Untitled 1 San Juan, Puerto Rico

¿Pesa más un bate que un pincel?


El pintor Gustavo A. Llenas presentó una muestra de su arte en la sede de la Fundación nacional para la Cultura Popular en el Viejo San Juan.
(Foto suministrada)

¿Qué podría decir un adolescente que en plena etapa de enseñanza superior, en un plantel educativo del Caribe, recibe un acercamiento para jugar béisbol garantizándole una buena remuneración? Seguramente optaría por aceptar sin reparos la oferta, dejando atrás el ambiente familiar, para irse a aventurar en los fríos terrenos de juegos de un país del norte. Pero aunque esa podría ser la historia de muchos… en el caso del joven pintor Gustavo A. Llenas no ocurrió así.

A sus 34 años, este artista nacido en Santiago de los Caballeros en la República Dominicana, y que, como parte del colectivo cultural Mancha… recientemente exhibiera una muestra de su obra en la sede de la Fundación Nacional para la Cultura Popular, supo desde temprano que había nacido para el arte.

“Cuando le indiqué a mi madre que quería entrar a la Escuela de Bellas Artes me miró fijamente. Tomó una edición de la revista National Geographic. Sacó una foto y me dijo: `Si puedes reproducir esto en una pintura, yo te dejaré entrar a bellas artes”, recuerda.

Sin pensarlo dos veces, Gustavo aceptó el reto de su progenitora. Y aunque no tenía estudios en arte ni más conocimientos que la apreciación, comenzó a plasmar su respuesta en un lienzo improvisado. Silenciosamente, convirtió un guardarropa de su casa en su estudio. Y seis semanas después exhibió en la sala el resultado de su labor.

“Ella no sabía que yo había estado pintando. Y cuando llegó a casa y vio el trabajo se puso a llorar y me dijo: Si ese es tu destino… entonces… búscalo”. Y así lo hizo el joven Gustavo.

En el camino hacia el arte entonces apareció la tentadora oferta para ir a jugar béisbol. Eran varios miles de dólares que para un joven de unos 17 años, que no contaba con los recursos económicos para ir a estudiar en lugares como Altos de Chavón, podían invitar a posponer su desarrollo artístico.

“Llegaron a ofrecerme un año como prueba para ver si aceptaba y me iba con ellos”. Pero por más que intentaron, a Gustavo no lo venció la tentación.

Ante la negativa, su padre selló con un comentario lo que sería su verdadera sentencia: “un pincel pesa menos que un bate”. Y así fue…

El arte como vehículo de canalización interna -


En una presentación previa efectuada el pasado junio en Casa Cruz de la Luna en San Germán, Gustavo pintó durante la participación musical de Mijo de la Palma.
(Foto suministrada)

Para Gustavo A. Llenas su entrada a la escuela de bellas artes confirmó lo que ya era para él una realidad inevitable. Ciertamente había nacido para el arte. Pero más allá de la técnica que se puede aprender en un salón, para él la pintura se convirtió en un filtro para su espíritu.

“Para mí el arte no se circunscribe a las enseñanzas de un profesor”, indica. “Para mí la pintura es la gente. Conocer tu entorno. Enamorarte. Aprender de otras culturas. Observar. Odiar. Perdonar. El resto es un ejercicio de pura técnica. Y de qué sirve ésta si en lo que realizas no hay espíritu. Por eso el plasmar un sentimiento en una obra es para mí el reto más importante que he podido tener como artista”.

Con sus reglas de juego claramente establecidas, sus principios e idealismo lo llevaron a reafirmar la esencia de su misión. En el camino no tardaría en aparecer una que otra oferta de alguna beca en otras escuelas. Pero al cumplir los 24 Gustavo decidió que ahora sí quería ver mundos. Y agobiado por la situación de su país, alzó vuelo y se dirigió a la península de la Florida.

Según cuenta, corrió por varias ciudades de ese estado hasta llegar a Orlando. Y a la distancia pudo apreciar mejor sus raíces caribeñas. La historia de su tierra… Las contradicciones... En fin, el mundo cotidiano que de una antilla a otra tiene ingredientes tan particulares como los que se apreciaron en la exhibición presentada en la sede de la Fundación en el Viejo San Juan.

En ese divagar, el joven de la plástica fue encontrándose con nuevos amigos… Seres que compartían con él una misma visión. Amigos afines con los que – aunque a veces a la distancia - comenzaría a colaborar en un proyecto cultural que canalizaría sus inquietudes por un arte libre y sin cortapisas.

Ese núcleo de amigos es el que le conocimos durante el lanzamiento de la primera edición de la revista cultural Mancha… Melvin López Rivera, a quien conoció en Orlando, es el cantautor. René Pérez Martínez, es el profesor que cambió las aulas universitarias de Mayagüez por la poesía. José Juan Poyatos Joyanes, guitarrista de flamenco, que juega con las cuerdas con pasión y maestría. Sonja Mongar es la instrumentista de la harmónica. Y junto a ellos Gustavo es quien plasma en el lienzo cada encuentro.

Entre los elementos que aporta cada miembro del colectivo en esta presentación, la labor del joven pintor estaba a la vista de todos. Y como tal era un ejercicio que mezclaba vivencias y sentimiento.

Ejercicio entre la historia y las vivencias -

Para el que no conoce la historia de la República Dominicana, la obra inspirada en la tragedia de las hermanas Mirabal – asesinadas bajo los años de gobierno del dictador Leonidas Trujillo - contiene un caudal de impactante información que Gustavo ha sabido llevar al lienzo.


Obra creada por el pintor durante la participación de Mijo de la Palma en San Germán.
(Foto suministrada)

“Esta obra no es espontánea. En realidad la pensé por mucho tiempo. Tenía mis bosquejos, pero quería captar el sentimiento. En una visita que hice a Santo Domingo tuve la oportunidad de ir a la casa de las niñas y me conmovió sobremanera saber que ellas entregaron su vida a la patria. Y les quise hacer un homenaje a ellas y a toda su familia. Nosotros tenemos un lema que lee `Amor, patria y libertad´ en nuestra bandera. Y en la obra el amor está entre ellas, donde no hay separación, Dios es el camino y la libertad viva es representada por alas. La pintura tiene además el sufrimiento, la muerte y el dolor. Hay una línea central - que pasa por la mariposa y el camino – y lleva el mensaje de que todo principio tiene un final. En el caso de ellas no llegaron a ver el final que sería la caída del dictador. Pero pasados unos meses del asesinato de las hermanas Mirabal el hombre cayó. Y ese mensaje está simbólicamente en la sombra de un hombre en descenso, suspendido en el aire tras sus figuras”, apunta.

En otras obras exhibidas en la Fundación la historia aparece como elemento impostergable. De ahí la presencia del conquistador español llegando a un nuevo mundo. O también está la historia política contemporánea en el asesinato de su tío - don Rafael Lara - acaecido en 2002.

“Esta última es una obra pequeña pero fuerte en contenido. En ella quise llevar el cómo uno se abraza a su propio dolor y la indignación e impotencia que uno siente al no poder hacer nada ante una pérdida viciosa. De ahí que la figura que está plasmada en el lienzo no es él ni soy yo… Es en realidad el sentimiento. Incluso en la obra se pierde lo que es femenino y masculino. Eso es algo que hice a propósito”, narra sobre la pintura que en menos de siete horas delineó en 2006 en Atlanta, después de años de tratar de lidiar con el impacto que surtió en él “un golpe tan doloroso y tan personal”.

“Cuando la terminé sentí un gran alivio porque hay cosas que aunque se me hacen difícil expresarlos, tengo la facilidad de pintarlas. Pero aun tengo sentimientos encontrados cuando observo la obra en sus detalles. Porque si hubiera sido un accidente la causa de su partida pues estaría bien… Pero qué va. Fue un asesinato por motivos políticos. Y eso me reafirma lo sucio que es ese medio en el cual se drenan tantas energías”, sentencia recordando a su tío cuya vida pública resume al informar que fue diputado de la provincia de Bonao, libró una batalla contra una empresa norteamericana que contaminaba la comunidad y en un intento posterior por regresar a la vida política hizo fuertes denuncias de corrupción contra uno de sus rivales.

“El era un hombre honesto, fuerte y saludable. Y encontrarlo en el piso de su casa asesinado como un animal, fue algo que no he podido olvidar”, añade aceptando que “ésta la obra más difícil que he trabajado por su fuerte contenido emocional”.

La inquietud del artista y del ser humano -


Gustavo A. Llenas ha exhibido su arte en ciudades como San Juan, Los Angeles, Tampa, St. Petersburg así como ha enviado sus cuadros a Italia.
(Foto suministrada)

“Escribiendo sueños”, comenta, “ilustra el momento en el que literalmente soñaba en que yo estaba escribiendo una carta. La letra no la entendía y a unas cuantas líneas me paro y me doy cuenta que la caligrafía no es la que hago a diario. Y cuando miro mi mano veo que no es mía. Entonces descubro que soy yo, pero en otra persona. Y fue tan grande el impacto que me creó el verme en un cuerpo que no es el mío que me desperté. Ahí de inmediato tomé un papel - siempre duermo con papel y lápiz al lado de la cama - y describí la experiencia para desarrollarla luego en esta obra. Por eso en el fondo de la misma está la transición de movimiento del rostro y los colores se funden como en los sueños. Y dice en su leyenda descriptiva: `Pedazos del pasado pintados con manos ajenas y tienta negra”.

Por otro lado, la obra inspirada en Cuzco resume lo que fue parte de su experiencia en el legendario lugar. Sus colores sombríos, con las tonalidades de la tierra como base son, a su juicio, dominantes y representativos de su paisaje. Y el guitarrista que surge entre las fachadas típicas de la ciudad, se remonta al momento en que Melvin, compañero del colectivo Mancha…, adquiere una guitarra construida por un artesano del área. “Por eso convierto el cielo y la tierra en parte de él. Y ahí la línea pictórica se funde sin que se pueda definir dónde comienza una y termina la otra”.

Así, de un tema a otro, la personalidad del artista se revela ante nuestros ojos a través de la intensidad de su obra. En ellas los ojos se disimulan para darle espacio al lenguaje de las manos. Y en casi en la totalidad de sus lienzos reinan las tonalidades y los colores de la naturaleza y la tierra.

“Cuando hago una presentación y pinto en vivo es como si me desnudara frente a un montón de personas… Es como si ante ellos estuviera exhibiendo la parte más íntima de mi vida”, sentencia este juglar de la imaginación y que goza de poder plasmar en un canvas su visión de la vida.

“Pintar me hace feliz”, dice con la certeza de quien sabe valorar la oportunidad de expresarse a través del arte. Y si bien cuando optó por dedicarse a la pintura le intentaron socavar su sueño con la sentencia de que “el pincel pesa menos que un bate”, Gustavo no cambia por nada la libertad de poder expresarse en el lienzo. De ahí que ante la pregunta de si se lamenta el haber descartado el béisbol como profesión, el joven sonríe y refuta de inmediato: “¡Claro, claro que no me arrepiento!”.

31/ago/07

 

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