| ‘Aplauso, please’ para Pucho Fernández
Por Miguel López Ortiz
Fundación Nacional para la Cultura Popular

Leopoldo “Pucho” Fernández comenzó a laborar en la television puertorriqueña en la década de 1950.
(Foto archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular) |
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Su padre, también llamado Leopoldo Fernández (1904-1985), pasó a la historia como uno de los actores humorísticos emblemáticos del mundillo artístico cubano. Pero, aunque Leopoldo “Pucho” siguió sus pasos en los escenarios, era muy diferente a él. Incluso, las carreras de ambos se desarrollaron en tierras distintas. Y, mientras el primero cimentó su leyenda en base al estilo de comedia astracanero típico del teatro bufo que fue su escuela, siempre aferrado a los personajes de “Trespatines” y “Pototo” formando pareja con Aníbal de Mar – “El Tremendo Juez” y “Filomeno” –, la figura que ahora nos ocupa creó un estilo de humor tan personalísimo que resulta difícil ubicarlo en determinada clasificación.
En una entrevista que me concediera para la revista “Artistas”, que entonces dirigía, en abril de 1986, aseveró que, además del natural cariño que se profesaban, sólo tres cosas tenía en común con su progenitor: “la nacionalidad cubana, el mismo oficio y la debilidad por las mujeres… aunque con poca capacidad para retenerlas”.
Pucho Fernández vio la primera luz en La Habana, el 2 de septiembre de 1927. Aunque hizo sus pinitos actorales a la edad de 13 años, bajo la tutela paterna, la actividad que desarrolló entonces en el llamado “teatro vernálo” fue bastante esporádica. Porque todavía no se le despertaba la vocación de actor. Ya aproximándose a la adultez, volcó su interés hacia los aspectos técnicos del negocio. Se convirtió en tramoyista, escenógrafo, vestuarista e, incluso, operador de controles en la radio. En 1948 viajó con la compañía de “Pototo y Filomeno” a Caracas. Y, luego de que la misma concluyera la temporada, decidió permanecer allá ejerciendo las mencionadas funciones. De hecho, durante las postrimerías de su estadía en la capital venezolana, 1953, fue uno de los técnicos que laboró en la fundación de Radio Caracas Televisión / Canal 2.
Trabajó en Telemundo desde que esta empresa emitió su primer programa, el 28 de marzo de 1954 –
Poco tiempo después, el director puertorriqueño Fernando Cortés, a quien el empresario Ángel Ramos había nombrado director de Programación de WKAQ TV / Canal 2 – o Telemundo –próximo a inaugurarse, lo reclutó para su equipo. Y, tal circunstancia lo convirtió en pionero de la pantalla chica boricua. Porque aquella histórica noche del domingo 28 de marzo de 1954, la comedia “El caso de la mujer asesinadita”, primer programa que vieron los televidentes puertorriqueños luego de la ceremonia inaugural de rigor y un breve noticiario leído por Evelio Otero, tuvo a Pucho Fernández como coordinador técnico.
Su permanencia en Telemundo se prolongó hasta 1956, cuando Héctor Modesti, entonces recién nombrado gerente general de WAPA TV / Canal 4, lo reclamó. En esta televisora, donde cosecharía sus mayores triunfos, laboró primero en funciones técnicas – apuntador, asistente del director, etc. – y, más adelante, como libretista de los segmentos humorísticos de “La familia Bochinche”, “Telefiesta de la tarde” y, ya a principios de la década de 1960, de “El show de Pumarejo” y “Una hora contigo”. Fue a partir de sus intervenciones en este último programa que comenzó a descollar como comediante, exponiendo un estilo de humor irreverente en el que coincidían la picardía del típico “vivo” y picaflor callejero, el clásico aguajero que se las da de valentón – “Abre, que voy…” o “Mañana te explico…” – y el punzante doble sentido (“búscate a un chino que te ponga un cuarto…”).
Precisamente una de sus ocurrencias humorísticas, acontecida durante la emisión de “Una hora contigo”, desembocó en la cancelación de dicho programa, a la sazón el de mayor sintonía de la empresa, en diciembre de 1964, aunque de acuerdo con el sentir de la mayoría de sus compañeros aquel incidente sólo fue el pretexto que la gerencia buscaba para salir de la anfitriona, Myrta Silva. Algo debe haber de cierto en esta apreciación, pues aunque la llamada “Gorda de Oro” salió de WAPA TV, él permaneció allí. De hecho, a partir de entonces su carrera cobraría impulso gracias al impacto de su caracterización del cegato “20-20” que cobró vida en “La Fonda de 20-20”, dentro del bloque de “El show del mediodía”, así como en otros espacios de variedades.
Editó un disco de humor en la década de 1960 –

Carátula de la producción discográfica editada por Leopoldo “Pucho” Fernández en Puerto Rico.
(Archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular) |
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El éxito de “20-20” fue tan contundente, que hasta lo convirtió en el primer personaje cómico que realizó una producción discográfica en nuestro País, “¿Veinte Veinte canta?” (Bell Boy, LP-343 20-20) – este código de numeración aludía, intencionalmente, al teléfono de la Policía –, editado en 1967, con parodias de varias de las canciones que entonces encabezaban el hit parade: “Cuando tú no estás”, “El toro y la Luna”, “Esas lágrimas son pocas”, “Recuerdos de Iparacaí” – en su caso, “y pa’l carají” – y algunos cuentos. Cabe resaltarse el dato que, al grabar este disco, se le adelantó por varios años a su famoso coterráneo Guillermo Álvarez Guedes.
Durante la década de 1970 tuvo oportunidad de trabajar con la compañía de comedias que su padre encabezaba con Aníbal De Mar. Con aquel colectivo agotó exitosas temporadas en Costa Rica, Panamá, Ecuador, Perú y Chile. De vuelta en WAPA TV, volvió a hacer historia al ser protagonista, caracterizando a “Machito Pichón”, de “Chisme Beauty” – dentro del bloque de “El show del mediodía” –, siendo este el primer personaje de su tipo que contó con espacio propio. Luego lo llevaría a WKBM TV / Canal 11. Se recuerda que, a pesar de que tuvo un antecesor en el de “Avelino Plumón”, caracterizado por René Rubiella durante la década de 1960, este siempre se presentó como elemento secundario de “La Taberna India” y el segmento “Los enredos de Cuquita”, dentro de “El show de las 12”, en Telemundo.
Sus últimos éxitos los cosechó en “mi casa de siempre” – como llamaba a WAPA TV – durante el período 1982-1986 como el infeliz “Pepón”, dueño de panadería a quien el vividor de “El Cocodrilo” (encarnado por Miguel Ángel Álvarez) le hacía la vida imposible en “Barrio Cuatro Calles”, que se emitía de lunes a viernes, a las 6:00 de la tarde. Y, durante las mismas fechas, “Superpan”, parodia del clásico héroe de las historietas “Superman”. Este personaje surgió como una prolongación de “Pepón”, pues en cierta etapa de “Barrio Cuatro Calles” se le ocurrió decir “levadura, levadura, dame musculatura dura, dura” en su delirio por tener la fuerza para castigar a “El Cocodrilo” y… su sueño se le cumplió. También, desde 1985 integró el elenco permanente del programa “Parejo, doble y triple”, que marcó el estreno como animadores y productores de los hermanos Luisito y Roberto Vigoreaux. Ya durante las postrimerías de aquel decenio encabezó el elenco de una versión boricua de “La tremenda corte”, programa instituido por su padre en Cuba casi medio siglo antes y aquí producido por Carlos Sacco en TeleOnce.
Desde 1989 hasta los albores de la década de 1990 interpretó al policía “Poncito” en “El cuartel de la risa”, cuyo elenco encabezaba Antonio Sánchez “El Gangster” en el Canal 7. Después, frecuentes intervenciones en “El Gran Bejuco”, “Chevy” y “Marcano… el show”, originados en Telemundo, marcaron el final de su carrera. Para estos espacios creó personajes como “Cabo Blanco” y “Crushine”. Sus compañeros artistas siempre lo recordarían por su generosidad – cuando sospechaba que alguno de ellos atravesaba problemas económicos, le metía un billete de $50 o $100 en el bolsillo diciéndole “toma este regalito” –, extraordinaria capacidad para la improvisación en escena y para crear libretos con gran rapidez.
Irónicamente, por alguna razón nunca mantuvo las mejores relaciones con sus nueve hijos – el popular Leo Fernández III “El Paparazzi”, entre ellos –, habidos en cuatro matrimonios. Y, aunque se le apreciaba muchísimo en el ambiente artístico, trascendió que durante sus últimos años confrontó problemas con sus vecinos y que tampoco se llevaba muy bien con sus compañeros de la Égida La Merced en Carolina, donde vivió desde 2002, luego de pasar una período de recuperación tras la brutal golpiza de que fuera víctima por parte de tres asaltantes.
Su crónica adicción al cigarrillo, unida a su avanzada edad, aceleró el deterioro de su salud. Leopoldo “Pucho” Fernández cerró sus ojos para siempre en el Hospital de Área de Carolina, a eso de las 3:45 de la madrugada del martes 29 de julio de 2008, a consecuencia de cáncer pulmonar, próximo a cumplir 81 años. Con su partida se cierra un capítulo de la historia de la televisión puertorriqueña. Y, una de sus frases más características no puede ser más oportuna para rendirle tributo en su despedida: “what’s cooking? Aplauso, ¡please!”.
4/ago/08
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