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   Untitled 1 San Juan, Puerto Rico

Se nos fue René Rubiella


René Rubiella, caracterizando a “Findingo”, en una escena del filme puertorriqueño “El derecho de comer”.
(Foto Archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)


Al igual que sus compatriotas, los también connotados actores cubanos Santiago García Ortega (1913-2003) y Raúl Xiqués, la primera pasión de René Rubiella fue la música, particularmente el violín. Los tres se adiestraron en la ejecución de este instrumento desde niños. García Ortega logró alcanzar un nivel de excelencia como violinista que le permitió ocupar una posición en la Orquesta Sinfónica de La Habana, entonces dirigida por Gonzalo Roig Lobo. Xiqués, quien durante su etapa en Puerto Rico – postrimerías de la década de 1960 y primer lustro del siguiente decenio – alternaba su actividad actoral con la de propietario de una tienda de ropa en la santurcina Calle Loíza – hizo sus pinitos artísticos como músico. Tras su partida de nuestra patria, se radicó en Venezuela, donde ha cimentado sólido prestigio interviniendo en numerosas telenovelas.

En el caso que ahora nos ocupa, el de René Rubiella, éste dedicó seis años al estudio formal del violín. Más adelante, de manera autodidáctica, aprendió a ejecutar la guitarra. Toda la vida se sentiría músico. Sin embargo, a nivel profesional volcó sus intereses hacia otras vertientes artísticas. Especialmente, hacia el arte escénico y las Comunicaciones.

Había nacido en el pueblo de La Ciénega, provincia de Las Villas, el 1ro. de septiembre de 1928. Este redactor recuerda que, durante una de las varias entrevistas que me concediera para la revista Artistas – que entonces dirigía – a principios de la década de 1980, reveló que su padre era puertorriqueño originario de Lares. Su vida, en todos los aspectos, siempre estaría vinculada a Puerto Rico. No hizo carrera en Cuba.

A pesar de su gran preparación como músico, al iniciar su carrera en Nueva York se inclinó por las artes escénicas –

Todavía contaba 17 años cuando, en 1946, fue a radicar en Nueva York, que entonces disputaba a México la condición de La Gran Meca para los artistas hispanos. Allá hizo sus pinitos profesionales como declamador y actor en los cuadros de comedia que se incluían en los espectáculos que se presentaban todas las semanas en los teatros hispanos.

“Trabajé en todos: el Hispano, el Puerto Rico, el Jefferson, el Río Piedras, el Triborough… El movimiento artístico que se desarrollaba en Nueva York era impresionante. Aquellos teatros traían a las estrellas del cine mexicano para alternar con artistas establecidos en la ciudad, la mayoría boricuas como los empresarios, aunque también fueron muchos los cubanos, dominicanos y sudamericanos a quienes se les dio cabida. Los espectáculos se ofrecían antes o después de que se proyectaran la películas, que siempre eran mexicanas. Tuve la suerte de haber vivido aquella época”, nos narraba.

René Rubiella también se desempeñó como locutor y actor en las radioemisoras WHOM y WWRL e intervino en varios de los primeros programas televisivos dirigidos a la colonia latinoamericana, los cuales se originaban en el Canal 13. Su compatriota Ónix Báez, con quien más tarde compartiría en nuestro País, fue figura habitual en aquellos elencos. Igualmente se desempeñaba como animador en centros nocturnos.


El actor René Rubiella plantó bandera en la televisión boricua con sus personajes cómicos.
(Foto Archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)


“En 1948, entré como redactor al Diario de Nueva York, que después, al fusionarse con otro periódico llamado La Prensa, se convirtió en el Diario-La Prensa. Hasta el día de hoy sigue siendo el más importante de la ciudad. Así que también fui periodista”, manifestaba orgulloso.

─ ¿Nunca se motivó a exponer sus capacidades musicales?

“Asumí la música como un desahogo personal. Un medio con el cual relajarme. Ante el público sentía un gran placer cuando declamaba. Sobre todo, los poemas negristas de Nicolás Guillén, Emilio Ballagas y Félix B. Caignet. Casi siempre me pintaba de negro la cara y las manos”.

─ ¿Qué lo motivó a establecerse en Puerto Rico?

“Me casé con una boricua: Nieves Iris Cotto, quien entonces era cantante. Ella es la madre de mis cuatro hijos, Clara Rosa, Giselle, René Jr. y Rolando. Durante la década de 1960, Puerto Rico había alcanzado un alto nivel como plaza artística, por lo cual no era muy arriesgado dejar Nueva York para establecerse acá, más aún para alguien como yo que, además, tenía vínculos familiares con esta tierra”.

“Findingo Lenguamuerta”, “Avelino Plumón” y “Cheo Pitrinche” lo convirtieron en el comediante de moda en Puerto Rico durante el período 1965-1970 –

Y fue en Puerto Rico donde vivió la etapa cumbre de su carrera, que fue durante el período 1965-1970. Específicamente, en los programas “La Taberna India” y “El show de las 12”, que Paquito Cordero producía en Telemundo / Canal 2.

“El primer trabajo que hice para Paquito fue el personaje de ‘Mozambique’ en ‘La Taberna India’. Éste era un marido que, con mucha candidez, narraba a sus amigos las travesuras que su esposa ‘Esperanza’ hacía con el complaciente lechero. Casi inmediatamente se me incluyó en los ‘sketches’ cómicos de ‘El show de las 12’, donde pudo desarrollar muchos tipos más. En esto debo dar crédito al libretista Alberto González que, con el respeto me merecen y el cariño que les profeso a los demás, a mi entender es el mejor que ha pasado por la televisión puertorriqueña. Yo concebía a los personajes con una características físicas particulares y con una idea de lo que los identificaría ante el público. Pero, era Alberto quien los delineaba y los pulía. Ya cuando tenía el primer libreto de cada uno en mis manos, el personaje ya estaba desarrollado y todo era cuestión de mantenerlo vivo”, nos contaba.

“Membrillo” – el viejito desnutrido que contagiaba a todos con su bostezo indolente (nada que ver con el libretista cubano Manuel Montero Ojea, conocido por tal apodo y quien también escribió para Rubiella) –, “Rigoberto”, el marido sumiso a quien su dominante mujer apenas le permitía pronunciar alguna palabra –, “Cuchareta”, “Tato Burundanga”, “Avelino Plumón” y “Cheo Pitrinche” fueron popularísimos durante aquel lustro, durante el cual recorrió Puerto Rico presentándose en espectáculos de fiestas patronales e, incluso, retornó par de veces a la Gran Urbe integrando las acostumbradas caravanas artísticas que Paquito Cordero llevaba a los teatros frecuentados por la colonia boricua.

Sin embargo, ninguno de ellos logró generar tanto impacto como “Findingo Lenguamuerta”, noble y hambriento mendigo, de cejas exageradamente pobladas, que deliraba por “un atracón de morcillitas con guineítos o unas mollejitas”. Para identificarlo más con nuestra gente, en sus parlamentos el personaje solía decir que era de Cabo Rojo. De hecho, por eso, entonces eran muchos los puertorriqueños que creían que Rubiella era caborrojeño. En muchos de sus libretos, cuando por fin “Findingo” lograba obtener algo con que saciar su perenne vacío estomacal, se le aparecía alguien con la misma necesidad que, montándole un emotivo llantén, lograba que él le cediera su comida.

Caracterizando a “Findingo Lenguamuerta” logró incursionar
en el cine vía la película “El derecho de comer”, en 1968 –


En uno de los últimos aniversarios del “Show de las 12” de Telemundo René Rubiella compartió con sus antiguos compañeros. En la foto aparecen de izquierda a derecha Paquito Cordero, Otilo Warrington “Bizcocho”, René y Eddie Miró.
(Foto Archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)


“Findingo Lenguamuerta” llegó al cine, marcando el debut de René Rubiella en la pantalla gigante. Fue con la película “El derecho de comer”, producida por Arturo Correa con inversionistas ponceños en 1968. Fue rodada totalmente en la Perla del Sur, bajo la dirección del argentino Leo Fleider.

“Esa película fue un exitazo, no sólo porque mi personaje estaba muy pegado, sino también porque presentaba como estrella a Lissette Álvarez, quienes estaba recién casada con el ídolo de la Nueva Ola, Chucho Avellanet. Maribella García y Luis ‘Che’ Martínez también tuvieron participaciones relevantes en la producción. Aquella fue una experiencia maravillosa para mí. Incluso, déjame decirte que yo compuse la canción que le servía de presentación”, aseveraba evidenciando gran satisfacción.

─ Además de “Findingo Lenguamuerta”, ¿a cuál otro de sus personajes le guarda especial cariño?

“A los otros dos que más pegaron: ‘Avelino Plumón’ (el afeminado a quien El Gran Combo dedicó un tema) y ‘Cheo Pitrinche’, el guapo de barrio que se dedicaba a dar palizas por encargo, para lo cual mostraba una lista de métodos de tortura con sus correspondientes tarifas. Por ejemplo, una tremenda patada por el fondillo con bota militar costaba $25, pero si esta era combinada con trompón a la quijada con guante de boxeo el precio subía a $35. Con él, la clásica bofetá o un simple jinquetacito podían transarse por $20”.

Muchos todavía recordamos que cuando el referido ofrecía “especiales de la semana”, estos solían ser ñapas consistentes en un “pescozón apaga-ojo” o hacer tragar un “gofio de arena” a la víctima.

Paralelamente a sus actuaciones en Telemundo / Canal 2, durante el período 1967-1969 fue anfitrión de “El carrito de la suerte”, que la empresa RADITEL mantenía en el viejo Canal 11, entonces WKBM TV, matriz de la Telecadena Pérez Perry. Ya entrada la década de 1970, aquí también animó “Sitio alegre”, dirigido a la grey infantil. Posteriormente, al surgir el segundo ciclo de telenovelas en Telemundo, tuvo oportunidad de mostrar sus quilates como actor dramático en varias de aquellas producciones.

“Aunque, como te dije, había hecho comedia en Nueva York, antes de establecerme en Puerto Rico mis principales trabajos como actor habían sido dramáticos. En realidad yo me desarrollé seriamente como comediante en la televisión puertorriqueña. Por eso, a mucha le gente le sorprendió o le pareció muy raro verme en telenovelas”, agregó.

Muy desafortunadamente, René Rubiella pasó sus últimos años muy enfermo. Llevaba largo tiempo postrado en silla de ruedas en su hogar en la Urbanización Quintas de San Ramón, en Bayamón. Aquí falleció el sábado 18 de julio. Quienes tuvieron la dicha de disfrutar de su gran talento, sin duda jamás lo olvidarán.

06/ago/10

 

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