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   Untitled 1 San Juan, Puerto Rico

En perspectiva “Los contrapuntos
de la música cubana”


Portada del nuevo libro “Los contrapuntos de la música cubana”

(Reproducción del mensaje de presentación del libro “Los contrapuntos de la música cubana” de Cristóbal Díaz Ayala)

Las artes no se pueden explicar en forma absoluta como podría explicarse la lógica de una ecuación matemática. Y es que la expresión del artista está sujeta a las múltiples interpretaciones y apreciaciones de personas con experiencias de vida distintas. De un público en el que cada individuo tiene una forma particular de percibir y entender el ambiente.

Existe el consenso de que casi todas las manifestaciones artísticas responden al tiempo y al espacio en que se desarrollan. Las artes gráficas, algunos géneros literarios y la música, son expresiones influidas con las referencias de los mundos que perciben y rodean a los creadores del arte.

Por lo tanto, el estudio y la comprensión del contexto histórico en el que se desarrolla el arte, es un elemento clave para tratar de entender el porqué de la dinámica, los cambios y las formas de las artes a través del tiempo y el espacio.

La historia, que tampoco está exenta de interpretaciones subjetivas, es el único elemento con valor absoluto que incide en el proceso de la creación artística. Y digo con “valor absoluto” porque lo que pasó, pasó y no admite cambios en la misma célula del tiempo.

La historia de la música cubana es una historia de éxitos. En la industria de la música, el éxito tiende a cuantificarse en función de alcance geográfico, consistencia, frecuencia, capacidad de influir y sobre todo, en función de los niveles de receptividad por parte del público consumidor de música.

Algunas variantes rítmicas de origen en la mayor de las Antillas exhiben estas característica de “éxito”. Más aún, muchos aseguran que Cuba es el país que más influyó durante el siglo pasado en la creación y desarrollo de muchas de las músicas populares en el Caribe Hispano.

¿Y porqué Cuba y no otro país? ¿Qué especie de magia tiene la música cubana? ¿Por qué logró sobresalir entre otras músicas muy bien hechas del Caribe?

La importancia de Cuba en la música-

Los cubanos han utilizado siempre el pentagrama universal y las mismas notas que por siglos ha usado la humanidad para registrar la música. Al igual que en cada región del mundo, han cultivado unas formas particulares de combinar las notas, las acentuaciones y los sonidos para lograr una personalidad musical.

Así mismo lo hizo Puerto Rico con su plena, República Dominicana con el merengue, Panamá con su tamborito, Colombia con el vallenato, Venezuela con la gaita y los Estados Unidos con el jazz.

Por lo tanto, no creo que el éxito de la música cubana esté en el patrón rítmico de la clave, en el sonido metálico de las cuerdas del tres, en el tumbao del bajo o en las voces de los grandes soneros.

El éxito de la música cubana es una dimensión en las mentes de los que disfrutamos esa forma de música. Es el público el que la ha calificado como música sabrosa; atractiva. No es en sí el son, sino la noción personal, el llegar a estar de acuerdo de que “el son es lo más sublime para el alma divertir”.

Y para llegar al público y posicionarse por encima de otras expresiones en el favoritismo popular, la música cubana ha sido parte de múltiples elementos ligados a la historia de Cuba y su relación con el mundo. Elementos que tienen que ver con aspectos geográficos, económicos, políticos y culturales, entre otros.
En la historia está la clave. Es la historia la que puede contestar algunas interrogantes del por qué de la música.

Y es en esa dirección que el licenciado Cristóbal Díaz Ayala intenta acercarnos a la música que ama, a través del libro “Los contrapuntos de la música cubana”.

La minuciosa labor de Cristóbal Díaz Ayala-


El profesor Elmer González fungió como presentador de la nueva publicación de Cristóbal Díaz Ayala.
(Foto FNCP)

En cualquier curso básico de periodismo se aprende que la información debe tener los elementos para contestar cinco preguntas básicas: Qué, quién, dónde, cuándo y por qué. Y es esta última pregunta la que más análisis demanda.

El “por qué” de un suceso es la variable que explica, que le da sentido al hecho. Es combinar causas y efectos en un mundo dónde no existe la casualidad; donde nada se da aislado de su contexto histórico.

Por años, Cristóbal viene armando el rompecabezas. Sus libros y artículos nos han dado un cuadro parcial de ese fenómeno que es la música cubana. En sus trabajos previos encontramos información relacionada con los diferentes ritmos. Datos que contestan: el “qué”; biografías de los protagonistas del quehacer creativo, el “quién”; las fechas en que se ha dado la creación musical, el “cuándo”; y la labor de los músicos cubanos dentro y fuera de su tierra, el “dónde”.

Para cerrar el ciclo, como buen informante que es, Cristóbal Díaz Ayala se asoma al “por qué”. En un universo como la música cubana, es imposible detectar y mucho menos explicar todas las condiciones exógenas a la música que influyen o provocan las incidencias en la trayectoria de los ritmos. Aquí se mencionan los que parecen ser los hechos más relevantes.

Con un vocabulario ameno y fácil de digerir, Cristóbal menciona una muestra de circunstancias y sucesos que afectaron y siguen afectando la trayectoria y la evolución de la música popular en Cuba.

Para ello, ha dividido la música en binomios o contrastes que se dan en distintos tiempos, diferentes áreas geográficas, distintas formas musicales, diferentes influencias e intenciones, incluyendo la importante combinación entre la música y el que la percibe, como una relación determinante en el curso de una expresión rítmica.

Expone un total de 14 binomios. Entre otros: música autóctona y música extranjera, música negra y música blanca, música de costa y música de tierra adentro, música de Oriente y de Occidente, música de consumo doméstico y música de exportación, música artística y música comercial.

Para los lectores, no hace falta ser experta o experto en historia para entender sus contrapuntos. Al contrario, Cristóbal tiene la intención de informar y entretener a todo aquel que simplemente le gusta y quiere conocer un poco más sobre el son, el bolero, el chachachá, la guajira, el mambo, el punto, la rumba y la timba, entre otros.

Para los más interesados, con más apetito de conocer, les ofrece un combo agrandado extra, rico en detalles: las notas adicionales que complementan a cada uno de los 14 capítulos. Con éstas, el autor aclara e identifica fuentes de información sobre hechos que en ocasiones asumen el papel de titulares en el texto principal para no desviar demasiado la línea temática de un asunto en particular. Las mismas son como otro libro dentro del libro. Un banquete para comer y para llevar.

Música más allá del mero entretenimiento-

“Los contrapuntos de la música cubana” se suma a una serie de libros en los que se describen diferentes aspectos de la música en Cuba. Desde la primera mitad del siglo pasado, obras como la de Fernando Ortiz y otros estudiosos comenzaron a resaltar la importancia de la música cubana como un elemento cultural más allá del mero entretenimiento. Aspectos relacionados con la identidad nacional, los prejuicios raciales y políticos y el orgullo patrio se pusieron en evidencia a través de los estudios serios de la música en Cuba de esa época.

Después del triunfo de la revolución, han sido muchas las investigaciones y las publicaciones en torno al fenómeno de la música. Cuba canta y baila; siempre lo hizo. Pero tengo la impresión que en el contexto de un aislamiento por fuerzas políticas, se hizo más importante buscar elementos de identidad, convencerse de las riquezas nacionales y redescubrir todo aquello que siempre fue estelar ante los ojos del mundo, como lo era el caso de la música popular cubana hasta la década de 1960.

Por las razones que todos conocemos, muchas de esas obras no tuvieron una circulación en Puerto Rico como la tienen otras obras de la literatura universal.
Afortunadamente Cristóbal nunca se fue de Cuba. Simplemente siguió allí desde otra orilla que adoptó como su segunda patria: Puerto Rico.

Su trabajo abrió una ventana para asomarse, desde afuera, a la música cubana en tiempos difíciles. Una ventana por la que se han asomado, desde diferentes latitudes, etnomusicólogos, musicólogos, historiadores y entusiastas de los ritmos que son del Caribe.

Por sus aportaciones logró lo que sólo un puñado de músicos y deportistas cubanos ha conseguido en las pasadas cuatro décadas: ser profeta en su tierra natal por sus ejecuciones en “territorio americano”.

Hace algunos años coincidí con Cristóbal en La Habana durante su primera visita a esa ciudad en varias décadas. Allí fui testigo de las expresiones de admiración, respeto y agradecimiento hacia su trabajo por parte de historiadores y artistas bien importantes en el mundo de la música.

Créame que no es fácil conseguir ese reconocimiento en una sociedad que por años tiende a rechazar o a minimizar las ejecutorias de aquellos paisanos que por diversas razones optaron por vivir fuera de la Isla en un momento dado.

Pero volvamos brevemente al libro que nos ocupa. ¿Qué importancia puede tener para el puertorriqueño entusiasta de la música popular la historia y el análisis de la música cubana?

Para contestar esta pregunta y contando por adelantado con la paciencia de ustedes, les voy e referir brevemente a una experiencia personal.

Testimonio vivencial del presentador -

Hace varios años en la calle que me criaba tuve que decidirme entre ser “a Go Go” o “conserva”. En aquel momento, fue un asunto importante de identidad que afectaría no sólo mis preferencias musicales sino determinaría el grupo social y las actividades en las que podía participar.

Entre Los Beatles y los Rolling Stones apareció el “Richie’s Jala Jala” con Richie Ray y Bobby Cruz. Desde que escuché esa pieza me convertí, antes de que esos músicos fueran predicadores del evangelio.


Elmer González rememoró vivencias ligadas a la música gracias a programas como “Cubanacán” que Cristóbal Díaz Ayala (al fondo) producía en Radio Universidad de Puerto Rico.
(Foto FNCP)

Desde entonces soy salsero y descubrí a los Palmieri, a La Sonora Ponceña, a Ismael Rivera, a Tite Curet, a Puente a Tito Rodríguez y a decenas de figuras que moldearon esa etapa de la música afrocaribeña que adoptó el nombre de “salsa”.

Muchos años después, encerrado en mi salsa con algunas incursiones refrescantes en el jazz y la música brasileña, comencé a escuchar el recordado programa “Cubanacán” que Cristóbal producía en Radio Universidad de Puerto Rico.

De pronto empecé a descubrir puentes entre mi limitado universo musical y lo que escuchaba allí. Descubrí intersecciones de líneas musicales. Encontré familiaridad en los trabajos de Miguel Matamoros, Ignacio Piñeiro, Arsenio Rodríguiez, el Conjunto Casino y en la banda grande de Benny Moré, entre otros.

Aquella música se parecía demasiado a mi música, a la música que había escogido años antes como elemento de identificación con mi cultura. Sentí que lo único que nos separaba eran los sistemas de gobierno y que era mucho más lo que nos unía.

Entonces, mi Caribe creció. No cambió mi orientación musical. Simplemente creció. Se modificó mi percepción geográfica y cultural de la región. Y esa dimensión nadie me la explicó en los cursos que en algún momento tomé de historias de Puerto Rico y de los Estados Unidos. Si hubiera estudiado sociología o historia hubiera podido ser otro cantar. Pero estudié Administración de Empresas y gerencias de medios de comunicación. Y esa es otra matemática que lo único que comparte con la música es la anotación aritmética.

A partir de esa experiencia comencé a leer los libros de Cristóbal, de Leonardo Acosta, de Alejo Carpentier, de Fernando Ortiz y de otros estudiosos de la música cubana.

Como resultado tuve el atrevimiento de solicitarle a Radio Universidad hace tres años, que me permitiera difundir música cubana como parte de su programación. Todavía algunos se me acercan y preguntan por qué a un mayagüezano como yo le interesa la música cubana.

Todo entusiasta de la música del Caribe Hispano debe acercarse a las historias de las músicas de los países vecinos. Les aseguro que derrumbaríamos los males de la xenofobia y superaríamos las limitaciones de crecimiento que nos brinda la pretensión de creer que somos la fórmula en lugar de vernos como parte de una ecuación más amplia. En este caso, la música. Y mi consejo lo considero válido para los norteamericanos y para todos los hermanos de la cuenca caribeña.

Gracias Cristóbal por provocar una redefinición de las dimensiones de mi Caribe. Tus contrapuntos de la música cubana son en gran parte los contrapuntos de la música hecha en Puerto Rico. Presentas combinaciones, comparaciones y evoluciones sonoras que bien podrían aplicarse también a otros países del Caribe.

Aquí se han realizado un puñado de estudios de nuestra música gracias a la labor de investigadores como los doctores Quintero Rivera, Dufrasne González y Luís Manuel Álvarez, entre otros. Ellos han cumplido con una tarea encomiable como parte de su responsabilidad social.

Pero falta buscar un poco más ese “porqué” que nos brinda la historia. Falta integrar el estudio de la música popular con nuestra realidad en el contexto político, económico y social de la colonia y de nuestras formas y percepciones de afirmación cultural en una comunidad mundial que apunta cada día más a la globalización de las artes. Falta ese contrapunto; esa otra melodía que nos puede brindar más información de quiénes somos y hacia dónde nos dirigimos.

Después de leer “Los Contrapuntos de la música cubana” me atrevo, con mucho respeto a su trabajo individual, a sugerirle a su autor que reúna a un puñado de estudiosos e investigadores objetivos que trabajen un libro con puntos, o contrapuntos de vistas, sobre los paralelismos, intersecciones e influencias bilaterales entre las dos regiones que representan las alas del pájaro antillano que mencionó doña Lola Rodríguez de Tió para ilustrar la relación entre Puerto Rico y Cuba.

Una obra que también defina, redefina, rete o afirme, entre otros asuntos, las dimensiones que se han discutido recientemente sobre lo que es o no es música puertorriqueña en el contexto de nuestra historia como país y como miembro de la comunidad caribeña. Una obra que justifique sus argumentos en la búsqueda del “por qué”, que sólo la historia puede contestar.

El profesor Elmer González es un estudioso de la música popular, imparte un curso sobre esta materia en la Universidad del Sagrado Corazón. Igualmente mantiene un programa en Radio Universidad así como escribe para la revista Latin Beat con base editorial en los Estados Unidos.

16/dic/06

 

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