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  San Juan, Puerto Rico ::

La Providencia enciende la Navidad
en el Viejo San Juan


Lourdes Morán, en representación de la Casa La Providencia, dirigió el protocolo de la actividad del Encendido Navideño 2007.
(Foto Luis Ernesto Berríos)

Un ambiente colorido y alegre, lleno de luz y espíritu navideño, enmarcó el tradicional Encendido de la Navidad celebrado esta semana en la sede de la Fundación Nacional para la Cultura Popular (FNCP) en el Viejo San Juan. En una actividad sociocultural, en la que reinó la música de tierra adentro, amigos y participantes de Casa La Providencia fueron los invitados de honor de la Fundación para la temporada navideña que recién acaba de comenzar.

La Casa, entidad que rinde servicios ininterrumpidamente desde 1969 en su sede de la calle Norzagaray, es un programa de rehabilitación residencial para mujeres dependientes de alcohol y sustancias controladas. El centro está a cargo de las Hermanas Oblatas del Santísimo Redentor.

Como parte del compromiso de la F.N.C.P. con la comunidad, las integrantes de los programas de Casa La Providencia trabajaron la decoración del vestíbulo del histórico edificio, localizado en la calle Fortaleza #56 del Viejo San Juan. Allí, un árbol navideño vestido con frases de estímulo y motivación, fue engalanado con luces de colores. Y en un trabajo sencillo, pero ciertamente efectivo, quedó para el disfrute de todos los visitantes que se alleguen a la Fundación durante esta Navidad.

Los adornos utilizados en el árbol emblemático de 2007 fueron diseñados por las propias residentes del programa en su clase de arte. De esta forma, artículos de reciclaje como láminas de revistas y discos compactos, quedaron como ejemplos de la creatividad de sus respectivas autoras. Cual ejercicio de rehabilitación, el arte que abordan en sus clases en Casa La Providencia se convierte en terapia de motivación, afianzando en las participantes la autoestima.

Contagioso el ánimo de parranda -


Casa La Providencia fue recibida como invitados de honor del Encendido Navideño de la Fundación Nacional para la Cultura Popular. Aquí posan frente al árbol decorado por sus residentes.
(Foto Luis Ernesto Berríos)

El público que asistió a la primera velada navideña de la Fundación empezó a llegar poco antes de la hora programada, con la curiosidad reflejada en sus caras. Y no era para menos, aquel rincón concurrido, con un árbol navideño ubicado en el mismo centro del vestíbulo, y repleto de música navideña destacaba en el silencio de la calle Fortaleza. A poco del reloj marcar las siete, arribó a la FNCP el equipo de Casa Provi, como cariñosamente se conoce la organización. Animosas y exultantes, comentaban sobre la belleza del histórico lugar. De hecho, la mayoría no sabía que el proyecto cultural existía. Una de las damas, alegre, expresó lo agradecida que se sentía admirando las fotos de artistas en las galerías de la Fundación. Más aún, la joven desbordó su entusiasmo, especialmente cuando vio culminada su labor decorativa.

En el salón de actividades, amplio y bien iluminado, el ambiente era de camaradería y bullicio. Ya el piano y los equipos de sonido estaban preparados para entrar en plan de conquista. Todavía el evento no había comenzado cuando un pequeño turista que acertaba a pasar por la Fundación con sus padres vio el piano listo, y decidió actuar. Sin encomendarse a nadie, entró a aquella fiesta y caminó resuelto hacia él, mientras los allí presentes contemplaban la escena sonrientes. El niño se sentó entonces en la butaca frente al piano, y con aplomo comenzó a tocar hábilmente. Estuvo unos cuantos minutos ofreciendo su destreza, hasta que un ataque de timidez lo hizo levantar del asiento. Para animarlo, la gente le regaló una sonado aplauso, al tiempo que sus padres lo recibieron riendo y con un abrazo.

Con los actos protocolarios dirigidos por Lourdes Morán, la razón de esta actividad quedó claramente establecida. El hermanamiento entre dos organizaciones comunitarias – Casa la Providencia y la Fundación Nacional para la Cultura Popular – se evidenciaba que la cultura y lo social puede entrelazarse para lograr una mejor sociedad. Y en unas breves palabras, Javier Santiago, director ejecutivo de la FNCP, certificó el honor que para ellos representaba recibirlos como invitados en la actividad. A cambio, pidió a la entidad visitante sus oraciones y buenos deseos “para continuar con la obra que Puerto Rico tanto necesita”.

Taller Retablo contagió con su ritmo -

Acto seguido, se presentó el grupo folclórico Taller Retablo. Con ritmo y sabor la agrupación encendió el ánimo con una cadenciosa interpretación de “Qué buena es la Nochebuena”. Pareciese como si los asistentes hubiesen esperado ese momento para desbordar su alborozo criollo ante la exquisita música tradicional boricua. Todos bailaban, aplaudían y coreaban las canciones, en especial las protagonistas de la velada: las residentes de Casa La Providencia.


Peter Losthus presentó sus actos de malabarismo en el patio interior de la sede de la Fundación Nacional para la Cultura Popula.
(Foto Luis Ernesto Berríos)

“Se lo gozaron to”, comentaron algunos de los presentes al referirse a los rostros de las invitadas. Mientras la satisfacción del trabajo bien hecho era también evidente en las sonrisas de los músicos, quienes, motivados por los aplausos, tocaban con ahínco y entrega en una típica fiesta boricua.

Luego, Taller Retablo tomó una pausa para darle espacio al momento culminante: el encendido del árbol de Navidad. Los espectadores se congregaron en el recibidor a oscuras. Empezaron a contar hasta diez, pero, cuando terminó la cuenta regresiva, el centro de atención dejó a todo el mundo a pie. Mas el arbolito no defraudó a nadie, a los varios segundos se iluminó. Así, con sus mejores galas los asistentes premiaron la labor con aplausos y frases de felicitaciones.

La fiesta navideña aguardaba aún otra inusual sorpresa: un malabarista, camuflado entre la multitud con aspecto de turista distraído. Cual heredero de los juglares medievales, Peter Losthus, simpático joven italoamericano quien declara vivir enamorado de Puerto Rico, regala su poco común arte a todo el que lo quiera ver. Y aunque su campo de acción es mayormente el Viejo San Juan, esa noche, el escenario fue el patio interior de la sede de la Fundación. Allí, por un momento, el público volvió a ser niño, sobrecogido por la rítmica danza de los malabares en el aire de la penumbra nocturna.

Entonces, la agrupación de música jíbara retomó el salón de actividades y coronó la celebración cantando a coro el impostergable estribillo:

“¡Que no, que no, que no;
que no me da la gana!
Que no me voy de aquí,
hasta por la mañana”.

Y en comparsas de baile y canto cerraron la noche, encendiendo así el espíritu navideño.

 

02/dic/07

 

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