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Aquella tarde con
Lin-Manuel
Por Ileana Cidoncha
Para Fundación
Nacional para la Cultura Popular

El 16 de septiembre de 2010 Lin-Manuel
Miranda compartió con la prensa boricua en la sede de la
Fundación Nacional para la Cultura Popular en el Viejo San
Juan (Foto Javier Santiago / F.N.C.P.) |
El pasado 16 de
septiembre se llevó a cabo una rueda de prensa en la Fundación
Nacional para la Cultura Popular, para lanzar la presentación en
nuestro país de “In the Heights”, que correría del 30 de noviembre
al 5 de diciembre en el Centro de Bellas Artes de Santurce. Con la
sala de la FNCP llena a tope de periodistas, cámaras de televisión
en un ambiente de expectativa y emoción, este genial boricua de 31
años - humilde, simpático y eléctrico- se hizo dueño y señor del
ámbito. Ya no era el Usnavi que vimos en el escenario en Broadway,
era el hombre, el empresario, el amigo, el compatriota que sin hacer
alardes de sus triunfos nos vino a contar sobre su obra y sobre la
producción que vendría a Puerto Rico.
Habló, en español, un
español muy suyo, muy del boricua de Nueva York, sobre su
puertorriqueñidad, sobre su amor al terruño de su familia, su
identificación con nuestra cultura compartida, a la vez que reiteró
que era un ciudadano de Nueva York, que era su ciudad y que el eje
de su obra era la inserción de los latinos –su personaje es
dominicano, y hay cubanos, puertorriqueños, y de otras etnias
latinoamericanas que pueblan Washington Heights-, precisamente en la
Gran Manzana. De cómo se adaptan a la metrópoli, de cómo los cambia,
de cómo ellos cambian su entorno.
A Lin-Manuel Miranda lo
fui conociendo de a poquito. Primero el ronroneo del éxito (en el
circuito) off Broadway de “In the Heights”, luego el salto a
Broadway y el alboroto de la prensa, hasta la noche de la premiación
de los premios Tony, cuya transmisión veo todos los años como si
fuera la Misa de Gallo, pues da un piscolabis de lo que se ha
presentado en la meca del teatro, abriendo el apetito para un
próximo brinco a Nueva York. Cuando Lin subió a recoger el Tony de
Mejor Partitura, sabía se llevaría el de Mejor Musical. Y así fue.
En diciembre de 2008, vi “In the Heights”, y el magnetismo
de Lin me conquistó, así como la fuerza del musical. Lo esperé a la
salida de la puerta del camerino, y me colé entre las docenas de
fans que lo esperaban. Lo besé, lo abracé y le dije un montón de
cosas que de seguro ni se enteró entre el barullo de la gente y mi
euforia.
De tú a tú con
Lin-Manuel y su padre -

Don Luis Miranda, progenitor
del actor y dramaturgo Lin-Manuel, en un aparte durante la
conferencia de prensa junto a la periodista Ileana Cidoncha.
(Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura
Popular)
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Luego
tuvimos la oportunidad de entrevistar a Lin junto a su padre, una
pareja estupenda. Se parecen muchísimo, además se expresan como si
fueran uno, o sea una compenetración entre padre e hijo envidiable,
se comunican sin hablarse. Luis y Lin son uno.
Pregunte sobre
sus epifanías, esos momentos que cambian la vida. “Naturalmente el
momento de ganar los Tony, a la obra, a la música, eso cambio todo.
Pero también el momento en que decidí escribir “In the Heights”, lo
terminé en dos semanas”. Lin estaba en segundo año de universidad
donde presentó la primera versión de un acto de 80 minutos. Otra
epifanía se da cuando la obra pasa a off- Broadway, en realidad fue
importante el proceso de reescribir con Quiara Alegría Hudes y con
el director Tommy Kail. Del salto a Broadway, ni hablar.
Desde entonces Lin-Manuel no ha parado: colaboró con Stephen
Sondheim en la traducción al español de la reposición de “West Side
Story” para Broadway de 2009; actuó para el presidente Obama y su
familia en Casa Blanca; trabajó en la versión para teatro musical de
la película “Bring It On” que estrena en Atlanta en 2011; y se unió
a la compañía que ha estado llevando “In the Heights” de gira por
los EE.UU. para representar a Usnavi en San Juan.
En aquella
tarde, Lin Manuel se expresaba con mucho entusiasmo de que su obra
por fin se presentara en Puerto Rico, lo describiría como un niño
con un juguete nuevo, o como un chico que va a visitar a su novia
por primera vez -entre la alegría y el sustito. Le aseguré que iba a
ser todo un éxito. Y hoy ya lo es. Hace tiempo que se vendieron las
funciones – siete representaciones (en tiempos de estrechez
económica para los nuestros). Pero todos queríamos verlo… Sin duda
aquí se daría una magia muy especial. Y así fue.
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