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‘Faraón del Verso Negro’ en su centenario
Por Miguel López Ortiz / F.N.C.P.

Juan Boria según apareció
en su disco ¡Qué negrota! bajo el sello Marvela.
(Foto Colección FNCP)
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El 17 de febrero se cumplirá un siglo de que, para orgullo
de los puertorriqueños, el extraordinario declamador Juan
Boria abriera sus ojos al mundo en nuestro país. A este artista
irrepetible no sólo se le acredita haber sido el recitador
pionero y responsable de la popularización de la poesía
negrista en Puerto Rico, sino también – y muy especialmente
– un intérprete de tan alto nivel en su especialidad
que apenas dos o tres de sus homólogos han alcanzado una
categoría comparable en toda la América hispana.
Para conocimiento de las nuevas generaciones, como homenaje a su
grandeza y aprovechando que, además, se aproxima el décimo
aniversario de su desaparición física (29 de mayo),
la Fundación Nacional para la Cultura Popular resalta con
su biografía la figura del eterno “Faraón del
Verso Negro” en su centenario.
Juan Boria
Declamador y actor cómico
Calificativo artístico:
«El Faraón del Verso Negro».
Lugar y fecha de nacimiento:
Dorado – 17 de febrero de 1905.
Lugar y fecha de fallecimiento:
Río Piedras – 29 de mayo de 1995.
Junto a los cubanos Eusebia Cosme y Luis Carbonell, el puertorriqueño
Juan Boria completa la trilogía cumbre de recitadores en
la historia de la poesía afroantillana. Durante más
de cuatro décadas, este artista extraordinario e irrepetible
supo honrar el calificativo de «El Faraón del Verso
Negro» que otro inmortal del arte escénico nacional,
Ramón Rivero «Diplo», le estampara en 1943. Hoy,
a las alturas del primer lustro del Siglo 21, no ha surgido otro
exponente de su género que pueda comparársele.
A pesar de su muy humilde origen, Juan Boria logró hacerse
de una carrera universitaria a fuerza de grandes sacrificios. Luego
de completar el octavo grado de estudios regulares en la Escuela
Pública de su natal Dorado, prosiguió su educación
secundaria en el vecino pueblo de Toa Baja. Para sostenerse económicamente,
durante los fines de semana trabajaba como albañil o carpintero.
Completó su etapa estudiantil preparatoria en la Escuela
Superior Central, en Santurce, en 1923. Durante aquellas fechas,
su familia se radicó en Cataño. Desde este municipio
se trasladaba diariamente a la Universidad de Puerto Rico. En este
recinto obtuvo el título de Maestro de Artes Industriales,
Dibujo y Carpintería. Al cabo de varios años trabajando
en diversos talleres, en 1937 se inició en el Magisterio
ejerciendo su profesión en San Germán. De aquel plantel
fue trasladado a la Segunda Unidad de Campo Rico, en Canóvanas.
Durante una velada artística escolar celebrada, precisamente,
en Canóvanas en 1938, escuchó a un colega suyo, Pablito
Rivera, recitar el poema negrista “La negra curandera”,
que le gusto muchísimo. Solicitó a éste una
copia para aprendérselo y recitarlo en reuniones de amigos.
Así lo hizo y, al cabo de un tiempo, varias amistades lo
instaron a participar en el programa dominical “Industrias
nativas”, que los hermanos Córdoba Chirino mantenían
en WKAQ. Para su fortuna, la referida audición solía
ser escuchada por el poeta Fortunato Vizcarrondo, quien llegaría
a ser considerado el más importante cultor de la poesía
negra puertorriqueña. Un día éste lo sorprendió
visitándolo en su hogar y, tras identificarse como el autor
del poema que nuestro biografiado declamaba, se ofreció a
brindarle otros para que los recitara en el programa: “Y tu
abuela, ¿a ónde está?”, “Baile
cangrejero”, “Canto para bailar un negrito”, “El
negro borracho”, “Loíza Aldea”, “¡
Qué negrota!”, “Tangalatín”, etc.
Surgió así una sociedad artística que se prolongaría
hasta el fallecimiento de Vizcarrondo, también recordado
como profesor de música y director de la Banda Municipal
de Carolina.
En 1941 coincidió en un espectáculo realizado en
Medianía Alta, Loíza, con Ramón Rivero «Diplo»
y José Luis Torregrosa, quienes encabezaban la exitosa compañía
de comedias La Farándula Bohemia. Aquellos grandes actores
quedaron tan impresionados con su actuación que lo incorporaron
a su grupo. A partir de entonces recorrió casi todos los
teatros del país, no sólo luciéndose con su
jocosísimo repertorio poético, sino también
desempeñándose como actor. En 1944, junto a los referidos
compañeros, fue enviado por el gobierno a entretener a los
soldados norteamericanos estacionados en la base del Canal de Panamá.
Aunque no figuró como miembro permanente del elenco de “El
Tremendo Hotel”, a partir de 1947 fue frecuente invitado a
este espacio humorístico para caracterizar personajes diversos.
En 1950 viajó a La Habana, recomendado por «Diplo»
a los directores artísticos de la RHC Cadena Azul y por Luis
Palés Matos para que se entrevistara con el insigne poeta
Nicolás Guillén. Aunque su intención era permanecer
15 días en la capital cubana, la acogida que el público
le dispensó fue tan fenomenal que su estadía se prolongó
dos meses ante los contratos que le surgieron. Posteriormente, presentó
su espectáculo en República Dominicana, Colombia,
Venezuela, España y Portugal, además de las habituales
en Nueva York y otras ciudades de Estados Unidos. Posteriormente
alternó su actividad artística con su desempeño
como maestro de Encuadernación en la Escuela Vocacional Miguel
Such, en Río Piedras.
De la radio, Juan Boria pasó a la naciente pantalla chica,
en 1954. Su debut en este medio aconteció en la versión
televisiva de “Tribuna del arte”, que don Rafael Quiñones
Vidal instituyó en Telemundo / Canal 2. Después actuó
en “La Taberna India” – cuyo elenco integraban
miembros de La Farándula Bohemia con «Diplo»
como estrella central – y, seguidamente, en la mayoría
de los programas de variedades.
Nuestro biografiado debutó en el cine en 1964, aportando
una intervención especial a la producción méxico-boricua
“Mientras Puerto Rico duerme”, dirigida por Julián
Soler y protagonizada por Arturo de Córdova, Marga López,
Miguel Ángel Álvarez y Marta Romero. También
apareció en varios cortometrajes producidos para la División
de Educación a la Comunidad (DIVECO).
A partir de 1965 recorrió centros culturales, planteles
estudiantiles y plazas públicas de todo Puerto Rico ofreciendo
recitales auspiciados por el Instituto de Cultura Puertorriqueña
(ICP). Aunque se identificó principalmente con las obras
de Vizcarrondo, Palés Matos y Nicolás Guillén,
su vasto repertorio incluyó también poemas de Emilio
Ballagas, Félix B. Caignet, Gonzalo Castañón,
Marcelino Arozamena, Lorenzo Coballés, Alfonso Camín,
Pablo Motito, Gilberto Hernández Santana, Enrique Montijo,
María Teresa Vallés, Luis Manuel Ruiz y Rubén
Suro. En 1979 sostuvo tres “mano a mano” con el cubano
Luis Carbonell durante las Olimpiadas Culturales que se celebraron
en San Juan simultáneamente con los Novenos Juegos Panamericanos.

(Foto Colección FNCP)
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A lo largo de su trayectoria artística, este irrepetible
artista boricua recibió más de 200 reconocimientos.
Entre otros, se recordaría muy especialmente el homenaje
que se le brindó en el marco del Séptimo Festival
de Bomba y Plena – que se le dedicó –, celebrado
en Dorado, entre el 10 y el 13 de octubre de 1980. También,
el que se le brindó mes y medio más tarde con el espectáculo
“Nuestra noche”, celebrado en el Coliseo Roberto Clemente,
en Hato Rey (nov. 27). A aquel evento se unieron el cantautor pop
Wilkins, los grupos folklóricos Haciendo Punto En Otro Son,
Los Pleneros del Quinto Olivo y Vivos de Milagro, así como
el comediante y trovador Tavín Pumarejo. El actor y locutor
David Ortiz Angleró fue el presentador. Al año siguiente,
el Festival de Codazos instituido por el productor Osvaldo Agüero
Fernández le otorgó el premio Agüeybaná
de Oro. Sin embargo, el más significativo de todos le fue
conferido por la Administración Municipal de Dorado, presidida
por el alcalde Alfonso López Chaar, que en 1983 adquirió
el antiguo Teatro Juana de Arco, situado en la Carretera PR-165,
a la entrada del pueblo. Tras someterlo a las renovaciones de rigor,
lo rebautizó con el nombre de Teatro Juan Boria, inaugurándolo
con un espectáculo a cargo del Ballet Folklórico Nacional
Areyto, la noche del martes 30 de octubre de 1984. Dos días
después – jueves 1ro. de noviembre –, este gran
artista presentó su primer recital en esta sala, acompañado
por Igor Xavier y Sus Tambores Batá.
Juan Boria Romero contrajo matrimonio con la sangermeña
Emérita Rodríguez en 1941. Frutos de esta unión
son Norma y Zayda, quienes hoy serían contable y neuróloga,
respectivamente. Éstas le dieron siete nietos. Durante su
primer matrimonio procreó a Cruz. Tras su retiro del Magisterio
en 1974, estableció un taller de encuadernación de
libros en su propio hogar en Cupey, Río Piedras.
En su discografía se incluye el clásico “¡Qué
negrota!”, editado bajo el sello Mar-Vela, (MVLP-107), el
cual ha sido reeditado en formato de disco compacto por el sello
Disco Hit. Por otra parte, el excelentísimo “Majestad
negra” que el Instituto de Cultura Puertorriqueña le
grabó en 1976, esté en vías de ser reeditado
en formato de disco digital.
Durante la década de 1980 el cantautor Bobby Capó,
hijo, le dedicó su composición “A Juan Boria”,
que Tony Croatto incluyó en su álbum “¡Arrímese,
mi compay!” (Velvet, LPV-6009).
07/feb/05
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