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A un año del adiós a Tite Curet Alonso
Por Javier Santiago / F.N.C.P.

El compositor Tite Curet Alonso.
(Foto Doel Vázquez)
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Todavía me parece verlo. Con su sombrero de paja, la camisa
ancha y su hablar campechano salpicado de comentarios. Unas veces
mordaz, otras con un humor muy particular. Pero cuando escribía,
había que dejarle espacio. Don Tite Curet Alonso sabía
pintar como nadie las caras lindas de los sentimientos de un pueblo.
Por eso no fue extraña toda la conmoción que causó
el anuncio de su partida.
El Tite, como le llamaban en Colombia, abandonó el plano
carnal fuera de su Borinquen. Y con el regreso al lar nativo, la
gente marchó por las calles acompañándolo hasta
su última morada en una expresión sincera de pueblo.
Un permiso de su controvertible casa editora a los programadores
de música dio a todos la libertad de difundir su obra. Con
los minutos contados, Tite sonó como nunca lo hubiese imaginando.
Sonó como él tanto hubiese querido en esos días
finales de su vida.
Quién diría que de esa escena va tan solo un año.
Y que en el corto periodo de 12 meses muchas de las promesas que
se hicieron ante su féretro se han desvanecido como agua
entre los dedos.
El pasado 12 de febrero, día en que se conmemoraba su advenimiento
a la vida, su recuerdo se mantuvo en silencio. Sólo un programa
– el de su antigua casa Radio Universidad – recordó
su obra. Mas en un encuentro íntimo, comandado por su eterna
compañera, Norma Salazar, en el Aquí Se Puede del
Viejo San Juan, Tite se paseó en la mente y en el corazón
de cada uno de los presentes.
Salazar, folklorista con nombre propio en la cultura popular nacional,
se desdobló con cada anécdota, en cada comentario,
tras cada canción. Libre, y en plena conciencia de la responsabilidad
de mantener vivo su recuerdo, algo de esos 17 años de vida
compartida se asomaba con sutiliza premeditada. Desde aquel primer
momento en el que se conocieron en el The Place, cuando Tite presentaba
el espectáculo “No te cortes las venas todavía”,
hasta el despertar de amor de una “Manha de carnaval”.
“Tite era muy caballeroso para hablar de sus amores”,
establecía Norma.
Pero aunque la vida del compositor fuera un secreto, su música…
¡ah! Esa sí que hablaba por sí sola.
Ese 12 de febrero Catalino Curet Alonso, el hombre, se asomó
con mucho sentimiento. Y aunque el velo podía descubrirse
al son de “La tirana”, “Puro teatro”, “Tiemblas”,
“Temes” y la premonitoria “Carcajada final”,
ninguna sonaba como la sentencia de su alma en “Mi triste
problema”.
Esa noche íntima, fue un viaje inolvidable para el recuerdo.
Y también para reanudar el compromiso de mantener viva su
obra.
Este domingo, a las 11 de la mañana, en la iglesia San Francisco
del Viejo San Juan, se celebrará una misa en su memoria.
Una misa al son de bomba, plena y poesía como a él
le hubiera gustado.
Permita Dios que su espíritu esté en paz.
Permita el Padre que pronto se ilumine la conciencia de los que
mantienen secuestrada su obra para reafirmar su sitial en nuestra
historia.
Hay un pueblo esperando por su música. Y Tite debe estar
esperando porque la misma suene libremente para poder ir a descansar.
30/jul/04
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