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Danza con jazz: traje nuevo
para nuestro baile nacional
Por Miguel López Ortiz / FNCP

Angel David Mattos acaba de editar
la producción “Danzzaj” donde fusiona la
danza con el jazz.
(Foto suministrada) |
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En 1943, al legendario trompetista arreglista y compositor cubano
Mario Bauzá se le ocurrió fusionar la rumba con el
jazz dando origen al jazz afrocubano – o “jazz latino”
– en Nueva York. Cuatro años después, 1947,
en La Habana, los no menos insignes trovadores Angelito Díaz,
César Portillo De la Luz, Rosendo Ruiz Quevedo y José
Antonio Méndez se unieron para incorporar el romántico
bolero a la llamada “música de los músicos”
– o “música clásica de los pobres”
– obteniendo como feliz resultado lo que se conocería
como filin.
Doce años más tarde, 1959, en Río de Janeiro,
Tom Jobim, Joao Gilberto y Vinicius de Moraes impregnaron la samba
de jazz para dar vida a la imperecedera bossa nova. Y, ya avanzados
la década de 1960, el venezolano Aldemaro Romero hizo lo
propio con el folklórico joropo creando así la onda
nueva.
Como puede apreciarse en esta breve exposición, todos los
genios mencionados tuvieron un mismo punto de partida para crear
nuevos estilos de hacer música latinoamericana: el jazz que,
mucho más que un género, constituye una cultura en
el maravilloso arte del pentagrama.
A últimas fechas, el excelente pianista, arreglista y compositor
puertorriqueño Ángel David Mattos ha presentado a
sus compatriotas un experimento que luce muy llamativo y que, de
continuarlo desarrollando, podría resultar tan exitoso como
los que apuntamos al principio. Se trata de la fusión de
nuestra danza – único baile nacional boricua considerado
“de salón” – con el jazz tradicional. Lo
expone en el compacto “Danzzaj” (JBP 6859), en el que
es acompañado por cuatro destacados jazzistas: Bob Mintzer
(saxofonista norteamericano); Antonio Sánchez (baterista
mexicano) y los nativos John Benítez (bajista) y Héctor
Matos (baterista).
Aunque hace ya par de décadas que Edwin Colón Zayas,
Modesto Nieves y otros instrumentistas y colectivos se dieron a
la tarea de rescatar la danza – que permanecía descansando
en el museo del olvido – exponiéndola a través
de los medios de comunicación masiva, en realidad éstos
continuaban proyectándola desde una visión eminentemente
folklórica. Por ende, un considerable sector de la juventud
no se han identificado con tales esfuerzos. Pero, presentándola
desde otra perspectiva, como “Danzzaj”, es posible que
la nueva generación sí reaccione con entusiasmo. Claro
que la tarea que se ha impuesto Ángel David no es tan fácil.
“Para lograr esta fusión, lo primero que se necesita
es conocer ambos géneros: la estructura rítmica de
la danza y lo más que se pueda sobre el jazz, que es un campo
extensísimo. El segundo paso es identificar los elementos
que coinciden en ambas músicas, recordando que la antillana
y el jazz provienen de la misma raíz, que es la africana,
mezclada con la europea. El jazz se fortaleció en Nueva Orleáns,
la ciudad más al norte del Caribe, durante el Siglo 19, que
es la misma época en que se desarrolla la danza en Puerto
Rico. Ese es el primer punto en común que los une”,
explica este inquieto bayamonés de 39 años, quien
durante su etapa de adiestramiento avanzado en el Berklee College
of Músic, mereció el premio Oustanding Musician en
1995, 1996 y 2000.

“Danzzaj”es la segunda
producción de la discografía del pianista como
solista. |
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Ángel David Mattos – quien antes se había graduado
con honores en el Departamento de Música de la Universidad
de Illinois (1988) – recurrió a tres danzas de Juan
Morel Campos (“Felices días”, “Maldito
amor” y la festiva “No me toques”) y a la romántica
“Margarita”, de Manuel Gregorio Tavárez, más
aportó seis de su cosecha (“Copy Cat / For Chick Corea”,
“Danza al maestro”, “El Bravo E.S.”, “Las
Antillas”, “Point of Reference” y “Tropical
Zone”) para materializar este anhelo, cuya culminación
cobra matiz histórico. El mismo fue financiado con un préstamo
que tomó a la Junta de Retiro de Maestros, pues se desempeña
como profesor elemental en la Escuela Elemental Rexville, en Bayamón.
Aquí organizó y dirige la banda, dos rondallas y dos
coros.
Vale la pena resaltar el dato de que este emprendedor bayamonés
proviene de una destacada familia de músicos. Su abuelo y
su padre, de quienes no sólo heredó la vocación
por esta disciplina, sino también el nombre, se consagraron
a la dirección de coros. Uno de sus tíos por la línea
materna, Luisito Maisonet, fue el trágicamente fallecido
trompetista de Raphy Leavitt y la orquesta La Selecta a quien se
le dedicó el hoy clásico tema salsero “La cuba
blanca”.
Ahora sólo falta que los puertorriqueños respaldemos
este trabajo de Ángel David. Así él se estimulará
a seguir desarrollando su concepto. Quién sabe: a lo mejor
logra internacionalizarlo. Ojalá que así sea.
15/jul/05
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