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Fuerte recuerdo del Anacobero en Cuba
Por Miguel López Ortiz / FNCP
El rico anecdotario, la profunda admiración que se granjeó
y la inmensa legión de admiradores que el mítico cantante
puertorriqueño Daniel Santos (1916-1992) dejó a su
paso durante sus frecuentes y, en algunos casos, prolongadas estadía
en la capital cubana durante el período 1946-1961, son el
eje del documental “Daniel Santos: para gozar La Habana”,
que los directores cubanos Lourdes Prieto y José Galiño
realizaron para el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau el
pasado año.
Este cortometraje, de 27 minutos, se estrenó en el jardín
de la Casa Aboy, en Miramar, el viernes 8 de julio, ante una nutrida
concurrencia que retó los amagos de la lluvia. Al final de
la proyección, se ofreció una charla – liderada
por el periodista Nelson Del Castillo –, en la que participaron
el destacado musicólogo cubano Cristóbal Díaz
Ayala, el decano de los locutores nacionales Mariano Artau y Josean
Ramos, autor de la novela “Vengo a decirle adiós a
los muchachos”, inspirada en las andanzas del legendario intérprete.
El documental, que incluye escenas de las películas “Ritmos
del Caribe”, “Ángeles del Infierno” y “Rumba
en televisión” en que intervino nuestro compatriota
acompañado por la Sonora Matancera, así como visuales
de sus actuaciones en Radio Progreso – cuyo anfiteatro se
abarrotaba de seguidores y donde el locutor Luis Vilardel Vilá
le estampara el calificativo de «El Inquieto Anacobero»
–, en realidad es poco lo que ofrece en términos de
información biográfica que ya no se haya reseñado
hasta el cansancio.
A nuestro juicio, su verdadero valor radica en las apariciones
de varias de las personalidades seleccionadas para aportar sus testimonios.
Particularmente, el veterano compositor Senén Suárez
y el cantante Alfonsín Quintana, el más emblemático
vocalista del conjunto Los Jóvenes del Cayo, que acompañara
a Daniel en espectáculos y en algunas grabaciones.
También resulta fascinante apreciar la figura del pintoresco
y legendario cantinero Manuel Rodríguez Pérez «Bigote
de Gato», inmortalizado en una guaracha de Jesús Guerra
Zayas, que fuera un jitazo en voz del más ilustre hijo de
la santurcina barriada Trastalleres. Valga señalar que «Bigote
de Gato» falleció a fines de 2003, poco antes de que
el filme que nos ocupa hubiera sido terminado.
Claro que, a fin de cuentas, lo significativo es que a una figura
nuestra, que siempre proclamó tan orgullosamente su identidad
boricua, se le venere a tal grado en Cuba. Lo mismo sucede en el
resto de América. Nos alegramos por eso.
12/jul/05
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