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  San Juan, Puerto Rico ::

Cinco compactos para tomar en cuenta

El sonido de Enrique Cárdenas, la descarga de Anthony Carrillo, la danza jazz de Angel David Mattos, el sabor de Héctor Tricoche y la pasión de Johnny Ortiz, ocupan esta semana nuestro rincón de análisis discográfico. Démosle pues un vistazo a cada obra en detalle.

 


Johnny Ortiz
“Sabor de rumba”

(Brayan Records)
Género: salsa brava.
Productores: Johnny Ortiz, Milton González y Alexa.

Tras la desaparición física del prolífico Tite Curet Alonso hace ya dos años, es indiscutible que sólo el dominicano Johnny Pacheco y el boricua Johnny Ortiz merecen ser considerados para ocupar el privilegiado sitial de más importante compositor de salsa viviente. Habría que realizar un estudio exhaustivo para determinar a cuál de los dos le corresponde ese honor. Porque ningún otro autor ha sido tan prolífico ni ha aportado tantos éxitos a este género como ellos.

Circunscribiéndonos al legado de nuestro compatriota, basta señalar que su obra abarca, entre tantos más, clásicos como “Catalina La O” (en voz de Pete «El Conde» Rodríguez); “Ojos” (del repertorio de Rubén Blades & Willie Colón); “El llanto de las flores” (jitazo de la Sonora Ponceña con Luigi Texidor); “No se compara” (que Frankie Ruiz grabó con la orquesta de Tommy Olivencia) y “Ritmo del corazón”, incluida en el álbum de igual título que, en 1988, le mereciera el premio Grammy a Ray Barreto & Celia Cruz.

Johnny Ortiz también ha incursionado al campo de la Producción, aunque su actividad en esta faceta ha sido bastante esporádica. Se limita a los álbumes de las orquestas Taborí – en la que debutó profesionalmente el hoy famoso Tito Nieves –, La Potente, La Mákina de los ‘80 y Romance. Ninguna de estas formaciones tuvo vigencia prolongada.

Ahora, este talentoso isabelino presenta su nuevo trabajo discográfico, “Sabor de rumba” que, por tratarse de él, constituye objeto de colección, además de significar verdadero banquete para los salseros de la mata. Consta de ocho piezas orquestadas por Eric Figueroa, el hoy fenecido ponceño José Febles, Nelson «Gazú» Jaime y Mary Scheller. Seis de ellas son vocalizadas por Alexa – cuya aguda y exótica voz proyecta cierto matiz andrógeno, pues por momentos parece masculina – y dos por Gilberto Vélez.

A cargo de la primera son “Coplas del coquí”, “Fiesta de barrio”, “Music from the Heart”, “Pueblos hermanos”, “Ritmo sambongo” y “Sabor de rumba”. El segunda interpreta, muy convincentemente, “Corazón, corazón” y “Latin New Yorker”. El contenido en pleno es buenísimo. Sin desperdicio. Por tanto… ¡lo recomendamos! ¦


Anthony Carrillo
“Guapería rumbera”

(Batá, BRI-2005)
Género: descarga afrocaribeña.
Productores: José R. «Jhossy» Colón (ejecutivo)
y Anthony Carrillo (musical).

Esta producción – de dos compactos – que en el argot del negocio discográfico se clasificaría entre las “de concepto”, representa la materialización de un sueño largamente acariciado por Anthony Carrillo, a quien muchos conocedores reconocen como el mejor bongosero del mundo en la actualidad. Su anhelo era compartir en un mismo proyecto con la “crema y nata” de los percusionistas de su país. Cierto es que ya había compartido filas con ellos en los estudios de grabación y en distintos escenarios, pero nunca con todos juntos.

Demás está decir que “Guapería rumbera” es una propuesta concebida especialmente para los amantes de los cueros. Aquí no esperen melodías, soneos, ni solos de piano ni de metales. Sí muchos golpes de tambor y despliegue de virtuosismo de parte de sus protagonistas.

Los percusionistas convocados fueron Endel Dueño, Richie Flores, José Manuel «Mañengue» Hidalgo, Giovanni Hidalgo «Mañenguito», Ángel Rubén «Cachete» Maldonado, Paoli Mejías, Javier Oquendo, Juan Antonio Sánchez, Felipe Cortijo, Rafael «El Nene» Cuascut, Federico «Papo Cadena» Delgado, Edgardo Hernández, Luis «Lagarto» Figueroa, Lester Ojeda, David «La Mole» Ortiz, Ronaldo I. Ortiz, Alfredo Rodríguez y Carlos Rodríguez.

El trabuco se completó con los coros aportados por Héctor Luis «Tempo» Alomar, David Atanasio, Héctor Calderón, Rafael «Paipet» López Díaz, Diego Centeno, Nando «Casco» Ramos, Marisol Ortiz, Noel Rosado y María del Carmen «Tati» Rodríguez. En algunos cortes se escucha el trombón de Toñito Vázquez y el bajo de Harold Hopkins. Pero, el elemento imperante en las 17 selecciones de esta producción son los solos de tambores.

Contenido: “Vamos al ataque”, “Con la timba a matar”, “Homenaje a Iván Cáceres”, “Palo Congo / Habla ahora” y “Comparsa de Jhossy y Debbie” (originales y ejecutadas por Carrillo); “Homenaje a Charlie Cotto” (original y ejecutada por Endel Dueño); “Guapería” (a cargo de Cachete Maldonado & Los Majaderos); “El negro social” (original y ejecutada por «Mañengue»); “Message Beat Feel” y “Rumba Message Beat Feel” (originales y ejecutadas por «Mañenguito»); “La timba no es como ayer” (original y ejecutada por Richie Flores); “Bam-Bam” y “Rumba Bam-Bam” (a cargo de Ronald I. Ortiz); “Mandness” (original y ejecutada por David «La Mole» Ortiz) y “Payaso” (de Francisco Rosado Rosario).

Aquellos fanáticos de la percusión afrocaribeña tienen en “Guapería rumbera” otra alternativa para “curarse”. ¦


Héctor Tricoche
“Rumbero”

(DM Productions, CD-1016)
Género: salsa.
Productor: Daniel Martínez.

Como es habitual es su discografía, el nuevo trabajo del sonero juanadino Héctor Tricoche es muy bueno. Capaz de complacer las exigencias del salsómano más quisquilloso y selectivo. Para no ser menos, hasta los dibujos de la carátula (exterior e interior) son muy llamativos.

Esta propuesta consta de diez temas: “Así la quiero” y “Ella tiene algo” (originales de Ricky Martínez); “¿Qué será?”, “Sonero de barrio” y “Yo que tú” (de Pedro Arroyo); “Nadie” y “No sabe bien” (de Gustavo Márquez); “Yo sé que es mentira” (de Amaury Gutiérrez); “Mi vecina” (del propio intérprete) y “Como da vueltas la vida”, cuyo autor no se identifica en los créditos. Las orquestaciones fueron elaboradas por Louis García, Ceferino Cabán y Ramón Sánchez.

Ojalá que la radio dispense a “Rumbero” el respaldo que merece. Porque su calidad no admite discusión. ¡Recomendado! ¦


Ángel David Mattos
“Danzzaj”

(Jazz Boricua Productions 6859)
Género: danza fusionada con jazz.
Productor y arreglista:
Ángel David Mattos.

En medio de tanto “más de lo mismo” que arropa el panorama de la música popular, no sólo en Puerto Rico, sino en todas partes, resulta sumamente refrescante toparnos con alguna novedad. Aunque sea muy de cuando en vez. Y fíjense qué chévere: al inquieto pianista, arreglista y compositor bayamonés Ángel David Mattos – figura muy reconocida entre la gente del ambiente discográfico por sus trabajos como cesionista – se le ocurrió la bendita idea de experimentar fusionando nuestra tradicional danza con el jazz.

Ahora somete a la consideración de los musicómanos el resultado de su inquietud, al que tituló “Danzzaj” (fíjense que, al invertirse las letras, las primeras cuatro componen la palabra jazz). Cuatro virtuosos lo acompañan en esta agradable aventura: Bob Mintzer (saxofonista); John Benítez (bajista) y, alternándose en la batería, Héctor Matos (no «Tito», el plenero) y el mexicano Antonio Sánchez.

Contenido: “Copy Cat / For Chick Corea”, “El Bravo E.S.” – dedicada el percusionista Eggie Castrillo –, “Danza al maestro”, “Las Antillas”, “Point of Referente” y “Tropical Zone” (originales de Mattos); “Felices días”, “Maldito amor” y “No me toques” (del inmortal Juan Morel Campos) y “Margarita”, del no menos insigne Manuel Gregorio Tavárez.

¡Aplausos, plis!


Enrique Cárdenas & Kokopelli Project
“Amigos”

(Producción independiente)
Género: música latinoamericana tradicional.

Enrique Cárdenas es un músico y folklorista mexicano, virtuoso especialista en la ejecución de las flautas indígenas – tanto de su país como de las andinas –, que lleva algunos años radicado en Puerto Rico. Este trabajo que ahora somete a nuestra consideración no sólo resulta muy recomendable por la calidad artística que envuelve, sino por las gratas sorpresas que presenta. Sobre todo, a Danny Rivera ejecutando la flauta shakujachi en las piezas “Ananda” – que también vocaliza junto a Nydia Caro – e “Isis”, ambas originales de Cárdenas.

Otros invitados especiales en esta grabación son el cantante de jazz Eddie Wakes en “Camino al Sol” (de Carlos Lazarte, quien colabora como guitarrista); Arleen Ramírez en “Osho / Shanti” (de Sangeet, violinista que interviene en varias piezas); el cuatrista Pedrito Guzmán en “Jibarindia”, que compuso en colaboración con Cárdenas, y el conocido estudioso de los ovnis y fenómenos sobrenaturales Andrew Álvarez vocalizando y ejecutando la flauta en “Cacique Blues” y “Reencarnación”, mientras que en “Isis” se desempeña como percusionista.

Además de otras composiciones de la autoría de Cárdenas como “Aldeas”, “Querido Neruda” y “Udo”, este excelente disco contiene llamativas versiones de los estándares puertorriqueños “Lamento borincano” (de Rafael Hernández) y “Verde luz” (de Antonio Cabán Vale «El Topo»).

Lo que sí me causó extrañeza es que, en los créditos, se atribuyeran a “autor desconocido” las mundialmente difundidas composiciones “El pájaro chogüí” (obra del legendario trovador paraguayo Germán «El Indio» Pitagua); “El cóndor pasa” – perteneciente a la ópera homónima de Daniel Alomía Robles, el más célebre de los compositores clásicos peruanos – y, sobre todo, “La bikina” – no “La Vikina” –, cuyo creador es el prolífico y siempre vigente compositor mexicano Rubén Fuentes.

A propósito: ¿saben ustedes qué es una “bikina”? La respuesta a esta pregunta me la brindó el propio maestro Fuentes en entrevista que me concediera hace diez años para la revista Artistas, de la cual era director. Resulta que, hacia 1964, encontrándose en Acapulco junto a su entonces esposa, la actriz Martha Roth, y el pequeño hijo de ambos, Alejandro, fue a solearse con ellos a la playa. El niño jamás había visto el mar. Al llegar allí, le llamó la atención que las mujeres lucieran tan poca ropa, por lo que, muy curioso, preguntó la razón a su padre. Éste le respondió que lo que llevaban puesto era un bikini o traje de baño. Entonces, Alejandro lo “corrigió” diciéndole: “un bikini no, es una bikina, porque ellas son hembras”. La ocurrencia de su retoño le pareció tan graciosa, que optó por perpetuarla titulando así al son jaliciense que acababa de componer para el Mariachi Vargas de Tecalitlán, que ha dirigido durante medio siglo.

Como siempre digo, una clasecita de musicología nunca está demás.

 

12/jul/05

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