| Una visita a la “Cuna de Próceres”
Por Javier Santiago
Fundación Nacional para la Cultura Popular

La cantante Lucy Fabery ante el escudo del pueblo de Barranquitas que se encuentra en el balcón del Museo Joaquín de Rojas.
(Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular) |
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La reciente presentación que Lucy Fabery y Humberto Ramírez realizaran en Barranquitas, estuvo precedida por la visita que el binomio de artistas quiso realizar en pos de conocer algunos de los rincones históricos del pintoresco pueblo, conocido por muchos como “Cuna de Próceres”.
Días antes de la presentación del espectáculo “Humberto Ramírez presenta; Divinamente, Lucy Fabery”, la cantante y el trompetista hicieron turismo interno, iniciando su recorrido en el Museo de la familia del ex alcalde Joaquín de Rojas Martínez a la entrada del pueblo.
El acogedor Museo Joaquín de Rojas -
Contando con Luis Jiménez, de la Oficina de Arte y Cultura del Municipio, como anfitrión y guía turístico, Lucy y Humberto conocieron detalles de la residencia de los Rojas, que al ser recientemente restaurada se convirtió en un museo ilustrativo de la vida barranquiteña en diversas etapas de la historia.
En el Museo, que hoy temporalmente ubica algunas oficinas municipales, se pueden apreciar fotos de tres de los miembros de la familia de Rojas cuya residencia, albergó en uno de sus dormitorios la primera colecturía que hubo en el pueblo. La misma fue establecida por don Joaquín luego de cumplir con sus dos términos como alcalde de la municipalidad en 1879 y 1891.
Con muebles típicos del País, y un piso de losa fabricada en Puerto Rico, la casa de madera, con techo de zinc en cuatro aguas, ilustra a la perfección la arquitectura de una residencia criolla de la década de 1930. Sus paredes externas, cubiertas de zinc simulando ladrillo, se complementan a la perfección con puertas de madera de dos hojas con ventanas de celosías. Su techo - con 13 pies de altura - ejemplifica la construcción ideal para mantener la mejor temperatura dentro de una residencia anclada en las montañas de un país tropical.

El trompetista Humberto Ramírez ante el rincón dedicado a José Luis Zayas Rivera “Pablito”, en el Museo Joaquín de Rosas.
(Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular) |
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Sus cinco pequeñas habitaciones, su cocina al estilo de antaño, sus paredes de tablones y sus pisos combinando en diversas áreas losa y madera, fueron recorridas en esta visita por Lucy Fabery y Humberto Ramírez. Y las reacciones a lo que encontraban en cada rincón no se hacían esperar.
Ciertamente, uno de los cuartos de la residencia criolla parecía una estampa sacada de un álbum del ayer. La cama, el cuadro del Jesús Piadoso, la frisa bordada a mano, la máquina de coser, las muñecas de trapo y la impertinente –pero entonces necesaria - escupidera, eran algunos de los elementos que saltaron a la vista y arrancaban comentarios de los visitantes.
Del mismo modo, si bien la obras de pintores barranquiteños llamaron la atención de Fabery y Ramírez, el rincón dedicado a la memoria de José Luis Zayas Marrero, conocido cariñosamente en la comunidad como “Pablito el Limpiabotas”, captó de inmediato la atención del trompetista.
“¿Qué hace aquí una güira dominicana?”, preguntó Ramírez al observar el instrumento en el rincón dedicado a “Pablito”.
Ante la interrogante Jiménez apuntó que éste era uno de los instrumentos que utilizaba el recordado personaje en su quehacer diario en la comunidad. Ante su fallecimiento el 22 de enero de 2004, el Alcalde proclamó tres días de duelo por ser éste ejemplo de superación para todos los que le conocieron. Y al establecerse el Museo decidieron dedicarle un espacio a su memoria donde se exhiben varios artículos de “Pablito”, entre ellos, su inseparable caja para lustrar zapatos.

Humberto Ramírez y Lucy Fabery realizaron una visita turística, previo al concierto quje presentarían en el pueblo de Barranquitas. En la foto posan en el gacebo de la remodelada Plaza Bicentenaria para el lente de Luis Jiménez, de la oficina de Arte y Cultura de la Municipalidad.
(Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular) |
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La presencia de figuras cotidianas como “Pablito”, unida al recuerdo de personalidades como Joaquín de Rojas o Clara Lair, se complementa en este museo con pinturas, fotos, imágenes, artesanías y mobiliario representativos del Barranquitas de diversas épocas donde no faltaron planchas de carbón, vitrolas, discos de 78 revoluciones, máquinas de escribir y herramientas agrícolas.
Entre todo lo rememorado no puede faltar el homenaje a nuestros antepasados taínos ejemplificado en réplicas de alguno de sus artes primitivos. Mientras, como contraste se exhiben dibujos de la nueva generación que compitieron en un certamen estudiantil navideño en el cual Natalia Vélez Robles, Héctor J. Berríos Núñez, Antonio Vélez Robles y José A. Mojica, de las escuelas Segunda Unidad Helechal y Pablo Colón Verdecía, resultaron vencedores.
De paso por una hermosa Plaza de Recreo y la Biblioteca Municipal–
Al salir del Museo de la familia de Rojas, Lucy y Humberto caminaron al área de la plaza central. Allí de inmediato saltó a la vista la presencia de la iglesia católica San Antonio de Padua, la cual fue reconstruida luego del paso del huracán San Felipe a principios del siglo XX. Pero frente a ella, hoy se levanta majestuosa lo que los barranquiteños consideran “la plaza de recreo más hermosa de Puerto Rico”. Apreciación que, a juzgar por los propios artistas visitantes, no está muy lejos de la realidad.
En el recorrido por la Plaza Bicentenaria Monseñor Miguel A. Mendoza, el binomio del filin se detuvo a observarla con detenimiento. “Sus cuatro fuentes son hermosas y su gacebo es espectacular”, dijo la cantante al contemplar los detalles de la estructura central, fabricada en metal, y el mobiliario importado desde Italia especialmente para este espacio recreativo.
La plaza fue restaurada en 2003 por la administración del alcalde Francisco “Paco” López, y diseñada por el arquitecto José A. Colón Alonso en conmemoración de los 200 años de la fundación del pueblo. De acuerdo a los datos ofrecidos por Jiménez a los artistas visitantes, en el centro del gacebo se encuentra enterrada una cápsula con documentación del bicentenario de la fundación del pueblo, la cual será revisada al cumplirse las cinco décadas de esta restauración.

En el sótano del Centro Cultural de Barranquitas Lucy Fabery y Humberto Ramírez compartieron con algunos de los miembros de una recién creada cooperativa de artesanos.
(Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular) |
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Mas si bien a un extremo de la plaza los artistas elogiaban la fachada de la iglesia católica, al otro extremo se maravillaron con la impactante Biblioteca Municipal de Barranquitas. Esta edificación de corte moderno, con su fachada de cristal, fue catalogada por Humberto Ramírez como un lugar que inspira a cultivar el intelecto.
“Es como si te invitara a entrar a buscar un buen libro y ponerse estudiar”, apuntó el trompetista mientras admiraba todo lo que se puede lograr en un espacio reducido cuando éste está sabiamente planificado.
Ya, a unos pasos de la Biblioteca, Lucy Fabery y Humberto Ramírez pudieron visitar el Centro Cultural de Barranquitas. Allí, en su sótano, un grupo de artesanos establecidos en cooperativa han abierto un espacio para la venta de sus artículos artesanales. Entre dulces del País, juegos de niños, camisetas alusivas a la Cuna de Próceres y joyería, se encuentran las máscaras carnavalescas elaboradas en talleres comunitarios. En un intercambio cordial con las obreras del arte allí presente, Lucy y Humberto procedieron a felicitarlas por el trabajo y a su vez posaron para el lente, guardando dicho instante para la posteridad.
La visita al Museo y Mausoleo de Luis Muñoz Rivera -
Subiendo la jalda, la cantante y el trompetista llegaron a uno de los puntos impostergables de cualquier visita a Barranquitas: el Museo y Biblioteca del prócer Luis Muñoz Rivera.

La cantante y el trompetista revisan una edición de periódico La Democracia en el Museo y Biblioteca de Luis Muñoz Rivera.
(Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular) |
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En la pequeña, pero acogedora residencia criolla, los artistas recorrieron sus rincones observando con detenimiento la exhibición de fotos y mobiliario de la época. Frente al escritorio del líder autonomista pudieron contemplar detalles de la publicación del diario La Democracia. Y de seguido llegaron hasta el coche Piece Arrow, modelo de 1912, que condujo el patriarca en el Puerto Rico rural de principios de siglo XX.
Como es tradición en el peregrinaje de cada 17 de julio hacia Barranquitas, el paseo turístico concluyó ante las tumbas que hoy guardan los restos mortales de Luis Muñoz Rivera, Amalia Marín, Luis Muñoz Marín e Inés Mendoza. En un Mausoleo, localizado en la calle Pedro Berríos, donde hay espacio para el respiro y la meditación, rico en áreas verdes y rodeados de un ambiente de solaz, la visita trajo recuerdos de aquellas lejanas épocas en las que reinaba el trato de caballeros en el debate político, aún ante las más profundas diferencias.
“No caeré; mas si caigo, entre el estruendo
rodaré bendiciendo
la causa en que fundí mi vida entera;
vuelta siempre la faz a mi pasado
y, como buen soldado,
envuelto en un jirón de mi bandera”
Con esa estrofa final de la obra poética “Paréntesis” del patriarca barranquiteño, la cercanía del atardecer avisaba el final de la visita de Lucy Fabery y Humberto Ramírez a la Cuna de Próceres. El agradecimiento a las atenciones recibidas por parte de la oficialidad municipal se selló con un cordial aprentón de manos y un abrazo de amistad.
Ya de salida del casco urbano del pueblo el binomio de artistas se topó con los trabajos de remodelación que hoy desarrollan en la antigua Casa Alcaldía. Y regresando por la carretera que lleva hasta el sector La Loma, la pareja pasó por La Unión de Todos; punto de encuentro del Barranquitas de antaño en el cual culminaban las jornadas de los 17 de julio a mediados del siglo pasado.
Aquel inolvidable restaurante, cuya fachada vestía entonces sus paredes de madera con los colores rojo y verde, y que hoy conserva su nombre aunque convertido en colmado, fue fundado por doña Susa López y don Pedro a mediados del siglo pasado, y entre las décadas de 1960 y 1970 administrado por la pianista Eunice González y su esposo Juan Aníbal Rivera, mejor conocidos como Niní y Nibín. Y como símbolo de una época dorada donde también estaba en funciones el inolvidable Hotel Barranquitas, fue escenario improvisado de espontáneas tertulias y descargas musicales, coincidiendo los parroquianos lo mismo con líderes como Luis Muñoz Marín que con figuras del arte como René Marqués, Myrna Vázquez, Félix Monclova, y Aníbal Otero.
20/jul/07
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