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   Untitled 1 San Juan, Puerto Rico

Los 50 años de Cheo Feliciano
en el pentagrama popular


Cheo Feliciano, aquí junto a Andy Montañez, celebra en estos días 50 años de haber iniciado carrera en la música popular.
(Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular)

De acuerdo con el sentir de un nutrido grupo de conocedores, Cheo Feliciano es el más importante cantante salsero viviente…realidad que, ojalá, se prolongue durante muchos años más. Por su indiscutible calidad, este gran maestro de soneros y del bolero antillano ha mantenido su vigencia inalterable a través de los tiempos, siendo ídolo de tres generaciones de amantes de la música caribeña. Cierto es, sin embargo, que desde hace por lo menos par de décadas es mucho más reclamado por escenarios extranjeros que por los de su patria.

De todas maneras, lo que motiva este reportaje que ahora le dedicamos es un dato que, hasta el momento, la Prensa diaria no ha tocado: resulta que José Luis Ángel Feliciano Vega, o simplemente “Cheo” para su fiel e inmensa fanaticada, cumple la friolera de medio siglo – ¡50 años! – de trayectoria artística durante el presente 2007. Cinco décadas de incesante permanencia en los senderos de la rumba y el bembé en toda América y gran parte de Europa.

Quien durante su temprana adolescencia soñara con convertirse en trombonista y percusionista – anhelo que intentó materializar bajo la tutela del venerado maestro Julio Alvarado Tricoche en la entonces recién inaugurada Escuela Libre de Música Juan Morel Campos, de su Ponce natal –, terminaría convencido de que su verdadera vocación era el canto, inspirado por su ídolo de siempre, Tito Rodríguez.

Su camino a la gloria fue algo lento, aunque cargado de determinación. Tuvo como punto de partida la metrópoli neoyorquina, a la que arribó junto a su familia el 13 de septiembre de 1952, contando entonces 17 años. Para su infortunio, le tocó radicar en un edificio situado en la Calle 31, entre la Calle Lexington y la Tercera Avenida, sector predominantemente poblado por irlandeses racistas. Como era de esperarse, la familia Feliciano Vega se convirtió en la mancha negra del vecindario. Pero, ante la dureza de aquel ambiente hostil, él buscó refugio en lo que más le gustaba: la música.


En una reciente visita a la sede de la Fundación Nacional para la Cultura Popular, en el Viejo San Juan, Cheo Feliciano estampó su rúbrica en dos de las producciones discográficas que realizó junto al maestro Tite Curet Alonso.
(Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Frecuentando los centros rumberos en boga, procuró la amistad de los músicos que más admiraba: Francisco Raúl Pérez Gutiérrez (alias Machito y Frank Grillo), Arsenio Rodríguez, Tito Puente, Efraín «Mon» Rivera, Francisco «Kako» Bastar – quien se convirtió en su maestro de percusión y le brindó su primer trabajo, que fue como conguero – y, naturalmente, el gran Tito Rodríguez.

A su ídolo le servía como cargador de instrumentos y mensajero – o “band boy”, como se dice en el argot de este ambiente –, aunque en el interín fue habitual en la nómina del Conjunto Marianaxi, de Luis Cruz, también golpeando las tumbadoras.

Su ídolo, Tito Rodríguez, le consiguió su primer trabajo como cantante profesional, que fue con el Sexteto de Joe Cuba –

Muy orgullosamente, Cheo no cesaría de narrar la manera en que su andar hacia la fama se aceleró… gracias a la intervención de Tito Rodríguez. Resulta que una noche, mientras le servía de “band boy” y éste amenizaba un baile frente a su orquesta en el mítico Palladium Ballroom, en Broadway, aceptó el reto que, a manera de broma, los músicos le hicieron para que demostrara ante los cientos de bailadores presentes cuánto sabía cantar. Cheo aceptó respondiendo, también bromeando, que él era “el mejor cantante del mundo”. Así las cosas, Tito tomó el micrófono y lo presentó a la concurrencia diciendo: “damas y caballeros, la escuelita – refiriéndose a su orquesta – se place en presentarles a su nuevo descubrimiento, Cheo, el mejor cantante del mundo”. Aunque, claro está, sin ensayo previo, nuestro reseñado salió airoso con sus interpretaciones de los clásicos temas cubanos “Barito” y “Changó tá vení”, originales de Justi Barreto. El público lo premió con un caluroso aplauso.

No trascurrió mucho tiempo antes de que consiguiera su primera oportunidad como vocalista… gracias a que Tito Rodríguez lo recomendó para reemplazar a Willie Torres en el que sería famoso Sexteto de Joe Cuba. Su debut con este colectivo tendría para él doble significado: fue exactamente el 5 de octubre de 1957… el mismo día en que contrajo nupcias con Socorro Prieto «Coco», su fiel compañera desde entonces. “De la recepción nupcial salí disparado para el baile”, rememora.


El cantante Cheo Feliciano rememoró momentos de ayer ante la exhibición de fotos de la organización.
(Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Durante su pasantía por el sexteto de Joe Cuba, que se prolongó casi una década, Cheo formó un binomio de antología con su compueblano Jimmy Sabater, quien además de vocalista sensacional se desempeñaba como timbalero. Ambos siempre fueron excelentes guaracheros y boleristas. Jimmy lucía a la altura de los mejores crooners anglosajones cuando interpretaba melodías románticas en inglés, con Cheo haciéndole segunda voz en determinados segmentos. Compartieron en 17 producciones discográficas, editadas por los sellos Seeco y Tico, a partir de la titulada “Steepin’Out”, editada en 1961. “A las seis”, “Ariñáñara”, “El ratón”, “El pito”, “Oriente” y los boleros “Como ríen” e “Incomparable” son algunos de los títulos más representativos de aquella gloriosa etapa.

Luego de interpretar el tema “Busca lo tuyo” en el exitoso disco “Champagne”, de Eddie Palmieri (1968) y de colaborar con otras formaciones en salones de baile, Cheo Feliciano se vio forzado a hacer un alto en su carrera para luchar contra el grave problema de drogadicción que había desarrollado. Retornó a Puerto Rico en 1969 para internarse en un Hogar CREA, donde permanecería dos años. Mientras tanto, cuando ya mostraba síntomas de recuperación, uno de sus más sinceros amigos y mentores, el portentoso compositor y promotor salsero Catalino «Tite» Curet Alonso se dio a la tarea de reencaminarlo en el ambiente artístico.

Jerry Massuci y Johnny Pacheco crearon, expecialmente para su álbum-debut como solista, el sello Vaya, filial de Fania –

Curet Alonso logró convencer a Jerry Massuci y Johnny Pacheco para que lo acogieran en la compañía Fania Records. Y, para el lanzamiento oficial de nuestro personaje, crearon el sello filial Vaya que, se suponía, él estrenara con su álbum-debut como solista, titulado sencillamente “Cheo” (1971). Al parecer, un retraso en la culminación de su tratamiento motivó que dicho álbum fuera codificado V-5, en lugar de V-1, pues mientras tanto otros artistas se le adelantaron en el turno.

De todas maneras, lo trascendente del caso es que el retorno de Cheo Feliciano a la batalla rumbera fue arrollador. Su primer jitazo, “Anacaona”, que Tite compuso para él, resonó hasta en el Teatro Olympia de París. Hoy es un clásico que esta súper estrella del canto caribeño ha tenido que grabar no menos de tres veces. Y, el inmenso repertorio que ha desarrollado a partir de la que ha sido su etapa consagratoria y definitiva – albores de la década de 1970 – constituye una muestra de la mejor salsa del mundo.


Su álbum “Cheo”, editado en 1971 por Fania, es uno de los grandes clásicos de la discografía salsera.
(Archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Discografía básica, editada por Fania/Vaya-
“Cheo” (1971); “La voz sensual de Cheo” (1972); “With a Little Help From My Friend” y “Felicidades” (1973); “Looking for Love” (1974); “The Singer (1976); “Cheo’s Rainbow” (1977); “Mi tierra y yo” (1977); “Estampas” (1979); “Sentimiento tú” (1980) y “Profundo” (1982).

Bajo su propia etiqueta Coche Records-
“25 años de sentimiento” (1984); “Regresa el amor” (1985); “Sabor y sentimiento” (1987); “Te regalo mi sabor criollo” (1987) y “Como tú lo pediste” (1988).

Producciones editadas por otras disqueras -
“Los feelings de Cheo” (1990); “Cantando” (1991); “Yo soy” – con Gilberto Santa Rosa – y “Motivos” (1994); “Pinceladas navideñas” (1998); “Una voz, mil recuerdos” (1999) y, bajo otras etiquetas, “Soñar” – con la Rondalla Venezolana – y “Un sólo beso”, junto a Armando Manazanero (2000); “Cheo en La Habana” (2001); “Cheo en la intimidad” (2002), etc.

01/jun/07

 

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