| El estreno que Bruce Willis se perdió
en el “Drive In” de Arecibo
Por Javier Santiago
Fundación Nacional para la Cultura Popular

La familia Domínguez Llerandi son los propietarios del único autocine que actualmente existe en Puerto Rico. Frente a la pantalla de proyección posan para el lente doña Laura (al centro) con dos de sus tres hijos, Francisco (izquierda) y Vivian (derecha).
(Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular) |
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El actor norteamericano Bruce Willis quizás no se haya enterado… Pero más allá de todo el glamour al que pueda estar acostumbrado en Hollywood, o en los circuitos fílmicos de las grandes ciudades en los Estados Unidos y Europa, su nueva película “Hard Drive 4.0” se estrenó en Puerto Rico en una pantalla sumamente especial: la del Autocine Santana de Arecibo, único “drive in” que aún existe en suelo boricua.
En una estrategia delineada para la empresa distribuidora 20th Century Fox, la movida de la prensa especializada junto a público seleccionado para esta proyección especial, se convirtió recientemente en un pasadía nocturno bajo las estrellas en el barrio Santana de la Villa del Capitán Correa.
Previo a la caída del sol, la radioemisora Mega realizó sus concursos como antesala de la proyección. Con preguntas sobre ediciones previas de la serie fílmica, los participantes fueron midiendo fuerzas sobre la “Hard Drive mania”. Y con camisetas, mochilas y gorras veían premiados sus esfuerzos sobre cada interrogante sobre la cinta y sus diversas secuelas.
Mas ante el estreno de “Hard Drive 4.0” y su actor protagonista, Bruce Willis, había un subtema que no se podía obviar. Y este se circunscribió a la historia de este singular escenario de proyección, fundado en 1957, que tras atravesar por todas las altas y bajas de la industria, hoy es el único autocine en funciones en el País, y, junto al Teatro Roosevelt de Hato Rey, una de las únicas dos salas de exhibición independiente de propiedad auténticamente boricua.
El Autocine Santana y su historia –
La modalidad del autocine (“drive in”) que se inició para la década de 1930 en el estado de Nueva Jersey, llegó al barrio Santana de Arecibo gracias a la iniciativa de don Elías Llerandi en 1957. En aquel año en los Estados Unidos había más de 4,000 autocines en funciones, siendo éste el momento en que mayor presencia de ellos se documenta en la industria del entretenimiento del Norte. En Puerto Rico, el novedoso sistema de proyección se dio entonces en el momento en que el programa de industrialización Manos a la Obra estaba en pleno apogeo. Y para los Llerandi, esta nueva empresa vino a complementarse con otras salas convencionales que los Llerandi operaban a través de la Isla.

La Mega Estación realizó diversos concursos previo al estreno del filme “Die Hard 4” en el Autocine Santana de Arecibo.
(Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular) |
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“Yo contaba con 10 años para aquella época en que mis abuelos Elías y Gumersinda operaban teatros como el San Luis, Oliver, Tanamá y Alameda en el sector de Arecibo”, recuerda doña Laura Llerandi, matriarca actual de la familia que encabeza la operación de esta empresa.
Ciertamente, en aquellas salas de proyección tradicional que dirigían los abuelos de doña Laura, la comunidad pudo atestiguar los tiempos dorados en que el cine se complementaba ocasionalmente con la presentación de artistas visitantes. Con ello, según la tradición del momento, a las grandes proyecciones de películas mexicanas, españolas y argentinas, le seguían presentaciones de figuras de primer orden como fueron en su momento las de Carlos Gardel, Jorge Negrete o Libertad Lamarque. Pero con la modernización de la década de 1950, los autocines hicieron su aparición en Puerto Rico, estando entre los más recordados los llamados “drive in” de Ponce, Carolina, Bayamón y éste, el de Arecibo.
Lo que podría ser como una escena de autocines en películas como “Grease” o “American Graffiti”, pero en una versión sumamente criolla, el del Barrio Santana de la Villa del Capitán Correa se convirtió en una alternativa de diversión para la familia - y por qué no - también para enamorados.
Desde la privacidad del automóvil el público podría apreciar la proyección de un filme en intimidad con la familia, o podía optar por apreciar la cinta bajo las estrellas en esta finca de seis cuerdas que ocupa la empresa en el barrio Santana. Pero a diferencia del cine tradicional, aquí la oferta de “pop corn”, refrescos y golosinas se complementaba con las frituras típicas de cualquier kiosco tradicional boricua.
Los embates de la moda y el tiempo –
Como puede ocurrir en cualquier negocio, el Autocine Santana atravesó por diversas etapas de altas y bajas en su historia. De ahí que lo que fue novedoso en los 50, ya para finales de la década de 1960 comenzaba a cambiar con la llegada de los centros comerciales y la integración de las salas de cine a ellos. Esa práctica, que mató la actividad comercial en la gran mayoría de los centros urbanos del País, tuvo su efecto en los autocines nacionales. Tanto que ya para la década entrante habían cerrado casi todos los existentes, incluyendo el de la familia Llerandi en 1974.
Una etapa subsiguiente, le dio nuevo nombre temporalmente a la empresa - Autocine India -, limitando sus proyecciones a fines de semana solamente. Mas en lo que podríamos considerar como una operación de “rescate familiar”, en 1980, Laura Llerandi y su esposo Francisco Domínguez, recapturaron este espacio de entretenimiento para la población del área. Con empuje y determinación también abrieron un autocine en Hatillo, y se dedicaron a levantar ambas espacios como alternativas para la comunidad. Mas lo que no contaron en ese momento fue con la llegada del vídeo y las grabadoras vhs al mercado comercial. En este punto, la proyección del cine en familia tenía una alternativa nueva que, unida a la proliferación inevitable de vídeo clubs alrededor del País, competían con fuerza contra las salas tradicionales de cine y más aún, el autocine.
Los Domínguez Llerandi batallaron fuertemente por mantener su empresa en la lucha. Pero otras fuerzas atentaron contra ellos desde un ángulo inesperado: los huracanes.
Según recuerdan, en septiembre de 1989 el Hugo tuvo su efecto en el negocio. El embate de los vientos afectó la antigua pantalla de proyección que posteriormente fue reparada por don Francisco Domínguez. Pero el golpe más inmisericorde de todos lo dio George´s en 1998. Aquella fuerza huracanada que atravesó de este a oeste el País, destruyó la pantalla de proyección totalmente. Tomó entonces nueve meses a los propietarios poder remplazarla para renovar operaciones, lo que finalmente ocurrió el 9 de junio de 1999.
El David de un barrio arecibeño vence a Goliat –

Doña Laura Llerandi comparte con Ileana Cidoncha, crítico de cine del diario El Vocero, y el actor y cantante Johnatan Dwayne.
(Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular) |
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Ya, a las puertas de un nuevo siglo, el Autocine Santana regresaba dispuesto a convertirse en alternativa al entretenimiento familiar para la generación contemporánea. Mas solamente le faltaba librar una batalla que sería decisiva en su porvenir: enfrentar las dos cadenas de exhibidores que dominan las salas de cine boricuas.
Según era hasta entonces la costumbre, la proyección de películas de estreno en Puerto Rico estaba en manos exclusivas de las empresas distribuidoras Caribbean Cinemas y CineVista. Sin acceso a la proyección de filmes de estreno, Autocine Santana quedaba a la merced de películas que, aunque fueran de calidad, ya llevaban semanas en cartelera. Por ello la empresa carecía de una participación justa del beneficio económico que puede ofrecer un filme en su estreno. Y ante la disyuntiva, la sapiencia de los Domínguez Llerandi se reflejó en el intelecto de Laura, hija mayor de la familia que en aquellos días estudiaba leyes. Inquieta por el bienestar de la empresa, la futura licenciada comenzó a indagar sobre las leyes antimonopolísticas del País. Y a la sazón encontró la respuesta a sus inquietudes.
Tan solo una carta dirigida en 2002 a los distribuidores en cuestión, hizo que sus observaciones sobre la ley antimonopolística abriera para ellos las puertas de la exhibición de películas de estreno. De ahí en adelante, Autocine Santana y, por consiguiente el Teatro Roossevelt de Hato Rey, únicas salas de cine puertorriqueñas que habían quedado fuera de esta protección, comenzaron a gozar de la ventaja de poder proyectar películas de estreno para sus parroquianos.
Con el inicio de estas proyecciones para el Autocine Santana, la familia Domínguez Llerandi ha logrado convertir su empresa en una nueva alternativa para el público amante del entretenimiento fílmico. Allí, en el espacio rural que ocupan en el barrio arecibeño, rodeados de montañas y casas, sus instalaciones son sencillas y carentes de lujos. Pero en la pequeña edificación que sirve de base de operaciones, la limpieza y pulcritud es evidente a la vista. Mas lo mejor de su oferta son los precios que ofrecen al público. Por dos dólares por persona, como boleto de entrada, se puede disfrutar de proyecciones de estreno que en salas convencionales le costaría el triple. Igualmente los dulces, refrescos y golosinas se mantienen a un costo razonable que bien beneficia a la familia o al bolsillo de cualquier amante del cine. Y en calidad de oferta al público, el Autocine Santana se ha mantenido fiel a su objetivo: exhibir películas que apelan a la familia en general. De ahí que entre las más taquilleras de los últimos tiempos se encuentren filmes como las distintas ediciones de “Shrek”, “Fast and Furious”, “Spiderman”, “Four Fantastics” y “Harry Potter”, entre otros.
Hoy, con su gigantesca pantalla que mide 32 X 72, levantada en alto sobre pilotes de acero, este autocine arecibeño es una alternativa accesible para la familia puertorriqueña. Para llegar a él todo lo que hay que hacer es tomar el expreso norte hacia Arecibo, bajar en la salida 63, buscar la intersección 662 y doblar a la izquierda. En par de minutos llegará al autocine que tiene cabida aproximada para 250 vehículos. Una vez ubicado en el solar, el parroquiano puede optar por apreciar el filme desde su auto, en un área frente al concesionario o en cualquier espacio en el que se quiera ubicar. Ah, y desde luego… Si desea convertir la experiencia en un pasadía, puede llevar sus sillas plegadizas para disfrutar al aire libre de la proyección.

El Autocine Santana de la familia Domínguez Llerandi, compite en la actualidad con otras 30 salas de proyección tradicional en el área noroeste de Puerto Rico.
(Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular) |
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Cabe señalar que, distinto a la imagen preconcebida, el sonido para los autos ya no es provisto por micrófonos manuales como era en antaño. Ahora, en esta etapa de tecnología digital, se sintoniza una frecuencia especial en el cuadrante de su radio donde se reproduce el audio del filme. Mas para los que optan por disfrutar del cine bajo las estrellas, hay bocinas de audio externo donde se escucha el sonido de cada producción fílmica.
Así, cual página arrancada de un libro de la historia del entretenimiento, el Autocine Santana es una experiencia grata para descubrir. Y si bien puede ser interesante para aquellos que hoy tienen bastante edad para contar y recordar, más fascinante debe ser para aquellos que tan sólo han vivido desde la última década del pasado siglo.
Pero más allá de su valor como muestra histórica de la industria del cine, está el ejemplo determinante de una familia boricua por mantener viva este estilo de proyección fílmica en el País. Ciertamente, desde su fundación - hace exactamente 50 años - hasta el sol de hoy, el Autocine Santana ha podido sobrevivir los embates del tiempo, la moda y la competencia con suma dignidad. Y si bien el pasado primero de enero la familia Domínguez Llerandi sufrió una baja al perder a su patriarca, doña Laura sabe que sus hijos – Laura, Francisco y Vivian - están con ella, hombro con hombro, en plena defensa por la permanencia del único autocine nacional.
29/jun/07
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