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  San Juan, Puerto Rico ::

El Teatro Puerto Rico: símbolo de la presencia boricua en Nueva York


Cartelera del Teatro Puerto Rico en el que se destaca la presentación de Felipe Rodríguez “La Voz”.
(Foto archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Como meca del ambiente artístico hispano, condición que compartía, principalmente, con Ciudad de México y La Habana, Nueva York tuvo su época esplendorosa durante el período 1930-1965. Par de años más, par de años menos, la misma que experimentaron las antes mencionadas plazas que le disputaban la supremacía en lo que respecta a dicho renglón.

Desde la capital azteca se proyectaron muchísimas figuras que alcanzaron categoría de estrellas, especialmente cubanas – sobre todo, rumberas, al punto de que el cine nacional creó el género cabaretero, dedicado a ellas –, españolas y argentinas. De hecho, la gran diva del tango, Libertad Lamarque (1908-2000), tuvo mayor exposición internacional y ganó más dinero proyectándose desde el cine mexicano que la que obtuvo en su patria. Y ella, al igual que la mayoría de sus compatriotas que llegaron a esta plaza (Luis Aldás, Charito Granados, Marga López, Rosita Quintana, Jorge “El Che” Reyes, etc.) terminaron adoptando la ciudadanía mexicana y allí fallecieron. De otras nacionalidades, ni se diga.

Desde la capital cubana se proyectaron al resto del hemisferio los boricuas Daniel Santos y Lucy Fabery, el colombiano Nelson Pinedo, el argentino Carlos “Argentino” Torres, Los Chavales de España y un etcétera interminable. Pero, cuando hablamos de Nueva York, que era el destino casi obligado por los puertorriqueños determinados a forjarse unas condiciones de vidas mucho más satisfactorias que las que padecían aquí por causa de la pobreza, la historia es diferente. Por lo menos para nosotros, pues nos toca más de cerca.

Es posible que no sea exagerado expresar que el grueso de la discografía catalogada como clásica del pentagrama boricua se forjó en Nueva York desde mediados de la década de 1920, pues ya por estos lares pululaban Rafael Hernández, Pedro Flores, Manuel Jiménez “Canario” y otros íconos de nuestro acervo musical. Y la gran mayoría de las estrellas de nuestro cancionero nacional se proyectaron desde allá. La lista es larguísima, pero he aquí una lista a vuelo de pájaro: Rafael; Hernández, Bobby Capó, Davilita, Carmen Delia Dipiní, Claudio Ferrer (con sus diversos conjuntos), Odilio González, José Miguel Class, Cuarteto Marcano, Carlos Pizarro, Mon Rivera, Johnny Seguí & Los Dandys del 42, Las Tres Guitarras, Myrta Silva, Blas Hernández, Fernando Díaz, Nahro Díaz, Blanca Iris Villafañe, Joe Valle, las orquestas de Noro Morales, Carlos Acosta, Joe Cotto, Manolín Morel Campos, Bobby Quintón, Juanito Sanabria y gran número de las orquestas que serían emblemáticas en la historia de la salsa.

Es verdad que los centros nocturnos de diversa categoría abundaban y que radio hispana – WBNX, WADO y WHOM, especialmente – daba cabida a programas con artistas “en vivo”. Pero, la realidad es que fue a partir de 1946 que Nueva York contó con un centro de espectáculos que ningún otro superaría: el Teatro Puerto Rico, situado entre la Calle Brook y Avenida Bronx Núm. 138, en el condado de Bronx. Ahora, cuando el multitudinario Desfile Puertorriqueño de Nueva York arriba a su 50 aniversario – se fundó en 1957 y la nueva edición se celebraría el domingo 10 de este mes –, y que cientos de miles de puertorriqueños se lanzan a las calles para celebrar la ocasión, es válido ilustrar esa presencia boricua en el Norte con una breve reseña histórica sobre el inolvidable Teatro Puerto Rico, ícono de la cultura popular boricua en la Capital del Mundo.

Un poco de historia –


El cantante puertorriqueño Felipe Rodríguez “La Voz” recibió en el Teatro Puerto Rico su primer Disco de Oro en 1955.
(Foto archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Aunque operaba como cine desde 1917, fue hace 61 años, tras ser adquirido por la empresa peliculera mexicana Azteca Films, que comenzó a gestarse su leyenda como punto obligado para todos los artistas que anhelaban cimentar cartel estelar en la Gran Urbe. Su fórmula era la habitual de la época: buena variedad de entrada y una película después. Se recuerda que uno de los primeros empresarios artísticos habituales en sus carteleras era el cubano Ramiro Martínez, radicado en Puerto Rico desde los albores de la década de 1960 y hoy uno de los más veteranos cronistas deportivos establecidos en nuestro País.

Hay quienes estiman que su época dorada fue la década de 1950, cuando tenía como administrador y presentador oficial al locutor, actor cinematográfico y periodista mexicano Carlos Jesús “Chucho” Montalbán (1903-1991), hermano mayor del archifamoso Ricardo. Fue la etapa en que el negocio del espectáculo hispano en esta ciudad atravesó el período de mayor efervescencia. Crónicas de aquellas fechas dan fe de las impresionantes filas que se formaban a lo largo y ancho de toda una cuadra en pos de encontrar cupo en el recinto. La razón era obvia: a los boricuas se les hacía más atractivo y económico – aunque más trabajoso – entrar al Teatro Puerto Rico que a cabarets tan exclusivos como China Doll, Havana Madrid – luego Chateau Madrid –, Don Juan Night Club o La Bamba. Además, la oferta de esta sala resultaba demasiado tentadora, pues durante una función se podía disfrutar de las actuaciones de tres, cuatro o cinco estrellas, más las de igual número de artistas “rellenos”.

Felipe Rodríguez “La Voz” fue la estrella insuperable es este escenario –

La máxima atracción que tuvo el Teatro Puerto Rico en su historia fue nada más y nada menos que Felipe Rodríguez «La Voz» (1926-1999), quien frente a su Trío Los Antares debutó aquí en noviembre de 1953, estando “pegadísimo hasta las teleras” con el que sería su jitazo consagratorio: “La última copa”, versión bolerizada del tango homónimo de Francisco Canaro. Su éxito fue tan contundente, que aquel mismo año volvería o ocupar su escenario, a nivel de máxima atracción, durante los meses de marzo y noviembre. Ahhh… pero en lo sucesivo esta historia se repetiría anualmente.

La cantidad de anécdotas que acumuló Felipe Rodríguez «La Voz» durante sus temporadas en este recinto son innumerables y la identificación que logró cimentar con esta sala, sencillamente es impresionante. Al punto de que la vellonera del bar adyacente, justo al lado del restaurante típico boricua que le quedaba al lado, por lo menos la mitad de los discos que tenía eran suyos. Es importante resaltar el dato de que fue en el Teatro Puerto Rico donde él recibió su primer Disco de Oro, por las elevadas ventas del sencillo (78 rpm) “Rebeldía”, bolero original de Pepito Lacomba, el 23 de noviembre de 1955.


Escena de las largas filas que, en verano o invierno, la comunidad latina hacía para asistir a espectáculos presentados en el Teatro Puerto Rico.
(Foto archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Una de las anécdotas más difundidas se remonta a 1961 cuando, encabezando una cartelera junto a Libertad Lamarque, estableció un récord de asistencia que parecía insuperable. Supuestamente, durante una entrevista que se le realizara a la legendaria estrella argentina y a su esposo y director musical, Alfredo Malerba, en la radioemisora WHOM, éste último insinuó que tan rotundo éxito se debía, principalmente, a doña Libertad, pues ella era un figurón en las cinematografías de su patria y de México y, además, contaba con un resumé artístico mucho más extenso. Tal elegato quedaría descartado par de meses después cuando, sin la presencia de Libertad Lamarque, nuestro compatriota rompió aquel récord que nadie, jamás, superaría… excepto él mismo.

Ni Raphael ni Sandro lograron superar aquí los triunfos de Felipe –

Durante la década de 1960 se hicieron constantes las caravanas artísticas que productores boricuas como Paquito Cordero, Tommy Muñiz y Alfred D. Herger llevaron a su sala con los elencos de los programas televisivos que realizaban aquí: “La Taberna India”, “La criada malcriada” y los exponentes de La Nueva Ola, respectivamente. Ya, durante el siguiente decenio, 1970, más a nivel de concierto, sin otros “rellenos”, astros como el español Raphael y el argentino Sandro también se presentaron. Ninguno de ellos podría presumir que estableció récord. El “Dueño y Señor” de esta sala siempre sería Felipe Rodríguez “La Voz”.

Muy desafortunadamente, como lo bueno jamás es imperecedero, la alta ola de delincuencia que ya asolaba a Nueva York fue alejando a los asiduos al Teatro Puerto Rico que se vería forzado al cierre. Durante varios años el local que lo albergó fue ocupado por una iglesia. Reabriría a mediados de la década de 1980 cuando fue alquilado por el comerciante Ángelo Delgado, primo hermano de la popularísima Lily, voz líder de El Gran Trío. Quizás el empresario más activo durante esta etapa, que se extendió hasta los primeros años de la década de 1990, fue el pintoresco Ismael González “El Loco de los Milagros” con sus caravanas integradas por exponentes de la música campesina y la canción “de parcela”, que es la versión ajibarada del tradicional bolero (José Miguel Class, Odilio González, Luis González, Rafaelito Muñoz, El Súper Trío, etc.).

Hoy el Teatro Puerto Rico pertenece “al mundo de los recuerdos”, como decía Gilbert Mamery. Pero en momentos en que la Ciudad de los Rascacielos se celebra el desfile boricua de mayor asistencia en suelo estadounidense, ese recinto de espectáculos permaqnece como un ícono donde los boricuas del norte calmaron la nostalgia por el lar nativo.

08/jun/07

 

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