| Hasta luego, José Antonio Salamán
Por Miguel López Ortiz
Fundación Nacional para la Cultura Popular

Entre los éxitos de José Antonio Salamán se encuentran su composición “La manía” mientras su versión del tema tradicional “Arbolito” es considerado un clásico navideño.
(Foto colección Miguel López Ortiz) |
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Gracias al impacto de sus primeras grabaciones, editadas por el sello Fragoso a partir de 1952, el cantante ponceño José Antonio Salamán fue considerado el principal “rival artístico” del venerado Felipe Rodríguez “La Voz” desde aquellas fechas hasta ya adentrada la década de 1960. También, con Bobby Capó y Tito Lara completó la trilogía de intérpretes que, impulsados por la televisión nacional, inaugurada en 1954, se convirtieron en los primeros ídolos del público femenino.
El bolero “Llanto de hombre” y el vals “Clamor” (de Wettei & Tello) fueron las selecciones que marcaron su debut en el ámbito discográfico y que se hicieron infaltables en las velloneras de todo el País. Su segunda placa tendría vigencia imperecedera, pues superó significativamente el éxito de la primera. La misma recogió su magistral interpretación del vals navideño “Arbolito” (de Genaro Monreal) y la chacarera “La mania”, de su propia autoría.
Este gran acierto motivó al visionario productor yaucano Rafael “Ralph” Pérez Dávila, fundador de la prestigiosa compañía Ansonia Records en Nueva York, a reclutarlo en calidad de “artista exclusivo”. Esta etqueta le editaría cinco álbumes, hoy considerados clásicos. Del primero, “José Antonio Salamán y su conjunto” (ALP-1212), surgieron seis jitazos: los valses “Caminito vecino” y “Adiós, adiós” y la chacarera “Mujer hechicera” (de Claudio Ferrer) y los boleros “Fracaso” (de Gilbert Mamery); “Odiarte quisiera” (de Orlando Brito) y “Este amor salvaje” (de Miguel Ángel Valladares).
Por sus exitosas grabaciones alusivas al despecho y a la borrachera, los locutores dominicanos lo bautizaron como “El Amargao” –
A su segunda producción, de igual título, pertenecen los éxitos “Aquí en la barra”, “Deme otro trago” y “En el fondo de la copa”. Estas selecciones recibieron tanta difusión a través de la radio dominicana, que los locutores le estamparon el remoquete de “El Amargao”. Del tercer volumen (ALP-1467), tres boleros escalaron posiciones cimeras en los escalafones de popularidad de Puerto Rico y Nueva York: “No me quiten la botella” (de Joaquín Oliver); “Oro” (de Emilio Quintana) y “Tiempo perdido” (de Gilbert Mamery). De 1956 data la producción “Otro trago más” (SALP-1630), que aportó cuatro piezas al Hit Parade: “Capaz de todo” e “Imposible volver” (de Miguel Ángel Amadeo); “Vuelve, mi amor” (de Pablo Lango) y la ranchera que le sirvió de título, original de María Teresa Martínez.
José Antolín Colón Salamán era el nombre verdadero de este artista irrepetible. Había visto la primera luz en el barrio La Playa, de la Perla del Sur, el 22 de enero de 1929, siendo hijo de Manuel Colón y Providencia Román. Fue criado por sus abuelos maternos, Alberto Salamán y Mercedes Rodríguez. Su padre – a quien conocer♂a cuando ya contaba 21 años de edad –, nunca se ocupó de él. Por esta razón y porque, comercialmente, se escuchaba más atractivo, al emprender su trayectoria art♂stica a nivel professional optó por identificarse con el apellido de su progenitora y alterar su segundo nombre de Antolín convirtiéndolo en el más tradicional, Antonio.

Carátula de una de las producciones realizadas para el sello Ansonia por el cantante puertorriqueño José Antonio Salamán.
(Archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular) |
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Había hecho sus pinitos cantando en actividades organizadas en la Iglesia Católica de Ponce desde que tenía seis años. A los once, se hizo participante habitual del programa que el conjunto Los Hermanos Luna mantenía en la radioemisora WPAB. A los quince, se presentó en la audición meridiana quie la famosa orquesta ponceña Mingo & His Whoopie Kids amenizaba diariamente en la estación sanjuanera WKAQ. Sin embargo, cuando ya su figura comenzaba a cobrar relevancia en el ambiente musical, le sobrevino el natural cambio de voz. Entonces, recién había cumplido 16. Ante tal circunstancia, se vio forzado a interrumpir su actividad artística. Y, al tiempo que completaba sus estudios académicos regulares, se hizo aprendiz de mecánico automotriz. Durante par de años trabajó para la compañía Puerto Rico Iron Works y, luego, en la zona portuaria.
Al sentir que su voz había alcanzado un timbre definido, en 1950 reanudó su quehacer artístico, vinculándose nuevamente a los programas de variedades originados en WPAB. Aquel mismo año mereció el Primer Premio en el emblemático programa-concurso “Tribuna del arte”, que don Rafael Quiñones Vidal producía y animaba en la WNEL. Aquella experiencia le abrió las puertas de otras emisoras en las que compartía con figuras que ya disfrutaban de sólido cartel y, como apuntamos anteriormente, de la industria discográfica.
Reconocido y cotizado como uno de los ídolos del momento, en 1956 fue contratado por el productor Tommy Muñiz como atracción permanente del programa “Telefiesta de la tarde” – que se rebautizaría con el nombre de “El show del mediodía” en 1963 – emitido a través de WAPA TV / Canal 4. Permanecería una década como estrella de dicho espacio, donde se le anunciaba como “El Cantor del Pueblo”. Paralelamente, recorría todo el País presentándose en fiestas patronales, teatros y centros nocturnos. También agotaba frecuentes giras por las principales plazas de la costa Este de Estados Unidos (Nueva York, Chicago, Filadelfia, Hartford, etc.), actuando en toda clase de escenarios. El Teatro Puerto Rico, en el condado neoyorquino de Bronx, fue testigo de muchos de sus triunfos.
Su última grabación para Ansonia Records fue la titulada “Recuérdame” (SALP-8204), que incluye su versión de “Vente conmigo”, pasodoble jíbaro del pepiniano Mike Acevedo, que figurara entre los máximos éxitos de 1958. Posteriormente grabó para otros sellos locales.
En 1988 se presentó en el Teatro Nacional de Santo Domingo
y en el Centro de Bellas Artes de San Juan –

El sello nacional Disco Hit editó en fechas recientes la producción “Caminito vecino” de José Antonio Salamán.
(Archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular) |
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Durante el período 1973-1978, José Antonio Salamán produjo y animó el programa “Mañanitas borincanas”, que diariamente iba al aire a través de WVOZ AM / Radio Voz, en Río Piedras. Desde aquella época también administraba una agencia hípica en el municipio de Canóvanas, donde se había radicado definitivamente. Y, claro está, aunque sin la intensidad de antaño, continuaba activo en el ambiente musical.
En febrero de 1988 participó en el espectáculo “Cien años de boleros”, celebrado en el Teatro Nacional de Santo Domingo. Compartió cartel con otras cuatro figuras legendarias: los chilenos Lucho Gatica y Antonio Prieto, la cubana Olga Guillot y el dominicano Alberto Beltrán. Par de semanas después, el 4 de marzo, encabezó otra inolvidable velada, esta vez en el Centro de Bellas Artes de San Juan, misma que fue producida por la administración de WIAC AM. En ella compartió con la veterana Blanca Iris Villafañe y el Trío Los Ídolos, de Roberto Villafañe. A partir de la década de 1990 se vería forzado a limitar sus apariciones ante el público debido a quebrantos de salud.
Abatido por el mal de Alzheimer y otras calamidades, este gran artista puertorriqueño falleció en el Hospital Pavía, en Santurce, el pasado 31 de mayo. Le sobrevivieron sus esposa Lydia Marcano – con quien se había casado en 1950 – y sus hijos José Alberto (medico); Lydia Rosa (farmacéutica); Lydia Providencia (contable) y Luis Antonio.
Por fortuna, José Antonio Salamán nos dejó un valioso legado discográfico que perpetuará su recuerdo entre sus compatriotas. Paz a sus restos.
06/jun/09
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