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Eguie
Castrillo en la clave de un sueño
Por Anilyn Díaz Hernández Para Fundación
Nacional para la Cultura Popular

El hoy
profesor de Berklee Eguie Castrillo estudió en la Escuela
Libre de Música Ernesto Ramos Antonini de San Juan. (foto
Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura
Popular) |
La carrera
del percusionista Eguie Castrillo está marcada por una innegable
transformación tanto en el campo profesional como personal. El
músico, que el pasado enero fue una de las atracciones del “Puerto
Rico Jazz Jam 2011" – presentado en el Teatro Tapia –, y que en
estos días regresó a San Juan con miembros de la facultad y
estudiantes de Berklee College of Music, tiene claramente
establecido cuáles son las reglas del juego en la evolución de todo
buen profesional.
Desde sus años de estudiante en la Escuela
Libre de Música Ernesto Ramos Antonini de la Ciudad Capital, Eguie
Castrillo comenzó por probar la efectividad de la colaboración como
clave obligada en cualquier carrera musical. Fue precisamente en "la
Libre" donde conoció al trompetista Humberto Ramírez y el pianista
Oscar Cartaya, talentos a los que define como “hermanitos del alma”.
Juntos iniciaron el experimental Rumbantela; agrupación de jazz
latino que se inspiró en el "Latin Percussion Jazz Ensemble" de su
ídolo Tito Puente.
En
Rumbantela Eguie, Humberto y Cartaya consolidaron su amistad y
futuras colaboraciones. “En la mayoría de las cosas que hemos hecho
hemos tratado de colaborar… Humberto tocó y dirigió la sesión de
grabación en mi disco. Oscar hizo lo propio también. Y es que somos
un trío de verdaderos amigos”, apunta sobre el trompetista y
pianista con los que encabezó la excelente producción discográfica
“Let’s Go to the Rumba!” en conjunto con Edsel Gómez, David Rosado,
Tito de Gracia y Frankie Pérez.
Aquellos años del
comienzo -

En 2002 el
percusionista Eguie Castrillo laboró con sus compañeros
músicos Humberto Ramírez y Oscar Cartaya en la producción
“Let’s Go to the Rumba!” del grupo Rumbatela. (archivo
Fundación Nacional para la Cultura Popular) |
Participar en Rumbantela también forjó una base
sólida para que Castrillo, Ramírez y Cartaya siguieran sus
respectivos rumbos en el pentagrama musical. Hecho que en el caso
particular de Eguie significó hacer maletas, dejar su País y viajar
tras sus ídolos en la música. Fue así como a partir de la década de
1980 grabó y recorrió decenas de países junto a artistas de renombre
internacional como
Tito Puente, Celia Cruz, Arturo Sandoval, Paquito
D'Rivera, Steve Winwood, Blood Sweat & Tears, la orquesta Boston
Pops, Donna Summer, KC & the Sunshine Band, Michael Brecker y
Jennifer López, entre otros.
En Puerto
Rico tocó con agrupaciones locales y artistas visitantes tales como
Batacumbele, Atabal, Roy Brown, Jíbaro Jazz, Jorge Laboy y 3:00A.M.,
José Nogueras, Antonio Cabán Vale "El Topo", Angela Carrasco,
Musicaribe, O’Brasil, Los Rayos Gamma y Proyecto M. Estas
colaboraciones aportaron al dominio de Castrillo sobre ritmos
afrocaribeños y brasileños, funk-jazz al estilo boricua, pop, nova
trova y, por supuesto, mambo, entre otros.
En junio de 1990,
el percusionista debutó con su propia agrupación llamada Brown Sound
Band en el Centro de Bellas Artes de Santurce. La vida de la
agrupación fue corta y según sus propias palabras “on
and off”.
Pero al disolverse la banda el joven músico decidió agarrar sus
maletas y establecerse definitivamente en los Estados Unidos.

En 2005 Eguie
Castrillo editó una producción discográfica con su banda
Palladium. (archivo Fundación Nacional para la Cultura
Popular) |
Ya
en tierras del Norte el boricua asumió su primer reto al crear una
segunda agrupación tipo "Big Band" llamada Palladium Night
Orchestra. Con Tito Puente como su constante inspiración, Palladium
surgió en 2000, justo a un año después de la partida del inmortal
timbalero. El concepto musical y la estructura de esta orquesta
fueron inspirados en el mambo que reinaba en los clubes de baile de
la Gran Urbe entre las décadas de 1950 y 1960. “Conseguí dos o tres
arreglos, un par de músicos - 18, para ser exactos - y la reacción
de la gente fue tan increíble que me dije, espérate, esto es lo que
hace falta en el ambiente”, relata Castrillo sobre los inicios de su
Palladium.
En noviembre de 2004, el percusionista y su banda
fueron invitados a tocar en la serie de conciertos "Nothing
Conservatory About It" en Berklee College of Music en Boston,
Massachusetts. Esta presentación se llamó "A
Tribute to the Mambo Kings"
y hasta hoy
mantiene récord de taquillas vendidas en el Berklee Performance
Center. Esto le abrió las puertas de Berklee a Castrillo y también
le ganó notoriedad entre los seguidores del jazz latino.
“Hice
de todo”, rememora. “Después de ese concierto la administración del
Colegio me llamó para verificar si lo que estaban publicando en los
afiches promocionales estaba bien. Hice también un comercial de un
plan médico representando a Berklee y todo gracias a ese concierto”.
Ciertamente la repercusión del mismo fue tal que la propuesta
escénica tuvo una secuela igualmente exitosa y que llevó por título
"Latin Meets Jazz". Dos años más tarde, Castrillo y su colectivo
lanzaron el disco "Palladium Tradition", bajo el sello independiente
Coyeyo. Y de ahí en adelante… lo demás es historia.
Este año
Palladium cumplió su décimo aniversario mientras el propio Castrillo
los cumple como líder de una banda. La ocasión la celebró
formalmente el pasado 15 de abril en el Reggatabar Jazz Club del
Hotel The Charles en Boston. Pero dado el caso de que Palladium toca
pocas veces al año, Castrillo aceptó otro reto al organizar a varios
músicos de la orquesta y crear un grupo pequeño de exponentes del
jazz latino que toca con regularidad. “Un Big Band no lo puede pagar
todo el mundo”, afirma al tiempo que bromea sobre el trabajo que le
da convocar a esta agrupación pequeña versus la orquesta en pleno.
En tiempos de pocas contrataciones, Castrillo se mantiene
tocando a través de las actividades en Berklee College of Music,
institución educativa para la que trabaja desde septiembre de 1999.
Según informa, la institución le da la flexibilidad de hacer sus
presentaciones y viajar también. “Hay veces que se hace mucho, hay
veces que no se hace casi nada; pero hago muchas giras y audiciones
alrededor del mundo en países como Grecia, Estados Unidos y aquí en
Puerto Rico”, comenta.
Berklee como anillo al dedo -
Al conversar sobre su labor en Berklee, Eguie reconoce que
la institución llegó a su vida en el momento preciso. “Es una
experiencia bien diferente, porque yo no estudié pa’ ser maestro… A
mí me sacaron de la tarima, me empujaron al salón y me dijeron:
enseña ahí”, recuerda en tono jocoso mientras agradece a los
percusionistas Víctor Mendoza, Ed Uribe y Giovanni Hidalgo haberlo
recomendado ante el Departamento de Percusión en Berklee. “Yo fui a
hacer una clínica con Víctor y con el ‘chairman’
de percusión en Florida y ahí, el director me vio y me ofreció la
plaza. Berklee cayó como anillo al dedo porque ya yo llevaba
bastante tiempo viviendo en Florida, tocando con Arturo Sandoval”.
Al remontarse a este momento Castrillo parece reconocer que fue
el llamado de Berklee lo que le permitió atar todos los cabos de su
vida. Si bien la música y la enseñanza ampliaban su horizonte
profesional, establecerse ahora en Boston le permitía alcanzar la
meta más importante: consolidar su familia.
“Me
mudé a los Estados Unidos, dejé mi País porque quería ver hasta
dónde mi talento –mucho o poco– me podía llevar. Yo quería tocar con
mis ídolos. Yo quería viajar el mundo. Desgraciadamente, los
empresarios de la industria musical no vienen a buscar músicos aquí,
aunque yo creo que los músicos puertorriqueños son los mejores del
mundo, eso no me lo quita nadie. Pero había, pues, que hacer un
cambio”.
Su decisión también fue forzada por la necesidad
económica en la que se halló cuando se canceló el proyecto de Los
Rayos Gamma, con quienes tocaba en Puerto Rico, y por un desaire que
le causó la banda de jazz Son del Solar. Como anécdota curiosa
Castrillo relató que lo llamaron de Son del Solar y él dijo
“chévere, voy con el pie derecho y ‘fuá’, me fui pa’ llá, pero nunca
me volvieron a llamar”. Luego se mudó al estado de Florida y una vez
más Giovanni Hidalgo aparece en su vida para recomendarlo para un
trabajo. Fue así que conoció a Arturo Sandoval, con quien viajó el
mundo entero por casi seis años.
Según analiza fue esta
etapa la que mayor sacrificio le costó a su familia. “Llegaba a mi
casa y la hija mía no sabía quién yo era, ¿me entiendes? Entonces,
me dije aquí hay algo que está mal. Por eso cuando llegó la oferta
de trabajar en Berklee me dije aquí es, tengo un cheque seguro,
estoy en mi casa, puedo viajar y hacer todo lo que quiera”, narra.
La adaptación de Castrillo como profesor universitario no
fue del todo difícil, ya que creció y vivió entre obreros de la
enseñanza. Su mamá es maestra retirada y sus hermanas y su esposa
también ejercen el magisterio. Pero, ojo, no es lo mismo… “Cuando tú
tienes que enseñar algo que aprendiste en la calle, eso es otra
cosa”, apunta mientras señala lo difícil que se le hizo analizar
como delinearía sus lecciones para colocarlas en la pizarra. “Ya me
he adaptado, ya sé por dónde irme, ya reconozco cómo trabajar con
cada estudiante… Unos son más rápidos que otros; algunos no tienen
coordinación motora ninguna, así que tengo que abordarlos de otra
forma. Ya yo aprendí a hacerlo. Entonces, se me hace más fácil,
pero, eso sí, a mí lo que me gusta es la tarima”.
Como
maestro Eguie, como lo llaman sus estudiantes, añade otros
ingredientes a la clave del éxito en la música: versatilidad y
disciplina. Describe sus clases como “bien
relax”,
ya que trata a los estudiantes como amistades, les cuenta sobre
experiencias de su vida y les transmite conocimientos sobre
múltiples instrumentos de percusión tales como la conga, el timbal y
el bongó. “A veces cogemos y hacemos cosas locas como tocar bomba
sicá al compás de una grabación de John Lennon cantando ‘Imagine’.
Ellos se vuelven locos con el experimento”, exclama.
“De
la misma manera, voy halándole las orejas, si faltan a la
disciplina. Esto especialmente a mis puertorriqueños”, sostiene
quien actualmente es el único profesor boricua en Berklee. “Si
empiezan a fallar en una clase, los maestros me llaman y me dicen
oye, este chamaco puertorriqueño que se llama tal, ¿qué está pasando
que no está viniendo a la clase? Ahí yo digo ¿qué?, mire mulato,
¿qué está pasando?, porque tú sabes, son los míos, son los de mi
tierra”.
En ventaja el músico boricua -
Castrillo reconoce en los estudiantes puertorriqueños que llegan a
Berklee cuentan con gran preparación y una influencia de
versatilidad que los distingue sobre estudiantes de otras
nacionalidades. “Esos muchachos salen de Puerto Rico tan bien
preparados que a veces uno se queda maravillado”, argumenta. “Eso es
así porque tenemos que reconocer que para sobrevivir como músico en
Puerto Rico tienes que aprender a tocar de todo. Entonces, cuando
llegan a Berklee, básicamente nosotros lo que hacemos es ponerle
perfume; un perfume diferente. Si bien te afirmo que sí aprenden
otras cosas, no se puede pasar por alto que todos los que llegan se
destacan inmediatamente. No hay comparación”.
La labor
educativa de Castrillo trasciende el salón de clases y se acerca más
a la de un embajador boricua en Berklee. Mas el percusionista que
constantemente viaja para realizar audiciones en varios países,
también ha negociado en innumerables ocasiones la admisión de
estudiantes de diversos trasfondos étnicos, así como ayudas
económicas para aquellos que sobresalen por sus talentos y enfrentan
enormes limitaciones económicas.
Mejor aún, muchos de los
jóvenes que han pasado por las clases de Castrillo trabajan con él
en algún momento de sus vidas, lo que les ha servido para establecer
posteriormente sus propias agrupaciones. Algunos deciden quedarse a
vivir en Massachusetts u otros estados del Norte, otros prosiguen
estudios graduados y, siempre están los que regresan a Puerto Rico a
abrirse paso como músicos profesionales y maestros en su tierra.
Su impacto entre alumnos y amigos -

La labor de
Eguie Castrillo como músico y educador ha sido reconocida
por sus compañeros del arte. (Foto Javier Santiago /
Fundación Nacional para la Cultura Popular) |
Como ejemplo
de la influencia que Eguie Castrillo ha ejercido en esta etapa de su
vida, tuvimos la oportunidad de conversar con algunos de sus ex
alumnos y compañeros de la música. De forma unánime los elogios para
el músico y profesor no se hicieron esperar.
Uziel
Colón,
pianista y músico profesional residente en
California, apunta que aunque no tomó clases con Eguie, sí
tuvo
la dicha de ser el pianista de sus bandas durante seis años. “Él no
es de esos directores musicales que están detrás de ti para que
hagas todo de la manera que quieren y no te dan espacio a
expresarte. Sin embargo, si hay un error o la cosa no está
engranando como se supone, él se encargara de darte una mirada junto
con un ‘qué es lo que está pasando, mulato’. Eguie es una gran
persona y un gran mentor. Y yo no sería el músico que soy hoy si no
fuera por él”.
Por su parte,
Tony Escapa,
baterista y músico que ha acompañado a artistas internacionales de
la talla de Franco De Vita y Ricky Martin, se considera dichoso por
haber tocado en el grupo de Eguie. “Compartimos tarima con Víctor
Mendoza y con PUYA, importantísima banda de rock en español. Pero
aparte de todos los consejos que me dio, valoro el que me haya
enseñado a apreciar la música de Los Beatles, algo que ha sido
esencial en mi crecimiento musical”.
Nomar
Negroni,
baterista y miembro del grupo de jazz Negroni’s Trio, atesora el
haber conocido la calidad humana del músico boricua más allá del
arte. “Recuerdo que en mi primer semestre en Boston no dudó en
recibirme en su casa y darme un ‘tour’
por todo Berklee bajo tremenda nevada”, apunta. Mientras el
percusionista y estudiante de Maestría en composición en Londres,
Luis J. Santiago Sierra, ratifica el don de gente del maestro. “En
una de las primeras clases privadas que me dio me dijo; ‘Bueno
mulato, hoy vamos a trabajar en la plena para las congas. Se toca
así..., ahora hazlo tú. ¡Tremendo! Vente, que tú eres boricua y
sabes esto ya, vamos pa’l
Pour
House
que tengo hambre’. Y así, sin casi conocernos, me invitó a almorzar
como si fuéramos panas de toda la vida”.
Por otro lado, el
saxofonista Luis Rodríguez atestigua que tras sus
años de aprendizaje musical ha seguido colaborado con Castrillo en
múltiples ocasiones.
“Siempre
que viene a Puerto Rico me llama para que organice la banda y los
músicos. Así lo hemos hecho en el Heineken Jazz Fest y en otros
festivales de jazz en el País’’.
Del mismo modo,
Aldemar
Valentín,
bajista y profesor del Conservatorio de Música de
Puerto Rico y el Departamento de Música de la Universidad
Interamericana, no tiene más que elogios para Castrillo.
“Eguie
es un luchador. Es gestor y creador de proyectos y eso lo separa del
montón. Siempre apoyó a los boricuas que pasábamos por Berklee. Nos
incorporaba a sus proyectos y nunca faltó su particular sentido del
humor, además de su honestidad y verdaderas ganas de compartir”.
Un maestro que no deja de aprender -
Si bien las claves de la evolución en la carrera de Eguie
Castrillo contemplan la colaboración, la versatilidad, la dedicación
y la disciplina, los últimos ingredientes que completan su fórmula
de éxito son el saber proceder en la vida con humildad
y el aprender sin cesar.
“Creo
que yo nunca dejaré de aprender”, apunta al referirse a su faceta de
padre en busca de un supuesto manual que aún no llega para criar
hijos.
“Eso
es lo mismo que me pasa con la música”, añade con su innegable tono
campechano.
De hecho, recientemente, en unas clases que
impartió en su alma mater - la Escuela Libre de Música Ernesto Ramos
Antonini -, Castrillo utilizó anécdotas personales para fomentar el
estudio en las nuevas generaciones. “Un día yo me puse a estudiar y
comencé a abrir los oídos y la mente, formulé preguntas y aprendí
algo de cada información que recibía. Tome cada dato que me
brindaban con respeto hasta que un día abrí los ojos y cuando me di
cuenta tenía a Tito Puente parado al lado mío, tocando conmigo.
Entonces, ahí tú caes en cuenta de la importancia de lo que estás
haciendo. Y es que uno, si de verdad cree en lo que haces y se pone
pa’ su número, las cosas llegan cual si fuera un premio que te
otorga la vida”, sostiene.
Por experiencia propia Eguie
Castrillo no tiene reparos en enfatizar la importancia que, junto a
todo lo anteriormente establecido, tiene la ética en el desarrollo
de todo músico. “A donde he llegado, no he tenido que empujar a
nadie, ni hablar mal de nadie. Cuando llegué a Berklee, miré pa’
trás y la satisfacción fue grande porque no tuve que imponerme sobre
el talento de nadie. Todo me lo he ganado de verdad. Y aunque a lo
mejor el éxito lo he venido a experimentar un poco tarde en mi vida,
las cosas llegan, ni un día antes ni un día después, sino cuando
tenía que ser”, finaliza con determinación este obrero soñador del
fogoso arte de la percusión.
4/junio/2011
Eguie
Castrillo en la red:
Eguie Castrillo y su banda Palladium en
su primera presentación en Berklee College of Music en 2004
http://www.youtube.com/watch?v=ZG-eFdMQ6pU
Eguie acompañó a Arturo Sandoval y al grupo Blood, Sweat &
Tears en el Berklee Performance Center
http://www.youtube.com/watch?v=mRnztfVOOF8
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