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   Untitled 1 San Juan, Puerto Rico

‘Memorable’ el regreso de Lissette


Lissette se estará presentando en el Club Tropicoro hasta el sábado 2 de abril.
(Foto suministrada)

A Isabel Calderón que nunca falta a la cita.
A Guillermo Acha y a Juan Luis Barry que tanto la hubiesen disfrutado…

La estrella convocó a un encuentro. Y fanáticos y admiradores acudieron por igual al llamado de la Soberana.

Cual si fuera una estampa de aquellos viejos tiempos, en los que los “fan clubs” se activaban ante el mero anuncio de su presencia, el legendario Club Tropicoro del Hotel Wyndham San Juan se desbordó de un ferviente público el sábado en dos memorables funciones en las que Lissette brilló a sus anchas.

Con su coqueteo ante las luces y su impostergable sonrisa, la artista irrumpió la noche al son de un festivo “A gozar la vida”. Y con esa premisa establecida, su agenda musical fue un constante zigzaguear entre el ayer y el hoy de su carrera. Un viaje gozoso de cerca de dos horas que, si hubiese sido por el público, no hubiese terminado jamás.

Un baúl de recuerdos se abrió ante todos con los toques precisos para la nostalgia. Con un libreto atinado, la estrella, cual si fuera un mago, fue sacando los incitadores del recuerdo: cartuchos de ocho canales, el reloj alusivo a “Martes, 2 de la tarde” y hasta el vestuario del contagioso “Salvaje”. Y si bien el público se gozó cada una de las ocurrencias, más lo debe haber disfrutado Lissette desde ese palco privilegiado que es el propio escenario del artista.

Desde allí seguramente comprobó cómo todavía provoca gritos de sus leales fanáticos, aunque ya estén peinando canas. Allí, volvió a escuchar los suspiros ante el primer acorde de un “Eclipse total” o la fanfarria de un “Justo yo”. Frente a ellos reafirmó cómo se intensifica la respiración ante un “Quiéreme” o un “Debut y despedida”. Y aunque en ocasiones sus propuestas musicales son vistas como arriesgadas o muy adelantadas a la época, la ovación a un “Trampas de luz” comprueba que no importa si no hay difusión; la canción cuando es una joya como ésta, a la larga trasciende en la conciencia popular.

Así, según se atestiguó el sábado en el Tropicoro, el tiempo parece que no ha pasado. Ante él, Lissette sigue intacta, con sus ademanes, sus melodías, su buen registro interpretativo y su innegable sentido del arte escénico. Algunos podrán criticarle su perfeccionismo. Pero cuando uno la ve aún en un escenario tan reducido como el del Tropicoro, se da cuenta de cómo sabe aprovechar el más mínimo espacio de la más difícil de las tarimas para desplazarse sobre ella con un dominio magistral.

Así, en un abrir y cerrar de ojos, con el maestro Jorge Laboy dirigiendo un equipo de excelencia compuesto por Juan Carlos Vega, Amuni Nacer, Junior Alvarado, Raúl Rodríguez y Efraín Martínez, la cantautora resplandeció tema tras tema, llevándonos en un perfecto “in crescendo”, digno de una producción sabiamente delineada.

Ante ello, “Hoy vine con ella”, interpretado a dúo con Yanira Torres fue un tema magistral en esta velada. “Yo me voy sola”, de la cosecha de 1986, confirma la vigencia de su sentido vanguardista en la música. La canción anti nuclear “Eva” mereció una cerrada ovación por la integración de Lissette y sus coristas (Yanira Torres, René Ferrer y Félix Alvarado). “No soy una señora” evocó el siempre vigente llamado de conciencia femenina. Igual, la liberadora “Al diablo con la noche”, tema de reciente cosecha, fue sin lugar a dudas uno de sus grandes aciertos en esta velada en el Tropicoro.

Ciertamente, la sorpresa inesperada de la noche recayó en la presencia de Chucho Avellanet en la primera función del sábado. En una sala donde se encontraban figuras como Silverio Pérez, Braulio Castillo hijo, Luis Raúl, el alcalde de Coamo, José García Padilla; el ex campeón Wilfredo Gómez; la ex senadora Margarita Ostolaza y el ex representante José Ronaldo Jarabo, Lissette llegó hasta la mesa del mayagüezano para saludarlo. El público eufórico - porque de fanáticos y admiradores se trataba - aplaudió a rabiar el momento. Y el eterno binomio de la Nueva Ola improvisó para ellos un “Desvelo de amor” a capella que, más allá de recuerdos, sella ese pacto de amistad que existe entre los dos.

Y es que realmente en este espectáculo Lissette consiguió ir más allá de la mera agenda artística para convertir el evento en un encuentro entre amigos. De ahí que no faltaran los repetidos “flashes” de las cámaras que interrumpían la oscuridad escénica de la noche. Los comentarios y elogios del público se sucedían igualmente libres y con espontaneidad. Para Lissette no faltaron las flores, ni aquella fanática que con su primer disco de larga duración en mano, se lo mostrara orgullosa en alto cuando ella se disponía a abrir el baúl de los recuerdos. (“Los otros días un niño me preguntó que cómo se tocaba eso”, comentó Lissette en toco jocoso recordando la tecnología pasada del disco en acetato).

Con la magia colmando el ambiente, la noche llegó a su fin con el consabido “Eclipse total del amor” retumbando como un himno. Una Lissette radiante concluyó la velada en pleno dominio y en alto. Y un público enardecido la aplaudió a rabiar, como en los viejos tiempos. Mas esta vez, no pudo complacer los gritos de “¡otra!” que reclamaban su regreso al escenario. A las afueras del Club Tropicoro una enorme fila esperaba por gozarse igual la segunda función del sábado. Ante ello, muchos de los que salían anticipaban sus regresos el sábado entrante para disfrutar de una nueva función. Y es que, en honor a la verdad, este encuentro con Lissette fue tan memorable que incita al regreso para vivirlo de nuevo.

 

24/mar/05

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