| Duro golpe al chisme televisivo
Por Javier Santiago y Miguel López Ortiz
Fundación Nacional para la Cultura Popular
El chisme salió al aire. Pero la prueba que, supuestamente, lo evidenciaría nunca existió. De un plumazo, la jueza Awilda Mejías Ríos dio un fuerte golpe a la práctica de la chismografía en la televisión puertorriqueña al declarar culpable al titiritero Antulio «Kobbo» Santarrosa Acevedo y al Canal 4 / Televicentro, condenándolos a otorgarle al empresario Adolfo Krans y a sus hijos la suma de $260,000 por daños emocionales. Dicha cantidad sería divida en $180,000 al empresario, más $20,000 a cada uno de sus cuatro hijos – Kendall, Kenneth, Karucha y Gretchen Krans Negrón .
La sentencia, que establece un precedente legal muy significativo, rompe en el País con el mito de que las llamadas “figuras públicas” pueden ser víctimas de difamación sin que sus calumniadores puedan ser juzgados por libelo. Mucho más, el caso contra Santarrosa y Televicentro establece la responsabilidad vicaria de los demandados que, según la sentencia, tendrán que responder en conjunto por los daños ocasionados por difundir una información falsa.
La historia en controversia se remonta al 3 de agosto de 2001 cuando Santarrosa, interpretando el personaje de «La Comay» a través de su programa “Súper X-clusivo” que transmite en horario estelar el Canal 4 de Televicentro, aseguró que Krans le era infiel a su esposa, la entonces Primer Mandatario del País, Sila María Calderón. Como evidencia se alegó tener un vídeo en que éste aparecía con una mujer con quien supuestamente sostenía relaciones extramaritales.
Como era de esperarse, la noticia se regó como pólvora y se convirtió en comidilla diaria en numerosos sectores de la comunidad. Hecho que se coronó con las especulaciones al oficializarse la separación del matrimonio Krans Calderón y, posteriormente, anunciarse las respectivas bodas de ambos.
En la demanda, el empresario y analista político de Radio Isla había reclamado cinco millones de dólares alegando pérdidas considerables en su empresa de seguros Adolfo Krans & Associates. Sin embargo, aunque la juez Mejías indicó que el demandante no había podido probar que las pérdidas fueron resultados de las imputaciones de infidelidad, sí dictaminó que tanto Krans como sus hijos “fueron víctimas de burlas y comentarios despectivos; tuvieron sentimientos de vergüenza, tristeza, coraje y ansiedad” a raíz de las manifestaciones vertidas por «La Comay».
“Este caso es una muestra de las consecuencias que podemos sufrir los ciudadanos cuando la Prensa se aparta de los principios éticos. Es preocupante que los medios de comunicación lleguen a estar desensibilizados a tal grado, sea por el afán de lucro o por cualquier otra motivación. Que falle en reconocer el efecto negativo que puede tener en la vida de una persona la publicación irresponsable de información sin el más mínimo ejercicio de corraboración. Santarrosa violentó los principios que deben guiar toda labor periodística, no sólo por aseverar que Krans sostenía una relación extramarital, sino porque lo hizo con menosprecio de la veracidad de la información. El adulterio es una imputación seria, directa y con efectos devastadores”, estableció la juez Mejías.
“No podemos olvidar que, como figura pública, las expresiones difamatorias tienen un impacto mayor, más aún cuando se hacen en un programa televisivo que se transmite en horario estelar y es de conocimiento público la alta audiencia que ostenta, según las encuestas”, añadió la magistrado.
Mas ante la victoria de Krans sobre Santarrosa y Televicentro, el titiritero celebró el que el empresario no hubiera podido probar los cinco millones de dólares en daños económicos que reclamaba en su demanda.
“Esto no ha terminado; esto está empezando”, advirtió el titiritero mayaguezano durante lan transmisión del controvertible espacio televisivo “Super Xclusivo”.
A lo que Joe Ramos, presidente de Televicentro, añadió a través de un comunicado de prensa que la sentencia era “salomónica” al otorgarle sólo un 5% de los daños reclamados por Krans.
Un gran sector de la Prensa puertorriqueña coincide en que “el golpe de gracia” al titiritero se lo dio quien fuera su colaborador en el programa, Leo Fernández III «El Paparazzí», quien durante un distanciamiento con Santarrosa sacó a relucir la inexistencia del vídeo inculpador en el programa “Ahora podemos hablar”, de Carmen Jovet, en Telemando / Canal 2. Como es de conocimiento general, ésta siempre ha sido constante objeto de los ataques de éste.
“Me hubiera gustado que ellos arreglaran sus diferencias fuera del tribunal. Pero, aunque traté de que así fuera, no me fue posible porque ambos son amigos míos y a veces es mejor un mal arreglo que un buen pleito. Lamentablemente, soy una de las víctimas de este caso porque me causó mucho estrés y estuve internado en un hospital a punto de un infarto por una severa depresión. Más que en términos de dinero, esto abre una caja de Pandora que hace que todos los que nos dedicamos al negocio del entretenimiento pulamos mejor nuestros actos”, dijo Fernández a la periodista Patricia Vargas de El Nuevo Día.
La chismografía no es periodismo-
Por otro lado, Oscar J. Serrano, presidente de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico (ASPRO), hizo circular un comunicado aclarando que “Kobbo Santarrosa no ejerce el periodismo”, por lo que exhortaba a los tribunales y al público a no brindarle el mismo tratamiento que las leyes y la sociedad reservan para los periodistas.
“La juez Mejías empezó bien cuando determinó, como un hecho, que el señor Santarrosa es titiritero, pero desvirtuó esa determinación cuando entonces lo trató como periodista. Es absurdo que a un titiritero lo traten como periodista”, recalcó Serrano.
El clamor de Serrano por el buen uso del oficio periodístico también fue secundado por Annette Alvarez, presidenta del Club Ultramarino de Prensa, conocido por sus siglas en inglés como O.P.C. Esta objetó el que se confundiera la labor de la Prensa frente a “las actuaciones de personas que gozan de espacios privilegiados en los medios de comunicación”.
Por su parte, el abogado Ignacio Rivera, compañero de panel de Krans en el programa de análisis político “Fuego cruzado”, destacó la importancia del caso a través de la edición del jueves 9 de marzo que transmitió Radio Isla.
“Seguro que este es un caso que va a llegar hasta el Tribunal Supremo de Puerto Rico. Yo creo que allí debe llegar porque así se dicta la norma (sobre este tema) para Puerto Rico. Porque este caso ahora mismo es entre ustedes (Krans vs. Santarrosa/Televicentro), pero si va al Tribunal Apelativo, y de ahí va al Tribunal Supremo, es bueno que llegue porque en Puerto Rico hay pocos casos (que dicten la pauta) sobre libelo en torno a personas públicas”, apuntó el licenciado Rivera.
La noticia de la victoria de Krans sobre Santarrosa y Televicentro ha repercutido ampliamente en programas de radio y televisión, así como en la prensa escrita del País. Mas el punto final a la controversia puede que no haya llegado pues, tal como muchos han adelantado, esta decisión del Tribunal de Primera Instancia de Bayamón es posiblemente el primer golpe de una larga batalla contra la industria del chisme. Y aunque el abogado de Krans adelantó que apelaría la sentencia sobre los daños económicos, así como Televicentro dejó entrever que haría lo propio en el Apelativo, hay una carta adicional que el demandante guarda con recelo debajo la manga: presentar una querella ante la Comisión Federal de Comunicaciones (F.C.C.). Ante ello, habría que esperar a ver qué peso podría tener esta querella a la hora de Televicentro solicitar la reanudación de su licencia ante la entidad federal que rige el sistema de comunicaciones en el Estado Libre Asociado de Puerto Rico.
11/mar/06
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