| “El derecho de comer” en el tiempo
Por Javier Santiago
Fundación Nacional para la Cultura Popular

La película “El derecho de comer”, protagonizada por René Rubiella “Findingo” y Lissette, se exhibió como parte de la serie “Cine a go-go” del Ateneo Puertorriqueño.
(Foto Archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular) |
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Acudieron fieles a la cita, tal y como ha venido sucediendo desde el pasado 29 de enero. Y con las canas que hoy peinan y el peso del tiempo acumulado, una vez más llenaron el Teatro del Ateneo Puertorriqueño para responder con militancia - y curiosidad - al llamado de un nuevo capítulo del “Cine a go go”.
Allí, semanas antes, ya habían desfilado producciones como “Libertad para la juventud”, “Vírgenes a go-go”, “Juventud sin freno” y “El jíbaro millonario”. Mas ahora le tocaba el turno a “El derecho de comer”, largometraje que en 1968 protagonizaron el comediante René Rubiella “Findingo” y uno de los ídolos de la Nueva Ola Portoricensis, Lissettte. Y con la sala llena, el proyector digital entró en acción para saciar la nostalgia colectiva.
Con la ciudad de Ponce como escenario, este filme estableció de inmediato la imagen de un Puerto Rico distante. Ubicado al final de la década de 1960, en aquella época Fomento y su sello distintivo de la rueda industrial, proclamaba orgulloso su producto “Hecho en Puerto Rico”. Tras tal afirmación, la cámara procedió a llevarnos por las calles de una ciudad en transición, escasa en verdor, con olor a cemento nuevo, en pleno establecimiento de nuevas urbanizaciones, con el asomo del inevitable centro comercial y el recuerdo de precios y salarios - ridículos para la generación de hoy - como era el jornal de $40.00 por mes para un conserje y 35 centavos por un “hot dog”.
En lo que sería una gran escuela sobre aquella época para los contemporáneos, “El derecho de comer” ilustró en sus escenas los inicios de la era de las discotecas y los tiempos en que las clases pudientes tenían un séquito por servidumbre (con cocinero, ayudante doméstica y mayordomo). Ilustró también el capítulo final de la era en que vivíamos a puertas abiertas sin el temor a la criminalidad, así como la ingenuidad juvenil de un mundo color de rosa que, aunque aquí esté exento del tema de la guerra no declarada en Vietnam, no estaba al margen de las vivencias que en todas las épocas siempre han existido: la infidelidad, el hambre, el prejuicio, la orfandad, el discrimen social...
El argumento del filme, delineado en el guión de Alberto González, presenta al personaje de “Findingo Lenguamuerta”, como un ejemplo de dignidad aún dentro de la pobreza. Si bien deliraba por complacer a sus “tripitas” con unas tristes “mollejitas”, su sueño se tronchaba a la menor oportunidad. Pero no por eso la razón de ser dicho personaje se perdía en la trama. En todo caso, este pordiosero que vivía debajo del puente, y que proclamaba ser mas pobre “que el que inventó la miseria”, sabía sacarse el pan de la boca para dárselo a una indefensa huérfana que mirando un afiche de Rocío Dúrcal, soñaba con ser igual que ella: toda una estrella.
Con un mensaje de humor liviano que, en ocasiones, puede rayar en lo inverosímil, el guión de González es típico del cine musical que se hizo en Puerto Rico en la década de 1960. Ciertamente, la profundidad se posterga ante la misión de simplemente entretener como si fuera un programa más de comedia. Pero, ojo: la mentalidad de la época está aquí al descubierto para el que la quiera encontrar.
En plena era de la industrialización y la modernidad, los aires de la “nueva vida” se sienten en esta cinta donde la salvación económica de la joven huérfana llega - cual fantasía de triunfo - vía Hollywood. Un productor del Norte, “Morton Parker”, que se encuentra filmando en Ponce, descubre el talento de la juvenil cantante. Y tras la búsqueda de esta Cenicienta, de mahones y blusa azul, la ve al cruzar la calle...y presto...!: a la juvenil Lissette se le dio el sueño de triunfar en la vida... mas no así al pordiosero “Findingo” que, sin lograr llenar su estómago, tan sólo tiene la satisfacción de ver realizado el sueño de su protegida.
No obstante, en honor a la verdad, hay que establecer que a casi 40 años de su rodaje, “El derecho de comer” volvió a cosechar risas entre los asistentes durante su proyección en la serie “Cine a go-go” del Ateneo Puertorriqueño. Y aunque la vieja guardia de los fan clubs de Lissette se dejaba sentir cantando con su adorada éxitos como “Lazos azules y rosas”, el encuentro también sirvió para ilustrar el trabajo de numerosos artistas de la época que, de no ser por este filme, no estarían documentados en nuestros archivos de imágenes. Así pudimos apreciar en la pantalla el trabajo que en aquel momento realizaron Arturo Correa, Maribella García, Frank Ferrer (que despuntaba con los ritmo de moda: el bugalú y el shing-a–ling), José Manuel Caicoya, Lolita Berio, Luis Antonio Cosme, Marta Jorge, Jaime Ruiz Escobar y José de San Antón.
Ciertamente, de aquel elenco que aún está entre nosotros, la presencia de Rubiella fue la más esperada por muchos de los asistentes a esta cita con el cine nacional de ayer. Pero por razones de salud, el comediante, creador de personajes como “Cheo Pitrinche”, “Avelino Plumón” y “El Coronel Pechuga”, no pudo asistir al encuentro. En su lugar, su esposa, la también artista Estrellita Cruz, le excusó y procedió a responder preguntas de los asistentes.

Estrellita Cruz, quien estaba acompañada por su hija, recibió una copia digital de la película “El derecho de comer” que le obsequió Roberto Ramos- Perea, presidente de del Archivo Nacional de Cine y Teatro del Ateneo Puertorriqueño. Junto a ellos Edgardo Huertas, cantante y estudioso del cine puertorriqueño.
(Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular) |
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“Esa fue una época que disfrutamos mucho”, recordó una jovial Estrellita ante el público que colmaba el Teatro del Ateneo. “Cuando se filmó la película, René tenía el espacio de “La finquita de Findingo” en el Canal 11. Y todos los días viajaba de San Juan a Ponce para cumplir con los compromisos del rodaje. Ojo, que en aquellos años no había expreso que lo llevara a uno en cuestión de minutos al Sur. En todo caso había que manejar por ‘La Piquiña...”, rememora evocando las curvas de la carretera que conectaba a San Juan con la ciudad de Ponce.
Estrellita, quien lleva cuatro décadas de feliz unión con Rubiella, no pudo ocultar la emoción al recordar los días de filmación en Ponce y el elenco con el que compartieron. De hecho, tuvo elogios para Arturo Correa, con quien dijo que mantuvieron una buena relación más allá de la película... “Quizás mucha gente no lo quiso bien, pero nosotros siempre le distinguimos como lo que fue: una gran persona”, apuntó la artista, cuyo trabajo podrá ser apreciado nuevamente en la comedia televisiva de TUTV, “Qué familia, mi familia”.
Por su parte, Edgardo Huertas, miembro del Consejo Asesor del Archivo Nacional de Teatro y Cine del Ateneo Puertorriqueño, tuvo palabras de elogio para René Rubiella y su caracterización del personaje “Findingo”. “René seguía la línea de humor establecida por el legendario Charlie Chaplin. ‘Findingo’ nos hace reir y llorar dejándonos ver su nobleza. Pero, entre todos los valores de este personaje, sobresale, indiscutiblemente, la honestidad”, señaló.
Así, la noche concluyó en alto no sin antes conocer testimonios de varios de los presentes que formaron parte de la filmación de la película de Arturo Correa a finales de la década de 1960. Y, con las palabras de Roberto Ramos-Perea, sobre lo difícil que ha sido la labor de documentar las producciones de cine hechas en Puerto Rico, el presidente del Archivo Nacional de Teatro y Cine del Ateneo Puertorriqueño, procedió a anunciar el cierre de este exitoso ciclo de la serie Cine Sin Pantalla, el próximo lunes 5 de marzo, con la proyección de la cinta “Tú, mi amor”, con las actuaciones de Frank Moro y Arturo Correa.
2/mar/07
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