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Gerardo Ortiz: de criollo en ‘El Cimarrón’
a ochentoso en ‘De-generación’


El actor Gerardo Ortiz interpreta el personaje del criollo “Domingo Ortiz” en la nueva película puertorriqueña “El Cimarrón” que acaba de recibir una Menicón Honorífica en el XV Pan African Film Festival de Los Angeles.
(Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular)

El es «Domingo Ortiz», el comerciante criollo que según se aprecia en la nueva película “El Cimarrón” se abraza a los postulados que en las cortes de Cádiz defiende don Ramón Power y Giralt en nombre del pueblo de Puerto Rico. El es también un “ochentoso” empedernido que cada fin de semana forma parte del elenco de la pieza teatral “De- generación 80... y pico”. De un extremo al otro, sin olvidar su labor matutina diaria en las ondas radiales, el actor Gerardo Ortiz es ejemplo de versatilidad que cumple a cabalidad con cada reto que se le presenta en el arte sin postergar jamás la calidad.

¿Cómo te las agencias en tu agenda diaria para realizar ensayos, programas radiales y actuaciones nocturnas?
Gracias a Dios todas estas labores se llevan a cabo a diferentes horas del día. En el caso de “El Cimarrón” llevo esperando su estreno desde que terminamos de filmar. Es un proyecto que disfruté tanto que en realidad es como un regalo que nos hicimos todos los que trabajamos en el filme. En el caso de “De-generación” la gente la está pasando muy bien. Y en el programa radial “Sin stress” a uno se le olvida el martirio de tener que madrugar porque la dinámica diaria es excelente. Dentro de ese marco, tengo que admitir que cuento con espacio para compartir con mis hijos. Mi hija Victoria Isabel, de 16 años, clasificó en octubre en los pre Panamericanos. En abril comienza entrenamiento en Europa. Va para España, Turquía, Argentina y, a partir del 13 de julio, a Brasil. Como tengo tiempo de ver ese participación, gracias a Dios, todo parece estar fríamente calculado. Eso lo da que “Sin stress” sea en la mañana, mientras la locución comercial es en el día. Y después de las 3:00 busco los hijos y estoy con ellos en la Federación. Es cansón porque uno llega a las 9:00 de la noche al hogar y ya a las 4:00 de la madrugada ya estoy despierto. Pero todo fluye. Eso sí, se complica la cosa cuando vienen los ensayos. Pero como está todo corriendo ahora creo que todo va perfecto.

En la primera etapa de “De-generación” realizaron más de 100 funciones. Ahora acabas de comenzar una nueva etapa en la secuela de dicha producción. ¿Qué satisfacciones has derivado tú como artista de esta dos puestas en escena?
Primeramente, debo establecer que la satisfacción inmediata que tengo es la de poder participar de un proyecto que en cierto modo es permanente. Yo llevo 25 años en la carrera. Y ésta es la primera vez que puedo hacer algo que dura en cartelera y me permite proyectar que en los próximos meses pues seguiré en esto. No hay cosa más triste que trabajar para montar algo que dura sólo una semana. Y claro, en este caso específico esto funciona porque tenemos el Teatro Georgetti disponible. Pero la obra también es algo refrescante para el público. Y a esta lista de satisfacciones se añade el poder ver que al trabajo de uno se le puede sacar el jugo. Uno se siente mas seguro en los personajes, y por consiguiente se los disfruta más.


“De-generación 80 y pico” se ha mantenido por largo tiempo en la cartelera del Teatro Georgetti de Santurce. En la foto aparece Gerardo Ortiz, Tita Guerrero y Joaquín Jarque en una escena que rememora la guerra de los rockeros y cocolos en el Puerto Rico de los años 80.
(Foto suministrada)

¿En qué pieza teatral de las que has trabajado consideras que debió permanecer por mayor tiempo en cartelera?
De los que hice “Tartufo” fue uno. Esta comedia clásica de Moliere la volvimos a reponer recientemente en diciembre por un fin de semana. Obviamente, con el tema de los chanchullos y los tramposos esta es una pieza que está vigente en nuestros días. Sin embargo, cuando trabajamos originalmente en ella, le dedicamos todo un verano a su montaje que fue bastante complicado. Eso fue para el año 1998. Tristemente, cuando fuimos a estrenar nuestra versión en teatro coincidió con la llegada del huracán George’s. A duras penas estrenamos dos semanas después porque los compañeros actores que trabajaban en televisión tenían sus talleres cerrados. Por otro lado considero que “Agrándame ese combo” y “Pasajeros a bordo” fueron dos producciones que merecían permanecer más tiempo en cartelera. Cuando le cogimos el gusto se acabó. Y eso es algo que siempre frustra a cualquier actor.

¿Alguna vez pensaste que “De-generación” iba a cumplir tantas funciones en cartelera?
No, para nada. De hecho, al día de hoy a todos nos sorprende este éxito. Inclusive en esta segunda parte. Ciertamente la gente que vio la primera regresa a ver la segunda. Pero siempre sorprende el que hayan regresado masivamente como se está dando ahora. Y es que al parecer esto se ha ido convirtiendo en “teatro de culto”. Tanto que aún en el fin de semana que se presentaba Donna Summer, la pelea de Miguel Cotto, y se daba el estreno de la obra “El martes a la una” con Axel Anderson y Jaime Bello, nosotros teníamos sala llena. Así que realmente es algo inesperado para todos, incluyendo a sus productores Alexis Sebastián Méndez y Joaquín Jarque.

¿A qué atribuyes el éxito de la pieza en términos del público?
Primeramente considero que está bien escrita. A ello se añade entonces el que está bien actuada y se hace con pasión. Como no hay nada falso en ella, la gente se engancha de inmediato. “De-generación” trata sobre cosas que todos vivimos directamente como fue la lucha entre los rockeros y los cocolos. De hecho, hay una escena en la que Carlos Merced sale a escena, abre un bulto y saca una sartén de aluminio con el recordado “jippy pop pop corn”. Ahí hay que parar la escena por la risa que provoca en la gente...


Desde 2001, el actor y locutor Gerardo Ortiz mantiene el espacio matutino “Sin stress” junto a Suzzette Bacó.
(Foto cortesía Teve Guía)

Hay quien dice que el boricua le saca punta a todo, más si está en medio de una vorágine o enfrenta un periodo de crisis. Ante ello, ¿cuán importante es para ti hacer reír?
Tanto en “De-generación” como en el programa radial “Sin stress” puedo evidenciar esto todos los días por la cantidad de mensajes cibernéticos que recibo. La gente podrá estar en medio del tapón, o lamentándose de sus problemas cotidianos. Pero nosotros tratamos de minimizar el impacto de la crisis que vive el País tanto en lo social, como en lo político y en lo económico. Esa es una responsabilidad. Ciertamente, nos estamos convirtiendo en una medicina. La gente se olvida de las preocupaciones momentáneas, enajenándose por unos minutos de la realidad que les espera al final del camino.

Como artista, ¿cuán importante es saber que tu trabajo sirve de válvula de escape ante el agobio social que atravesamos diariamente?
Sin lugar a dudas sientes una satisfacción enorme por saber que estamos haciendo algo positivo. Aunque se toquen temas sensitivos, se crea conciencia sobre temas importantes para la convivencia. Por ejemplo, hablamos de padres e hijos, de que debemos ser agradecidos y que tenemos que entender la importancia de poder pasar un sábado o un domingo en la familia. Incursionamos en temas de alimentación recordando lo que el corre y corre cotidiano puede causar en la salud. Esa machaca diaria, salpicada de buen humor, por algún lado tiene su efecto. Y ante ello recibes la satisfacción de saber que el trabajo de uno puede ser la mejor medicina que la gente pueda recibir.

“Sin stress” ha probado ser una alternativa matutina para el público. Muchos atribuyen el éxito del programa a la buena química que se da entre Suzzette Bacó y tú. ¿En que consiste para ti la aceptación de dicho programa?
Yo creo que tanto Suzzette como yo somos nosotros; dos amigos que nos podemos hablar de cosas. Ciertamente no queremos enajenar a la gente porque hay una realidad y hay que responder a ella. Pero somos genuinos. Si metemos las patas nos corregimos porque entre nosotros no hay una guerra de egos. Gracias a Dios ambos tenemos la conciencia de saber respetar el espacio que cada uno tiene. Nos admiramos mutuamente. En mi caso particular, yo admiro su entrega por la causa de los animales. Ella, por su parte, hace lo mismo con mi pasión por los temas relacionados con la familia. De esta forma nos admiramos y nos respaldamos porque estamos juntos en el mismo bote. Sabemos que en la industria del espectáculo todo cuelga de un hilo. Sin embargo, hemos mantenido este espacio radial por seis años y seguimos a flote.

Mas allá del humor que despliegas en radio y teatro, el próximo 22 de marzo se estrena la película puertorriqueña “El Cimarrón” en las salas de cine nacionales. ¿Qué expectativas tienes ante la misma?
Como ya estrenó fuera y he visto el respaldo que ha tenido en el exterior, quisiera que en Puerto Rico se apreciara de igual forma este ejemplo de cine bien hecho. A veces somos tan severos en los juicios... Y no es que nos pasen la manita. Es que hay que permitir que surja el taller para seguir realizando trabajos tan dignos como éste... Creo que “El Cimarrón” es eso... un trabajo digno. Es una historia creíble que está muy bien escrita. Tiene además un buen balance en las actuaciones. Por otro lado pienso que tiene un mérito adicional por tratarse de un trabajo de época bien delineado. Sus personajes enfrentan una realidad que es muy distinta a la nuestra. Ante ello es necesario que las nuevas generaciones conozcan la gesta noble de los abolicionistas y lo que enfrentaron nuestros ancestros.


En un aparte durante la filmación de “El Cimarrón” Gerardo Ortiz (a la derecha) posa para el lente junto a Modesto Lacén, Daniela Droz y el director Iván Dariel Ortiz.
(Foto Javier Santiago / Fundación Nacional para la Cultura Popular)

¿Confías tendrán el respaldo del público boricua en la taquilla?
Claro que la gente lo va a respaldar. Cualquier cosa que viene de los Estados Unidos la gente va y la ve y aporta su dinero sin que le deje nada. Sin embargo, en este caso particular, por los méritos de la cinta, espero que la sala se llene y que los maestros la vayan a ver. Que descubran que dentro de esta historia cinematográfica hay unos elementos de enseñanza extraordinarios que les pueden ayudar en la misión didáctica. Aquí pueden asignar esta obra a sus estudiantes para que escriban reseñas o ensayos de ella. Eso es viable. Y con eso nada más ya nosotros tenemos un público que va a ir para garantizar que en Puerto Rico se siga haciendo cine del bueno.

¿Cómo describes la experiencia de haber trabajado en esta producción que trata sobre el tema de la esclavitud?
La experiencia fue suprema. Este es el tipo de trabajo que te paga. Es un trabajo que reta. Y yo lo hubiese hecho hasta de gratis. Yo se lo dije a Iván Gonzalo Ortiz, el productor ejecutivo del filme: ‘Si no hay papel para mí, aunque me pinten de negro, yo quiero estar ahí’. Y es que fue tan chévere trabajar con ellos! Para mi fue pura satisfacción este proyecto fílmico desde el mismísimo libreto, hasta los ensayos, las escenas, los vestuarios, la filmación, en fin, todo... Aquí no se improvisó nada. El trabajo fue genial. Y al final la música de Pepe Ojeda le añadió el elemento que faltaba. Así que, si me llaman para otra película, ésta va a ser mi regla para medir que las cosas estén bien hechas y bien delineadas en el futuro.

A tu experiencia en cine con “El Cimarrón” se unen producciones previas como “Los cuentos de Abelardo”(1989), “La guagua aérea” (1993), “Cuentos para despertar” (1995) y “Leyendas de Puerto Rico” (1998). Y de hecho, en estos días recién se acaba de editar en formato de dvd la aclamada producción “Parece que fue ayer” que protagonizaste el año pasado. ¿Cuán importante es para el desarrollo del cine nacional abordar temas referentes a nuestra identidad?
En estos momentos de la historia es sumamente importante hacerlo. Cada una de estas producciones forman parte de un importante recurso que dejaremos a nuestros hijos de lo que fuimos. Para saber a dónde podemos llegar tenemos que saber de dónde venimos. Ese rescate de lo que fuimos, es un recordatorio a nuestros hijos que hoy están acostumbrados a que todo se puede comprar con el simple uso de una tarjeta de crédito. Hay que recordar a los que estuvieron. Hay que recordar lo que hicieron los que dieron su sangre y su pellejo para los que hoy se nos reviente el pecho de orgullo levantando una bandera. Ser puertorriqueño es conocer tu historia y saber de dónde viniste. Ser puertorriqueño es conocer el pasado y el presente... Eso es lo que está en “El Cimarrón”, en “Cuentos para despertar”, en “Los cuentos de Abelardo”; gente que sudó la patria. Y la única manera de jamaquear lo que somos pues, es haciendo proyectos como éstos. Los trabajos de Alba Nydia Díaz, Sonia Valentín, Roberto Ramos-Perea, Luis Molina, Iván Dariel, nos recuerdan que no podemos permitir que se destruya nuestra historia. Eso es urgente. Y ante ello no debe haber cuestionamiento.

 

9/mar/07

 

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