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  San Juan, Puerto Rico ::

El maestro Rafael Tufiño: pedazo del Viejo
San Juan que tanto amó


El maestro Rafael Tufiño trabajó intensamente en su obra expresiones de la cultura popular nacional.
(Foto BPPR / archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Hay seres que nacen destinados a la inmortalidad, no sólo porque son capaces de forjar un legado imperecedero, sino porque su paso por la vida los convierte en íconos del lugar que convierten en morada. Se dice que nadie muere del todo mientras el manto del olvido no lo arrope y tal sentir, por norma, tiene que ser aplicado a Rafael Tufiño Figueroa, a quien también hay que estamparle aquella proclama de reafirmación boricua gritada por nuestro poeta nacional Juan Antonio Corretjer que el cantautor Roy Brown se encargó de musicalizar y difundir: “yo soy puertorriqueño aunque hubiera nacido en la Luna”.

Porque ¿qué más da que hubiera visto la primera luz en el condado neoyorquino de Brooklyn, el 30 de octubre de 1922 – suerte similar a la que han corrido varias generaciones de compatriotas por la mera circunstancia que impone una situación socioeconómica agobiante –, si a través de su existencia terrenal se consagró como un pedazo humano del Viejo San Juan que tanto amó y plasmó en su invaluable obra pictórica?

Junto a Francisco Rodón, era uno de los dos pintores
puertorriqueños vivos más importantes a nivel mundial –

El legendario “Tefo”, de quien tantos vecinos de la Zona Colonial capitalina tienen, por lo menos, una anécdota simpática o ingeniosa que narrar, llegó a la pintoresca barriada La Perla cuando contaba 10 años y, tanto allí como en otros rincones de Puerta de Tierra, creció y vio pasar el resto de sus días. El arte de la imagen lo atrapó desde niño. Como todo fruto de la pobreza – desde chico vendía el maní que tostaba su abuela Juanita Rodríguez por el área de los muelles para colaborar al sustento familiar –, comenzó adiestrándose de manera autodidáctica, aunque recibiendo ocasionales orientaciones de pintores más experimentados. Aún contaba 17 años cuando, en 1940, junto a Lorenzo Homar, Luis Burgos, Tony Maldonado y otros jóvenes artistas, colaboró con el maestro Juan Rosado en la fundación del importante centro L’Atelier de San Juan.


La obra “Goyita”, óleo sobre masonite, fue realizada por Rafael Tufiño en 1953, inspirada en su progenitora.

Luego de concluir sus grados académicos regulares y, con grandes sacrificios, acumular ciertos ahorros, tuvo oportunidad de pulirse en la Escuela Nacional de Bellas Artes de México, donde permaneció algunos años disfrutando de la intensa bohemia artística que caracteriza a ese país, mismo que sirvió de cuna a su hija mayor, Nitza. Al retornar a su patria en 1950, pronto fue requerido para trabajar en la División de Educación a la Comunidad (DIVEDCO) como cartelista, ilustrador y escenógrafo de las películas realizadas por Amílcar Tirado, Luis Maisonet, Jack Delano, Benjamín Doniger y Óscar Torres, labor que compartía con sus viejos compañeros y amigos que se le sumaron en el taller sanjuanero del maestro Rosado: Lorenzo Homar, Antonio Torres Martinó, Julio Rosado Del Valle y Félix Rodríguez Báez, entre otros.

Considerado, hasta el momento en que cerró sus ojos el jueves 13 de marzo uno de los dos pintores puertorriqueños vivientes más importantes a nivel mundial – el otro es el pepiniano Francisco “Pancho” Rodón (1934- ) – y, junto a Torres Martinó, Antonio Martorell y Myrna Báez, que le sobreviven, uno de los más representativos de la denominada generación del ‘50, el maestro Tufiño Figueroa fue galardonado con la codiciada beca Gugenheim en 1956, lo cual le permitió realizar la exposición “Serie el Café” en Nueva York y que sus obras fueran adquiridas para exhibición permanente en el Museo de Arte Metropolitano y el Museo del Barrio.

Murió en la pobreza a pesar de la grandeza de su obra –


El grabado “Santa María” es una de las aportaciones de Rafael Tufiño al portfolio de plenas puertorriqueñas realizado en 1954 junto al maestro Lorenzo Homar.

En lo sucesivo, sus pinturas engalanarían las galerías del Museo de Arte de Ponce, el Museo del Instituto de Cultura Puertorriqueña, el Museo de Antropología, Arte e Historia de la Universidad de Puerto Rico y el de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos en Washington, DC, así como importantes colecciones en México, Sudamérica y Europa. En 1968 participó en la prestigiosa bienal de México. Su afán por plasmar en el lienzo escenas típicas y recovecos emblemáticos del Viejo San Juan le merecieron el calificativo de “El Pintor del Pueblo”, gran número de reconocimientos – el último que recibió fue que la Sala 4 de la Galería Nacional del ICP fuera bautizada con su nombre en febrero pasado, apenas un mes antes de su deceso – y, sobre todo, un amor entrañable por parte de la comunidad sanjuanera. Entre su vasta obra, sentía particular cariño por las tituladas “Trasbastidores” y “Goyita”, esta última dedicada a su progenitora, Gregoria Figueroa Rodríguez, en 1957. En este cuadro la muestra curtida por el Sol, consecuencia de su duro trabajo en las fincas tabacaleras.

Muy posiblemente, de haber sido norteamericano, mexicano u originario de algún otro país donde el gobierno aquilatara y promocionara debidamente a sus tesoros culturales, Rafael Tufiño hubiera disfrutado, por lo menos, de las comodidades materiales básicas a que aspiran los artistas luchadores como él. Tal vez hubiera sido rico. Pero, no fue así. Siempre vivió de manera modesta, jamás tuvo un automóvil y, para colmo, carecía de recursos económicos para solventar los gastos médicos que requería el tratamiento para combatir el cáncer pulmonar y que minaba su organismo. Al punto de que, en momentos en que la vida se le escapaba, un grupo de artistas integrado por Andy Montañez, Glenn Monroig, Tito Auger, Luis “Perico” Ortiz, Luis Rojas, Luis “Perico” Ortiz, Walter Morciglio y los colectivos Cultura Profética, Haciendo Punto En Otro Son y Caribe Gitano se disponía a realizar un espectáculo en la Sala Raúl Juliá del Museo de Arte de Puerto Rico, cuya recaudación se destinaría a sufragar el costo de su hospitalización.

Como se había planificado, tal evento se materializó el pasado domingo 16… pero con otro propósito: el de costear su sepelio, que tuvo lugar en el Cementerio Santa María Magdalena de Pazzis.


28/mar/08

 

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