| Awilda Carbia:
Dama Eterna de
la Comedia Nacional
Por Miguel López Ortiz
Fundación Nacional para la Cultura Popular

Awilda Carbia fue la figura central de sus propios espectáculos titulados “Desconciertos” que engalanaron los principales teatros del País.
(Foto Archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular) |
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Casi todas las actrices que gozan reconocimiento en nuestro País, alguna que otra vez han incursionado en el género de la comedia sin que, necesariamente, sean comediantes. La mayoría de ellas han brillado – o brillaron (en el caso de las fallecidas) –, principalmente, en el campo dramático. Esperanza Martínez, Alicia Moreda y Gladys Rodríguez son los primeros nombres que llegan a mi memoria como ejemplo de estos casos. Por lo general, las presencias de estas figuras en los montajes basados en el humor persiguen el propósito de dar vida a las situaciones que harán lucir a los verdaderos comediantes.
Actrices dedicadas por completo o, primordialmente, al arte de hacer reir en Puerto Rico siempre han sido pocas. Podríamos mencionar, entre otras, a Cecilia Cavero – la “Doña Polita” de “El tremendo hotel” en tiempos de “Diplo” –, Adelaida Gatell (del meridiano “Torito and Company”, de WKAQ Radio El Mundo hace casi medio siglo); Velda González (célebre por su caracterización de “Azucena Del Campo y Castillo” en “La criada malcriada” en WAPA TV / Canal 4); Norma Candal – considerada “la mejor” por un nutrido sector de la crítica especializada –, Rosita Velázquez y las más contemporáneas Carmen Nydia Velázquez, Tita Guerrero y Suzette Bacó. Ésta última, muy admirada por su naturalidad en escena.
Sin embargo, no se podría hablar de humorismo en nuestra patria sin que saliera a relucir, de manera fulgurante, el nombre de una artista irrepetible, cuya presencia en los escenarios echaremos de menos durante largo tiempo, pues falleció a consecuencia de un fallo respiratorio, en el Ashford Presbyterian Community Hospital, en el sector santurcono de Condado, el domingo 22 de marzo. Su nombre: Awilda Carbia.
A diferencia de las antes mencionadas, cuyas carreras se circunscribieron, básicamente, al teatro y a la televisión, a ella le corresponde el mérito de haber sido la primera comediante puertorriqueña que encabezó espectáculos humorísticos en centros nocturnos y en las más prestigiosas salas nacionales como estrella absoluta. Caracterizando, a manera de parodia, a figuras relevantes del mundillo artístico y politico, no tenía comparación. Pero, igualmente, creó buen número de personajes que popularizó a través de la pantalla chica: “Flor Rosa” (campesina que se desempeñaba como empleada doméstica); “Rabito” (chico callejero y aguzado); “Zahorí” (niña habladora e inquieta); “Zoila Norsa” (enfermera pendiente de todo, menos de atender a los pacientes), etc.
Tuve oportunidad de entrevistarla en varias oportunidades, específicamente para la recordada revistas Artistas. Además, fuimos vecinos, pues a raíz de que ella se casara con el destacado actor y productor ponceño Benito Mateo, en 1977, estableció su hogar en el edificio Caribbean Towers, en la zona de Miramar, donde todavía radico. Es importante resaltar que Awilda siempre atribuyó a su entonces esposo el repunte que su carrera experimentó a partir de su serie de “Desconciertos”, pues hasta aquellas fechas había sido algo discreta. Fue Benito quien concibió aquellos espectáculos que habrían de consagrarla como la actriz cómica más exitosa en Puerto Rico a partir de las postrimerías de la década de 1970.
Apareció en el escenario por primera vez a la edad de tres años bailando una rumba durante una función de la compañía
de “Diplo” en el Teatro Alcázar, en Caguas –

En esta foto de archivo aparfece la entonces niña Awilda Carbia, junto al inolvidable comediante puertorriqueño, Ramón Rivero “Diplo” y Rafael H. Benítez.
(Foto colección Miguel López Ortiz) |
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Su nombre completo era Awilda María Carbia Benítez y vio la primera luz en la Calle Wilson, en Santurce, el 30 de enero de 1938. Hija de Rafael Carbia Miranda y Gloria Benítez. De sus cuatro hermanos, Vilma (1927-2000) también se inclinó por el arte escénico, aunque sería más recordada como co-animadora de los programas de variedades que su esposo, Tony Chiroldes, producía en WAPA TV / Canal 4 primero y en WRIK TV / Canal 7 y WKBM TV / Canal 11 después.
“Mis padres pertenecían a la alta sociedad de San Juan. Papi era un abogado muy prominente que amaba las artes y el deporte. De hecho, siempre estuvo unido al equipo de béisbol profesional Senadores de San Juan. Era íntimo amigo y colaborador de Ramón Rivero ‘Diplo’, a quien llamábamos ‘Moncho’, en La Farándula Bohemia. Por consecuencia, conocí a ‘Diplo’ desde que nací, porque él visitaba muchísimo nuestra casa. Mi hermana Vilma ya comenzaba a hacer pinitos en su compañía. Una noche, durante una función en el Teatro Alcázar, en Caguas, y contando escasamente tres años de edad, me antojé de bailar una rumba. Me pusieron las enaguas de Vilma y salí al escenario por primera vez en mi vida. Sin embargo, aunque parezca increíble, fui y sigo siendo una mujer muy tímida y nerviosa. Antes de entrar al escenario me invade una tensión tan tremenda que, en realidad, no sé cómo logro controlarla”, nos contaba para la edición de Artistas que circuló entre el 20 de febrero y el 5 de marzo de 1979.
Definitivamente, fue una niña precoz. A la edad de cuatro años inició sus estudios académicos regulares en el Colegio del Perpetuo Socorro y, a los seis, emprendió formalmente su carrera actoral participando en los programas dramáticos que Edmundo Rivera Álvarez dirigía en la radioemisora WKAQ.
“Durante aquellos tiempos, los círculos sociales en que se desenvolvía mi familia veía con malos ojos que una muchachas de nuestra clase estuvieran ligadas al ambiente farandulero. Pero, mi padre, a pesar de su posición social, sembró en nosotras el germen del arte que ya nada pudo arrancar. Fueron sus enseñanzas y su estímulo la mejor herencia que nos dejó”, rememoraba.
A “Diplo” siempre lo recordó con veneración, profesándole un sentimiento de infinita gratitud.
“A los 11 años enfermé de hepatitis. ‘Diplo’ no dejó de visitarme ni siquiera un sólo día para traerme regalos, medicinas o dulces. A él lo quise entrañablemente como un segundo padre. Son muchas las cosas que tengo que agradecerle. Sin haber tenido experiencia como actriz y siendo una nenita, me dio cabida en su compañía y en sus programas de radio”, nos contó visiblemente emocionada.

En uno de sus desconciertos Awilda imitó a su propia hermana, la siempre recordada Vilma Carbia.
(Foto Archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular) |
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Su precocidad también se hizo patente en el campo del periodismo. Siendo quinceañera se vinculó al diario El Impacial como cronista social, tarea que también ejerció para la revista Alma Latina. Aquella experiencia culminó en 1956 cuando contrajo matrimonio con el agente de seguros José Rafael Chávez. A partir de entonces, Awilda Carbia aminoró considerablemente su actividad artística para dedicarse a su hogar, aunque en 1957 tomó un curso secretarial en la Academia del Sagrado Corazón y, en 1961, se adiestró en decoración de interiores en la New York School of Interior Designs. De su unión con el señor Chávez son frutos José Alberto (n. en 1958), Myraida (n. en 1960) – popular presentadora de televisión – y Eduardo (1961). El divorcio sobrevendría en 1973, casi a la par con el fallecimiento de su progenitor. Aquellas experiencias la sumieron en una gran depresión, la cual lograría superar retomando su carrera. Antes – finales de la década de 1960 – había realizado algunas apariciones en segmentos humorísticos del programa “Rambler Rendezvous”, cuyos presentadores eran su hermana Vilma y Carlos Rubén Ortiz en WAPA TV.
Antes de volver a casarse, esta vez con Benito, Awilda se desempeñó como anfitriona de “La Estrella Galaxia”, una serie de aventuras que, de lunes y a viernes, transmitía WAPA TV en horario vespertino. Su labor se consistía en comentarla en los intervalos y dar las instrucciones de concursos de los patrocinadores. Luego, en la misma televisora, trabajó en las producciones humorísticas de Tommy Muñiz.
“Yo tengo un carácter difícil. Soy muy susceptible. Esa susceptibilidad es la que ocasiona los celos, el coraje, la ansiedad… Poco a poco he aprendido a controlar eso. Benito ha influenciado mucho en esto y, además, me ha inyectado, en las situaciones difíciles, esa vital dosis de optimismo que tanta falta me hace. Porque uno de mis grandes defectos es, precisamente, el pesimismo”, reveló en aquella entrevista.
Sin embargo, aunque su enlace con Benito Mateo sucumbiría varios años después, en términos profesionales podía presumir de no haber conocido el fracaso.
Incorporó elementos traídos de Las Vegas a sus “Desconciertos” –
“En el terreno artístico tengo la satisfacción de nunca haber tenido fracasos, aunque ha sido en los últimos tiempos, con eso de las imitaciones, que he llegado a la cumbre, diría yo, de mi carrera. En mis imitaciones caracterizo a las personas a quienes admiro. Ellas son muy conscientes de ello y me lo agradecen. Nadie se ha ofendido con mis personificaciones. Conservo entre mis álbumes una carta de la Primera Dama de Puerto Rico, señora Kate Donnelly de Romero Barceló, fechada el 26 de agosto de 1978, en la cual me expresa su admiración y gratitud por la caracterización que hice de ella. Pero, más honrada me siento yo de que a ella le gustara”, relataba.

En 1996, Awilda Carbia sorprendió con su imitación a la entonces candidata a la alcaldía de San Juan, Sila María Calderón.
(Foto Paola Silva / Fundación Nacional para la Cultura Popular) |
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Sus “Desconciertos” – como denominaba a sus espectáculos de imitaciones – le granjearon resonantes triunfos en tres escenarios principales: el Teatro Tapia, el Club Caribe del Hotel Caribe Hilton y el Centro de Bellas Artes de Santurce. Eran producciones a todo lujo en los que, incluso, llegó a incorporar elementos traídos de Las Vegas. Se recuerdan, particularmente, el efecto de volar sobre el público y el uso de palomas amaestradas, a mediados de la década de 1980. Felisa Rincón de Gautier “Doña Fela”, Victoria “Melo” Muñoz, Celeste Benítez, Sila María Calderón, Zaida “Cucusa” Hernández, Ileana Colón Carlo y las cantantes Ruth Fernández, Carmita Jiménez, Lucecita Benítez, Olga Guillot y Nydia Caro y la vedette Iris Chacón no escaparon de su lista de caracterizaciones, siendo figuras casi infaltables en sus presentaciones.
Paralelamente con su éxito de sus “Desconciertos” le llegó el reconocimiento del medio televisivo. Luego de que saliera de los programas de Tommy Muñiz, junto a sus colegas Jacobo Morales, Norma Candal y Samuel Molina fundó Producciones Astra. Entonces, con aquellos y otros compañeros, mantuvo los espacios “Ahí va eso” en el Canal 7 y, posteriormente, “Sin ton ni son”, en el Canal 11. Sin embargo, la que podríamos considerar su etapa esplendorosa en la pantalla chica aconteció en Telemundo / Canal 2, bajo el amparo del productor Paquito Codero. Abarcó casi toda la década de 1980.
“En casa de Juanma y Wiwi”, comedia que protagonizó con Juan Manuel Lebrón en Telemundo durante la década de 1980, significó su consagración en el medio televisivo –
Seguramente su proyecto de mayor trascendencia en este medio fue la comedia dominical “En casa de Juanma y Wiwi”, cuyo libreto escribía otra figura también desaparecida recientemente: Felipe San Pedro. En aquel espacio – considerado un clásico de la televisión nacional – formaba pareja con Juan Manuel Lebrón, mientras que el matrimonio amigo y vecino era caracterizado por Benito Mateo (su todavía esposo) y Rosita Velázquez. Para las mismas fechas, integraba los elencos humorísticos de “El show de Chucho”, “Los kakukómicos” y “El show de las 12”. Tras la partida de Chucho Avellanet” a Teleluz / Canal 7, su espacio pasó a ser ocupado por “Estudio alegre”, rebautizado más adelante por “Musicomedia”.
Mientras tanto, en las tablas intervino en montajes de la Fundación de Zarzuela y Opereta y en obras de gran impacto: “Al derecho y al revés”, “Cosas de mami y papi”, “Fuego a la lata”, “40 kilates”, “Salvemos los delfines”, “Lo mejor está por venir”, “Nacionalmente correcta”, “El milagro de Helen Keller”, “Morisquetas” y “Teatruras de gala”, entre otras. Igualmente, tuvo una intervención de relevancia en la miniserie “Cita en Buenos Aires”, que produjo y protagonizó Lucy Boscana.

La niña precoz “Zahorí” permanecerá en el recuerdo como uno de los personajes más aplaudidos de Awilda Carbia.
(Foto Paola Silva / Fundación Nacional para la Cultura Popular) |
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Ya en el umbral de la última década del pasado siglo fue contratada por el Canal 11 como estrella de su propio programa: “Soy Awilda”, cuya vigencia fue relativamente breve. Tras aquel proyecto, frenó su actividad artística. Volvió al candelero encabezando con Juan Manuel Lebrón la comedia semanal “Los Seijo Díaz” en el Canal 2, que permaneció en cartelera durante el período 2000-2003. Sus últimas apariciones televisivas fueron como comentarista de diversos temas en segmentos de “Contigo”, junto a su hija Myraida y Linnette Torres, en TUTV / Canal 6.
Su salud comenzó a deteriorarse hace alrededor de cuatro años, lo que se evidenciaba en su físico. Aun así, sacó fuerzas para aparecer en la película “El sueño del regreso” (2006), de Luis Molina Casanova. El 28 de octubre de 2008 recibió el que describiría como “el homenaje más hermoso y significativo de mi vida” cuando se le dedicó la reapertura del Teatro Tapia. Par de semanas después, se presentaría ante el público por última vez, realizando su espectáculo de imitaciones en el Café Mozart, del cantautor Alberto Carrión.
¿Volveremos a contar con actriz humorística tan exitosa e innovadora como Awilda Carbia? Nadie discutiría el hecho de que por falta de nuevos valores de la comedia, talentosísimos, no será. Lo que nos hace dudar es la amarga realidad de que quienes podrían constituir su relevo se enfrentan a la escasez de talleres para desarrollarse. La presencia de artistas puertorriqueños en la televisión de Puerto Rico cada día se reduce y la producción teatral se encarece aceleradamente. Por esta y tantas otras razones, perder a una figura como Awilda resulta tan dolorosa.
27/mar/09
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