| Comprometidos Los Hijos de Agüeybaná
Por Rosa Rebecca Aymat López
Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

Los Hijos de Agüeybaná reafirman con su labor la importancia de la bomba como voz cultural.
(Foto suministrada) |
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En un país donde la música autóctona corre el riesgo de caer en peligro de extinción es lógico suponer que los músicos que se dediquen a desarrollarla encuentren pocos foros donde exponer su arte. Pero, sin duda, es a los exponentes de la bomba a quienes el camino se les torna más difícil. Porque, aunque a Puerto Rico se le conoce como “la tierra de bomba y de plena”, es escasa o ninguna la atención que esta expresión rítmica – la más negra del folklore afroboricua – recibe por parte de los medios masivos de comunicación. Claro: excepto algunas piezas salpicadas de elementos de bomba que suelen difundir ciertas radioemisoras salseras, casi siempre pertenecientes a la discografía de los legendarios Rafael Cortijo e Ismael Rivera.
La pregunta que se impone es: ¿a qué se debe este evidente desdén, siendo la bomba un ritmo tan rico y sabroso? La respuesta podríamos atribuirla a la falta de visión de las personas encargadas en promover y fomentar nuestra música. Afortunadamente, existen personas comprometidas con la tarea de mantenerla viva. Tal es el caso de Otoquí Reyes Pizarro, director y fundador del grupo de bomba Los Hijos de Agüeybaná, quien asegura que su misión como exponente de este ritmo es defender su herencia africana, a pesar de los escollos que pueda enfrentar.
“Entiendo que en Puerto Rico se le da más énfasis a la salsa, a la plena orquestada, a la música jíbara y, desde hace varios años, al reggaetón. La bomba nunca se ve en tarimas de fiestas importantes. Tampoco contamos con el respaldo de algún municipio ni de personas que se suponen tienen el control de dicha acción: promover grupos folclóricos. La bomba es mucho más que un ballet folklórico. Mi experiencia como exponente de este género ha sido tener que organizar nuestras propias actividades para que Los Hijos de Agüeybaná presenten su música. Mis compañeros en el grupo ponemos todo nuestro amor y entusiasmo, porque hemos asumido esta misión como un compromiso con la cultura de nuestra patria”, nos dice Otoquí, vocalista y ejecutante del barril primo.
Otoquí Reyes ofrece clases de bomba en Caguas y Cataño
“a zafra y melao”, según sus palabras –
Este conjunto es integrado por Lyanie Rivera, Lilian Hernández y Naomi Vázquez (vocalistas; las dos últimas, tambien maraqueras); Papo Aguilú, Ángel Luis Reyes y Ramón Vázquez (barriles buleadores); José Alicea (palitos “cuás”); Themis García, José Enrique “Quique” Hernández, María Hernández, Maritza Lebrón, Migdali Ramos – también maraquera – y Minerva Rosa (coristas); Giordano Cruz (bailador) y las pequeñas bailadoras Ariana Cruz, Gía De León y Alondra Vázquez. Aunque surgido en 2005, este colectivo es la secuela del Grupo Agüeybaná que, desde 1981, dirigió don Ángel Luis Reyes, padre de nuestro entrevistado. Otoquí formó parte de aquella formación siendo niño y fueron las experiencias adquiridas entonces lo que marcó su trayectoria como artista exponente de la cultura musical afroboricua.
“Aquellas vivencias me estimularon a enseñar a niños y adolescentes, inculcando en ellos el amor hacia nuestra cultura. Mi principal enfoque son los niños, ya que ellos representan la semilla clave en el futuro de nuestra herencia cultural. Por tal razón llamé al grupo Los Hijos de Agüeybaná, es decir, los continuadores de la cultura. Nosotros somos el fruto de lo aprendido, especialmente yo como director de un conjunto derivado del que estuve casi desde que era bebé, pues soy hijo de tocadores y bailadores de bomba” afirma con evidente orgullo.

Los Hijos de Agüeybaná, de izquierda a derecha (arriba): Migdali Ramos, Lyanie Rivera, Lilian Hernández, José Enrique “Quique” Hernández, Themis García, María Hernández, José Alicea y Naomi Vázquez. Abajo, en el mismo orden: Gia De León, Ángel Luis Reyes, Giordano Cruz, Otoquí Reyes y Ramón Vázquez.
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Otoquí Reyes Pizarro formó parte de Paracumbé – agrupación liderada por el etnomusicólogo Emanuel Dufrasne González que cultiva, principalmente, la bomba del Sur (Ponce) – y del Grupo Afro Boricua, del trombonista William Cepeda, con el que viajó a Venezuela, Filadelfia y Nueva York. En estas dos últimas plazas tuvo oportunidad de compartir con dos mayagüezanos destinados a la inmortalidad: don Félix Alduén – considerado el mejor cantante de bomba de todos los tiempos – y Ángel Luis Torruellas, posiblemente el mejor vocalista plenero viviente.
“También participé en el especial televisivo ‘Raíces’, producido por el Banco Popular; en varias funciones del espectáculo ‘Encuentro con nuestras raíces africanas’, que el maestro Jesús Cepeda presentó en el Teatro Tapia, y en la obra ‘Vejigantes’, en el Teatro Francisco Arriví, dirigido por Victoria Espinosa. Además, formé parte del Grupo Mare Terra, de Gina Rivera, que representó a Puerto Rico en el Festival Terra Nostra, y viajé a Martinica con el conjunto Cohitre del Yunque, de Miguel Ángel Carrillo. Desde hace varios años ofrezco clases en Caguas y Cataño a ‘zafra y melao', o sea, por mi propia cuenta”, manifiesta.
Gracias a su esfuerzo, Los Hijos de Agüeybaná se mantienen activos en centros de diversión y en eventos culturales –
Al preguntale ¿por qué decidió tocar bomba y no otra música más favorecida por la industria del espectáculo?, respondió enfático:
“La bomba es una expresión viva de amor por lo que somos y nuestro legado cultural. Ninguno en el grupo lo sabe todo. En la bomba siempre estamos aprendiendo algo nuevo y diferente. Es como un gran océano al cual no se le ha encontrado fondo. Pero, por ahí vamos… contra la corriente. No la mezclamos la con otros ritmos. La dejamos lo más pura posible, tal como yo la conocí y como nos cuentan las personas mayores que sí la vivieron y disfrutaron. Ellas nos orientan en cuanto a variantes, bailes, cantos y vestimentas. Sin embargo, aunque nosotros somos, básicamente, un grupo de bomba, en nuestras presentaciones también interpretamos plena tradicional y plena de carnaval”.
Respecto a la posibilidad de publicar una producción discográfica, adelanta que ya hay conversaciones encaminadas a materializar dicho proyecto. Pero, por lo pronto, el público puede disfrutar de su música todos los viernes desde las 10:00 de la noche en Blessed Café, en el Viejo San Juan y los domingos desde las 4:30 de la tarde en el salón S.O.S en Cataño. La noche del sábado 21 de marzo se presentarán en el Centro de Arte y Cultura de Luquillo como parte de su “Abolition of Slivery Tour 2009”. El jueves 23 de abril, su escenario será el Il Jazz Club, en Rio Piedras.
Definitivamente, debemos apoyar a estos muchachos. Les aseguro que pondrán a mover las caderas a todos los que les vean y escuchen.
12/mar/09
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