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   Untitled 1 San Juan, Puerto Rico

Buen mano a mano entre Ramos y Molinari


DLos actores Jorge Luis Ramos y Alfonsina Molinari protagonizan el drama “Blackbird” del escocés David Harrower.
(Foto suministrada)


Durante la Edad de Oro de Atenas, época que fuera cuna de Pericles, de Sócrates, Platón y Aristóteles, del Partenón y las Cariátides, de la democracia, del arte y la escultura, de lo que más orgullosos estaban los atenienses era de su teatro, de sus tragedias. El teatro de la antigüedad griega esperaba que la catarsis estética inflamara al espectador al rechazar el pecado de su héroe trágico, a la vez que se conmiserara con la caída del personaje que habría de tener sus virtudes.

En el drama “Blackbird” del escocés David Harrower, premiado con el galardón Lawrence Olivier de 2007 y considerado la mejor obra inglesa de la década, nos encontramos con “Ray”, un hombre que a los 40 años abusó de “Una”, una niña de doce, cumplió una condena, salió, cambió su nombre e intentó rehacer su vida. ¿Será el equivalente al héroe trágico? Quince años más tarde aquella niña, convertida en mujer, se le presenta en su trabajo cerca de la hora de cerrar a confrontarlo. ¿Será la heroína trágica?

Nadie duda que ella sea la víctima y él, el depredador, la presa y el cazador, pero la genialidad del texto del dramaturgo descansa en que mira todos los lados. En tiempo real de 88 minutos que dura el drama, el espectador se queda con más preguntas que respuestas. ¿A qué vino “Una” allí? ¿A condenarlo o a conquistarlo? ¿Tal vez reconquistarlo? Mediante un dialogo compuesto mayormente de palabras sueltas y frases a medio terminar – puntualmente traducido por Johanna Rosaly – Alfonsina Molinari y Jorge Luis Ramos se van desnudando –más emocional que físicamente- para mostrar el uno al otro cómo aquel amor prohibido alteró sus vidas inmisericordemente.

De la sagaz mano del experto director Vicente Castro, en la tarde del domingo, Molinari y Ramos capturan al espectador que rechaza, se asquea y se incomoda, pero que al final queda atrapado ante los recónditos vericuetos de la psiquis de estos dolientes personajes. En su cuasi sutil y, a la vez, implacable monólogo durante el cual “Una” revive lo ocurrido la tarde en que “Ray” la desfloró, Alfonsina vuelve a ser aquella niña sin sensiblerías ni melodrama, y ante todo creíble, al borrar la actriz y permitir que el personaje aflorara.

Atento a cada silaba de su enumeración de cargos, a Ramos se le nota inquieto y a su vez maquiavélico, lo que redundará en el cuento de su defensa, pues el tipo es ante todo un gran cuentista hacia quien el espectador medio comienza a sentir lástima. Una convincente actuación, en medio del basurero que lo rodea.
La pieza de Harrower, que mantiene su título en inglés ya que “Blackbird” en el argot británico es un presidiario, goza de un texto brillante que logra examinar uno de los delitos más deleznables sin contemplaciones, sin explicar o condonar, para provocar la catarsis deseada y dejar al espectador haciéndose una y mil interrogantes. Eso es teatro.

22/mar/10

 

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