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Nieves y Lugo: dos voces singulares
Por
Ileana Cidoncha Para Fundación Nacional para la Cultura Popular

La soprano
Magda Nieves, aquí junto al barítono Randal Turner (izquierda), en
una escena de la producción “Don Giovanni” que recién
concluyó en el Centro de Bellas Artes de Santurce. (Foto
William Vázquez)
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Para los que amamos el teatro en todas sus manifestaciones no hay
nada que nos excite tanto como colarnos en un ensayo. Parecería de
locos pues presenciamos una escena o dos, generalmente sin
continuidad y con la interrupción del director o de los propios
actores y/o cantantes con alguna pregunta, pero hay magia. Y el
teatro es eso precisamente, magia.
En el cuarto piso del Centro de Bellas Artes de Santurce al final de
un pasillo hay uno de los salones de ensayo, piso de tabloncillo y
una barra para los bailarines si de un ballet se trata. Allí se
llevaba a cabo un ensayo de la opera “Don Giovanni” que estrenaría
en la sala Antonio Paoli del CBA. Mi propósito robarme a Magda
Nieves quien interpreta a doña Ana y a Ricardo Lugo quien tiene a su
cargo a Leporello.
Magda quien acababa de tener una noche de ensueño en el concierto de
cierre del Festival Casals cuando interpretó a Salud, la
protagonista de “La vida breve” de Manuel de Falla presentada en
forma de concierto, ya había entrado de lleno es su caracterización
de doña Ana. “Ha sido un gran reto para mí preparar dos roles nuevos
uno detrás del otro”, señala. Lo que me lleva a mi pregunta favorita
a artistas del mundo teatral. ¿Cómo te preparas para un nuevo rol?
“Consigo
la música y me la aprendo sola en mi pianito. Esto incluye estudiar
mi personaje y el de los demás. Luego lo vocalizo y le pongo voz,
siguiendo las técnicas aprendidas de mis maestras”. Magda comenzó a
educar su voz con María Esther Robles en el Conservatorio de Música
de Puerto Rico y luego en Alemania con Tsvetanca Stoilova una
maestra búlgara que afinó lo aprendido. A conectar la voz de pecho
con la voz aguda, entre otras técnicas que fueron desarrollando su
instrumento que comenzó como coloratura y que hoy es soprano lirica,
con un registro amplio y bien flexible. “La disciplina y la
perseverancia aunadas al amor por la música, por el canto son mi
norte, y es lo que le enseño a mis discípulos”. Magda imparte
lecciones privadas a cantantes cuando no está de viaje cumpliendo
sus compromisos.
Hoy, está entregada a doña Ana sobre la que nos dice: “Ella es una
mujer muy digna como una beata, que corresponde a la doña Inés del
‘Burlador de Sevilla’. Quiere ante todo vengar al muerte de su padre
y compromete a don Octavio, Tiene unas ambivalencias que la hacen
fascinante, por un lado están la venganza y el odio y del otro el
amor y la ternura”. Magda por su parte denota una pasión por su
trabajo, por sus personajes, por su música y en este momento por su
doña Ana a la que no le faltará el fuego de la soprano que le dará
vida.

Ricardo Lugo dio vida a Leporello en la función
de "Don Giovanni" del pasado sábado. (Foto William Vázquez)
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Luego pillo a Ricardo Lugo, cambio de voz, de timbre, de
personalidad y, de paso, de sexo. Este bajo absoluto es un hombrón,
grande como un oso y ágil como una gacela. Además es un actor innato
como había constatado en el ensayo, y ¡cómo le va el Leporello!.
Personaje que él describe como “Sirviente, ayudante, alter ego de
don Giovanni. Son como un parasito el uno del otro, se alimentan
entre sí”. Muy acertada descripción, con pleno conocimiento de causa
pues Ricardo ha interpretado el rol dos veces antes, en Nueva Jersey
y en Tel Aviv, pues este estupendo bajo oriundo de Ponce además de
estar adscrito a la Metropolitan Opera de Nueva York, donde está
establecido, es reconocido internacionalmente.
“Leporello
no carga el peso de don Giovanni, pero lleva la función”, dice, “la
trama cambia cada vez que aparece en escena. Vocalmente demanda
atención y se le puede sacar tanto. Es un pueblerino que a veces es
fuerte, muy entendido de las cosas de la vida, pero también es
humilde”. Destaca las virtudes del personaje tanto en lo vocal como
en lo histriónico, y se nota su entusiasmo con Leporello al que se
puede acercar según la visión de cada producción dependiendo de la
época en que la sitúan, en el vestuario y en la visión del director.
Pero lo que está claro es que Ricardo sabe lo que hace y lo hace con
entrega total.
Discípulo de Raquel Gandía e Ilca López en el Conservatorio de
Puerto Rico, también fue influenciado por los directores de orquesta
Eugene Kohn y Roselin Pabón en Puerto Rico de donde daría el salto a
Nueva York para hacer una carrera fructífera y amplia no solo en el
MET sino por los cuatro rincones del Planeta donde ha cantado
especializándose en importantes roles de bajo.
Aunque recibió el apoyo de su familia, hoy está preocupado por la
posibilidad de que su hijo quiera ser cantante, pues como es sabido
no es una carrera fácil. ¿Cuántos años tiene tu hijo?, pregunto,
pensando que el chico ya se ha entusiasmado con el canto. “Seis
meses”, contesta. Nada más con el testigo.
29/marzo/2011
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