|
Fuerte presencia boricua en exposición de Celia
Por Javier Santiago / F.N.C.P.

Cartel de entrada a la exposición
ubicada en el Museo Nacional de Historia del Instituto Smithsonian
en Washington, D.C.
(Foto Javier Santiago / F.N.C.P.)
|
|
WASHINGTON, D.C. – Tenía que ser así. En un
ambiente de fiesta, rodeados de buenos recuerdos, con aires de nostalgia
sin espacio para la tristeza. Dentro de ese marco de algarabía,
el Instituto Smithsonian celebró el martes 17 de mayo la
apertura de la nueva exposición “¡Azúcar!:
La vida y música de Celia Cruz”.
Esa noche, ante un público multicultural, “¡Azúcar!”
ocupó oficialmente su propio espacio en el tercer nivel del
Museo Nacional de Historia de la capital federal estadounidense.
Y rodeada de exhibiciones dedicadas a figuras como Ella Fitzgerald,
Duke Ellington y los ex presidentes de EE.UU., el homenaje a La
Guarachera de Cuba se estableció entre ellos muy majestuoso
y con un innegable sabor caribeño.
En el recorrido se ilustraban distintas etapas de la carrera de
Celia, desde sus años de infancia en Cuba, el debut en la
radio, la conquista popular con la Sonora Matancera y sus actuaciones
en el Tropicana hasta su salto posterior al exilio, la llegada a
México y su impostergable encuentro con las nuevas modalidades
afroantillanas. De ahí en adelante, Puerto Rico y Nueva York
se presentan como puntos obligados en casi todos los rincones de
la exposición.

Parte de la tarima donde se exhibe
el traje “Sol de Cuba” junto a las congas de Ray
Barretto, el trombón de Willie Colón y la flauta
de Johnny Pacheco.
(Foto Javier Santiago / F.N.C.P.)
|
|
Su unión con Tito Puente, su entrada a la Fania, la actuación
especial como “Gracia Divina” en la ópera “Hommy”
presentada en el Coliseo Roberto Clemente, escenas del programa
“Noche de gala” cantando “El guavá”,
fotos en el “Super Show Goya”, su primer Grammy de 1989
con Ray Barretto y uno de sus Discos de Oro con Willie Colón,
son algunos de los momentos que enriquecen este montaje. A éstos
se añaden fotos de la cantante con compañeros boricuas
como Ismael Rivera, Cheo Feliciano, Pete “El Conde”
Rodríguez, Héctor Lavoe, Santitos Colón, Roberto
Roena, Ismael Miranda, Junior González, La Mulenze y Jimmy
Bosch.
La reproducción de una tarima escénica presenta las
congas de Barretto, el trombón de Willie Colón, la
flauta de Johnny Pacheco, los timbales de Tito Puente y el instrumento
nacional de Puerto Rico, el cuatro, que el maestro Yomo Toro integró
a varias de sus grabaciones.
Un documental, hilvanado cuidadosamente por Joe Cardona, resume
la carrera de Celia a la perfección. Con testimonio de figuras
de primer orden en la salsa, el fenómeno de su popularidad
se hace más entendible para las nuevas generaciones y el
público angloparlante. Pero de igual manera, tanto el documental
como la exposición abre también una ventana donde
se puede apreciar el ser humano más allá de la artista.
Celia, frente al espejo de maquillaje de su tocador, ilustra detalles
de su personalidad. Su buen gusto en el vestir y su estilo a veces
estrambótico pero siempre bien pensado, resalta su convicción
sobre la importancia de la imagen de un artista ante su público.
Ante ello,
el diseño del sol de Cuba en uno de sus trajes, habla de
identidad, mientras el último vestido que lució para
una presentación en público, revela en su tono grisaceo
la sobriedad con la que anticipó el momento de su partida.

La exposición en honor a Celia
cubre más de 5,000 pies cuadrados.
(Foto Javier Santiago / F.N.C.P.)
|
|
En otros detalles de este montaje diseñado por Castro/Arts
llama la atención - en la recreación de su tocador
- la ubicación de un pequeño altar improvisado donde
no faltaban los santos de los cuales era devota. Al extremo contrario
del tocador se ubican perfumes, copas, tazas y otros artículos
que revelan el gusto exquisito de la fémina ante el detalle.
Cabe destacar que en la reproducción de su acta de matrimonio
en Connecticut, su esposo Pedro Knight es identificado como músico
mientras a Celia se le describe como “empleada doméstica”.
Paradójicamente esta descripción se da a su llegada
a Estados Unidos cuando ya Celia era toda una figura de la canción
popular.
Por otro lado, el telegrama anunciando la muerte de su progenitora
en su Cuba natal, recuerda la angustia que la acompañó
por toda una vida y que marcó su mayor resentimiento al régimen
revolucionario de Fidel Castro. Esa, fue quizás la expresión
más política que constantemente hizo durante sus años
de exilio… Desde luego, hasta su desliz contra Andy Montañez.
Pero lejos de la controversia, ningún momento tiene mayor
sentimiento en esta exposición que la escena tomada de un
concierto, donde la artista baja las revoluciones de su ritmo para
interpretar la nana negrista “Lacho”, en plena evocación
a la maternidad que nunca vivió.

Escena del vídeo donde aparece
el boricua Víctor Manuelle dedicándole un soneo
a Celia en la Catedral de Nueva York.
(Foto Javier Santiago / F.N.C.P.)
|
|
Ya en la salida se ilustra en una pequeña pantalla el momento
mágico de despedida: el soneo interpretado por el puertorriqueño
Víctor Manuelle en la Catedral de Nueva York el día
del sepelio de Celia. Así, escenas del multitudinario entierro
de la artista se mezclan con el rostro de “El Sonero de la
Juventud” dejando claramente establecido el impacto que tuvo
la guarachera en el mundo de la canción. Ese momento en que
Víctor Manuelle se aferra al púlpito al completar
la última línea de su soneo transmite una fuerza desgarradora.
Y todo el que se detiene a observarlo, está obligado a concluir
que una inspiración tan potente tan sólo le pudo llegar
al cantante desde lo Alto.
Así, pasamos de la solemnidad del adiós a las líneas
de su último éxito. Y al recordatorio de: “Ay,
no hay que llorar, que la vida es un carnaval y hay que vivir cantando”,
la apertura de “¡Azúcar!” concluyó,
como era de esperarse, a son de salsa con un público que
bailó intensamente al compás cadencioso de las interpretaciones
de José Alberto “El Canario”. De esta forma esa
noche en el Smithsonian se habló español, mientras
al pie de la tarima, don Pedro Knight, un tanto cansado, observaba
orgulloso esta nueva jornada en honor a su inseparable compañera.
Al cierre de la concurrida actividad el veredicto de aprobación
fue contundente para la prestigiosa institución. Y con él,
el aplauso llegó también a la curadora de la exposición,
la joven arecibeña Marvette Pérez, quien cumplió
a cabalidad con la misión de hacerle justicia a Celia…
y también a su natal Puerto Rico.
23/may/05
^regresar arriba
|