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   Untitled 1 San Juan, Puerto Rico

Josean Ortiz da vida al gran José Campeche
en cierre del 47 Festival de Teatro Puertorriqueño


El actor Josean Ortiz admira la sensibilidad artística de Campeche por ir desde la pintura hasta la música.
(Foto suministrada)

La vida de quien es reconocido como el primer pintor de nuestra historia y uno de los más importantes de Latinoamérica durante el Siglo 18 sirvió de inspiración al dramaturgo Leo Cabranes Grant para crear la obra “El arte de la pintura: comedia anacrónica sobre José Campeche”, con la que mereciera el Segundo Premio en el Certamen Nacional de Dramaturgia auspiciado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña. También, que se le selecionara como parte del programa del 47 Festival de Teatro Puertorriqueño, manteniéndose en la cartelera del Teatro Francisco Arriví, en Santurce, desde el viernes 5 hasta el domingo 14 de mayo.

Este montaje, producido por Josean Ortiz y José «Cheo» Oliveras, dirigido por José Zayas y cuyo elenco está integrado por miembros de la compañía Teatro Círculo, de Nueva York, enfatiza en la relación que el mulato José Campeche Jordán (n. y m. en San Juan, enero 6, 1751 – noviembre 7, 1809) mantuviera con su maestro y mentor, el insigne Luis Paret y Alcázar (1746-1799), venerado como uno de los grandes exponentes españoles del arte pictórico de su tiempo y quien conoció a quien sería su más brillante discípulo durante su exilio en Puerto Rico, que abarcó los años 1776-1779. Estos personajes fueron recreados de manera magistral por Josean Ortiz y Sergio Antonio, respectivamente.

Un vistazo necesario a la vida de nuestro primer pintor -

Revivir la figura de este insigne compatriota es, sin duda alguna, muy necesario si se pretende comprender a cabalidad determinadas etapas de la historia cultural de nuestro País. Aunque, como en este caso, el autor se haya tomado ciertas libertades al exponerla, lo cual no es condenable tratándose de otro tipo de creación artística.

Campeche Jordán tuvo que enfrentarse a los prejuicios sociales de su época por su ascendencia negra por la línea materna… aunque aun así logró el respeto y la admiración de algunos círculos sociales y de las autoridades eclesiásticas. Pero, ello no sería suficiente para que, todavía, a las alturas del Siglo 21, permanezca como un personaje subestimado y que muchos de sus aportes continúen siendo ignorados.

¿Cuántos sabrán, por ejemplo, que además de haber sido nuestro primer pintor fue también nuestro primer músico culto? Entiéndase, por ello, que ningún otro criollo realizó, antes que él, estudios formales en el arte del pentagrama. Es muy posible que, ni siquiera, la gran mayoría de los exponentes de la música clásica en Puerto Rico conozcan este dato. En esta disciplina tuvo como maestro a su cuñado Domingo Andino, quien al igual que Paret y Alcázar, era de origen español.

Fue en el Convento de los Dominicos donde recibió las enseñanzas de aquel, llegando a ser un excelente ejecutante del órgano, el violín, la flauta y el oboe. Incluso, reemplazó a Andino como organista de la Capilla de San Juan. Seguramente, ello explica la constante presencia de motivos musicales en sus cuadros.

Respecto a su legado pictórico, cabe mencionar entre sus obras más preciadas las tituladas El Gobernador Miguel Antonio de Ustáriz, El naufragio de Power, El sitio de los ingleses, La Anunciación, La dama y el caballo, La Sacra Conversación, La Sacra Familia, La Virgen de Belén, La Virgen del Carmen, La Virgen del Rosario, La visión de Felipe Benzi, Nuestra Señora de la Merced, Ramón De Castro y San José y el Niño.

El actor, dramaturgo, productor y director Josean Ortiz se propone llevar a las tablas vidas de negros ilustres –

Respaldado por una trayectoria profesional de 24 años, Josean Ortiz es uno de los actores más activos y admirados por los amantes de nuestro teatro nacional. En estos días la prensa especializada ha aplaudido su caracterización del personaje titular de “El arte de la pintura: comedia anacrónica sobre José Campeche”, original de Leo Cabranes Grant, montaje presentado en el Teatro Francisco Arriví, del cual también es co-productor.

Dicha obra está inspirada en la vida y trascendencia histórica del mulato que es reconocido como el primer pintor puertorriqueño y que fuera uno de los más importantes de Latinoamérica durante el Siglo 18. Y, aunque disfruta sobremanera este trabajo, Josean confiesa que le ha dejado un poco de frustración.

“Yo estudié en la Escuela Libre de Música de Carolina y aprendí a tocar el oboe. Al empaparme de la vida de Campeche, me enteré que él también también tocaba este instrumento, entre otros más. Se me ocurrió entonces conseguir un oboe usado para, por lo menos, tocarlo en alguna escena… aunque la obra no aborda esta faceta suya. Recorrí muchos lugar de Nueva York y de Puerto Rico buscándolo, pero inútilmente. La opción era adquirir uno nuevo, lo que se me hacía imposible, porque son carísimos”, nos cuenta.

Sueña con gran producción basada en el mítico cantautor cubano «Bola de Nieve» -


La obra “El arte de la pintura: comedia anacrónica sobre José Campeche”, protagonizada por Josean Ortiz, cierra el 47 Festival Internacional de Teatro Puertorriqueño.
(Foto suministrada)

Durante los últimos tiempos, nuestro entrevistado ha manifestado particular interés por llevar a las tablas obras basadas en personajes ilustres de su raza. Hace dos años (2004), escribió, produjo, dirigió y protagonizó “El cielo del maestro Rafael”, presentada en el Teatro Tapia y basada en la vida del negro Rafael Cordero Molina (1790-1868), venerado por nuestra historia como el primer maestro boricua, sacerdocio que ejercía sin recibir remuneración alguna.

“El primer personaje que me motivó a realizar este tipo de trabajo fue el cantante y pianista cubano Ignacio Villa Fernández, a quien se le conocía como ‘Bola de Nieve’ y era un personaje excepcional. De esos irrepetibles. Era negro y muy obeso, por lo que su apodo, que se lo puso la también estrella cubana Rita Montaner, encerraba bastante ironía. Yo preparé un libreto que titulé, precisamente, ‘Bola de Nieve’, y lo presenté primero en el pub Sarairo, que Julián Gil mantenía en el Condado, en el ‘99. Después lo llevé al Café-Teatro Sylvia Rexach, del Centro de Bellas Artes. Fue un éxito y lo disfruté muchísimo. Luego me entró la inquietud de desarrollarlo mejor para hacer una producción más pretensiosa. En esas estoy ahora”, relata irradiando entusiasmo.

Sin embargo, este no es su único proyecto inmediato. Actualmente da forma al libreto de “La última noche de El Monalisa” y se empapa de la biografía del legendario cantante Pedro Ortiz Dávila «Davilita» para crear otra historia basada en la vida de quien es mereció el calificativo de nuestro «Cantante Nacional». Además, durante el venidero mes de junio se incorporará al reparto de la película “¡Ay, qué rico, Puerto Rico!”, que el guionista y director Luis Caballero rodará en Nueva York.

“La primera de estas obras está inspirada en El Monalisa Night Club, que estaba en Villa Palmeras y era muy concurrido durante los años ‘60. Su título alude a la última noche que estuvo abierto, que fue cuando mataron al dueño. Siendo niño, Jesús Pérez, quien hoy es el dueño del restaurante La Casita Blanca, trabajaba como limpiabotas justo al frente de aquel sitio. Él me ha hecho varios cuentos sobre las personas que lo frecuentaban y del ambiente que se respiraba allí”, explica.

Es muy admirado por sus caracterizaciones de travestís -

Respecto a su segunda intervención cinematográfica – hace tres años intervino en “Doña Ana”, que protagonizó Lydia Echevarría –, revela que vuelve a encarnar un tipo de personaje que ya es habitual en su larga carrera: un travestí. “Imagínate, interpreto a un taxista gay que, también es transformista”, subraya.

— ¿Llevas cuenta de las veces que has realizado esta clase de caracterizaciones?

“¡Han sido muchísimas! En el Teatro Tapia interprete a ‘Jacob’, de ‘La jaula de las locas’, de Jean Poiret, en 1988. Nueve años más tarde, hice el mismo papel en una versión libre que Luisito Vigoreaux tituló ‘El Cotorrito by the Sea’ y presentó en el Teatro del Parque. En el 2001 la repuso en el Centro de Bellas Artes. En el interín, un montón de personajes más”.

Ese montón de personajes más incluye el estelar de “El hombre nuevo”, del cubano Senel Paz, que primero se presentó en la hoy desaparecida discoteca Bachelor en 1992 y que, hasta 1995, bajo el título de “Fresa y chocolate”, subió a escena en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico, el Boston Center of the Arts y en la Universidad de Hammer, en Massachussets – en inglés (1993) –, el Teatro Braulio Castillo en Bayamón y concluyó en el Centro de Bellas Artes Luis A. Ferré.

También, a «Jichi Hernández» en la comedia “Por el medio si no hay más remedio”, de Leo Cabranes Grant, montada en el Teatro del Centro de Convenciones del Condado, así como “Xica da Vieques”, de su propia autoría (2000).

“Esta última es muy especial para mí. El personaje protagónico evoca al de ‘Xica da Silva’, que en la telenovela brasileña de ese título interpretaba Thais Araújo y que, entonces, estaba bien pegada. Trataba de un travestí que montaba un campamento de desobediencia civil en Vieques en pro de la salida de la Marina de Estados Unidos de allí. Así que aproveché para expresar mi mensaje político”.

Trabajar en discotecas le parece muy arriesgado -


El actor Josean Ortiz, aquí en el personaje del pintor José Campeche, encarnó previamente al maestro Rafael Cordero.
(Foto suministrada)

— ¿Has presentado espectáculos de esa índole en discotecas?

“Me han solicitado que lo haga muchas veces. Pero prefiero no hacerlo. Porque, independientemente de lo digno que pueda resultar este trabajo, un sector considerable del público lo rechaza. Y uno se arriesga a perder respeto como artista”.

— ¿Cuán abultado es tu resumé en el campo televisivo?

“En la televisión he hecho de todo… aunque muy poco como actor. He trabajado más en la fase de producción. He sido apuntador, escenógrafo, utilero… Pero, por respeto a mi carrera, he rechazado papeles, porque no me han parecido dignos para un actor negro como yo, que ya cuenta con una trayectoria”.

Josean Ortiz López nació en Fajardo, el 10 de abril de 1964, hijo de loiceños. Se crió en Carolina y, aparte de su abuelo materno, el cantante Guillermo López, es el único artista profesional en su familia. Se forjó como actor en el Departamento de Drama de la Universidad de Puerto Rico, donde recibió las enseñanzas de Victoria Espinosa, Gilda Navarra, Jaime Montilla y Ramón Figueroa Chapel. Ingresó a este recinto en 1981 y recibió su Bachillerato en Artes con especialidad en Teatro en 1987.

“Tuve la suerte de iniciar mi carrera artística oficialmente mucho antes de graduarme. Mi debut profesional fue en el Teatro Tapia con el clásico ‘Edipo Rey’, de Sofocles, en 1982. No he parado desde entonces. Dos años después, en 1984, protagonicé ‘Paseo al atardecer’, de Tere Marichal. Con esa obra fuimos al Primer Festival de Teatro Íberoamericano de Córdoba, en Argentina. A ese evento regresé para el estreno en español de la obra francesa ‘De noche justo antes de los bosques’, de Bernard Marie Kortez, en 1990. Esas experiencias han sido extraordinarias para mí”, concluye orgulloso este talentoso boricua.

11/may/06

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