| Un vistazo a los estantes de libros
Por Miguel López Ortiz
Fundación Nacional para la Cultura Popular
Habrá quien diga que, ante el arrastre de los medios electrónicos de información, cada día se reduce el hábito de la lectura entre los puertorriqueños. Otros piensan que tal impresión es equivocada y que, cuando desarrollamos este hábito, lo vivimos como su fuera una adicción de la cual es imposible librarnos. Pero… ¡bendita “droga” la de los libros! El placer que nos brinda la lectura de un libro que nos interesa no compara con las maravillas de la televisión o la internet. Eso explica la razón por la cual la edición de obras de toda índole en Puerto Rico no cesa, a pesar de que publicar resulta bastante costoso. Por fortuna, entre las tantos atributos de que nuestra patria puede presumir orgullosa es de la calidad de nuestros escritores. A continuación, una muestra de lo más reciente de algunos de ellos.
El corazón del monstruo
Autor: Carlos López Dzur
Outskirts Press, California
Género: cuento
360 páginas.
Seguramente por el hecho de que, desde el segundo lustro de la década de 1980, se ha desempeñado como profesor de Literatura Hispanoamericana en varios recintos de la Universidad de California, el nombre de Carlos López Dzur todavía no ha alcanzado el nivel protagónico que merece en el movimiento literario de su natal Puerto Rico. Por tanto, es preciso resaltar el dato de que se trata de uno de los escritores más prolíficos y galardonados de su generación (nació en San Sebastián del Pepino, el 1ro. de septiembre de 1953) y su vasta colección de obras publicadas – buen número de ellas premiadas en importantes certámenes – incluye poemarios, cuentos, novelas y trabajos investigativos sobre diversos pasajes históricos de nuesro País. Además, desde hace 25 años ha estado vinculado a la redacción del periódico Mini-Ondas, de Santa Ana, ciudad aledaña a Los Ángeles.
Un detalle bastante significativo sobre su legado literario es que, posiblemente, es el único escritor boricua conocedor, a fondo, de las literaturas mexicana y chicana (su esposa y sus dos hijos son mexicanos). Al punto de que varios de sus libros editados son escritos en las jergas características de los personajes urbanos de México y de las calles de Los Ángeles.
El título de este trabajo que ahora presenta a sus compatriotas, “El corazón del monstruo”, alude a una frase del Apóstol de la Independencia de Cuba, José Martí, cuando éste comentara la codicia politico-expansionista del Águila del Norte, la explotación económica y las modalidades de alineación obrera y humana que presenció en Nueva York. “Conozco el monstruo porque he vivido en sus entrañas”, manifestó el prócer. Estamos ante una colección de 45 cuentos cortos en los que López Dzur nos describe a ese monstruo externa e íntimamente.
Aborda los más diversos tópicos: la violencia verbal y física (cuentos 4 y 7); la desilusión religiosa (5, 6, 37 y 43); la sexualidad reprimida (11, 17 y 30); la sexualidad desbordada (18, 24, 31, 33 y 43); el derrumbe colonial (15 y 40); la trivialización de la política (19 y 27); el alcoholismo, la neurosis y el nihilismo (21 y 36); la niñez autodestructiva (34 y 35); el desenfreno social (38 y 39), etc.
Nacimiento del Cine Puertorriqueño
(los primeros 40 años de la cinematografía puertorriqueña)
Autor: Juan Ortiz Jiménez
Editorial Tiempo Nuevo
60 páginas.
Este cuaderno recoge los escritos que, respondiendo al pedido de un grupo de estudiantes de la santurcina Escuela Superior Central, el reconocido periodista y locutor Juan Ortiz Jiménez publicó en el semanario Puerto Rico Ilustrado en 1951. Aunque breve, resulta muy rico en datos históricos sobre los albores del llamado Séptimo Arte en nuestro País. Definitivamente, un pequeño banquete para los amantes del apasionante mundo del celuloide. Ofrece datos tan interesantes como la inauguración de la primera sala de proyección de películas en Puerto Rico, el Cine Tres Banderas, en Puerta de Tierra, el 19 de marzo de 1910; los primeros esfuerzos de los más genuinos pioneros que tuvimos, el gaditano Rafael Colorado D’Assoy (1877-1946) y el ponceño Juan Emilio Viguié Cajas (1891-1966) a partir de 1912 y detalles sobre los primeros largometrajes realizados aquí con talento criollo: Por la hembra y el gallo, cuya pareja protagónica fue la integrada por el añasqueño Antonio Capella Martínez y una tal Laura cuyo apellido se perdió en las sombras del olvido (1916); Mares del Sur y Paloma del monte (1917) y El tesoro de Cofresí (1919).
En su estilo ameno detalla que, luego de un prolongado “bache” que abarcó toda la década de 1920 y el primer lustro de la siguiente, la actividad fílmica boricua se reanudó en 1934 cuando Viguié Cajas produjo el drama romántico “Romance tropical”, que tuvo como protagonistas a Jorge Reyes y las hermanas Ernestina y Raquel Canino, mientras que Ramón Ramos Cobián financió el rodaje de “Mis dos amores”, con el mexicano Tito Guízar y la comerieña Blanca Castejón en los papeles estelares. Este película, sin embargo, se estrenaría cuatro años después (4 de octubre de 1938).
Vale la pena señalar que el autor, Juan Ortiz Jiménez, co-fundador con su compueblano guayamés Mario Prévidi de la revista TeVe Guía y ex profesor de Periodismo en la Universidad del Sagrado Corazón, también incursionó en el arte escénico, habiéndose desempeñado como actor en todos los medios: teatro, radio, televisión y cine. Durante el ciclo de producciones para la División de Educación a la Comunidad (DIVEDCO), protagonizó los largometrajes Modesta (1956) y El secreto (1958).
Cronología del Teatro Puertorriqueño
Autor; Antonio J. Molina
Editado por el propio autor
563 páginas
He aquí uno de los trabajos que hasta ahora carecía la bibliografía nacional. Por tanto, se ha llenado un vacío y lo que resta es, sencillamente, darle seguimiento.
El autor, cubano puertorriqueñizado – radicado entre nosotros desde los albores del Exilio –, se ha destacado en los campos de las artes plásticas y la crítica teatral durante largos años. O sea, es una voz autorizada.
En esta cronología de la historia del teatro en nuestro País se remonta a la fecha del Descubrimiento y llega hasta el 2006 enumerando los montajes en las principales salas, las publicaciones de obras dramáticas y humorísticas, festivales, premiaciones y detalles diversos realacionados con los protagonistas. Ni siquiera se le escapan los Desconciertos de Awilda Carbia ni los espectáculos humorísticos de Silverio Pérez, Luisito Vigoreaux y Raymond Arrieta. A éste último lo califica como un talentoso comediante… “que siempre ha carecido de un buen libretista”. Resulta revelador el dato de que las primeras funciones teatrales realizadas aquí fueron unas comedias presentadas en el Convento de los Frailes Dominicos en 1644.
En su introducción, el señor Molina menciona las tantas fuentes que consultó para este proyecto tan encomiable. Pero, no a manera de crítica, sino como simple observación, le comento que si hubiera incluido entre ellas el archivo de la Fundación Nacional para la Cultura Popular que aquí les ofrecemos – por Internet –, habría conseguido, muy fácilmente, muchas de las fechas exactas en que acontecieron eventos a los que sólo ubica con el año.
Este difícil oficio de amarte
Autor: José Manuel Maldonado Beltrán
Editorial Isla Negra
Género: poesía
60 páginas.
Utilizando un lenguaje lírico y, a su vez, muy cotidiano, el poeta José Manuel Maldonado Beltrán presenta en esta obra una colección de poemas inspirados en vivencias personales y de carácter social. Muy sugestivamente nos motiva a la reflexión logrando anidarse en la piel de quienes lo leen.
Este autor puertorriqueño, aunque nacido circunstancialmente en Almería, España, es también editor y ensayista. En su haber literario figuran las fundaciones de las revistas literarias El Cuervo y Luciérnaga. Actualmente se desempeña como Catedrático de Filosofía y Humanidades en el recinto de Aguadilla de la Universidasd de Puerto Rico.
De mares y sombras
Autores: José Manuel Maldonado Beltrán y Ana María Mayol
Ediciones El Mono Armado
103 páginas.
El mismo autor de “Este difícil oficio de amarte” nos presenta, simultáneamente, este otro poemario, escrito en colaboración con la poeta argentina Ana María Mayol. Como es de esperarse, las aportaciones de ambos se complementan a la perfección. Tal parece que toda la obra es fruto de un mismo ingenio. De hecho, no se especifica cuáles poemas pertenecen a él y cuáles a ella.
Los poemas aparecen alternados, unos escritos a manera de prosa y fechados como si se tratara de un diario – se me ocurre pensar que son estos los creados por Ana María – y los otros, algunos muy cortos, presentados de la manera tradicional.
Interesante trabajo.
Flor de Lumbre / Guajana 40 aniversario
Editorial Instituto de Cultura Puertorriqueña
Recopilación y notas: Reynaldo Marcos Padua
Introducción: Marcelino J. Canino Salgado
Género: antología poética 1962-2002
328 páginas.
La revista literaria Guajana, fundada por José Manuel Torres Santiago (su director), Vicente Rodríguez Nietzche y otros jóvenes y entusiastas colaboradores que, en su mayoría, coincidieron en la Universidad de Puerto Rico, es considerada la publicación más importante que hemos tenido desde entonces entre las de su género. A aquel proyecto, desaparecido durante los postrimerías de la década de 1970, se unieron para darse a conocer quienes, hasta el presente, son considerados los más notables poetas de su generación. En conjunto serían identificados como el Grupo Guajana. Aquel proyecto no se limitó, meramente, a exponer los escritos de sus afiliados. Su aportación fue mucho más significativa. Se le acredita, por ejemplo, haber rescatado la obra literaria del prematuramente desaparecido poeta Hugo Margenat (1933-1957) – aún contaba 23 años cuando murió –, que se encontraba dispersada entre varias publicaciones y, gran parte de ella, inédita, publicándola en dos volúmenes.
En 2002 se cumplieron 40 años del surgimiento de esta revista, cuyos ejemplares hoy son valorados como objetos de colección. Aunque ya ha transcurrido un ratito relativamente largo de tal efeméride, el doctor Reynaldo Marcos Padua entendió que ya era hora de exponer el legado de aquel colectivo ante las nuevas generaciones. Y esta antología representa un aporte valioso que honra a los miembros del Grupo Guajana.
“Flor de lumbre / Guajana 40 aniversario” recoge poemas de Marina Arzola (1939-1976); Antonio Cabán Vale «El Topo» (1942- ); Andrés Castro Ríos (1942-2006); Ana María Dávila (1944-2003); Edgardo López Ferrer (1943- ); Ramón Felipe Medina (1935- ); Carlos Noriega (1938- ); Edwin Reyes Berríos (1944-2001); Marcos Rodríguez Frese (1941- ); Juan Sáez Burgos (1943- ); Wenceslao Serra Deliz (1941- ) y, naturalmente, los gestores de la publicación, Torres Santiago (1940- ) y Rodríguez Nietzche (1942- ).
Como nota al calce, es bueno recordar que esta antología fue antecedida, casi una década antes, por la titulada “Hasta el final del fuego / Guajana: 30 años de poesía (1962-1992), publicada por Marcos Reyes Dávila con motivo del trigésimo aniversario de la revista.
10/may/08
^regresar arriba
|