| María Esther Pérez Félix: voz incomparable
del pentagrama puertorriqueño
Por Miguel López Ortiz
Fundación Nacional para la Cultura Popular

María Esther Pérez Félix acaba de ser homenajeada por la Asociación Puertorriqueña de Coleccionistas de Música Popular.
(Foto Raquel López Ortiz) |
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A pesar de que su paso por los escenarios artísticos apenas abarcó una década y de que la discografía que perpetúa su voz podría considerarse limitada, hoy, a casi medio siglo de su retiro definitivo del ambiente del espectáculo, María Esther Pérez Félix todavía mantiene una inmensa pléyade de seguidores que la califican como una de las voces femeninas más extraordinarias del pentagrama popular puertorriqueño en cualquier época.
El prestigioso musicólogo colombiano Jaime Rico Salazar, a cuya importante obra “Cien años de boleros” este redactor aportó buen número de biografías y fotos de cantantes y compositores latinoamericanos, no pocas veces me comentó que esta intérprete boricua era “la voz de mujer más rara y bella” que había escuchado. Lo increíble del caso de esta artista que ahora nos ocupa es el hecho de que las grabaciones que le reservaron un sitial imperecedero en el fervor del público fueron las que realizó integrando el Dúo Pérez-Rodríguez bajo la etiqueta Discos Mardi durante el período 1950-1952. La segunda voz de aquel sensacional dueto no era otro que el hoy venerado Felipe Rodríguez “La Voz” (1926-1999), con quien estuviera brevemente casada (1952-1953).
María Esther Pérez Félix nació en la Calle Triunfo – hoy Tomás Pérez Brignoni –, en Vieques, el 6 de marzo de 1930 (recién cumplió 79 años de edad ), hija del matrimonio que formaron José Pérez Ramírez y Cayetana «Tanita» Félix Ortiz. Éstos eran muy aficionados a la música e inculcaron a su hija la pasión por la canción popular desde que ésta era pequeñita.
Su padre le repetía que quería que fuera una cantante famosa –
“Mi papá tocaba trompeta, acordeón y sinfonía de boca (entiéndase, armónica) ‘de oído’ y mi mama entonaba bien afinadita. A diferencia de lo que se acostumbraba en aquella época que, cuando las niñas manifestaban sus deseos de ser artistas, los padres trataban de desestimularlas, considerando que el ambiente de la farándula no era el más propicio para ellas, el mío no era así. Desde que yo era una nena, él siempre me decía que no quería que yo fuera abogada, médico, maestra, secretaria o cualquier otra de las profesiones tradicionales, sino una cantante famosa”, revela evidenciando una claridad mental admirable.
Sus pinitos artísticos los hizo en funciones escolares desde que cursaba el primer grado. Relata que, mientras cursaba sus grados elementales, integró un grupo vocal con Georgina González, Raquel Nieves, Clarita Parrilla y Elsa Pérez que su entonces profesor, a quien sólo recuerda como “Mister Santos”, bautizó como Quinteto No Me Toques, porque la danza de igual título, original de Juan Morel Campos, era la pieza que más las identificaba.
En 1946 su familia fue a radicar al barrio Jerusalén, en Fajardo. En aquel municipio, participó en numerosas festividades, siempre como aficionada, acompañada por un veterano guitarrista a quien sólo logra identificar como “Don Luis”. También formaba parte del Coro de la Iglesia Metodista. Un día, mientras cantaba en un evento religioso con esta formación, fue escuchada por el prominente director de coros Bartolomé Bover, quien – impresionado ante su prodigiosa voz de mezzosoprano –, la invitó a participar en varios conciertos que tenía programados con la Coral de San Juan que dirigía. “El maestro Bover me insistía en que dejara la música popular, pues consideraba que tendría un mejor futuro en el bel canto”, rememora.
En 1949, su fiel acompañante “Don Luis” le gestionó su participación en el exitoso programa-concurso “Tribuna del arte”, que el animador y productor Rafael Quiñones Vidal había instituido en la radioemisora WNEL, localizada en el Viejo San Juan. Como era de esperarse, resultó triunfadora en la categoría de Mejor Cantante Femenina. Su premio mayor fue recibir clases formales de canto como preámbulo a su entrada al profesionalismo. Tuvo como profesores a Jorge Blasco – quien le decía que su voz y su estilo al interpretar eran tan perfectas que no necesitaba tomar clases – y Alfredo Medina. También, por reclamo popular, una presentación en el Teatro Violeta, de su natal Vieques.
Conoció a Felipe Rodríguez “La Voz” mientras participaba en “Tribuna del arte” –

La cantante María Esther Pérez Félix en una de sus actuaciones durante sus años de actividad en la cultura popular.
(Foto suministrada) |
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“Uno de los integrantes del conjunto que acompañaba a los participantes en ‘Tribuna del arte’ era Sotero Collazo, quien también integraba el trío de Felipe Rodríguez, que luego se llamó Los Antares. Él le habló de mí y, luego de eso, nos conocimos. Ensayamos algo y, como nuestras voces se acoplaban tan bien, decidimos formar el dúo. Pero, mi primer contrato como artista profesional fue en la emisora WMDD, de Fajardo, donde mi hermano Héctor era disc-jockey. Fue en un programa diario patrocinado por Colgate-Palmolive que se transmitió entre enero y febrero de 1950, pues el contrato era por dos meses. Después me concentré en el dúo con Felipe”, nos cuenta con un dejo de nostalgia, pues “fueron tiempos muy bonitos”.
Su compañero en la aventura artística que acababa de emprender – con quien más adelante se envolvería sentimentalmente y se casaría – ya era artista afiliado al sello Discos Mardi, del violinista, compositor e ingeniero Gonzalo “Tato” Ardín Delgado. Logró interesar a éste por el dúo y acordaron que el repertorio que grabarían se nutriría, principalmente, de boleros estándares. Se recuerda que el primer sencillo que ambos grabaron, codificado M-1013, contenía el titulado “Pobre corazón” (del cubano Antonio Machín) y la criolla “Como me besabas tú”, del dominicano Bienvenido Troncoso.
El impacto del Dúo Pérez-Rodríguez desde su debut discográfico fue tan contundente que se hicieron obligadas nuevas grabaciones, unas tras otras: “Mi islita Puerto Rico” (de Ardín); “Nosotros” (de Pedro Junco); “Callejuela (de Pepito Lacomba); “Desvelo de amor” (de Rafael Hernández); “La Bayamesa” (de Sindo Garay); “Noche de ronda” (de Agustín Lara); “Ojos malvados” (de Cristina Saladrigas); “Aquellos ojos verdes” (de Nilo Menéndez) y “Pedacito de cielo” (de José Alberto Jiménez) son apenas una muestra de las selecciones que registraron en 1950.
“En enero de 1951 conseguimos un contrato en la emisora WIAC. Cantábamos cinco días a la semana. Los lunes, miércoles y viernes, de 11:00 a 11:30 de la mañana y, los martes y jueves, a las 3:15 de la tarde. Los sábados y domingos, nos presentábamos en fiestas patronales y en teatros. Para ese mismo tiempo, mi hermano Héctor – que después trabajaría también en esta emisora –, había entrado como disc-jockey a WRIO, que ahora es Noti-Uno. Allí creó un programa en el que hizo un concurso para que los oyentes votaran por sus artistas favoritos. Los votos eran chapas de las botellas del refresco que lo auspiciaba. Y no porque tuviéramos influencias con él, sino porque el público se volvió loco mandando chapas, fuimos los ganadores. Nos seleccionaron el Dúo Más Popular”, narra orgullosa y emocionada.
Los éxitos de aquel año incluyen “Ahora estás a mi lado”, “La gitana mintió”, “Miedo”, “Naufragio”, Tendré que perdonarte”, “Terciopelo”, “Tu partida” y, acompañada por el Trío Los Antares, dos piezas de Guillermo Venegas Lloveras: “Por el camino” – en la que formó dúo con José Enrique Girona, quien posteriormente sería destacadísimo locutor en la radio hispana de la plaza neoyorquina – y “Recuerdos de Navidad”. Además, durante 1951 fueron atracción habitual en el “Radio Club del Monte”, espacio que WKAQ Radio El Mundo transmitía a las 8:30 de la noche. Y, en WIAC eran fijos en “Serenata tropical”, siendo acompañados por el Trío Los Antares.
María Esther Pérez Félix fue, posiblemente, la primera cantante cuya voz se perpetuó en un Long Playing editado en Puerto Rico –

María Esther Pérez Félix también fue primera voz de Los Cuatro Ases e integró por igual el recordado grupo femenino Las Damiselas.
(Foto suministrada) |
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El 1952 fue transcendental en la corta pero intensa trayectoria del Dúo Pérez-Rodríguez – ya esposos, pues se casaron el 20 de enero de aquel año (establecieron su hogar en el populoso sector santurcino Barrio Obrero) –, pues marcó su instante cumbre…y el principio del fin de la que se vislumbraba imparable estela de triunfos. Obviamente, ambos funcionaban mucho mejor como compañeros en las lides artísticas que como marido y mujer.
Este año, Discos Mardi les editó el primer Long Playing, “Dúo Pérez-Rodríguez” (LP-8), un formato nuevo en nuestro País y en casi toda Latinoamérica, pues el imperante entonces era el sencillo de 78 rpm. Así, posiblemente, nuestra entrevistada se convirtió en la primera cantante puertorriqueña cuya voz quedó perpetuada en un álbum prensado en Puerto Rico. Quizás alguna otra intérprete se le haya adelantado o lo haya hecho de manera simultánea, pero en tal caso la grabación se habría producido en Nueva York.
Otro detalle curioso y significativo es que, todavía, aquí no se había instituido la costumbre de incluir 12 piezas en los LPs (seis por cada lado). Este histórico álbum, por tanto, sólo incluyó ocho: “Mi cabaña” (de Guillermo Venegas Lloveras); “Piensa en mí” y “Piénsalo bien” (de Agustín Lara); “Inolvidable” (de Julio Gutiérrez); “Aquellos ojos verdes” (de Nilo Menéndez); “La bayamesa” (de Sindo Garay) y las dos que marcaron su estreno en el ámbito del fonograma, “Como me besabas tú” (de Bienvenido Troncoso) y “Pobre corazón” (de Antonio Machín).
─ ¿Llegaron a presentarse en el extranjero?
“Si mal no recuerdo, aquel mismo año fuimos al Teatro Puerto Rico, de Nueva York. En el show participaban los artistas mexicanos Luis Pérez Meza, El Enano Tun-Tun y Vitola. También estaba Davilita, el mago Richardine y la orquesta de Manolín Morel Campos”.
Ya adelantado 1952, surgieron ciertas discrepancias entre Felipe y Ardín, el dueño de la disquera. Ello desembocó en que el dueto saliera de Discos Mardi y, casi de inmediato, comenzara a grabar con los sellos América y Colonial, de la compañía Puerto Rico Records. Bajo la primera etiqueta se registraron las selecciones “No, corazón” y “Desde que te fuiste” (de Don Felo). Para la segunda, las exitosas versiones del pasillo ecuatoriano “Sombras” y del clásico norteamericano “Tango azul”. Luego las referidas etiquetas se consolidaron en la que sería famosa Mar-Vela, bajo la cual quedarían registradas “Ni la distancia”, “No vuelvo más” y, quizás, un par más, porque esta etapa resultó breve. Es importante resaltar el dato de que, en la mayoría de las grabaciones del Dúo Pérez-Rodríguez, destaca el requinto incomparable del pepiniano Rafael Scharrón y la guitarra acompañante, igualmente magistral, de Sotero Collazo.

Memorabilia de los años en que María Esther Pérez Félix formó parte del dúo Pérez Rodríguez junto a Felipe Rodríguez “La Voz”.
(Foto suministrada) |
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─ ¿Qué sucedió tras el divorcio y la desaparición del dúo?
“Después de que nos divorciamos, Felipe se concentró en su trabajo con el Trío Los Antares y el éxito que tuvo fue extraordinario. No creo que en Puerto Rico otro artista haya pegado tanto como él. Se convirtió en un inmortal, como todo el mundo sabe. También hizo otro dúo, pero fue con Davilita. Por mi parte, antes de que nos separásemos, ya hacía otras cositas aparte del dúo. Fui la primera voz original de Los Cuatro Ases y también estuve con Las Damiselas, de Sylvia Rexach. En el primero de esos grupos me sustituyó Rita Elena Ortiz y creo que, en el segundo, también”.
─ ¿Grabó alguna vez como solista?
“¡Seguro que sí! Cuatro boleros: ‘Escucha’ (de Edmundo Disdier); ‘Sola’ (de Rafael Muñoz); ‘Tu arrepentimiento’ (de Rafael Seguí) y otro titulado ‘Llanto negro’. Pero esas grabaciones se incluyeron en Long Playings del Dúo Pérez-Rodríguez. También grabé unas tamboreras con el conjunto del organista panameño Avelino Muñoz”.
─ ¿Integró luego otros conjuntos? ¿Trabajó con orquestas?
Fue homenajeada en el marco del Vigésimocuarto Encuentro de Coleccionistas de Música Popular –
“No. En 1954 me fui a vivir a Nueva York. Allá grabé otros discos a dúo con Víctor ‘Chino’ Skerret y con Daniel González, ambos muy buenos haciendo la segunda voz. Fueron para el sello Crescioni, de Paquito Crescioni, pero esas grabaciones nunca llegaron a Puerto Rico. Como solista tuve oportunidad de presentarme en los teatros latinos, especialmente en el Teatro Puerto Rico. También canté en el New Opera House, en Nueva Jersey. Me mantuve bastante activa hasta que me casé con Salvador Pérez Medina, padre de mis tres hijos, en 1957. Él era policía. Falleció en el 2005. Sí seguí mi carrera, pero lo cogí más suave. Cuando regresamos a Puerto Rico en 1960, me retiré definitivamente de la farándula”.
─ ¿Qué sucedió entonces? ¿Se dedicó por completo a su familia?
“Cuando mi esposo y yo regresamos a Puerto Rico, nos establecimos en Country Club, Carolina. Entonces, me metí a banquera como encargada del Departamento de Préstamos Personales para automóviles y casas, del Banco de Ponce, en San Juan. Luego compramos un terreno en Canóvanas y construimos nuestra casa en ese pueblo, aunque después nos mudamos a la Urbanización Castellana Gardens, en Carolina. En el Banco de Ponce estuve hasta 1968, porque mi esposo me pidió que no trabajara más porque nuestros hijos todavía eran pequeños. Desde esa fecha en adelante, dediqué mi vida al Señor y a mi familia. Fui misionera de la Iglesia de Dios Pentecostal predicando su Palabra en varios países de Latinoamérica”.

Carátula de la producción discográfica en la que la cantante Emma Vázquez, acompañada por Los Montemar, brinda un homenaje a María Esther Pérez Félix.
(Foto Raquel López Ortiz) |
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─ ¿Volvió a presentarse en espectáculos, digamos, eventos especiales, recordando su época esplendorosa como cantante?
“No. A veces sí lo hacía en actividades familiares, con amigos y mi hermano ‘Ché’ haciéndome la segunda voz”.
─ ¿Alguno de sus hijos demostró inclinaciones musicales?
─ “A los tres les encanta la música, pero se dedican a otras cosas. María del Carmen es pastora y Salvador Jr. trabaja como chef en el Hotel Ritz Carlton. La menor, Dalilah, es la que vive conmigo”.
La valiosa aportación artística de esta gran inimitable cancionera al pentagrama puertorriqueño fue reconocida durante el Vigésimocuarto Encuentro de Coleccionistas de Música Popular, acontecido en el Teatro de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Cayey, el domingo 3 de mayo. Este homenaje, que compartió con el veterano locutor Mariano Artau, la mantenía muy ilusionada.
10/may/09
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