| El regreso de Roberto Pumarejo; notable cantor boricua de tangos
Por Miguel López Ortiz
Fundación Nacional parala Cultura Popular

Tras una larga ausencia de los escenarios, el cantante Roberto Pumarejo regresa para presentar “Déjame decirte… en tango” en la sede de la Fundación Nacional para la Cultura Popular.
(Foto Félix “Guayciba” Ayala) |
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Puerto Rico no sólo contó con destacados exponentes del tango durante la primera mitad del pasado siglo. Siempre los ha tenido. Es verdad que, durante aquellos tiempos, eran más los que se inclinaban a este género y a otras vertientes de la canción popular argentina, seguramente porque la figura y el legado del inmortal Carlos Gardel (1890-1935) se mantenía muy vigente. Además, particularmente las décadas de 1940 y 1950, significaron las etapas esplendorosas en las carreras de otros ases tangueros. Alberto Gómez, Hugo del Carril y, entre las féminas, Libertad Lamarque, fueron – entre éstos – los que más calaron entre los puertorriqueños.
La lista de los cantores – en el argot tanguero, el término “cantor” se impone al de cantante – surgidos en nuestra tierra es bastante larga. En la radio, posiblemente el primero que se destacó fue Germán Vázquez, aunque quien más renombre se granjearía fue el siempre recordado Carlos Sevilla “El Payador”. Se sabe, igualmente, que intérpretes tan famosos como Fernandito Álvarez y Hernando Avilés iniciaron sus trayectorias en el ámbito del tango, aunque luego se convirtieron en boleristas. El primero, como fundador del Trío Vegabajeño (1940) y, el segundo, como primera voz original del Trío Los Panchos (1944-1951 y 1956-1957).
Puerto Rico siempre ha tenido tradición tanguera y es cuna
del denominado bolero-tango –
Por otro lado, debe recordarse que la fusión denominada “bolero-tango” surgió en nuestro País, siendo sus cultores pioneros Pepito Lacomba, Esteban Taronjí y Benito De Jesús, éste último, autor del clásico “La copa rota”. Los intérpretes claves en la difusión de esta modalidad fueron Felipe Rodríguez “La Voz” frente a su Trío Los Antares y Fernandito Álvarez y su Trío Vegabajeño.
Pero, a la hora de abordar a los más contemporáneos, entre los exponentes boricuas del tango, un nombre se hace obligado: Roberto Pumarejo. Tal parece que este artista nació marcado con este música, si se toma en cuenta, por ejemplo, que vio la primera luz en la barriada Buenos Aires… de Río Piedras. Aunque la vocación musical le afloró siendo niño, no creció escuchando tangos. Fue su profesor de canto – el muy prestigioso Ramón Fonseca – quien lo envolvió en la llamada “Canción Ciudadana de Buenos Aires”.
“A mí me gustaban y me siguen gustando cantantes de otros géneros, como los mexicanos Javier Solís y Jorge Negrete. Desde chamaquito me encantaba escuchar a boleristas, baladistas y hasta operísticos. Empecé a educar mi voz con el maestro Fonseca como a los 15 años. Él me dijo ‘la voz tuya es para tangos’ y siempre me aconsejaba que oyera grabaciones de intérpretes de este género. Gracias a su estímulo me empapé del legado de Gardel y conocí a casi todos los grandes: Roberto Goyeneche, Edmundo Rivero, el uruguayo Julio Sosa… Ramón Fonseca fue un profesor extraordinario. Sumamente exigente. Uno de mis grandes orgullos es que él me considerara uno de sus discípulos predilectos. Al punto de que nuestra relación de maestro-alumno se transformó en gran amistad”, nos cuenta Roberto, evocando a su entrañable mentor, fallecido hace par de años.
─ De los cantores que mencionaste, ¿cuál consideras el mejor o es tu favorito?
Roberto Pumarejo coincide con la apreciación de un sector de los críticos en el sentido de que la exagerada veneración hacia la figura de Carlos Gardel ha limitado el reconocimiento que intérpretes sucesores han merecido –

El cantante Roberto Pumarejo fue alumno del profesor de canto Ramón Fonseca.
(Foto Félix “Guayciba” Ayala) |
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“Gardel simboliza la referencia obligada para cualquier crítico. Es un punto de partida. Primero, porque prácticamente estableció la manera en que el tango se interpreta, pues fue el primero que llegó al disco y cimentó un renombre. Fue la primera estrella, pues para su suerte surgió en el momento preciso. No carecía de nada: voz hermosa y emotiva, fraseo intachable y afinación perfecta. Además, era un creador de melodías fuera de serie y, como si todas estas virtudes no hubieran sido suficientes, poseía una pinta envidiable a las que casi ninguna mujer podía resistirse. Sin embargo, no son pocos los estudiosos que consideran que la idolatría y la veneración exagerada que Gardel despertó entre los pueblos, en gran medida terminó haciéndole daño a la evolución del tango, pues limitaría a los nuevos valores. Porque siguen siendo muchos los críticos puristas que condenan a aquellos que se apartan del estilo que él estableció. Irónicamente, son los mismos que también descargan contra aquellos que sí se acercan al estilo gardeliano. O sea, a los primeros, los atacan porque se apartan de los parámetros gardelianos y, a los segundos, por tacharlos de imitadores. No hay manera de que queden bien ante ellos. Es como si pensaran que el tango se detuvo con la muerte de Gardel en 1935”.
Roberto Pumarejo coincide con otros críticos en el sentido de que, después de “El Zorzal Criollo” o “El Morocho del Abasto” – calificativos con que se promocionaba y se recuerda a Gardel –, surgieron muchos otros cantores que merecieron reconocimiento como muy dignos sucesores en la gestión de mantener el tango vigente a nivel mundial. Sin embargo, a pesar de que no pocos de ellos alcanzaron cartel estelar e, incluso, hoy son considerados íconos del género, a la hora de las comparaciones quedan bastante rezagados ante la figura de Carlos Gardel.
“Julio Sosa, quien falleció en un accidente automovilístico en Buenos Aires, en 1965, siendo muy joven, fue uno de ellos. Muchos críticos lo señalan como poseedor de la voz más prodigiosa y emotiva de su generación. A otros siempre les mortificaría que lo compararan con Gardel, especialmente por su condición de uruguayo. Olvidando (entre comillas) que Gardel era argentino por adopción y sentimiento. Su circunstancia era idéntica a la de Sosa, quien desarrolló su carrera en Buenos Aires, donde radicó toda su vida”, agrega nuestro entrevistado, quien a la edad de 17 años obtuviera el Primer Premio en el célebre programa-concurso “Tribuna del arte” cuando su anfitrión y productor Rafael Quiñones Vidal lo transmitía a través de la emisora WIAC AM, originándolo desde un improvisado estudio en los altos de la Mueblería Rivera Vega, en la Calle Cerra de la santurcina Parada 15, allá para 1967.
La trayectoria de Roberto Pumarejo como exponente tanguero se remonta a 1980 cuando realizó sus primeras presentaciones como tal en el Ateneo Puertorriqueño. Al año siguiente, 1981, se presentó por primera vez en una función acontecida en la Sala Experimental René Marqués del Centro de Bellas Artes de Santurce.
“Volví en 1982, 1983, 1986 y 1996. Excepto en la de Festivales Antonio Paoli, me presenté en todas las otras salas del Centro de Bellas Artes participando en once espectáculos. Pero, también me presenté en el Teatro Tapia en 1985, en el Casino de Mayagüez, varias veces en el teatro del Colegio de Abogados y he sido frecuente invitado a las celebraciones del Festival del Tango en Isabela”, detalla orgulloso, aclarando que su repertorio también abarca boleros, valses y otras expresiones rítmicas.
Presentará concierto “Déjame decirte… en tango” en la sede de la Fundación Nacional para la Cultura Popular, en el Viejo San Juan, el sábado 30 de mayo –

El cantante Roberto Pumarejo en 1982 junto al promotor y locutor Héctor Perrone y José “Pin” Grafals González, fundador del Festival Peña del Tango de Isabela.
(Colección Miguel López Ortiz) |
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En el interín, Roberto fue crítico musical de la revista Artistas (1991-1995) y profesor de cuatro y de guitarra – instrumentos que aprendió a ejecutar de manera autodidáctica – en la Academia de Música Cruz, fundada y dirigida por el trompetista Eugenio Cruz en Bayamón (1998-2005).
En 1984, José Gobello, entonces Secretario General de la Academia del Lunfardo en Buenos Aires, lo invitó a cantar tangos en la sede de esa institución. Desafortunadamente, problemas de salud le impidieron entonces viajar a la capital argentina.
“El señor Gobello supo de mí a través de Bienvenido Hernández Vargas, uno de los promotores del tango más importantes que habido en Puerto Rico. Falleció hace varios años. Él le envió copia de un casete que yo había grabado y, obviamente, a Godelo le gusto mucho. No pude ir, pero aquella invitación fue un gran honor para mí”, declara.
El público amante de la música más representativa de Argentina y Uruguay – este último país comparte su cuna – podrá disfrutar del talento de Roberto Pumarejo, acompañado por su guitarrista habitual, Héctor René “Tito Cuerda” Vega Núñez, en el Salón de Actos de la Fundación Nacional para la Cultura Popular, en la Calle Fortaleza Núm. 56, en el Viejo San Juan, la noche del sábado 30 del presente mes de mayo. “Déjame decirte… en tango” es el título del programa que tiene preparado para la ocasión y nos ha prometido que el mismo es para recordarse por largo tiempo. El mismo alude a una bella composición del puertorriqueño Edmundo Disdier “Déjame hablarte” – tango popularizado por Danny Rivera en 1975 – que ha incluido en el repertorio que nos ofrecerá.
21/may/09
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