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Oscar Solo en divertida velada de nostalgia
Por Miguel López Ortiz
Fundación Nacional para la Cultura Popular

Oscar Solo regresó a la sede de la Fundación Nacional para la Cultura Popular para presentar un nuevo espectáculo musical.
(Foto JS / FNCP) |
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Otra vez la nostalgia nuevaolera impregnó la atmósfera del Salón de Actos de la Fundación Nacional para la Cultura Popular. En esta oportunidad se trató del espectáculo “Yo solito… Retrospectiva musical de Oscar Solo”, que este destacado intérprete mayagüezano presentara aquí la noche del sábado 31 de octubre. Como era de esperarse, las sorpresas no faltaron.
Al igual que en las inolvidables veladas que se realizaban en los centros nocturnos de la revoltosa década de 1960, los efectos de luces rápidas y una introducción musical pomposa allanaron el ambiente y los ánimos para lo que se aproximaba. El presentador fue el ideal: Alfred D. Herger. El mismo que encaminó hacia la fama al protagonista de la función. Su monólogo de introducción fue atinado y jocoso. Como siempre se espera de él. Luego se repetiría la rutina de fanfarria y luminotecnia para dar paso al artista.
Oscar apareció bailando “chaplinescamente”. Al cabo de un minuto procedió a iniciar su repertorio con “Cuando tu sonríes”, al tiempo que ejecutaba unos pasos que nos hacían evocar la obra “West Side Story”, de Broadway. El entusiasta público, integrado en su mayoría por “eternos teenagers”, se mantendrían aplaudiendo de principio a fin. El propósito de embriagarlos con las pegajosas melodías que alegraran sus años mozos se había logrado.
En lo sucesivo, Oscar vocalizó, casi sin pausa, varios de sus éxitos más representativos: “Hoy hace un año”, “Jugando a ser Don Juan”, “¡Oh, Mamá!” y, luego de otra rutina bailable, esta vez evocando al inmortal Gene Kelly, ofreció el más candente y sensual “Fiebre”.
Ya en mitad de la primera parte de su espectáculo, pidió al público que lo siguiera bailando el clásico “Mambo Núm. 5”, de Dámaso Pérez Prado. Un recurso que, aunque sencillísimo, nos pareció ocurrente y divertido. La concurrencia lo disfrutó sin que él tuviera que abrir la boca. Pero, seguidamente, les interpretó seis jitazos más: el impecable “En la vuelta de la vida”, el exitoso “Quédate un poquito más”, la romántica “María Elena”, el rítmico “Estúpido yo”, “Ágata” – tango que acostumbraba bailar con una muñeca… la cual no trajo en esta oportunidad y que no pocos echaron de menos – y su versión pop del viejo pasillo ecuatoriano “Sombras”.
Awilda “La Mimosa” dio la gran sorpresa del espectáculo
al unírsele para cantar la balada “Acompáñame”, evocando
así a Rocío Dúrcal y Enrique Guzmán, sus intérpretes originales –
La feliz circunstancia de que Oscar Solo mantenga su voz en condiciones óptimas y que sea una de las figuras que mejor se conserva entre las de su generación – físicamente, su cambio ha sido mínimo – en gran medida colaboró a que sus fieles seguidores disfrutaran al máximo su presentación. A diferencia de los casos de otros, no hubo necesidad de ser condescendiente con él perdonándole los estragos del tiempo en pro del ratito de nostalgia que nos hace vivir.

Oscar Solo interpretó una estrofa del clásico “Acompáñame” con la cantante Awilda Pedroza.
(Foto JS / FNCP) |
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La segunda parte de su espectáculo la identificó como “Solo y acompañado / Bohemia rítmica”, en la que contó con el respaldo musical del reconocido pianista José Antonio “Cuqui” Rodríguez. Arrancó con el pimentoso “Son de la loma” y, seguidamente, con la balada “Acompáñame”, tan emblemática de la década de 1960, se dio la gran sorpresa de la noche: evocando al dueto formado por Rocío Dúrcal y Enrique Guzmán, sus intérpretes originales, Awilda Pedroza “La Mimosa”, quien se encontraba entre la concurrencia junto a su esposo, el destacado merenguero dominicano Javish Victoria, se le unió arrancando resonantes aplausos. Valga señalar que Awilda mantiene su voz como una campana.
“Quizás, quizás, quizás”, “Sabor a mí”, “Gavilán o paloma” y “Otro ocupa mi lugar” fueron coreadas por los presentes antes de que el artista se dispusiera a recrear al venerado Club del Clan repasando una decena de los estándares de aquel movimiento impulsado por Alfred D. Herger, entrelazándolos con comentarios humorísticos inspirados en el recordado “triángulo amoroso” vivido por Chucho Avellanet, Lucecita Benítez y Lissette Álvarez, las “rivales” que se disputaban su corazón, según imaginaba la iracunda fanaticada nuevaolera. La concurrencia volvió a servirle de coro en “Canta la juventud”, “Bobo, bobo”, “Jamás te olvidaré”, “Vete con ella”, “Cabecita loca”, “Magia blanca”, “Juntos” y “La bamba”.
En el fin de fiesta retomó el repertorio que lo estableció como uno de los ídolos de la década de 1970 y de todo el posterior decenio: “Te voy a dar una fiesta”, “Por tu amor”, “Lágrimas por tu recuerdo”, “San Francisco”, “En mi Viejo San Juan”, “Yo quiero una orquesta” (tema con el que nos representó en el II Festival de la OTI en Brasil) y, luego de unos instantes desaparecido y respondiendo al reclamo de sus admiradores con los consabidos “¡Otra, otra, otra!”, retornó al escenario para brindarles la que sabía que todos estaban esperando: su versión pop del vals peruano “Nube gris”, posiblemente el más resonante de todos sus éxitos.
7/nov/09
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