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Prevalece la música de
Somohano
Por Ileana Cidoncha Para
Fundación Nacional para la Cultura Popular

Ernesto Concepción Moreau y Melliangie Pérez
cosecharon aplausos en la pasada puesta en escena de “El
misterio del castillo”. (Foto suministrada)
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La música escrita por don
Arturo Somohano para el juguete cómico “El misterio del castillo”,
estrenada en el Teatro Tapia en marzo de 1945, prevalece hoy, 65
años más tarde, según quedó demostrado en el montaje de esta pieza,
producida por la Fundación Puertorriqueña de Zarzuela y Opereta, que
subió a escena en la sala de Festivales del Centro de Bellas Artes
de Santurce el pasado fin de semana.
El libreto de este
juguete cómico, que hoy llamaríamos comedia musical, fue escrito por
don Manuel Méndez Ballester cónsone con estética de aquellos años de
la post guerra, gracioso, ligero y pícaro como corresponde. No
obstante, bajo la dirección escénica de Gil René Rodríguez, éste fue
desvirtuado mediante, no sólo el uso exacerbado y repetitivo de la
morcilla –se aceptan con moderación en géneros musicales hispanos-,
sino cambiando los personajes, que habían sido estupendamente
delineados por Méndez, y convertirlos en tipos de vodevil o
imitaciones de programas de televisión: Largo el mayordomo de “Los
locos Addams” o Morticia, la señora Addams, la doña Mariquita del
“Misterio”. Remató la representación un inexplicable fin de fiesta
con un ¿mago?.
A pesar de las mencionadas distorsiones, el
elenco de esta producción puso al servicio de la puesta en escena
toda su experiencia así como el cúmulo de sus talentos. La soprano
Melliangee Pérez como la Julieta, la criada del “Castillo” lució
estupenda en sus romanzas sin dudas las de mayor exigencia vocal del
compositor. Asimismo, dio el justo punto de coquetería que pedía su
personaje al enamorar al coprotagonista Chelo Jorm, interpretado por
el multifacético Ernesto Javier Concepción, quien actuó, cantó,
bailó e hizo reír a la concurrencia que pobló la sala en la noche
del sábado.
Cordelia González como doña Mariquita aderezó
con ímpetu la dueña del Castillo; mientras que Hermán O’Neill, actor
príncipe de la zarzuela, mantuvo activo el elenco y orquestó la
locura general de la trama. Carlos Esteban Fonseca, Mauricio, el
jardinero desquiciado y Joaquín Jarque, Atanasio el fúnebre
mayordomo, insuflaron sus roles con chispa el primero y con
mortandad el segundo. A Junior Álvarez le tocó ser el tal don
Ramiro, dueño corrupto del Castillo, una caracterización hilarante,
que incluyó un tic en el cuello que lo obligaba a caminar de lado.
Por tratarse de un género de sainete o comedia musical, los
personajes exigían en su mayoría ser actores que cantan, excepto
Pérez, tarea con la que cumplieron con los talentos que poseen, los
a su vez fueron cuidados vocalmente por el profesor Roselín Pabón,
director de la orquesta, y por los músicos que la componen.
Una vez más nos enorgullecemos al señalar el compromiso de la
Fundación Puertorriqueña de Zarzuela y Opereta, de su presidente
Julio Sainz y de su junta de directores en llevar al publico
puertorriqueño lo mejor del repertorio del teatro musical, y, este
año en particular, por darse a la tarea de desenterrar “El misterio
del castillo”, una joya del teatro nacional del siglo pasado, en una
cabal producción.
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