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Rítmicos y cadenciosos los 20 de Pleni-Bom
Por Miguel López Ortiz / F.N.C.P.

(Foto Javier Santiago / F.N.C.P.)
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Hace exactamente dos décadas que, por iniciativa de la folklorista
Norma Salazar Rivera, cuatro amigos con idénticas inquietudes
decidieron juntarse. Corría septiembre de 1984 y, por lo
pronto, su intención era divertirse interpretando bombas
y plenas en veladas informales. Aquel cuarteto era completado por
el percusionista Bernardo «Nando» Robles y las bailadoras
Zoraida Banks y Áfrika Clivillés. Nadie más.
Sin embargo, se trataba del principio de Plenibom – o Pleni-Bom
–, hoy por hoy uno de los más importantes conjuntos
músico-vocales y coreográficos de nuestro País.
“Nuestra primera presentación formal ante el público
fue casi un año después, en 1985. La oportunidad surgió
de una manera muy curiosa. Resulta que el reverendo José
Antonio Franco nos había visto durante una de nuestras acostumbradas
funciones de amigos y le gustó tanto nuestro trabajo que
hasta pensó que éramos profesionales. El nos recomendó
a los organizadores de la recepción que se le brindaría
a una delegación de Nabibia (África) en el Colegio
de Abogados. Nosotros no tuvimos tiempo para ensayar algo especial.
Así que fuimos a hacer lo mismo que hacíamos informalmente,
aunque sí llevamos a Eduardo Vélez, un declamador
buenísimo. La acogida que nos dieron fue tan efusiva, que
nos motivó a definir la línea del grupo. Y lo demás
es historia”, relata orgullosa Norma.
En esos primeros tiempos de vida profesional, el grupo se identificaba
ante el público como Cafir, ya que a su líder siempre
le gustó la pronunciación de ese nombre. “Pero
entonces, en todos los ‘shows’ dedicaba un rato a explicarle
a la gente su significado y el por qué nos llamábamos
así. Hasta que un día Tite Curet Alonso me preguntó:
‘¿tú siempre tienes que hacer eso? Un nombre
que sea necesario explicarlo es como un chiste malo. No sirve. Hay
que cambiarlo por otro que todos entiendan’. Y, ahí,
de su inspiración, sugirió el de Pleni-Bom, que no
precisa de explicaciones”, aclara la folklorista quien compartiera
su vida con el insigne compositor Tite Curet Alonso desde los albores
de esta feliz aventura.
Como todo grupo, el colectivo ha pasado por altas y bajas. Pero
a través de sus 20 años de historia por las filas
de Pleni-Bom han desfilado vocalistas tan reconocidos como Jenaro
«Heny» Álvarez, Pete Bonet, Héctor «Tempo»
Alomar, Pupy Cantor, Joe Medina (a su juicio, el mejor cantante
plenero surgido durante los últimos tiempos) e Ismael Rivera,
hijo. Igualmente, la agrupación ha contado con percusionistas
del calibre de Ángel Alomar, Víctor «Papiro»
Allende y Rafaelito Cortijo.
Actualmente, la sección percusiva del conjunto es integrada
por Bernardo – el co-fundador –, Víctor «Tico»
Fuentes, Luz Idalmi Rosa, John Edgar Rivera y el también
cantante Kaimi Rodríguez. Los vocalistas son Mayra Galíndez
y Olga López (además de Norma) y los bailadores Alexis
Rivera, Sandra Santiago, Marién Torres, Juan Rodríguez,
Oxil Febles y el niño Carlitos Pedraza. Su actividad artística
se desarrolla, principalmente, en festivales folklóricos
y funciones en centros culturales, planteles educativos y plazas
públicas.
En 1994 representó a nuestro país en el Festival
Multicultural de Boston y, más o menos durante las mismas
fechas, llevó su espectáculo a Saint Thomas y a la
Universidad de Saint Croix.
“La idea ahora es continuar celebrando estos 20 años
con todo lo que surja”, agrega esta dinámica ponceña,
al tiempo que exterioriza su anhelo de perpetuar una muestra de
la aportación musical de Pleni-Bom en un disco.
Y Pleni-Bom celebró en la Placita…
Por Javier Santiago / F.N.C.P.

(Foto Javier Santiago / F.N.C.P.)
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Si de celebrar se trataba, la noche del viernes 8 de octubre fue
mucho más que una fiesta para los integrantes del cadencioso
Pleni-Bom. Rodeados del pueblo que frecuenta el pintoresco recinto
santurcino, Norma Salazar y su grupo presentaron su espectáculo
de aniversario en la Placita de la Parada 19; en el mismo corazón
de lo que una vez fue la pintoresca comunidad del barrio Cangrejos.
Con un recorrido por el trabajo realizado durante dos décadas
de incansable labor, la bomba sonó con fuerza y la poesía
fluyó con aires de identidad y reafirmación. Salazar,
con su innegable compromiso de preservar nuestra raíz negra,
nos trajo la historia de “La tal Candelaria” y estremeció
la conciencia al hacer suya la denuncia de “Con dos banderas”.
Las faldas de colores vivos volaron por el aire en aquel viernes
de fiesta. Mientras los orgullosos pretendientes, de punta en blanco,
cortejaban y retaban a los barriles lo mismo en “Rosa Mendé”
de Zoraida Banks que en “Bomba pa’ Samuel Lind”
de la propia Salazar.
De antemano, la voz afroantillana ya había preparado el
ambiente en “Canto al Africa” que interpretó
Mayra Galíndez. Y la plena, impostergable en esta fiesta,
prácticamente selló con su fuerza con la veracidad
interpretativa del joven Caimi Rodríguez. Había que
ver cómo se contagiaba la multitud al ritmo de “Perro
que ladra no muerde” y el sublime testimonial “Se va
la vida, se va el amor”.
Tras 20 años de existencia, Pleni-Bom celebró como
debía hacerlo: mezclado con su gente cual si fuera un recuerdo
del comienzo en que un cuarteto de amigos se tiró al solar
para canalizar su inquietud por el arte.
Por ello merecieron un fuerte aplauso del público que les
acompañó en la Plaza de Mercado en Santurce. Y al
finalizar la actuación, la plena, la bomba y la rumba siguieron
en alto al son de los grupos Batamú de Río Grande
y Esencia de Ponce.
15/oct/04
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