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Esther Sandoval: una Señora Actriz

El Instituto de Cultura Puertorriqueña
le dedica a la primerísima actriz Esther Sandoval su
Cuadragésimoprimer Festival de Teatro Internacional.
(Foto suministrada) |
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Por Javier Santiago/ F.N.C.P.
La Navidad de 1925 estaba en pleno apogeo cuando un 28 de diciembre
nació en Ponce una niña de nombre Esther. Contaba
entonces su padre que la infanta era tan pequeñita que bien
cabía en una caja de zapatos. Pero lo que el entonces jefe
de mecánicos de la Central Aguirre apenas sospechó
fue que aquella niña, que tan orgullosamente cargaba entre
sus brazos, estaba destinada a ser toda una primera actriz del campo
artístico nacional.
Desde sus años de infancia hasta su etapa juvenil, Esther
González fue hija única de unos padres sumamente estrictos.
Creció en el sector de Aguirre dentro de un hogar cristiano.
Allí supo lo que era vivir la armonía familiar aún
cuando las creencias protestantes de su padre y su tía fueran
el polo opuesto de las doctrinas católicas que profesaban
su madre y su abuela.
A los 16 años la joven Esther se graduó de la Escuela
Superior de Salinas con la ambición de iniciar estudios universitarios
en medicina. Sin los medios económicos para poder costear
su sueño, y ante la negativa del padre en permitirle trasladarse
sola a los Estados Unidos para estudiar, Esther decidió tomar
cursos secretariales en el Colegio Percy de Ponce.
En la Ciudad Señorial consiguió trabajo de correctora
de pruebas a tiempo parcial en el periódico El Día.
Ya a las pocas semanas de estar allí laborando comenzó
a desempeñarse como secretaria del director, don Emilio Huyke.
Expuesta a los medios de comunicación masiva, poco tardó
la joven en realizar una prueba de locución en la emisora
WPAB de Ponce. Así inició carrera como libretista
de radio y como conductora de un programa dedicado a la mujer. Allí
comenzaría sus pininos en los espacios dramáticos
que entonces transmitía la emisora ponceña.
Cuando en 1949 Esther le comunicó a sus padres que abandonaría
sus estudios secretariales para probar suerte en el mundo profesional
como artista, su familia puso el grito en el cielo. Aún así,
la joven determinada en su afán, aprovechó una oferta
y llegó a la Capital para actuar en las producciones de WEMB
Radio El Mundo.
En los estudios de la emisora que entonces estaba ubicada en el
Viejo San Juan,
Esther comenzó de inmediato su labor en las radionovelas
que dirigía la actriz argentina Queca Guerrero, quien fue
la que le bautizó profesionalmente con el apellido Sandoval.
Así, con la compra de WKAQ Radio por parte de don Angel Ramos,
Esther pasó a trabajar en el radioteatro de la emisora en
Santurce. Y con la llegada de la televisión a Puerto Rico,
la actriz fue uno de los primeros talentos en ser reclutados por
el nuevo medio masivo de comunicación.
En 1954 protagonizó “Ante la ley”, primera telenovela
que se transmitió por televisión en el País.
En este melodrama, donde actuaron figuras como Lucy Boscana, Miguel
Ángel Álvarez, Ulises Brenes, Rafael Enrique Saldaña
y Mona Marti, Sandoval fue la recipiente del primer beso televisivo
de una telenovela boricua. El realismo de aquella escena junto al
galán Mario Pabón causó revuelo en la sociedad
de aquel entonces. Pero, más allá de la reacción
inicial de los sectores más conservadores, nada pudo detener
el paso ascendente de Esther Sandoval en el arte popular.
En la pantalla chica encabezó, junto a Rafael Enrique Saldaña,
el espacio de unitarios “La hora Camay” que transmitía
el canal Dos de Telemundo. De igual forma laboró en innumerables
melodramas de la época. Simultáneamente entró
por la puerta grande al teatro del brazo del actor español
Luis Prendes, debutando en la obra “Sábado del pecado”,
que protagonizó junto al propio Prendes y el también
actor español Ricardo Palmerota, en el Teatro Tapia de San
Juan.
Entre radio, teatro y televisión Esther Sandoval fue convirtiéndose
en una de las figuras de mayor reconocimiento en la escena nacional.
Pero cuando la actriz necesitó espacio para su vida personal,
se marchó a Nueva York en busca de un cambio de ambiente.
En la Gran Urbe actuó con la compañía del
fenecido actor puertorriqueño Ramón Rivero (“Diplo”),
así como participó con figuras como Sara García,
Carmen Montejo y Ernesto Alonso en la producción “La
Muerte y pasión de nuestro Señor Jesucristo”
que se escenificó en el Teatro Puerto Rico de Nueva York.
Igualmente laboró en “Donde está la luz”
en la etapa inicial del Nuevo Círculo Dramático de
Roberto Rodríguez y Miriam Colón. Posteriormente,
Esther estableció junto a Vicki Cortés su propio teatro
experimental en el hotel Lucerna. Allí presentó piezas
como “Del brazo por la calle”, “Condenado”
y la obra “Té y simpatía”, en esta última
contando con las actuaciones de Dean Zayas y Horacio Olivo.
A su regreso a Puerto Rico en 1959 el trabajo no le faltó
en las tablas. Con la llegada de la década de 1960 actúa
en obras como “Bodas de sangre”, “La novia”,
“Lecho nupcial”, “Todos los hijos de Dios tienen
alas”, “Un tranvía llamado deseo”, “Santa
Juana de América”, “Tiempo muerto” y “Los
soles truncos”. Durante esta etapa la crítica especializada
aplaudió fuertemente sus caracterizaciones de “Beatriz
Serrano” en “Mariana o el alba” y “Serafina”
en “La rosa tatuada”.
Simultáneamente, en época en que la industria del
doblaje era taller constante para los actores en Puerto Rico, la
voz dramática y profunda de Esther Sandoval matizó
en el vernáculo español las actuaciones de actrices
como Joan Crawford, Barbara Stanwyck y Rosalind Rusell. Esto sin
postergar su labor en telenovelas como fueron las producciones “Historia
de mi vida” (1963) y “Una ventana al cielo” (1965)
transmitidas ambas por el Canal 2 de Telemundo.
Con el asomo de la década de 1970, Sandoval continuó
cosechando aplausos por sus actuaciones en piezas como “Los
ángeles se han fatigado”, “Las criadas”,
“Espectros”, “Delito en Isla de Cabras”
y “Doce paredes negras”, este último, intenso
drama del actor y dramaturgo Juan González-Bonilla que protagoniza
junto a la recordada Myrna Vázquez.
En la televisión actuó en innumerables telenovelas
como “Los dedos de la mano” (1979), “La otra mujer”
(1978) y “Anacaona” (1979). Pero fue su caracterización
de “Rosaura Alsina” en la producción “Cristina
Bazán” (1978) una de los más recordadas por
los televidentes. Tanto impacto tuvo entre el público que
en una ocasión una anciana, al verla en un supermercado,
intentó agredirla con una sombrilla por el realismo que la
actriz le impartía a su rol de villana.
Establecido su valor en teatro y televisión, era de esperar
que en el cine Sandoval también dejara su huella. Ciertamente
Esther laboró en varias cintas que se rodaron en Puerto Rico
entre las décadas de 1960 a 1970. Pero su consagración
definitiva en la pantalla grande se dio en 1980 cuando protagonizó
el segmento fílmico “La gran noche” para la película
“Dios los cría” de Jacobo Morales. En una memorable
actuación que es escuela para todo amante del arte dramático,
Esther Sandoval no necesitó parlamentos para ofrecer sólo
con su rostro una actuación magistral. Ante ello, en el Festival
Nuevo Cine Latino de La Habana, donde compitieron 136 largometrajes,
la actriz puertorriqueña fue distinguida con el Premio Coral
por su actuación en el legendario filme.
Mujer de personalidad recia y de principios inquebrantables, en
1981 Esther fue objeto de un homenaje nacional en la celebración
de sus 35 años en el arte. Mas a pesar del reconocimiento,
sus oportunidades en el medio artístico del País fueron
disminuyendo paulativamente. Aún así, actuaciones
en obras como “El hombre elefante”, que en 1984 produjo
Candilejas, reafirmó su fuerza en los escenarios nacionales.
Mientras, su labor en dramática en la pantalla chica se circunscribió
a “La jibarita” (1980), “Amar es vivir”
(circa 1982), “Tiempo de vivir” (1985), “Escándalo”
(1986) y el exitoso unitario “Las divorciadas’’,
entre otras.
En esta etapa de su carrera, cabe destacar que en 1983 viajó
a Buenos Aires donde interpretó el personaje de una multimillonaria
llamada “Doña Bárbara” en la telenovela
“Una chispa de amor”. Allí, durante su estadía,
se le concedió el carnet número 9,845 de la Sociedad
Argentina de Actores, cosa que pocos artistas extranjeros han logrado.
Con el asomo de la década de 1990, nuestra primerísima
actriz comenzó a confrontar quebrantos en su salud. Pero
antes de su retiro de la actividad cotidiana, Esther Sandoval reafirmó
su inquietud por el desarrollo del arte en las nuevas generaciones
a través de su labor como Actriz Residente, el centro educativo
American University.
(El autor es periodista y director ejecutivo
de la Fundación Nacional para la Cultura Popular www.PRpop.org)
10/oct/05
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