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   Untitled 1 San Juan, Puerto Rico

Fernando Cortés en su centenario


Así lucía Fernando Cortés durante su última visita a Puerto Rico, un mes antes de fallecer.
(Foto colección Miguel López Ortiz)

Aunque Fernando Cortés Rodríguez siempre fue muy vilipendiado por la crítica cinematográfica internacional que lo condenaba por el matiz abiertamente comercial que caracterizaba a los proyectos que emprendía dentro del denominado séptimo arte, aún hasta sus más enconados detractores reconocen más méritos que desaciertos en su legado a la industria del espectáculo, tanto en su natal Puerto Rico como en México, su segunda patria. Claro: él no era sólo cineasta. Fue un artista multifacético que, siendo todavía adolescente y mucho antes de incursionar en la pantalla junto a su inseparable esposa Mapy, ya había cimentado merecido cartel reforzando los elencos de las compañías de teatro clásico y, como tenor, las de zarzuelas que nos visitaban desde España.

Este irrepetible puertorriqueño nació en San Juan, el 4 de octubre de 1908, por lo que este año se conmemoró su centenario. Su historial en los escenarios – y, tras bastidores – es impresionante. Como cantante lírico agotó temporadas en La Habana con la compañía Pro Arte Musical en 1929. Luego de casarse con la vedette María del Pilar Cordero Berríos (1910-1998) – en lo sucesivo, conocida profesionalmente como Mapy Cortés – en 1932, se concentró en la faceta actoral echando a un lado la musical y, marchó a España. Allá ambos se convirtieron en pioneros de la cinematografía sonora formando pareja romántica en largometrajes como “Dos mujeres y un Don Juan”, de Juan Buschs (1933); “El gato montés” (1935) y “Amor Gitano” (1936), de Alfonso Benavides. Poco después de concluir el rodaje de este último, la Guerra Civil los forzó a salir de la Madre Patria y, tras un breve período de penurias en Marsella, Francia, un golpe de suerte les puso en el camino al empresario alemán George Urdan, quien los contrató para protagonizar una opereta en el Teatro Maipo de Buenos Aires. En la capital argentina el éxito volvió a sonreírles. Mientras él continuaba ajetreado en otros proyectos teatrales, ella emergió como rumbera estrella del Casino de Buenos Aires y, en 1938, fue el objetivo romántico de quien sería venerado como el máximo exponente del humorismo en este país, Luis Sandrini, en la película “Un tipo de suerte”.

Tras dos años de triunfos en la cuna del tango, no dudaron en aceptar un contrato para trabajar en La Habana, más que por otra razón, por la cercanía de Cuba a Puerto Rico. Ambos extrañaban su patria y, desde la capital cubana podrían desplazarse fácilmente a San Juan. En esta importante plaza, a Mapy le surgió la gran oportunidad de protagonizar la película “Ahora seremos felices”, teniendo como galán al entonces aclamado cantante mexicano Juan Arvizu. Durante el rodaje, éste convenció a la pareja de lo conveniente que les resultaría hacer carrera en México, donde tanto el movimiento teatral como el ambiente cabaretero eran muy intensos y, además, la industria cinematográfica se hacía cada vez más fuerte. Así que, luego de aquel compromiso, optaron por acatar el consejo de Arvizu , quien los recomendó a su amigo Mario Moreno Reyes “Cantinflas”. Éste los incorporó a la compañía con que se alternaba en los capitalinos Teatro Lírico y Teatro Follies. Casi dos años después, 1940, ella debutó en cinematografía nacional vía “Papá se desenreda” compartiendo créditos estelares con Leopoldo “Chato” Ortín y Sara García. Al año siguiente, 1941, el director Alfonso Patiño Gómez los juntó en “Cinco minutos de amor”… aunque el galán protagónico de este filme fue el cotizadísimo Arturo de Córdova. En las siguientes cintas en que compartieron, él debió conformarse con ser el rival en amores de otros galanes. Específicamente, de Emilio Tuero en “Yo bailé con don Porfirio” (1942) e “Internado para señoritas” (1943), ambas bajo las órdenes de Gilberto Martínez Solares, y de José Cebrián en “La corte del faraón”, que dirigió Julio Bracho (1943).

En 1944 debutó como realizador con la película “La pícara Susana”, naturalmente, con Mapy en el papel titular y dos galanes de alto calibre disputándose su corazón: el argentino Luis Aldás y el español Fortunio Bonanova. En lo sucesivo, aminoraría su desempeño como actor para concentrarse en sus nuevas facetas de director, guionista y productor. Su especialidad siempre serían las comedias de enredos salpicadas con intervenciones musicales de artistas en boga, aunque también invadiría el denominado “género campirano” – o cine de charros – y los “westerns norteños”… siempre sobre la base de la comedia.

Fue, además, director pionero de la televisión mexicana y puertorriqueña –


Allá para 1958, en XEW TV / Canal 2 – entonces Telesistema Mexicano y hoy Televisa – dirigía “El show de Andy Russell”, quien aparece penúltimo, a la derecha. Fernando Cortés posa al centro, entre las bellas actrices Yolanda Varela y María Victoria, quien casi una década más tarde sería su estrella en “La criada biencriada”. Y, entre Teresita Reyes y Yolanda, el legendario Adalberto Martínez Chávez “Resortes”. La orquesta que aparece al fondo es la dirigida por el famoso compositor Pablo Beltrán Ruiz (autor de aquello que dice “quién será la que me quiere a mí…”), cuyo rostro vemos sobre el hombro derecho de “Resortes”.
(Foto colección Miguel López Ortiz)

Siempre adelantado a su tiempo, a Fernando Cortés se le despertó el interés por la televisión desde que este medio – considerado el gran invento del siglo 20 – se estrenó en Estados Unidos al iniciarse la década de 1940. Por tanto, estuvo presto a adiestrarse en su técnica cuando el magnate Emilio Azcárraga Vidaurreta manifestó su determinación de inaugurar la televisión en México, lo cual acontecería el 12 de enero de 1951 con el lanzamiento de XEW TV / Canal 2, hoy matriz de la poderosa cadena Televisa. Nuestro compatriota fue uno de los actores y directores pioneros en aquel histórico proyecto.

La experiencia adquirida le valió ser reclamado por el empresario Ángel Ramos – propietario del diario El Mundo y la emisora WKAQ Radio el Mundo para hacer lo propio en su patria cuando se disponía a inaugurar WKAQ TV / Canal 2 – Telemundo – en el sector sanjuanero de Puerta de Tierra. Le cupo a nuestro biografiado el mérito de haber sido el primer director que tuvo esta empresa teniendo a su cargo la realización del programa que inició la cartelera regular tan pronto concluyó la ceremonia de inauguración (7:00 a 8:00 PM), la noche del histórico domingo 28 de marzo de 1954. Se trató de una adaptación de la comedia española “El caso de la mujer asesinadita”, original de Miguel Mihura. Como era de esperarse, Mapy fue la protagonista. Durante los próximos dos años, hasta 1956 cuando la televisión boricua ya estaba encaminada, Fernando dirigió varios espacios, sirvió de mentor a jóvenes técnicos y artistas – entre ellos, su sobrino politico Paquito Cordero – y, junto a su esposa, estelarizó dos exitosos programas hurmorísticos: “El show de Papi y Mapy” y “Casino tropical”.

De vuelta en México, reanudó su actividad cinematográfica y, entre sus tantos méritos, le cabe el de haber dirigido al famoso comediante Germán Valdés Castillo “Tin Tan” en doce producciones: “El campeón ciclista”, “El gato sin botas”, “El teatro del crimen” y “Rififí entre las mujeres” (1956); “La odalisca número 13”, “Las mil y una noches”, “Locos peligrosos” y “Viaje a la Luna” (1957); “Tres lecciones de amor” (1958); “El fantasma de la operetta” y “Variedades de medianoche” (1959) y “Vacaciones en Acapulco” (1960).

Es preciso resaltar el dato de que, desde antes de su fructífera estadía en Puerto Rico, ya había dirigido a otro de los máximos actores cómicos mexicanos: Adalberto Martínez Chávez “Resortes”, a quien tuvo bajo sus órdenes en ocho películas: “El luchador fenómeno” (1952); “Miradas que matan” y “Mis tres viudas alegres” (1953); “¡Viva la juventud!” (1955); “Cómicos de la legua” (1956); “El aviador fenómeno” (1960); “La presidenta municipal” – cuya estrella masculina fue La India María – (1974) y “El futbolista fenómeno / ¡Gol!” (1978). La muy admirada pareja de excéntricos Los Polivoces – Enrique Cuenca y Eduardo “Segundo” Manzano – le protagonizó “Entre riachones y pobretones” (1972).

Entre sus producciones clasificadas en el cine de charros dirigió a la pareja formada por Pedro Arméndáriz y Rosita Quintana en “El charro y la dama” (1949), así como a Miguel Aceves Mejía en Échame a mí la culpa – con Lola Flores y Amanda Del Llano como estrellas femeninas – y “Tres angelitos negros”, en la que su objetivo romántico fue Yolanda Varela (1958). A Javier Solís, el venerado “Rey del Bolero Ranchero”, lo tuvo en “Los forajidos” y “Un tipo a todo dar” (1962); “Los expatriados” (1963) y “Los Tres Calaveras” – tributo cinematográfico a la legendaria trilogía de este nombre – y “Rateros último modelo” (1964).

Introdujo en el cine a Viruta y Capulina y a La India María –

A Fernando Cortés se le atribuye, además, haber introducido en el cine a buen número de artistas que, a través de la exposición que les brindara este medio, lograrían brillar a nivel internacional. Entre estas, resulta preciso resaltar los nombres de la pareja de comediantes Viruta y Capulina vía “La odalisca número 13” (1957) y a su sobrina Mapita en “Dormitorio para señoritas” (1959). Durante el segundo lustro de la década de 1960 dirigió – y en algunos casos también actuó – en varia producciones puertorriqueñas, siendo las más recordadas “El jíbaro millonario” y “En mi Viejo San Juan / Los tres pecados” (1965); “Luna de Miel en Puerto Rico” y “Machuchal, Agente 0 en Nueva York” (1966); “El curandero del pueblo / El norso” y “Vírgenes de la Nueva Ola” (1967).


En 1976, Fernando Cortés comparte en Ciudad de México con su ahijada artística La India María y el recordado actor cubano Frank Moro.
(Foto colección Miguel López Ortiz)

En 1967 retornó al teatro dirigiendo “La criada biencriada”, con un libreto inspirado en la clásica comedia francesa “La zapatera prodigiosa”, pero con elementos tomados de “La criada malcriada” que Tommy Muñiz moldeó para que Velda González la caracterizara dentro del bloque de “El show del mediodía”, que mantenía en WAPA TV / Canal 4. El personaje titular lo encomendó a la también estelar cantante María Victoria. El éxito de este proyecto fue fenomenal. Superó las 3,000 funciones, motivó la telecomedia del mismo que tuvo prolongada videncia y fue llevada al cine. Es preciso recalcar que “La criada biencriada” mantuvo el récord de montajes consecutivos más alto en la historia teatral de México hasta hace pocos años cuando la producción “Aventurera”, de Carmen Salinas, estrenada en el Teatro Blanquita en el 2000, con Itatí Cantoral en el papel titular, se lo quebró. De hecho, esta todavía permanece en cartelera, cambiando de sala y protagonista en varias ocasiones, habiendo superado las 10,000 funciones presentadas, incluso, en distintas ciudades de Estados Unidos.

En 1971 lanzó a nivel estelar a la talentosa comediante María Elena Velasco De Eriche “La India María”, vía la taquillera cinta “Tonta, tonta, pero no tanto” (1971) que, de paso, le significó a Lucecita Benítez su aparición en el cine mexicano, que fue interpretando su éxito “Todas las mañanas”. A la referida actriz la dirigió luego en “Pobre pero… ¡honrada!” (1972); “El miedo no anda en burro” y “La madrecita” (1973).

“Los críticos de la Prensa no tienen que pagar por decir lo que les parece, tengan o no razón”, nos dijo refiriéndose a sus detractores.

Sin embargo, a pesar de tantos aciertos, siempre estuvo bajo el yugo de la crítica cinematográfica que, como apuntamos al principio de este reportaje, le recriminaba por su nada disimulada disposición a sacrificar cierto nivel de calidad artística con tal de atraer público a la taquilla. Este fue uno de los puntos que traje a colación durante la entrevista que me concediera en marzo de 1979 para la revista Artistas, que entonces dirigía. Todavía siento en mis oídos la vibración de su respuesta:

“Los críticos de la Prensa no tienen que pagar por decir lo que les parece, tengan o no razón. A ellos les pagan. Pero, mientras un director hace una película en su cabeza ronda una preocupación: conseguir el dinero para hacer la siguiente. Porque entre el rodaje y el estreno hay un lapso de tiempo largo en el que sólo hay gastos, no ingresos. Mientras tanto, ¿de qué vivimos? En México, Argentina, España y, pienso que en todas partes menos en Hollywood, no hay directores millonarios. Y, si existiera alguno, no creas que hizo su fortuna en el cine. Para mantenerse activo en este negocio, hay que simplificar las cosas. Para nuestra suerte, al público que dirigimos nuestro trabajo lo más que le interesa es la presencia de sus artistas en historias sencillas con las que puedan identificarse. Nada de complicaciones”.

Para fortalecer su argumento, relató el caso del gran cineasta Fernando De Fuentes, quien luego de ganar el favor de los críticos con su largometraje “Allá en el Rancho Grande”, que marcó el nacimiento del cine de charros en 1936 con Tito Guízar y Esther Fernández como pareja protagónica, seguidamente produjo par de “churros” (entiéndase, cintas de escaso presupueso y dudoso valor artístico).


Fernando Cortés en el Teatro Puerto Rico, de Nueva York, con su esposa Mapy y su sobrina Mapita en el año 1962.
(Foto colección Miguel López Ortiz)

“Esa película hoy es considerada un clásico del cine mexicano… pero recuperar la inversión y obtener ganancias le costó tiempo a Fernando. Mientras tanto, sus churros le permitían seguir trabajando, dándole trabajo a otra gente y permitiéndole comer, más o menos, decentemente”, agregó recordando que igual experiencia vivió otro ilustre realizador incomprendido, Alejandro Galindo, quien para sostener sus cuatro halagadas producciones, “Mientras México duerme” (1938); Tribunal de justicia” (1944); “Campeón sin corona” (1946) y “Espaldas mojadas” (1953), tuvo que producir más de 50 dirigidas al populacho.

“Galindo tardó años en recuperar lo que invirtió en esos filmes. El prestigio que le dieron lo pagó caro. Yo creo que hasta los directores más respetados de México, como Emilio Fernández y Roberto Gavaldón, tienen sus ‘churritos’ o ‘caballitos’ – o sea, peliculitas baratas de vaqueros – bien escondiditas para que nadie las recuerde”, remachó.

Su filmografía alcanzó los 101 largometrajes, la mayoría, comedias –

Entre las 101 cintas que componen su filmografía, nos parece menester recordar, pues se exhibieron aquí, las tituladas “El amor las vuelve locas” y “Las casadas engañan de 4 a 6” (1945); “La liga de las muchachas” y “Te besaré en la boca” (1949); “Recién casados… no molestar” (1950); “El beisbolista fenómeno” (1951); ‘Las cariñosas” y “Mis tres viudas alegres” (1953); “Pobres millonarios” (1957); “¡Viva la parranda!” (1959); “Cómicos y canciones”, “Dios sabrá juzgarnos” y “La marca del muerto” (1960); “Jóvenes y bellas”, “Muchachas que trabajan”, “Quiero morir en carnaval / A ritmo de bossa nova” y “Un día de diciembre” (1961); “Los forajidos” y “Un tipo a todo dar” (1962); “Dile que la quiero” (1963); “Rosa, la tequilera” (1966); “Agente 00 Sexy” y “Un latin lover en Acapulco” (1967); “La casa de las muchachas” (1968); “Las golfas” y “Los juniors” (1969); “La criada bien criada” y “Los Beverly de Peralvillo” (1970); “¡Qué familia tan cotorra!” (1971) y “Entre pobretones y ricachones” (1973).

Fernando Cortés Rodríguez falleció en el American-British hospital, en Ciudad de México, el 28 de abril de 1979, a consecuencia de la hemorragia que le provocara una úlcera estomacal. Además de su esposa Mapy y su sobrina Mapita, le sobrevivieron sus hermanos Miguel Ángel, Magda y Rosalinda. Exactamente un mes antes se había presentado por última vez ante el público de su patria, que fue en el marco de la celebración eel 25 aniversario de Telemundo / Canal 2 en el Coliseo Roberto Clemente. Poco antes, había concluido el rodaje de la que fue su última película, “La criada maravillosa”, protagonizada por María Victoria.

29/oct/08

 

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