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   Untitled 1 San Juan, Puerto Rico

Juan Llibre (1928-2008) en el recuerdo
de Borinquen


Juan Llibre en la época en que exaltaba las virtudes de la cerveza India en “La Taberna India”.
(Foto colección Miguel López Ortiz)

Cuando repasamos la lista de puertorriqueños que, en determinadas etapas, lograron trascendencia en el arte de la declamación (disciplina muy poco cultivada durante las últimas décadas), nos topamos con la realidad de que aquellos que mantuvieron o siguen desarrollando una actividad constante dentro de esta faceta son escasísimos. Salvo contadas excepciones, se trata de actores o locutores – por lo general, ambas cosas – que, ocasionalmente, aprovechando sus facultades vocales e interpretativas, se envuelven en algún proyecto especial en el que se incluye la poesía.

Artistas que sean eminentemente declamadores o recitadores siempre han sido pocos en Puerto Rico. Sin duda, el más notable de todos ha sido Juan Boria “El Faraón del Verso Negro” (1905-1995), insuperable en su género. Y, en el ámbito de la poesía tradicional – romántica, patriótica, etc. – durante las décadas de 1940, 1950 y 1960, recordamos a figuras como Rafael Bartolomey y Manuel Erazo, cuyas voces quedaron perpetuadas en varias producciones discográficas.

Otros, calificados como notables, eran figuras provenientes de la radio: Camilo Fraticelli (1916-1969) – a quien se le atribuye haber instituido la tradición de recitar “El brindis del bohemio” (original del mexicano Guillermo Aguirre y Fierro) justo a la medianoche de cada Despedida de Año mientras laboraba en la sanjuanera WNEL en 1949 –, Rafael Benliza (1915 – ); Manuel Pérez Durán (1920-1988); Ray Francisco Quiñones (1926- ); el mayagüezano José Ramírez Nieves (1939- ); los pepinianos Juan José Jiménez (1936-2007) y Juan Avilés Font (1945- ), etc. Se recuerda, además, que durante los albores de la década de 1970, el inolvidable animador Fidel Cabrera (1922-1998) y el gran actor Braulio Castillo (1933- ) grabaron discos de poemas. También, que el evangelista aguadeño Raúl Villanueva Torres, afiliado a la Iglesia Adventista del Séptimo Día, era un declamador extraordinario.

Durante los últimos tiempos, los más destacados han sido el actor y locutor David Ortiz Angleró (1936- ) y Manuel Rivera Cátala (1945- ) en el género romántico y el también actor Julio Axel Landrón (1960- ) como exponente de la poesía negra. Cada uno de ellos con exitosas producciones discográficas en el mercado.

Realizó siete álbumes de poesías e intercaló declamaciones en varias grabaciones de Fernandito Álvarez y su Trío Vegabajeño –

Sin embargo, nadie pondría en duda que uno de los declamadores más exitosos que han surgido en el ambiente artístico boricua ha sido Juan Llibre. Su voz quedó perpetuada en siete discos de larga duración. Los dos primeros, editados por el sello Mar-Vela a principios de la década de 1950, hoy son considerados clásicos y, reeditados en formato compacto, se siguen vendiendo de manera considerable. En dichas grabaciones interpreta, principalmente, poemas del cubano José Ángel Buesa y del español Rafael De León. Nos atreveríamos asegurar que, hasta aquellos compatriotas indiferentes a esta expresión artística, por lo menos conocen – aprendidas de su voz –, versos como “pasarás por mi vida sin saber que pasaste…” (del “Poema del renunciamiento”, Buesa) o “¡ qué alegría y qué pena quererte como te quiero!” (de “Penas y alegrías del amor”, de De León).

Juan Llibre era dominicano y, además de brillante declamador, logró descollar como actor dramático, locutor radial, presentador de televisión, productor de espectáculos e, incluso, como compositor de boleros. La etapa cumbre de su carrera la vivió en Puerto Rico. Y ante la noticia de su reciente deceso acaecido en la República Dominicana, se hace pertinente este reportaje que nos remonta a una entrevista que este redactor le hizo en septiembre de 1987.

Nacido en Altamira, Puerto Plata, el 3 de mayo de 1924, este personaje irrepetible emprendió su trayectoria, como locutor de noticias, en la H19WO / Radio Tropical, de su provincia natal, en 1941. En 1942 laboró brevemente en una planta afiliada en Montecristi. Aquel año se le encomendó la organización y la animación de espectáculos que se presentaban en el marco de festejos populares y que eran auspiciados por la antes mencionada emisora puertoplateña. Siempre recordaría que en una de aquellas funciones incluyó a un niño pianista, de 13 años, que llegaría a ser el compositor más destacado de su país: Rafael Solano. Lo presentó con el rimbombante calificativo de “¡La Gran Revelación de 1942!”

“Mi padre, Tomás Llibre Puig, quería que yo fuera médico. Y crecí con esa idea, consciente de que a él le ilusionaba mucho, porque yo era el menor de sus 14 hijos. Pero, cuando la radio llegó a Puerto Plata, que fue un acontecimiento tremendo, al igual que le pasó a otros tantos muchachos, yo quedé fascinado con las voces de Homero León Díaz, Héctor J. Díaz y otros extraordinarios locutores, verdaderos maestros del micrófono, tanto de la radio capitaleña como de la que se hacía en Santiago de los Caballeros. Como siempre fui apasionado a la lectura y creía tener buena voz, tan pronto se inauguró Radio Tropical me presenté en busca de una oportunidad. Tuve la inmensa suerte de pasar la prueba de rigor. Y, claro, hasta ahí duró el sueño de mi padre de verme convertido en médico”, rememoraba.

─ ¿Allí comenzó a declamar?, le pregunté.

“Dos o tres veces lo hice en los espectáculos que organizaba para la emisora, pero en algún programa transmitido desde los estudios, no. Declamaba, principalmente, en tertulias de amigos. En una de ellas me invitaron a participar en un espectáculo presentado en el Teatro Apolo, de Santo Domingo, en 1944. Aquel fue mi debut oficial como declamador”.

─ ¿Se quedó entonces en la capital?

“Seguí trabajando en Puerto Plata hasta 1945 cuando José Arismendy ‘Petán’ Trujillo me reclamó para reforzar el equipo de locutores de La Voz del Yuna, en Bonao. Al año siguiente, 1946, sí me fui a Santo Domingo, donde trabajé en la HIZ, del ingeniero Frank Hatton. La razón principal por la cual dejé La Voz del Yuna fue mi interés por pulirme como actor en la Compañía Teatro Escuela, que dirigía la eximia actriz Divina Gómez. Ella y un gran director llamado Emilio Aparicio fueron mis maestros en el arte escénico”.

Se radicó en Puerto Rico al ser contratado para integrar el equipo de locutores original WORA Radio, en Mayagüez, en 1947 –

Precisamente integrando la compañía de Divina Gómez visitó Puerto Rico por primera vez aquel mismo año, 1946, para hacer un recorrido por varios municipios. Y en las funciones realizadas tuvo oportunidad de hacer gala de su talento como declamador. Aquella experiencia fue la llave para su retorno a nuestro país. Su permaneciencia se prolongaría quince fructíferos años. Curiosamente, su contratación no fue para una radioemisora sanjuanera, sino de Mayagüez.

“Formé parte del grupo de locutores de WORA Radio desde el mismo día de su inauguración en octubre de 1947. Fue una de las experiencias más lindas de mi vida, porque en Puerto Rico me sentía tan cómodo como en mi país. En WORA hice de todo: programas musicales, informativos y dramáticos. Tenía toda la libertad para crear porque, incluso, se me confió la dirección de la Programación. Uno de los primeros espacios que establecí fue ‘Serenata moderna’, que era idéntico al que mantenía en la HIZ junto a mi admirado Héctor J. Díaz, a quien muchos veneran, no sólo como el mejor locutor que ha nacido en República Dominicana, sino como el más popular de nuestros poetas románticos”.

─ ¿Cuánto tiempo permaneció en WORA Radio?

“Hasta fines de 1948 o principios de 1949. Don Ángel Ramos me llevó a la WEMB, la original Radio El Mundo. Cuando se dio la fusión con WKAQ, continué en la estación. Ya en San Juan puede hacer muchas cosas. WKAQ Radio era un vivero de artistas. Animé programas musicales, trabajé en radionovelas y recorrí la Isla animando espectáculos de fiestas patronales y en teatros, donde también declamaba. La agencia West Indies Advertising Company me tuvo como una de sus voces oficiales”.

Intervino en películas y telenovelas puertorriqueñas y fue locutor comercial de “La Taberna India”, en Telemundo –


Las producciones de Juan Llibre bajo el sello Mar-Vela han sido reeditadas en discos compactos.
( Archivo Fundación Nacional para la Cultura Popular)

Durante la década de 1950, Juan Llibre tuvo oportunidad de intervenir en varias de las películas producidas por la División de Educación a la Comunidad (DIVEDCO), siendo “Doña Julia” (1955), dirigida por Skip Faust y con Lucy Boscana en el papel titular, una de las más recordadas. En 1952 su voz fue requerida por los productores del sello discográfico Mar-Vela para intercalar declamaciones en grabaciones de Fernandito Álvarez y su Trío Vegabajeño. Desde entonces, su emotiva y muy educada voz formaría parte de clásicos de la referida trilogía como “Sigamos pecando”, “No sigamos pecando”, “¿Para qué volver? y “Vuelve”, originales de Benito De Jesús.

Al llegar la televisión con la inauguración de Telemundo / Canal 2 en marzo de 1954, se incorporó a este medio. Gracias a su apuesta figura, fue galán de “Teleteatro Camay” e intervino en algunas de las primeras telenovelas. Igualmente, fue locutor comercial de “La Taberna India” cuando su elenco era encabezado por Ramón Rivero “Diplo” (1954-1955) y Américo Castellanos “Floripondia” (1955-1958).

“Después trabajé en WAPA TV y en otras radioemisoras, como WIAC, WNEL, WRIO y WAPA. Mantuve varios programas que, en sus momentos, registraron altos índices de sintonía. ‘Brindis poético’ y ‘Cita romántica’, entre ellos. También me tocó recitar ‘El brindis del bohemio’ en Despedidas de Año, una veces en radio y otras en el Canal 4”, agregó.

Una de las facetas que más satisfacciones le brindó fue la de compositor… aunque muy pocas personas lo identifican con la misma.

Artistas como Cheíto González y Felipe Rodríguez “La Voz” grabaron boleros de su autoría –

“Dos de los cantantes más idolatrados por los puertorriqueños me honraron grabándome canciones. Los conocí presentándolos en teatros y espectáculos de fiestas patronales. Felipe Rodríguez ‘La Voz’, con su Trío Los Antares, me grabó los boleros ‘Aunque viva sin ti’ y ‘Luna, bésala por mí’. Y, en 1954, Cheíto González me grabó ‘La senda’ y ‘Sin que lo sepas tú’, que se incluyeron en un Long Playing titulado ‘Entre las sombras’, del sello Mar-Vela. Lo interesante de estas grabaciones de Cheíto es que fueron los dos únicos números en que fue acompañado por orquesta. Él siempre grababa con guitarras”, manifestaba orgulloso.

Sin limitar su actividad artística desarrollada desde San Juan, hacia 1959 inició en la radioemisora ponceña WPAB un espacio de carácter antitrujillista que iba al aire cada noche, de lunes a viernes, cuya duración era de 15 minutos. Los sábados se extendía a media hora. Tras la caída de la dictadura, ya adelantado el 1962, regresó a Santo Domingo. A partir de entonces, su principal actividad sería la administración de su empresa Publicitaria Dominicana Llibre y Linares, de la cual era socio mayoritario. No obstante, ocasionalmente retomaba su faceta de declamador y actuaba en programas televisivos. También grabó otros álbumes de poemas, a los que el pianista Rafael Solano – a quien “descubrió” cuando éste era niño – aportó los fondos musicales.

Ya retirado de las lides profesionales, Juan Llibre Santana falleció en su natal Altamira, Puerto Plata, la noche del miércoles 30 de enero de 2008. Par de meses antes había sufrido un derrame cerebral que aceleró su partida, cuando se aproximaba a los 84 años de edad. Le sobreviven su hoy viuda Lidia Miller Martínez y sus hijos Juan Jr. y Vilma Veamel.


2/oct/08

 

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